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Encuentro Guara 2006
Betorz, 10-13 de noviembre

 

Con eso de que la gente cree que por estar jubilado tienes todo el tiempo libre pues me ha tocado por sorteo volver a hacer la crónica del encuentro. La verdad es que no doy palo al agua… pero es que eso me lleva todo el día.

Para ser sincero, creo que la crónica debería de hacerla un grupo de personas para tener un espectro amplio de opiniones y que los que la leáis os hagáis una idea más real que si la escribe uno sólo. Pero eso es técnicamente imposible, así que allá voy…


En la foto de la izquierda, Berraco, Che y Alga. En la derecha: Pelacho, Maintic, Jaime, Berraco, Lluis, Padrillo padre, Adarg, Sarasketa y Che.

 

A LABRADOR TONTO… PATATAS GORDAS

Mi amigo Jaime y yo salimos de Cartagena a las seis de la mañana del viernes con la misma ilusión que cuando tienes veinte años. Sabíamos que teníamos casi novecientos kilómetros por la proa pero… las locuras hay que hacerlas ahora que uno es joven.

Cuando llegamos a Betorz eran las seis de la tarde, todavía de día. Llegamos los primeros y tuvimos que esperar al mismísimo Ramón Broto —propietario de la casa y organizador de las cacerías—. Estuvimos ayudándole a descargar el coche con los víveres y Jaime, con su deformación «pofesioná» anduvo mirando el caserón de Ramón. Evaluando los muros de carga, las vigas, las escaleras…

Los primeros en subir hasta Betorz fueron Pascua y Mazinguer, dos de los amigos de Broto y que son los postores de las batidas. Mira tú por donde se aparejaron unas setas con ajicos fritos que nos entonaron el cuerpo después de tanto viaje. Claro que el vino… no era el del año pasado, lo diga quien lo diga.


Zorro plateado, un amigo de Fausalva y Fausalva.

A eso de las ocho empezó a llegar la gente de la página: Maitinc, Adarg, Padrillo con su mejor amigo —su padre—, Kodiak, Sarasketa, Lluís, Hunt, Codornicero, Zorro Plateado con su retoño Chema, que por cierto, ha crecido un palmo el tío. Zorro nos sorprendió con un nuevo rifle que se ha comprado y que tiene todo el aspecto de una muleta de esas que usan los que están tullidos… se ve que le tenía cariño porque no se desprendió de ella en los dos días. Para disimular y que nadie supiera que era un arma, el muy ladino se hacía el cojo. Todos poco a poco fueron apareciendo por el salón de la casa. Pelacho con la familia, Fragenquer, Fausalva… La mayoría llegaba en caravana porque unos cuantos quedaron con Alga cerca de Zaragoza y otros quedaron con Berraco por otro lado.

Los abrazos y las expresiones de sincera amistad se sucedían sin parar al ir llegando los compañeros. Los nuevos que iban llegando eran recibidos con cariño y deseos de que se encontraran como entre hermanos, que creo que es lo que somos, al menos durante los días que estamos juntos.

Después de la cena y como había niebla, los que íbamos a dormir en Colungo nos pusimos en camino despacito por las tropecientas curvas que separan un pueblo de otro.


Sorteo del sábado.

Los que se quedaron a dormir en el  «Pulmonía Hilton» —que tiene el aspecto de un barracón de después de la guerra pero es que lo han decorado así para que parezca tal— no tenían prisa por acostarse y se quedaron hasta tarde dándole empellones al JB.

A la mañana siguiente nos pusimos en camino para arriba de nuevo y, al pasar por Lecina, un pequeño pueblo que hay a mitad de camino entre Colungo y Betorz, paré para que mi socio Jaime viera la encina milenaria que hay en la localidad. Es un árbol impresionante que ya vivía cuando los moros invadieron la península… Imponente. No pude por menos que pasar la mano por su rugosa corteza que tantos acontecimientos ha vivido, como hacía con la mano de mi abuelo cuyo contacto aún recuerdo.

En plan de cachondeo le dije a Jaime «Toca la encina que te traerá suerte…». Y se lo tomó a  broma.


Alga, Fragenquer y el acompañante de éste.

Cuando llegamos a la junta nos esperaba un almuerzo de esos light que se marcan por la zona y, como de costumbre, se hizo algo tarde para subir al monte. He de decir que Valhalla se descolgó del Principado con un cargamento de cava que si lo pillan en la frontera le hubiéramos tenido que llevar tabaco a la cárcel durante una temporada. A fe que se dio buena cuenta del espumoso y que se le agradece el gesto, como se agradecen las morcillas de Burgos que nos trajo Codornicero o las Cocas que para el postre de la cena del viernes trae siempre Berraco. Lo mismo he de decir de Fragenquer, que embotelló vino de su casa especialmente para el encuentro. Hubo afortunados como yo que nos trajimos una botellita a casa para conservarla como oro en paño —me la dio el dueño, no la mangué ni nada, malpensados—.

La niebla andaba andorreando por los barrancos, honda, sin atreverse a asomar la gaita por las cuerdas, donde el vientecillo que soplaba le hacía volverse sobre sus pasos.

La mancha de monte que se iba a dar el sábado se pasó al domingo para evitar coincidir con la que daban los vecinos colindantes en la suya pero, mira tú por donde, ellos debieron pensar lo mismo y cuando llegamos a los puestos ya tenían la feria en marcha y se oían tiros. Los perros de nuestras rehalas, nada más soltarlos, se fueron muchos al ruido de los disparos de la otra finca…

Intercalaré aquí lo que me ocurrió a mí y que no es paja, ni moco de pavo, ni zurrón de peregrino, ni legaña de presbítero.


Che e hijo de Pelacho.

Me tocó el puesto 56. Una postura colocada en una ladera con terrazas a modo de bancales donde los caballones o linderos entre uno y otro bancal están formados por miles y miles de piedras que la paciencia y la necesidad humana fue amontonando para poder sembrar los bancales sin riesgo de romper la reja del arado. Cuando uno se para a pensar los millones de horas de trabajo que los antiguos echaban en el campo para poder dar de comer a la familia se da cuenta de que somos unos privilegiados.

Bueno, pues como os digo, me tocó la postura a media ladera, encima de donde se habían quedado los coches, y el 57 estaba a trescientos metros más arriba, encima de un montón de piedra más alto que nos permitía vernos en todo momento. Los bancales, al no estar cultivados desde hace muchos años, estaban llenos de arbustos y matas altas que te impedían ver mucho terreno. Una decena de metros por delante, y lo mismo por los lados.

Mi postor fue Ramón quien, al dejarme en el puesto, me advirtió que por el bancal de más arriba y por el de más abajo transcurrían dos trochas que estaban muy tomadas y que «eran muy preferenciales» [sic]. La de arriba, al estar más alto el bancal, tenía la dificultad de que si pasaba un marrano, habría de ser más que mediano de tamaño porque si no el caballón de piedra me lo taparía. La de abajo tenía más posibilidades porque, a pesar de estar muy tapada con la vegetación, se veían trasluzones, que ya me preocupé yo muy mucho de comprobarlo cuando Ramón volvió a pasar por mi puesto de vuelta de colocar al 57. Esperé que pasara por los alrededores de la senda para ver si le veía las piernas, como así era.

No se supo bien cuándo empezó la batida debido a que, desde que llegamos, se oían tiros. Contentísimo de oír el tiroteo antes de soltar —al menos eso creía yo— cargué el arma y me puse a esperar.


Berraco, Lluis y Che.

Tenía el aire perfecto. La niebla estaba aguantada en los valles y sólo de tarde en tarde subían hasta el puesto unos jirones que se deshacían entre los enebros y los chaparros que había por todos lados. Se escuchaban ladras muy persistentes por todos sitios. Cosa ésta que a los que cazamos por el sur y centro nos llama poderosamente la atención. Los sabuesos del norte ladran y ladran mareando a los bichos hasta que, aburridos y con dolor de cabeza, jejeje, se deciden a moverse. No hay tantos perros de agarre y el marrano no huye tanto de los canes. Yo creo que se goza más así. Lo otro es como una eyaculación precoz. Llegan los perros, levantan al bicho y salen todos de naja.

Me llamó la atención que desde que soltaron se formó una ladra en lo alto del cerro en cuya ladera estaba mi postura. Como estaba en un cierre, unas veces estaba más a mi espalda que otras. Cuando se iba la ladra hacia atrás, se salían de la batida. Chau, chau, chau, chau… Ya sabéis que los jabalíes grandes son especialistas en quedarse en lo alto de los cerros, dar vueltas al mismo y volver a su terreno una y otra vez como no les aprietes bien. La ladra —yo calculaba  media docena perros— duró más de una hora dale que te pego hasta que se partió en dos. Unos cuantos perretes se bajaron latiendo a un guarro hacia mi espalda, a un barranco que tenía yo detrás fuera de la mancha, y otros se quedaron con otro marrano en lo alto. Me dije pues… «hay dos», y no pequeños.

Los dos «conciertos» se prolongaron mucho rato… y de pronto, cambió el aire. ¡La cagaste, Burt Lancaster!, me dije. Las voces de los rehaleros estaban ya cerca y, aireando como estaba ahora, era prácticamente imposible que me entrara un bicho.


Cena del viernes.

La ladra del barranco a mi espalda había parado y la de lo alto del cerro seguía con su cantinela. Guarro para arriba, perros latiendo detrás. Guarro que se les paraba, perros ladrando «a parao». Guarro que se bajaba un poco, perros detrás con ese ladrar nervioso que tan bien conoce el montero… Como la única esperanza era que ese marrano se hartara y se moviera, me puse a mirar hacia arriba, hacia el puesto 57. Sabiendo que si bajaba el bicho tenía que pasar primero por «la aduana» de ese puesto…

Trr, trrr, clasclás… Por mi derecha me pareció oír las piedras y con el rabillo del ojo me veo venir un buen mozo enseñando las defensas… Venía a meterse en la montería. Me llegaba por la derecha. Solo, al trotecillo gorrinero. Se me tapó enseguida y le leí las ganas de bajarse al otro bancal. Sólo le veía el lomo de vez en cuando pero lo tenía metido en la cruz… Le adiviné el viaje y me dio tiempo a levantar la cara y buscar un hueco sin ramas… lo encontré y cuando pasó por delante se tropezó con mi bala… No dio ni un paso.

El  animal había despistado o aburrido a los perros y sólo cuando cambió el aire se vino al puesto por el lado contrario. A meterse en la batida. La mala suerte que tuvo el bicho es que yo me había colocado de lado al sitio por donde venía la montería y le vi llegar. Si estoy de espaldas se me pasa, seguro.


Cena del sábado.

Por la noche, en la cena, mucho cachondeo y buen humor, aunque algunos compañeros tuvieron la mala suerte de encontrarse, al llegar a su puesto, con otro cazador de la finca colindante que estaba colocado en el mismo sitio. Hubo toda clase de «apaños». Desde los que cazaron espalda con espalda contándose con el otro la vida y milagros. Los que hicieron ¡fuu! como el gato y se fueron a buscarse un sitio solitario. Los que se sentaron por ahí mascullando su mala suerte…

Al final se bajaron ocho marranos. Hubo gente que falló, otros que los vieron y no les pudieron tirar. Preguntadle a Alga.

A la mañana siguiente, temprano, se fueron algunos al monte a pistear marranos. Se encontraron uno.

En la cena, el cava de Jordi desplazó por completo al vino de Broto y hubo quien cenó con JB y coca-cola. No contentos con tamaña sed se bajaron a Barbastro a seguir libando y subieron a las cuatro de la mañana… No daré nombres porque soy discreto. Luego dicen que no ven los marranos… y es que, para mí, se duermen en la postura,  jaajaja.

Al día siguiente, o sea el domingo, como vieron que lo de tocar la encina daba suerte, era un gozo ver la devota peregrinación que, a las ocho de la mañana, todavía oscuro, se organizó para tocar el árbol. Vamos, que algunos se restregaron en ella como el oso Balú del Libro de la Selva.


Sarasketa, Che, Adarg y Jaime en la encina.

Se monteó la mancha que se iba a haber dado el sábado. Hubo menos perros. La mancha estaba buena. Había guarros pero no llegaron a las posturas de arriba, las buenas. Mala suerte. Se abatieron un par de guarros. El suertudo de Lluís y Valhalla cobraron uno cada uno. Se fueron guarros enormes según decían algunos compañeros…

Berraco, por fin, tiró pero, conociendo lo buen chaval que es, seguro que tiró a no dar para que el año que viene haya otro guarro más…

Zorro Plateado no estaba de muy buen humor porque en un remolque de perros se quedaron un par de canes sin cazar y le dieron un conciertazo que ya lo quisieran para sí los de Los Clásicos Populares. Hunt tuvo que irse a media batida por algún problema familiar que esperemos que no haya sido grave.

¿Que… cómo fue el fin de semana? Pues cinegéticamente hablando diré como aquellos a los que preguntaron que qué era un elefante. Uno de ellos dijo que era un animal enorme con una trompa y el otro dijo que era un animal enorme con un rabito… todo depende del lado del que lo vea uno. Pero ¿es que el encuentro de Guara es sólo cazar? Pues no.


Che siempre de broma.

Después de comer la gente empezó a despedirse y hubo hasta alguno que se emocionó al decir adiós. Se hizo entrega del trofeo que llevaba aparejado, por cierto, un collar hecho con chorizo de la zona. Lástima que no exista aquí la costumbre Hawaiana de poner muchos collares…

Berraco, con una mueca triste dijo… «pues, esto se ha acabado»… pero alguien le llevó la contraria… acababa de empezar Guara´07.

Al bajar a dormir, ya de noche porque nos esperábamos al lunes para viajar, nos adelantó un todo terreno y en la siguiente curva le pegó un trompazo a un marrano, y allí se quedaron echando las luces a la cuneta por si lo veían. Para que luego digan…

Deseo agradecer a todos su presencia en el encuentro que ya es todo un clásico. Los perros, como siempre, muy requetebién. La organización también, la cocina bien, pero el vino…


Con las revistas y gorras que se llevaron.

También quiero resaltar que el encuentro va tomando tal auge que hay ya firmas comerciales que colaboran en el evento, como Royal Canin, que mandó unos sacos de pienso para las rehalas, el Grupo V, que publica las revistas de Federcaza, Perros de Caza o Caza Mayor, que nos obsequió un montón de revistas, igual que América Ibérica, que publica Trofeo y que nos regaló revistas y DVDs de caza, gorras etc, etc.

Un pero: la gente tuvo tanta prisa en largarse el domingo que no nos hicimos una foto «de familia». Imperdonable. Una colleja a cada uno.

Un abrazo a todos y que no se os haga tarde para apuntaros el año que viene.

Che
 

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