Blogs

David Albarrán

Blog David Lunático

David Albarrán

Experimentado esperista granadino, David Lunático, narrará en Club de Caza sus experiencias y aguardos nocturnos, además de compartir sus conocimientos con todos aquellos cazadores que pretendan iniciarse en esta apasionante modalidad de caza. A David Albarrán lo podéis encontrar también en su canal temático de YouTube dedicado a la caza en espera David Lunático.

Estreno rifle y cazo un impresionante jabalí con unas espectaculares navajas

Tras unos meses sin escribir en esta, mi casa, la página Club de Caza, regreso para narraros uno de los lances más apasionantes que he vivido a lo largo de mi trayectoria cinegética.

17 ene. 2022 - 2.661 lecturas - No hay comentarios

Mi hermano, Iván, y yo decidimos realizar una espera en una fría tarde de diciembre. El lugar elegido para el aguardo era una vereda en la que había visto en varias ocasiones las huellas de un jabalí enorme. A tenor del rastro que dejaba a su paso, no iba solo, porque junto a sus pisadas había las de una piara de jabalinas y bermejos.

Al tratarse de una noche fría, de esas en las que se te hielan hasta los huesos, íbamos equipados con guantes, gorros de lana, camisetas y trajes térmicos para espera, así como abundante café caliente.

Se trataba de un aguardo un tanto especial para mí, no únicamente por el porte del jabalí, sino también porque estrenaba un rifle de cerrojo de la marca Winchester modelo Xpr del calibre .300 Winchester Magnum.


David Lunático.

Aparcamos lejos para no levantar sospechas

A las 17:00 horas fui a buscar a mi hermano para dirigirnos hacia el lugar donde íbamos a realizar la espera. Aparcamos el vehículo a una distancia prudencial del puesto, a unos 300 metros, para así evitar ser detectados por el macareno.

Mi experiencia me dice que el situar el coche cerca del apostadero permite a los cochinos viejos detectar la presencia del esperista. Por tanto, el automóvil, cuanto más lejos de la zona de caza, mejor.

No entrar por el mismo sitio por donde entra en jabalí

Otro consejo que os doy es que a la hora de dirigiros al puesto no lo hagáis en la dirección por la que creéis que os va a entrar el jabalí. Hay que acceder al lugar de aguardo por la dirección contraria para evitar dejar nuestro olor en el monte. Eludir la vereda por la que habitualmente el cochino se encaminaba al claro dónde lo estábamos esperando nos conllevó un rodeo de más de 30 minutos.

Tras media hora andando cuesta arriba, por fin llegamos al puesto. Una vez ubicados, desenfundé mi nuevo rifle con la esperanza de estrenarlo esa noche abatiendo el jabalí que llevábamos observando hace más de seis semanas.

El atardecer era precioso. Me resulta mágico el momento en el que se funde la noche con el día. El ulular del búho real comenzó a sonar. Muestra inequívoca de que los animales nocturnos reclamaban sus dominios. Su presencia me hizo albergar esperanzas, personalmente me trae suerte.


David y su hermano, grandes esperistas cazadores de jabalí.

Una apasionante noche de espera

Nada más anochecer, a las 18:30 horas, pudimos oír como una piara de jabalíes se desplazaba entre la espesura. Podía escuchar perfectamente en el silencio de la noche sus gruñidos y el romper de las ramas a su paso.

Toqué el hombro de mi hermano y le susurré muy bajito, ya vienen para abajo. A las 20 horas la piara llegó al claro donde estábamos situados. Encendí el monocular térmico para ver el porte de los animales que componían el grupo. Pude ver que se trataba de tres bermejos. El dispositivo, siguiendo la legalidad vigente, no estaba instalado en el arma. Los tres jóvenes jabalíes permanecieron en el claro más de una hora hasta que finalmente abandonaron el lugar.

El frío nos atenazaba los huesos, pero le dije a mi hermano “hay que aguantar, ya que normalmente los grandes jabalíes suelen entrar tarde”.

Que vienen

El reloj marcaba las 22:00 horas y las temperaturas continuaban bajando. El frío era insoportable. Mi hermano, desesperado, me dijo “si a las 23 horas no ha entrado, nos vamos”. Nos tomamos unos sorbos de café caliente y logramos entrar en calor. Yo no perdía las esperanzas. Algo me decía que esa noche estrenaba el rifle.

Al llegar las 23:00 mi hermano me dijo "vámonos. No aguanto más", a lo que le respondí “dame media hora más”. El café parece que a mi hermano no le sentó demasiado bien y sufrió una descomposición. No puedo evitar reírme al visualizarlo subiéndose los pantalones mientras le decía "que vienen. Que vienen".

Una vez pasado el sobresalto le pedí tranquilidad, “aún vienen haciendo mucho ruido, están muy lejos”. Mi hermano se incorporó y se aproximó muy despacio al puesto para no ser detectado.

El gran jabalí venía acompañado de varias hembras

Minutos más tarde la piara irrumpió en el claro. Visualicé el grupo con el monocular, pero entre ellos no se encontraba el gran jabalí. Tras la primera piara, entró una segunda. Entre los ejemplares que la formaban destacaba uno de un tamaño enorme. Era él, el macareno que buscaba. Apoyé el rifle en el trípode. Antes de disparar volví a mirar por el monocular para asegurarme que no me equivocaba de ejemplar. Me encaré el rifle, le quité el seguro, alumbré y apreté el gatillo.

El disparo rompió el silencio de la noche. Mi hermano dijo, "tranquilo, ese está muerto". La bala impactó en el codillo del macareno, acabando con su vida al instante.


David junto al gran jabalí recién abatido.

En su huida, la piara de jabalíes pasó a un metro

La piara, dirigida por varias hembras, eligió como ruta de escape nuestra posición. Hacia nosotros se dirigían dos decenas de cochinos. Hubo un instante en el estábamos rodeados de jabalíes.

No quisimos abatir ningún cochino más, pero permanecimos en alerta en todo momento por si una de las jabalinas decidía embestirnos. Esperamos al momento en el que se marchó la piara para recoger las cosas y ver el jabalí abatido.

Un precioso pelaje de invierno

Cuando llegamos al lugar donde yacía sin vida nos percatamos del tamaño real del macareno y su trofeo. Madre mía qué bicho, qué navajas, qué amoladeras. Mostraba un precioso pelaje de invierno sin apenas cicatrices fruto de las peleas con grandes machos.

No podíamos contener la alegría. Se trataba de uno de esos ejemplares con los que todo amante de esta modalidad sueña. Y nosotros lo habíamos conseguido. Trasladamos, como pudimos el jabalí hasta el coche, con sumo cuidado de no romper sus espectaculares navajas.

El éxito de esta espera corrobora lo dicho en anteriores colaboraciones en Club de Caza "hay que aguantar y nunca perder la esperanza".

Amigos esperistas, espero que os haya gustado el relato de este apasionante lance. Os recuerdo que podéis seguirme en mi canal de Youtube David Lunàtico, Facebook e Instagram, así como en el portal Club de Caza.

Cualquier duda que queráis resolver sobre la modalidad de caza en espera podéis preguntármela por privado. Estoy a vuestra disposición.

 

Inicia sesión o Regístrate para comentar.