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El Luchadero

Juan Antonio Sarasketa

Regular

Inmersos ya en plena vorágine cinegética, como es lógico no todo son alegrías, si bien en general la desveda de las distintas especies ha sido aceptable. No es poco.

05 nov. 2018 - 1.065 lecturas - No hay comentarios

Las perdices han criado bien y los cupos de dos se han hecho con relativa facilidad. Veremos dentro de poco qué pasa con la sementera. Torcaces, regular tirando a mal, es posible que todavía haya algunos días, dos o tres de pase. Toca estar atentos a los vientos. Becadas, hasta el sábado pasado mal, algunas entrarán el domingo.

Algo me dice que va a ser una temporada aceptable. El pasado domingo no acompañó la climatología para cazar las perdices. No importa, tiempo habrá, es bueno que cojan un poco más de fuerza.

Así y todo al despuntar el alba muchos cazadores desentrañaron páramos y laderas como si de sus propietarios se trataran. Unos lo hicieron respetuosamente, la gran mayoría, otros, desaforados en hacerse con lo que sea, no tienen escrúpulos en perseguir a las perdices llevando manos de 8 o 10 personas. ¡Pobres tuercebotas! Ni entienden qué es esto de la caza, ni mucho menos les importa el daño que hacen a sus compañeros cazadores. ¿Hasta cuándo tenemos que seguir ocultando a estos egoístas incapaces de admitir su impotencia para plantear la pelea en buena lid?

Justo es pensar que la perdiz nació para ser cazada ya que incluso ni ella misma, dada su bravura, desearía una muerte por vejez. Pero de ahí a abatirla con pocas posibilidades de defensa es propio de simples oportunistas. Solo los verdaderos cazadores saben valorar el impresionante «pelotazo» de muerte de esa perdiz que ha luchado por su vida hasta la extenuación, con inusitada bravura.

«Enjundia de esfuerzo y hazaña que lleva dentro la caza en su mejor estilo», decía Ortega. Solo cuando se le ha ganado tiene derecho el cazador a intentar abatirlas.

De los jabalíes qué quieren que les diga, si hay algunas zonas que tienen más que perdices.

Pues eso, que hay que gestionarlas en su justa medida dependiendo siempre de la zona y el lugar. Sin alardear mucho porque, lo que hoy es alegría, mañana puede ser desencanto.