El encuentro que se pretendía celebrar en Ruesga, y que me consta estaba cargado de ilusiones y trabajo duro en su planificación, tuvo la mala fortuna de toparse con una de las mayores nevadas de los últimos 40 años, haciendo imposible su ejecución, una verdadera lástima, pues el empeño de la organización en cuidar todos los detalles, la cantidad de reses que poblaban la mancha a batir y las ganas de volver a vernos unos y conocernos otros, hacían de él algo para recordar por tiempo.

Aunque unos pocos y aguerridos cazadores no fuimos intimidados por la dama de la nieves y decidimos acudir para pasar un fin de semana entre amigos, llegando desde sitios tan alejados como Barcelona y Navarra, a los más cercanos como Cantabria o Burgos, dispuestos a compensar la falta de caza, con la charla y degustación de productos de nuestras tierras, arropada con el calor de la amistad.

La sección montañesa nos animamos al completo, de Cantabria nos acercamos Gusi, Busta, Tatanka y yo, Joldujo, dispuestos a pasar un fin de semana memorable, por lo que quedamos el viernes a las doce para llegar allí a la primera comida entre amigos. Ya el camino anticipaba la cantidad de nieve que nos íbamos a encontrar en la montaña palentina, pues en los puertos de Cantabria quedaba una generosa cantidad de nieve, pese a llevar más de una semana sin nevar, pero eso, lejos de intimidarnos, nos fortalecía en la convicción del extraordinario fin de semana que íbamos a pasar.

Por otra parte, el navarro Jaroa, quien había llegado temprano el viernes, y Codornicero, anfitrión y organizador del evento, fueron a recoger a RSJ al aeropuerto de Burgos, pues se acercaba desde Barcelona en el invento de los Hermanos Wrigth y, por lo que tengo entendido, le hicieron un recibimiento con todos los honores, para posteriormente ir hasta Ruesga y comer con los presentes.

A nuestra llegada a Ruesga pudimos confirmar lo que ya suponíamos y el motivo de las suspensión del encuentro venatorio, la altura de nieve era de alrededor de 50 cm, si no más, pero realmente hacía del paisaje algo de admirar. Allí ya se encontraban Donay y su esposa, Rosa, esperando la llegada del anfitrión, quien al poco de llegar nosotros se presento con Jaroa y RSJ. Tras las presentaciones y saludos pertinentes, nos dispusimos a comer.

Después de comer, decidimos ir a conocer el acotado en el que se pretendía cazar, nos repartimos entre los todoterrenos que había y nos encaminamos al mismo. Al llegar al acotado no tardamos en avistar pelotas de ciervas con algún venado entre ellas, con lo que quienes no conocían el coto de antemano, comprobaron la cantidad de piezas que había y se lamentaron por la cacería que se perdió. Más adelante, Codornicero, nuestro anfitrión, tuvo la feliz idea de entrar por un camino fuera del asfalto, camino que no iba más allá de una vaquería que se encontraba a 300 metros de la carretera, donde tuvimos que dar la vuelta, con tan poca fortuna que el todoterreno de Donay se atascó en la nieve, teniendo que sacarlo con el todoterreno de Tatanka, mientras que quien nos metió en semejante embolado ejercía labores de capataz, es decir, mientras que el grupo empujaba, él se dedicaba a sacar fotos.

Después de haber visitado el coto y habernos deleitado contemplando caza, nos acercamos a tomar una cerveza a Velilla del Rio Carrión. Allí, como no es de sorprender, las balas y las piezas de caza corrían entre las mesas de boca en boca. Ya a la hora de cenar nos dirigimos de nuevo a Casa María, donde nos esperaban JLP con su hijo para cenar y degustar los distintos productos que cada uno trajo de sus tierras, morcillas de Burgos que trajo Codornicero, de las cuales no sé los kilos que traería, pero no hubo comida en la que faltaran vino navarro de Jaroa, orujo cántabro que subimos Busta, Gusi y yo, txakolí de Tatanka, cava catalán de RSJ, para regar antes, durante y después la magnífica y copiosa cena que nos esperaba.

Al terminar la tertulia de sobremesa, se pensó un plan para el día siguiente. Unos optaron por visitar el magnífico Museo de la Fauna Salvaje de Boñar y otros, emulando a Edmund Hillary, decidimos escalar la montaña del coto, con una altura de nieve de no menos de 50 cm.

Al día siguiente, después de un abundante desayuno, donde no faltaba la panceta y los huevos fritos, cada uno nos encaminamos hacia nuestros destinos, Codornicero, Jaroa, Donay y su esposa Rosa se dirigieron al museo, y RSJ, Busta, Gusi y yo, acompañados de nuestro experto montañero Tatanka, nos dirigimos hacia la aventura. Determinamos regresar todos a la posada a las dos para comer todos juntos, esta vez en compañía de Kachy, quien no pudo acercarse el día antes, de Pueblerino y de Sergio.

Llegamos al coto, nos ataviamos con los pertrechos necesarios y nos dispusimos a comenzar el ascenso ante un viento que cortaba e invitaba a volver a la cama, pero arengados por Tatanka vencimos el desánimo y nos pusimos en marcha. Realmente el paisaje era espectacular y caminábamos sin demasiada dificultad disfrutando del paisaje, que te hacía dudar si estábamos en Palencia o en Canadá. Llegamos a la falda, donde había un rebaño de vacas custodiadas por unos mastines que, al principio, evitamos por parecernos fieros, pero que en el descenso pudimos comprobar que eran unos benditos y no buscaban más que caricias. Continuamos ascendiendo entre encinas de monte bajo, turnándonos en la posición de cabeza para abrir camino entre la nieve y con los ojos bien abiertos para ver algún animal. Cuando ya llegamos a una hora prudente para comenzar el regreso, dimos la vuelta y comenzamos a descender, fue entonces cuando encontramos los restos de la comida de la noche anterior de unos lobos, una cierva de la que solo quedaban piel y huesos, eso nos hizo acelerar el paso para llegar al coche. Al llegar al coche pudimos comprobar hasta qué punto ascendimos, mucho más arriba de lo que pensábamos, y lo poco que nos quedamos de la cumbre, subimos a los todoterrenos y fuimos a la posada para ducharnos y ponernos ropa seca.

Mientras nosotros desafiábamos a la naturaleza con nuestro paseo, el otro grupo disfrutó del impresionante Museo de la Fauna Salvaje de Boñar, donde se encuentran multitud de animales de los cinco continentes hermosamente naturalizados. Fue fundado por Eduardo Romero, quien cedió los animales que allí se pueden observar, cazados por él en sus innumerables viajes por el mundo, sin duda no les defraudó la visita.

A la hora de comer, allí nos reunimos todos como acordamos, junto con Kachy, quien se acercó desde Lugo, y Pueblerino y Sergio, de Burgos. Como siempre, en Casa María nos obsequiaron con una magnífica comida, con unas tapas de las anchoas del cantábrico que llevamos Gusi y yo, junto con queso Idiazábal que llevó Tatanka y, de postre, unas quesadas pasiegas que también llevamos nosotros.

Por la tarde, Kachy, Codornicero, Busta, RSJ y yo, decidimos hacer una pequeña excursión por la Reserva de Fuentes Carrionas para ver los efectos de la nevada, por lo que nos subimos al todoterreno de Kachy y nos aventuramos por aquellos paisajes helados de la montaña palentina. Realmente nos sorprendió la altura de nieve alcanzada por aquellas zonas tan altas, en algunos puntos superaba el metro y medio con holgura, encontrándonos algunos accesos a pueblos que todavía estaban cortados, estando estas localidades incomunicadas. Fueron continuos los avistamientos de ciervas y venados por el camino, algunos de los venados tenían trofeos interesantes, así como un corzo con un trofeo defectuoso, pues una de las cuernas apuntaba al suelo. También pudimos ver un bando de perdices en una vertiente rocosa, lo que constata la dureza de la perdiz roja de montaña y su supervivencia ante las inclemencias que ofrece ese biotopo. Algo que nos causó sorpresa a todos fue encontrar algunos de los pantanos de aquella zona totalmente helados y ciervas andando por encima de ellos sin problemas.

Mientras nosotros andábamos por aquellas montañas, en la posada se conversaba al lado del fuego sobre los más variopintos temas, todos cinegéticos por supuesto, pasando desde la caza de la perdiz hasta la cetrería.

Ya a eso de las nueve llegamos a Casa María para cenar, ya sin la compañía de Pueblerino y Sergio, quienes habían regresado a Burgos. La cena estuvo en la línea de esos días y la sobremesa también, armas, cartuchos, caza, los temas de siempre y las distintas anécdotas de los asistentes hizo que se alargara hasta pasada la media noche, sin duda animados por ser esta la última sobremesa.

A la mañana siguiente, y pese a haber tenido una sobremesa larga en la cena, todos los asistentes nos levantamos pronto y paseamos por el pueblo antes del desayuno. Después del desayuno estuvimos de tertulia en la terraza del alojamiento e incluso recibimos un concierto con el reclamo de corzos por parte de Kachy, gran conocedor de este pequeño cérvido y apasionado de su caza, así como unos obsequios de BonArea, traídos al encuentro por Donai y Rosa y que todos recibimos.

Poco a poco nos retiramos para preparar equipajes y llevarlos al coche, tras lo cual empezaron las despedidas, emplazándonos todos para el próximo encuentro en Ruesga y esperando que, además de nosotros, hablen también armas y perros, pues ciertamente las expectativas son muy grandes y sin duda no defraudarán a ninguno de los que decidan asistir al próximo.

Por último las disculpas, porque con seguridad se me ha olvidado plasmar algo en esta humilde crónica, pedir clemencia ante quienes se hayan visto afectados por mi falta de memoria, que piensen que ellos la han sufrido, pero yo la padezco y… que os lo advertí.

Joldujo