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Miguel Ángel Romero

Desde mi Tronera

Miguel Ángel Romero

Colaborador habitual de publicaciones cinegéticas

Temporada de reclamo: Pintan bastos

En un principio parecía que la cosa iba a pintar mejor que otros años como consecuencia de haber criado bien en muchos lugares y regular en otros, lo cual no es poco. Si bien es cierto que de saque teníamos confinamientos y una normativa de la COVID19 cuyos resultados previstos no se han cumplido.

17 feb. 2021 - 4.737 lecturas - No hay comentarios

Y no se han cumplido debido a un gobierno formado por unos políticos débiles y heterogéneos capaces de politizar hasta el acto de mingitar y enzarzarse en disputas estériles mientras muere la gente y se descubren residencias de la tercera edad que vergüenza deberían de dar a quienes tienen la responsabilidad de mandar, responsabilidad de mandar que tienen (insisto) desde los alcaldes hasta los diputados además de esos otros que quieren mandar por imperativo legal como no es la primera vez que ocurre (por desgracia). Y lo volverían a hacer agarrándose a un clavo ardiendo si Europa les diera cuartelillo.

Los insumos cerealistas ultradenunciados tales como el imidacloprid, más una meteorología adversa truncaron muchas previsiones contempladas durante la sementera comprobando, un años más, cómo siguen matando aves en general y perdices en particular.

«Una familia de productos plaguicidas muy utilizados para el tratamiento de semillas de cereal son los fungicidas triazoles, de los cuales el más utilizado en España es el tebuconazol. En mamíferos, existen estudios que apuntan a que este compuesto altera los niveles de hormonas esteroideas con consecuencias negativas para la reproducción. En aves, un trabajo previo del proyecto ‘regreseeds’ desarrollado por el IREC ya apuntaba a que el mismo tipo de disrupción hormonal sucedía tras la exposición de perdices rojas a semillas tratadas con este compuesto».

El estudio del IREC se centra en el imidacloprid, uno de los insecticidas más utilizados en el mundo, y señala que es «altamente tóxico» y provoca «efectos importantes sobre la salud y el éxito reproductor» de las perdices rojas y, posiblemente, también de otras aves agrícolas expuestas a pequeñas cantidades de semillas de trigo. Hagan caso del IREC, pues su nivel científico no tiene nada que ver con ciertos papanatas de carrera fácil, master de regaliz y puestazo hasta en el Vaticano.

A la Filomena le ha seguido la Hortensia con rachas de viento de 120 kilómetros y por si todo ello fuera poco, cayó un meteorito en Madrid y se registró un terremoto en Granada. Entre los citados accidentes climatológicos no faltó un terremoto de magnitud 4,4 afectando a países tales como: Marruecos, España y Argelia y ya, para finalizar, se da como noticia oficial la mutación del Coronavirus primero en un segundo, tanto o más fiero que el primero… O sea, que ahora tenemos que luchar con dos coronavirus distintos, por el momento. Sigue el «carrusel de borrascas»: ‘Ignacio’ que llega con fuerza a la Comunitat y Aemet activa el aviso naranja en Valencia por fuertes rachas de viento que pueden superar los 100 km/h, especialmente en el interior de la provincia.

De la caída de ramas y árboles arrancados de cuajo en Madrid, no les escribo. Pues si caen sin motivos aparentes, que caen y matan a la gente, ahora ni les digo.

Cuando comenzaron los desastres meteorológicos ya había algún bando en picadilla y… hasta algún celo testimonial. Pero hoy, 25-01-2021 está el campo con menos bandos como consecuencia de la reciente meteorología ya pasada y el tremendo desgaste que sufre la perdiz en situaciones tales, pues está muy perseguida por los furtivos de a pie con perros de caza. También sufre un desgaste tremendo por el frio, el hielo y la falta de alimentos entre otras calamidades. Los desalmados furtivos y un mal manejo de un contingente que llegados a estos casos no hay que lavarse las manos y echar la culpa a la genética de la GRANJA, están haciendo lo previsto. Pero no se queda ahí la cosa. Ni mucho menos. He esperado un poco más a escribir este post y ver como pintan las cosas y el tiempo no está como para picadillas, ni celos en la mitad norte Peninsular. Más abajo, en Extremadura han cancelado el Campeonato Nacional de Perdiz Con Reclamo y hace tiempo que en Toro y en Morales de Toro (Zamora) vedaron su caza.

Hace 5 años que no compito y dos que no cazo las perdices con mis reclamos machos de granja. Sepan que ahora no utilizo los machos de campo para no sentar precedentes aun cuando reconozco que los de granja son unos bichos que nada tienen que ver con la perdiz de campo. Pero bueno, es una modalidad descansada y podré ejercerla sin sobresaltos. La practicaré más porque se conserve la modalidad que por otra cosa.

Que no cace las perdices con reclamo no quiere decir que no mantenga mis muchas relaciones con los cuquilleros y granjeros de toda España, pues en los 15 primeros campeonatos no fallé ni uno. Y hablando con varios compañeros coincidieron en decirme que este año no se habían vendido más de un 30 por ciento y que eso obligaría a cerrar muchas granjas en lugares tan importantes y dependientes de la caza como Castilla-La Mancha.

Este año se ha perdido la Feria de la Perdiz y eso ha supuesto una falta de ingresos que se acusa en los supermercados.

La perdiz roja (Alectoris rufa) – Taxonomía y cría en cautividad

La perdiz roja es una Faisánida que pertenece al género Alectoris. Está integrado por especies que se distribuyen por la región Paleártica. Otras especies del género Alectoris son la perdiz griega (A. graeca), la perdiz chúkar (A. chukar) y la perdiz moruna (A. bárbara).

Las diferentes clases de perdices antes mencionadas cuya anatomía ha podido variar en los últimos siglos como consecuencia de diferentes factores, se ha venido cazando desde el principio de la humanidad y se ha cazado con: cepos, lazos, losas, serdas del rabo de los caballos, pues con la de las yeguas dada su ubicación física del aparato urinario queman los pelos con el orón y luego cascan con mucha facilidad. Ahora se utilizan bagas para las perdices en Mallorca y Menorca que no son otra cosa que nailon de pescar cuyo grosor se suele colocar a gusto del consumidor sin pasarse y que las hagamos recelar. En la actualidad los furtivos siguen utilizando redes y cepos más que el resto de las muchas modalidades vigentes.

La perdiz roja se viene cruzando desde el Paleolítico y sin ir más lejos en España durante los años cuarenta, después de la guerra, para muchas familias fueron imprescindibles sus conocimientos furtivos lo que obligó a la dictadura militar a repoblar a la vieja usanza nada más de finalizar la contienda que dio paso a la dictadura militar y encumbró a los caciques de alpargata para tener al pueblo bajo la bota.

Ya en el siglo XX, las guerras mundiales, con sus nefastas consecuencias en todos los ámbitos de la vida, dieron al traste con los esfuerzos por mantener las poblaciones de perdices rojas introducidas en numerosos cotos de Europa Central (Alonso, 1994). En el caso de Suiza, la última perdiz roja de la que se tiene constancia se cazó en 1918 (Lüps, 1975).

Las repoblaciones con perdices rojas capturadas en el campo (1940-1965)

Según Silos (1953), después de la etapa republicana y, sobre todo, al término de la Guerra Civil, la riqueza cinegética de España se encontraba en una situación deplorable. Este autor recopilaba algunas de las causas que contribuirían a la alarmante disminución de la caza durante las décadas de 1940 y de 1950, como son la deforestación, la creciente afición de la población a la caza, el incremento del valor de la caza, la mayor facilidad de desplazamiento de los cazadores al campo debido a la mejora de las vías de comunicación y medios de transporte, la mayor efectividad de las modernas armas automáticas y de precisión, la inobservancia de la ley (furtivismo) y la ridícula cuantía de las sanciones que se imponían. Otros autores señalaron más factores de amenaza para las perdices rojas. Pérez (1948) cita la caza excesiva, sobre todo en ojeo y en la modalidad de caza con reclamo, los agricultores que roban nidos y pollos durante las faenas agrícolas y los predadores. Según De Carpi (1948) y Cazador (1955) uno de los factores que más contribuía a la desaparición de muchos efectivos perdiceros fueron y siguen siendo las personas que expolian nidos cuando los encuentran mientras buscan caracoles o espárragos.

A pesar de estos factores de amenaza para la caza, Silos (1953) señala que en los cotos donde los propietarios cuidaron y guardaron la caza se produjo una recuperación de sus efectivos. También hace notar que existían otros terrenos potencialmente aptos para la caza que no se habían recuperado desde la Guerra Civil, en los que el Estado podría fomentar y conservar la riqueza cinegética. De hecho, a comienzos de la década de 1950 se creó el Servicio Nacional de Caza, que comenzaría a acometer repoblaciones cinegéticas, que quedaron adscritas a la Administración forestal.

En esta época se empieza a repoblar con perdiz roja silvestre capturada en fincas donde abundaba, siguiendo criterios más racionales que los empleados en la primera etapa histórica. Silos (1953) recogía dos métodos para repoblar con perdiz roja. El primero consistía en capturar parejas en fincas donde abundaban, trasladándolas a los lugares de suelta y liberándolas de noche para que los animales fuesen buscando al amanecer los parajes más adecuados para aquerenciarse; en dichos lugares se disponía agua y alimento en abundancia para contribuir a su supervivencia. El segundo método consistía en obtener huevos de los nidos abandonados a consecuencia de las faenas agrícolas, incubándolos con gallinas domésticas y liberando a los perdigones una vez criados.

Dentro del territorio español, las repoblaciones cinegéticas se realizaban en las regiones periféricas (Galicia, Cornisa Cantábrica o País Vasco), donde la perdiz roja era escasa o rara, empleando aves procedentes de las regiones típicamente perdiceras del centro de la Península. Es muy ilustrativo considerar el caso de unas repoblaciones de perdiz roja llevadas a cabo en los montes asturianos en 1953 por la Sociedad Astur de Caza (X. Y., 1953). Como en la mayor parte de las repoblaciones de este tipo efectuadas en la época, la sociedad de cazadores compraba centenares de perdices (1.500 en este caso) que distribuía en zonas que se vedaban durante un tiempo, con la colaboración del Servicio Nacional de Caza, para permitir el asentamiento de los animales liberados, estableciéndose una estricta guardería para garantizar el éxito de la operación. Llama la atención que ya entonces se destinaban bastantes recursos económicos a la repoblación cinegética, habiendo costado la anteriormente mencionada la nada desdeñable cantidad de 50.000 pesetas de la época.

En la misma línea que el caso anterior, el Servicio Nacional de Pesca Fluvial y Caza (nueva denominación, con ampliación de sus funciones, que adquirió el anterior Servicio Nacional de Caza) repobló exitosamente con perdiz roja determinadas zonas declaradas de interés forestal en la provincia de Guipúzcoa (Aroca, 1954).

Las repoblaciones que se realizaban en la época eran llevadas a cabo ya con un cierto rigor técnico, hecho que contribuía sin duda a su mayor éxito. Aroca (1954) convenía que al tratar de aclimatar la perdiz roja a otras regiones o países era conveniente realizar estudios previos sobre altitud, clima, fauna, alimentación y otros factores ecológicos, que orientasen sobre la viabilidad de la introducción.

Sin embargo, entonces no existía una clara conciencia ecologista que permitiese ver como un peligro o como una estrategia de gestión de fauna errónea la introducción de especies alóctonas en hábitats extraños; más bien al contrario, se buscaba con ahínco el incremento de la variedad de oferta cinegética introduciendo especies nuevas. Ilustran esta idea unas palabras de Ramón Bros, Secretario de la Sociedad Astur de Caza (X. Y., 1953): «… esta Sociedad colaborará con el Servicio Nacional de Caza para la aclimatación de especies nuevas en esta provincia…».

En cualquier caso, estas repoblaciones realizadas con perdices rojas, además de contar con el impulso de la Administración, eran demandadas por la sociedad. Cazador (1955), en un artículo en el que habla de los factores que amenazaban a la perdiz roja, proponía algunas medidas para su protección y fomento, entre las que incluía:

«… echar perdices traídas de los vedados donde sean muy abundantes».

«Se ha comentado antes que las perdices empleadas en las repoblaciones cinegéticas realizadas dentro y fuera de España se capturaban en los excelentes cotos perdiceros de la Meseta castellana (Aroca, 1954; García de Mora, 1967). Era tal la demanda que, ya en 1954, Aroca denunciaba los efectos devastadores de dichas capturas de perdices vivas, pese a que estaban autorizadas por el Servicio Nacional de Caza. Surgen, pues, las primeras voces de alarma que se preocupan por la supervivencia de las poblaciones autóctonas, que comenzaban a ser esquilmadas con esta práctica. Además, Aroca (1954) ya apuntaba que entre las perdices rojas de distintas procedencias geográficas existían diferencias anatómicas y etológicas sutiles que constituían variaciones locales originadas por adaptación a las condiciones del entorno».

Resumiendo, el período de 1940 a 1965 se caracteriza, en lo que a la repoblación cinegética se refiere con perdiz roja, por una proliferación de las repoblaciones dentro de España, a la vez que siguen enviándose perdices rojas al extranjero. La perdiz roja se revaloriza mucho entonces, surgiendo ya un interés por la conservación del recurso como fuente de ingresos. Y progresivamente surge una preocupación, aunque incipiente, por la supervivencia de las poblaciones autóctonas de perdiz roja ante los peligros que suponen las extracciones abusivas con destino a la repoblación. En mucha menor medida comienza a contemplarse el impacto negativo de las repoblaciones de perdiz roja sobre las comunidades autóctonas de los lugares donde se realizaron y se realizan sueltas.

¿A santo de qué escribo sobre perdices de granja cuando el post tenía que tratar sobre caza de perdiz de campo con reclamo macho?

Sé de gente en el sur de España y en Extremadura que cuidan las perdices autóctonas para el reclamo como a unas verdaderas marquesonas. Y llegado el momento cumplen de manera exquisita con normas que se autoimponen. Esas perdices no tienen que ver nada con los de granja por muy buenas que sean estas últimas.

Normalmente se caza la perdiz con reclamo macho en fincas donde el granjero pone hasta el reclamo y te da perdices para que las sueltes a tutiplén, por la noche, cerca de abundante comida y agua para que no se dispersen y se pierdan en el campo.

Otros van, llevan su perdiz macho y cazan las de granja como cazarían las de campo. Es más, hasta les tienen hecho el aguardo.

Miren los anuncios y se sorprenderán de los modos y maneras de una caza que en el último milenio lo único que se ha sustituido en la modalidad ha sido el lazo por la escopeta. Siempre existieron los terreros de madera y las jaulas de mimbre o mimbrajo para el reclamo, ambas ya se usaban hará unos 2.000 años y sepan que yo a mis 70 años he cazado con jaulas de mimbre regaladas por un paisano de mi tierra palentina.

Webs sobre el tema

Conclusiones

Queda patente el cambio experimentado en la caza y gestión cinegética de la perdiz roja en España, que ha propiciado la génesis de un sector productor de perdiz roja en cautividad. Se han identificado al respecto cinco etapas diferenciadas:

  • Caza de la perdiz como mera cosecha y las introducciones de per-dices donde no existían, sobre todo en el extranjero, abarcando esta fase hasta 1940.
  • La repoblación cinegética con perdices capturadas en el campo, sobre todo de las regiones españolas escasamente perdiceras, en el período 1940-1965.
  • Los inicios la cría preindustrial de la perdiz roja, entre 1950 y 1965, que ha dado lugar a técnicas de cría artesanal que aún se utilizan para obtener pequeños lotes de animales.
  • Las primeras experiencias científicas, realizadas en la primera mitad de la década de 1960, que condujeron a sentar las bases para la producción industrial tal como se lleva a cabo actualmente en las granjas cinegéticas.
  • La expansión de las granjas cinegéticas de perdiz roja y la prolife-ración de las repoblaciones con perdices nacidas en cautividad, ocurrida desde 1965 hasta nuestros días.

Podría resumirse el cambio experimentado en el manejo de la perdiz roja afirmando que se ha producido una ganaderización, pues gran parte de la gestión cinegética actual se lleva a cabo repoblando con animales criados en granjas, en detrimento de la gestión de sus poblaciones autóctonas.

Ciencia en pildoras — Manuel J.Tello – Profesor Emérito de la UPV/EHU – Comunicación Animal.

Los animales utilizan el sonido para comunicarse con el propósito de definir territorio, buscar pareja, advertir peligro o, simplemente, para la interacción social. Por eso, la etología distingue sonido y llamada (sound y call). La evolución ha dotado a cada especie animal de un rango propio de frecuencias, la fundamental y sus armónicos. Surge una pregunta: ¿existe alguna regla que gobierne esta selección de frecuencia? Antes, veamos cómo se produce el sonido en el reino animal.

La mayoría de los animales vertebrados terrestres tienen en la laringe unos pequeños pliegues de tejido, válvula vibratoria, que vibran y producen sonido cuando el aire es expulsado. Sin embargo, el sonido en las aves se produce en los pliegues de una pequeña caja de cartílago, situada donde la tráquea se ramifica hacia los pulmones. Se denomina siringe. Quizás la evolución buscó, en este caso, un órgano con más capacidad diferenciadora que la laringe. Permite que las 10.000 especies de aves tengan, cada una, sus frecuencias propias. Las frecuencias específicas del sonido (fundamental y armónico) producido en la laringe o siringe son amortiguadas o mejoradas, selectivamente, al pasar a través del sistema vocal supralaríngeo, que posee propiedades resonantes naturales. Las aves paseriformes y algunas ranas son una excepción. Solo usan la frecuencia fundamental

Los mamíferos y pájaros grandes se comunican a mayor distanci

El sonido es irradiado a través de la boca o el pico. Los insectos, al carecer de un sistema respiratorio que genere aire a presión, producen el sonido por medios mecánicos. Suelen utilizar una membrana, un músculo que produce el colapso de una membrana que cubre una cavidad corporal resonante, etc. Su rango de frecuencias tiene muy poca o ninguna estructura fina. Además, tenemos los animales que utilizan ecolocalización y los animales acuáticos.

Los estudios experimentales han demostrado que los animales pequeños utilizan frecuencias más altas que los grandes. Además los mamíferos y pájaros de gran tamaño se comunican a más distancia que los pequeños. De estos registros experimentales se ha deducido que existe una relación entre la frecuencia predominante del sonido emitido y el tamaño del animal que lo emite. Esto ha conducido a formular una regla que dice que la frecuencia predominante de cada especie es inversamente proporcional a su tamaño longitudinal. Formulada en función de la masa, dice que es inversamente proporcional a la raíz cúbica de ella. Esta fórmula de proporcionalidad está de acuerdo con el aumento de la eficiencia de emisión de la boca al aumentar la frecuencia. Regla que alcanza la saturación cuando la longitud de onda del sonido es comparable con el diámetro de la boca. Utilizando los principios físicos que explican la producción sonora junto con la variedad anatómica, el estilo de vida y el hábitat, se ha demostrado que con pequeñas modificaciones, cada especie está alrededor de la regla.

 

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