En Profundidad

Esta sí es la realidad de los galgueros españoles

Pasión, cariño y preocupación por sus perros

Frank Cuesta debería tener en cuenta a los galgueros y cazadores entrevistados a continuación en un programa casi monopolizado por los animalistas. Una panorámica real y global de la situación de los galgos en España en la que sus cuidadores y dueños desprenden pasión, amor y cariño por sus animales. Con cuidados específicos, estos cazadores no escatiman en tiempo, dedicación y dinero. Sin duda, sus historias merecen ser escuchadas y forman parte de la realidad más directa que vive esta raza en nuestro país.

CdC

06/05/2019

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Tras el programa Wild Frank Galgos, donde los animalistas y representantes de refugios volvieron a difamar a todo el gremio cinegético sosteniéndose en cifras falsas y desmesuradas, nos vemos en la obligación de dar voz a los galgueros de verdad, que desmentirán con información veraz algunas de las acusaciones vertidas en este programa. No te dejes engañar.

Lo viste ayer: Óscar Cantero, propietario de Malú, campeona de España 2018

Óscar Cantero vive en Palencia y es cazador desde hace más de 25 años por una larga tradición familiar. Lo suyo tiene mérito ya que a los 15 ya sabía lo que era cuidar, entrenar y cazar con un galgo. Actualmente es galguero y tiene 18 animales a su cargo. Además, acumula una trayectoria de éxitos y el año pasado fue campeón de España con Malú. «Los galgos forman mi vida, hago los planes a través de ellos, cojo las vacaciones pensando en ellos, me levanto pronto para sacarlos, todo lo hago por ellos», explica Óscar Cantero, que procura los mejores cuidados para sus 18 galgos y deja claro que estos son una parte indispensable de su vida.

Sobre los cuidados que requiere esta raza, este cazador y galguero es claro: «tienen que salir todos los días y hacer ejercicio porque son atletas, también les peso la comida y me preocupo por todo». La jornada de Óscar empieza a las nueve de la mañana, hora en que empieza la jornada de sus galgos. «Los limpio y para el campo, después les miro las uñas y compruebo que están perfectamente», añade este cazador, que tampoco escatima en proporcionar a sus animales la mejor alimentación posible: «les cocino carne de pollo y caballo para darles de comer por la tarde». La jornada continúa con más ejercicio, ya que los animales están sueltos la mayor parte del día. Además, algunos viven en casa con Óscar.

Sobre las acusaciones a los cazadores por parte, especialmente, de los animalistas, Óscar explica que «puede haber algún descerebrado» y afirma que los cazadores son los primeros que persiguen el maltrato y el abandono animal. «A esos no los llamo cazadores y sí maltratadores», explica este galguero de Palencia. «Las cifras de algunos organismos son escandalosas y no son verdad, los galgueros tenemos que aprender como todo el mundo, pero las cosas no son como las cuentan muchas veces», cuenta Óscar, un ejemplo de preocupación y cuidado con sus perros que no duda en invertir en seguridad para garantizar que nadie robe a sus animales.

Antonio se entrega en cuerpo y alma a sus perros

Antonio Macías es un extremeño que vive en Valencia. Es cazador de toda la vida y, ahora mismo, se dedica a las competiciones. Tiene siete galgos ingleses y un cachorro. Acumula casi una treintena de títulos en los últimos tres años. Algo merecido para un cazador que dedica su vida y sus días a cuidar de sus animales. Su rutina, la siguiente: «los saco por la mañana temprano, después están en un patio grande y, por la tarde, toca darles otro paseo. Vivo con ellos y les dedico mi tiempo. Si están enfermos, los trato. Los que ya no compiten, se morirán de viejos y conmigo al lado. Tienen los mejores cuidados y todo lo que necesitan porque es como si fueran de la familia». Así habla Antonio de sus perros, con pasión, amor y dedicación. La realidad diaria de miles de cazadores y galgueros que se entregan en cuerpo y alma a sus animales. Un ejemplo de la realidad del sector.

Leandro y su mujer: galgueros con mayúsculas

Leandro Fernández tiene tres galgos y es cazador. Vive en Valdemoro con sus perros. Aunque es su mujer la que pasa todo el día con las tres hembras, Leandro sabe que, en cuanto llega de trabajar, lo están esperando dispuestas a darlo todo en el campo. «Me dejan el tiempo justo para ponerme las zapatillas y salir», cuenta este hombre, amante de los animales y de la actividad cinegética.

Sobre la polémica del maltrato hacia los galgos, Leandro desmiente que sea la raza más afectada. «Si vas a las perreras ves que el porcentaje de galgos es muy inferior al de cualquier otra raza. Es un animal por el que te sacrificas mucho, no creo que decidas dejarlo de lado», expone este cazador. Para él, sus galgos son guardianes, amigas y compañeras de caza, además de muchas otras cosas. «La madre, en invierno, me despierta por la noche para que la arrope porque se le cae la manta, esos que se dan de animalistas no creo que se levanten noche tras noche para arropar a sus perros», añade tajantemente este cazador, un verdadero defensor y cuidador de todos los animales.

«Me quitaron tres galgos en Manzanares (Ciudad Real) y no los recuperé nunca. No te puedes imaginar el disgusto. Estuve un fin de semana buscándolos con el coche. La relación que tenemos los cazadores con los perros es muy especial». Así describe este hombre a sus inseparables amigos y el mal trago que pasó cuando perdió a tres de ellos.

Carmen: caza y mascotas

Carmen Hernández es de Cádiz y es una experta en apreciar, valorar y cuidar galgos. «Empecé en el tema de la competición, me dedicaba a cuidarlos, entrenarlos y sacarlos al campo. Luego tuve que dejarlo porque me mudé y me quedé con dos perras que ahora mismo son mis mascotas», explica Carmen.

Carmen desvela la base para proporcionarles los mejores cuidados a estos animales: «el galgo español es más duro y fuerte, pero el inglés requiere más atención porque es más delicado, más blando de manos y tiene menos resistencia», explica esta mujer, que ha llegado a tener 20 galgos. El entrenamiento es específico para cada animal, «tienes que sacarle el punto de velocidad al perro porque los que corren en 800 metros tienen un entrenamiento distinto a los que lo hacen en 500», cuenta esta profesional.

«Al llegar del trabajo les hacía la comida, ya que necesitan una concreta además del pienso. Corazones de ternera, pollo, arroz con hígado… tenía en cuenta las analísticas que les hacía para saber lo que necesitaban. Siempre evité darles medicación», cuenta Carmen.

A la hora del entrenamiento, esta galguera se preocupaba hasta del último detalle para cuidar al máximo a sus inseparables compañeros. «Antes de sacarlos les doy un masaje de diez o quince minutos a cada uno para calentar los músculos y que no se lesionen en el entrenamiento. Nunca los entrené a motor, siempre andando. Los que necesitaban un punto de velocidad, esprintaba con ellos, primero andaba y luego corría. Cuando llegábamos a casa, un masaje de relajación para que el animal no se doliera, además de cuidarles las patas con una crema específica para que las tengan siempre hidratadas», explica Carmen, que también habla de la importancia de que los animales descansen y coman bien. Por ello, un par de días a la semana descansan. Los entrenamientos duraban toda la tarde. Además, los perros que estaban retirados de las competiciones los tenía en casa con ella y, si necesitaban un tratamiento especial, se preocupaba caso por caso para proporcionarles los mejores cuidados e igualmente salían al campo todos los días. «Un galgo encerrado no es feliz, todos se merecen su alimentación y su descanso. Cuidarlos requiere un sacrificio enorme, te tienen que gustar mucho y tienes que quererlos para que no te pese hacer las cosas», explica esta amante de los animales.

Sobre las acusaciones que reciben los cuidadores de galgos que afirman que se lucran con los animales, Carmen explica que, en pista, no ganaba dinero con ellos, ya que los costes de alimentación, medicación, inscripciones y sus tratamientos son muy elevados. «Mi rentabilidad era que disfrutaba con ellos porque soy feliz con mis perros en el campo», cuenta esta mujer, que nunca dudó en sacrificarse económica, física y mentalmente por sus animales. «No concibo la vida sin un galgo», sentencia esta firme defensora de los galgos.

Ángel Jiménez

Ángel Jiménez es un cazador de Ávila amante de los galgos. Además, cuando se hacen mayores, los cuida como a una mascota más. Actualmente tiene nueve animales y Ángel caza desde pequeño. También se dedica a los campeonatos y, si prepara alguno en específico, los galgos duermen con él en casa por miedo a los robos. Alguna vez ya ha sufrido un buen susto. «En el 2012 me quitaron dos y no los recuperé, los tienes con todo el cariño y bien cuidados, además, sabes para qué te los roban», cuenta este cazador.

Una hora diaria es el deporte diario de los galgos de Ángel. Sueltos y sin ataduras, corren lo que les apetece. A la tarde, una hora de paseo. «Si los quieres tener bien es así, tienes que dedicarles tiempo», explica este hombre.

«La misma gente a la que le regalé algún galgo me cuenta lo difícil que es adoptar uno en una protectora porque ponen muchas pegas y algunos van para el extranjero. Si dicen que tienen tantos, que no pongan tantas trabas», sentencia este profesional.

Ángel también se dedica a la cría y se preocupa de que esta sea controlada. Ahora tendrá una camada tras tres años sin criar. «Soy partidario de que la Guardia Civil visite aleatoriamente a los galgueros para ver cómo tenemos a los animales, a mí no me importa porque sé cómo los tengo. Así callaríamos un poco la boca de la opinión pública», explica este cazador, que está seguro de que proporciona a sus animales la mejor vida que pueden tener.

Melisa: verlos correr es impresionante

Melissa Vara es de Toledo, una apasionada de la caza con galgo. Su afición está directamente relacionada con la naturaleza, «ver correr al perro es lo que más nos gusta», Cuando son mayores tienen vida de mascota, yo tengo perros viejos que se mueren por la edad en casa». Ahora mismo, Melissa tiene unos 14 galgos y ya no cría. «A mí me da igual que maten a la liebre y hasta prefiero que no, quiero verlos correr porque es impresionante», explica esta mujer, que desvela su particular forma de entender y disfrutar de la caza.

Los galgos de Melissa están todo el día sueltos y andan cinco kilómetros diarios. En invierno no puede dejarlos en libertad por el tema de los robos, «en temporada de caza, si me los ven, me quedo sin perros», cuenta esta cazadora. Entonces, se levanta una hora antes y sale en bicicleta a pasear con sus inseparables compañeros

Melissa también se preocupa de desmentir las cifras de abandono de galgos. «Es imposible, yo lo condeno como todo galguero y cazador. Pero igual que hay abandono de galgos los hay de otras razas, además, los mestizos son los más abandonados».

Esta mujer también tiene una residencia de perros, «en temporada de caza me traen perros porque tienen miedo a que se los roben, aquí tengo alarmas y seguridad y te puedo asegurar que el miedo al robo es increíble», cuenta Melissa.

La mayor parte de los galgueros cuidan a sus perros

Santiago Díez es de Palencia y, ahora mismo, tiene once galgos. Es cazador y también se dedica a la competición. Santiago acude al campo desde que era un niño y su padre ya era un cazador con galgos. El entrenamiento con sus animales le ocupa una gran parte del día, y se preocupa de soltarlos, guardarlos, darles de comer y mimarlos hasta el más mínimo detalle. «Esto ocurre los 365 días del año, es difícil de entender la relación que tenemos los cazadores con nuestros perros, pero la realidad es que pasamos más tiempo con ellos que con nuestras familias», explica este hombre, que no duda al afirmar que la mayor parte de los galgueros que conoce «cuidan mucho y bien a sus galgos». El gran problema que sufre esta raza es, para Santiago, la exposición al robo.

Un galgo que no caza, pero es el ‘marqués de la casa’

José Antonio Peña es un cazador gaditano que quiso probar la caza con galgo. Para ello, adquirió uno cuando era cachorrillo, con solo tres meses. Pero todo se torció antes de que empezara: «El perro, cuando tenía seis o siete meses corrió la primera liebre y tropezó con un pastor eléctrico. Este accidente ocasionó que el perro se resabiara y, a partir de ese día no quiso saber nada más de liebres ni de caza».

Pero José Antonio no se deshizo de él, como ayer gritaban a los cuatro vientos los animalistas: «Como no vale para cazar, pues decidimos tenerle en la casa, y aquí le tenemos, que es el marqués de la casa».

No te pierdas las fotos y el vídeo que prueban cómo este cazador andaluz trata a Capote.

 

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