Editorial

La casa por el tejado

Además de una de las canciones más populares de Fito & Fitipaldis, uno de sus buques insignia, ‘La casa por el tejado’ es una expresión de las clásicas y castizas en España que, como tal, fácilmente viene a la cabeza al leer el texto de Roberto Rodríguez titulado ‘Lo que el viento se llevó’ y del que sólo cabe recomendar su lectura.

Roberto hace un interesante razonamiento, de esos que nunca nos planteamos hasta que alguien nos lo explica, y que generalmente nos hace concluir con un rotundo «pues llevas toda la razón, no lo había pensado».

Y en esas estamos, pensando en formas de actuar en determinadas situaciones dentro del sector cinegético, en las que uno trata de profundizar y se plantea si no estarán mal enfocadas y nos estaremos confundiendo.

Un primer ejemplo, por eso de darle dos vueltas al tema, es la polémica suscitada desde que se puso de moda por algunas entidades y personas —buscando mostrar su transparencia— publicar todas sus cuentas, situación a raíz de la cual en algunas comunidades autónomas creyeron encontrar un filón, ya que podrían criticar las partidas dedicadas a organismos o entidades poco afines a la caza, algo, no lo olvidemos, en lo que están en su derecho, igual que reclamamos nosotros estar en el nuestro siendo afines a nuestra afición.

¿Y qué tiene que ver eso con temas que nunca nos planteamos? Sencillo: que a lo mejor el planteamiento correcto hubiese sido, en lugar de pedir aclaraciones a entidades ajenas a la caza por los importes recibidos, habernos preguntado adónde han ido a parar aquellos dineros de los que nuestro sector, o alguna de sus entidades, se ha beneficiado y que, por cierto, los hay.

Más de uno todavía está esperando explicaciones sobre esos 365.000 euros públicos —que unos cuantos recordarán y perdón si hay algún equívoco— que, siendo de todos los españoles, se perdieron en el limbo de la munición ecológica y que, visto lo que nos han contado, los que ahora piden explicaciones a otros todavía no han sabido, podido o querido explicar. Amén de otras cantidades que no eran públicas, pero de las que también se desconocen sus destinos y que en los últimos años suman algunos que otros milloncejos. Ojo, milloncejos. Y varios.

Si continuamos profundizando, y ya que hemos sacado lo de la transparencia y las cuentas limpias, ¿qué razón existe para que, en lugar de cotillear y preocuparse por las ajenas, las instituciones y entidades vinculadas al sector cinegético no presenten las suyas, tengan las iniciales que tengan estas entidades e independientemente de su distribución espacial, es decir y por dejarlo claro, tengan carácter nacional o territorial? Y ya adelantamos que no nos convencen esas memorias anuales, esos informes que se suelen repartir entre los asistentes a las juntas, asambleas o saraos varios, carentes de todo respaldo legal, al no estar amparados en los correspondientes impresos elaborados por la temida —y de moda, sobre todo en los juzgados— Agencia Estatal de Administración Tributaria, alias Hacienda.

Así nos enteraríamos —que a lo mejor nos interesa más— adónde va nuestro dinero directo, el de los cazadores como tal, que el que ponemos como cazadores y españoles a lo mejor es de menor importe y tiene menos repercusión en nuestros presupuestos domésticos. En nuestra pasta, para entendernos. Y todo esto sin pararnos a profundizar más, algo que alguno terminará haciendo preguntándose cómo pueden plantearse acusaciones a nadie de financiarse con dinero de todos los españoles, cuando quienes en ocasiones acusan pertenecen y se benefician del que todos los españolitos ponemos para mantener determinados Organismos de la Administración del Estado. No me digan que no es de traca.

Seguramente habrá cazadores —y cada vez más, viendo la situación que se va produciendo cada día— que no compartan los enfrentamientos que, con toda la buena intención, pero con un mal y arbitrario uso de las formas, se están provocando entre el sector cinegético y el resto de la sociedad a través del colectivo ecologista. Son acciones provocadas en su mayoría por gente de buena fe, pero de las que otros sacan beneficio egoístamente perjudicando la imagen de todos —ojo, de todos los cazadores y de la caza— no quedando fuera ni empresas, ni entidades, ni nadie, aunque no participen en esta guerra. Y es que, como decía un buen amigo, hace tiempo que aquí algunos cambiaron la defensa de la caza por «defender su cazo».

No es agradable que medios generalistas mantengan públicamente, señalando un medio de comunicación concreto, que «los cazadores se ponen en guerra con el ecologismo», por la sencilla razón de que muchos, casi todos, no están guerra con nadie, ni piensan permitir que las lumbreras de turno, salvadores ellos de la caza, pretendan abanderar una guerra contra gente respetable, incluso admirable en algunas ocasiones.

Pensamos que la mejor forma de entenderse es debatiendo, independientemente de que en algunos casos tengamos que enfrentarnos a descerebrados radicales de su sector, así como ellos —y nosotros— se enfrentan a descerebrados y furtivos en el nuestro. Pero para eso están las vías legales, iguales para todos.

Aunque casi mejor quedarse en estos temas de actualidad cinegética dentro de España y no salir, ya que fuera el tema parece estar incluso peor. La imagen internacional de los cazadores españoles, sobre todo de los deportistas, que al fin y al cabo debería ser de los que se ocupen las federaciones, no anda muy cristiana, o por lo menos eso hace pensar el hecho de que la Fitasc nos haya suspendido y no deje participar a nuestros representantes en competiciones internacionales. Esa misma seriedad es la que necesita un sector que ha perdido la credibilidad dentro y fuera de nuestras fronteras y que ya no tiene mangueras para apagar tanto incendio.

 

Club de Caza (2493 lecturas) 

 

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