Gracias, papá, por todo lo que me diste
A mi padre lo enterramos recientemente. Tenía 89 años. Su pérdida la echo de menos, pero también soy consciente de que la muerte forma parte de la vida; no somos eternos. Pero su vida fue placentera: trabajó en lo que le gustaba, dirigiendo oficinas de Extensión Agraria en varios destinos, tuvo una mujer que lo quiso y cuidó toda su vida, además de cinco hijos a los que nos educó en valores y hasta uno de ellos, el mayor, o sea, yo, le salió cazador como él. Y también sintió el cariño de muchos nietos.















