Un ciervo en celo monta a una burra
Berrea

Un ciervo en celo monta a una burra

La copulación entre distintas especies alcanza un nuevo nivel en las imágenes que han sido grabadas entre un ciervo macho y una hembra de asno.


El periodo de celo de los ciervos comienza en la Península Ibérica cuando el verano va dejando paso a jornadas más cortas, menos calurosas y, en definitiva, otoñales. Los machos hacen sonar sus gargantas con gritos guturales que han tomado el descriptivo nombre de berrea.

Generalmente, es bien entrado el mes de septiembre cuando los ciervos comienzan a dejarse llevar por su instinto de perpetuación de la especie, y los machos armados con las más intimidantes cuernas defenderán sus territorios contra todo aquel pretendiente que aspire a arrebatarle el harén de hembras. En nuestro país, son sobradamente conocidos parajes donde disfrutar de este espectáculo de la naturaleza, como son el Parque Nacional de Monfragüe, en (Cáceres); el de Cabañeros, que abarca territorios de Toledo y Ciudad Real; la Sierra de la Culebra, en Zamora; Aller, en el Principado de Asturias; los parques naturales de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas y de la Sierra de Andújar, ambos en Jaén; el Parque Natural de los Alcornocales, en Cádiz; Alto Campoo, en Cantabria; la Sierra del Boumort, en Lérida o El Pardo, en Madrid.

Un ciervo ‘enamorado’ de una burra

Todo esto, hablando en situaciones totalmente naturales. Cuando se trata de animales criados o mantenidos en cautividad o que habitan zonas de aprovechamiento rural, ya sea agrícola o ganadero, el comportamiento de los venados puede distorsionarse y llevarlos a protagonizar escenas tan esperpénticas como esta.

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