José López, El Cabrero: con 78 años y la ilusión por la caza del primer día

Desde muy pequeño y por necesidades económicas de la familia, a la corta edad de nueve años, José López ya estaba trabajando con la familia en el campo, eran otros tiempos.

Javier Fernández

09/10/2019 | 9232 lecturas

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Tuvo la desgracia de perder el ojo derecho a los diez años por un desgraciado accidente. Un amigo, jugando a patear piedras en el campo, al lanzar una de estas, le golpeó el ojo con una caña y le clavó una astilla. Tras un costoso e inefectivo tratamiento médico, lo perdió tras una infección.

De morralero a cazador, como se hacía antes

Esto no fue impedimento para dar rienda suelta a su pasión, que era la caza, a pesar de que su padre no era aficionado.

Sus primeros pasos fueron junto a familiares y amigos, como se empezaba antes, de morralero. A los 16 años, con autorización paterna, tuvo su primer permiso de armas usando para la caza una escopeta monotiro que le regalaron.

José, gran conocer del campo al ser cabrero, cuenta a Club de Caza que siempre que comenzaba la temporada llevaba consigo su arma cuando salía con el ganado, junto a sus inseparables compañeros: sus perros pastores.

La caza, antes

Recuerda con añoranza cómo era común abatir una collera de conejos, lo que permitía llevar carne a la mesa de su casa. Eran otros tiempos, había que afinar mucho porque no había dinero para pagar un cartucho. Estamos hablando de los años 60.

«Había otros valores entre los cazadores», nos dice José, «más caballerosidad, nos respetábamos, no había egoísmo, primaba el compañerismo». A uno de sus once hijos, que es el único que le acompaña al campo, le ha inculcado estos valores de señorío en el campo, como le enseñaron sus maestros. Junto a nosotros recuerda y añora aquellos años cuando cazaba junto a sus amigos en los terrenos libres: «Qué tiempos aquellos en lo que salíamos por la mañana y volvíamos al atardecer, almorzado en el campo una hogaza de pan y un trozo de tocino».

Primera pieza que abatió

La primera pieza que abatió fue un conejo que le paró una de sus podencas cruzadas, no sabe con qué raza, nos dice riendo. En aquellos años cualquier perro cazaba. Las razas y pedigríes no habían llegado al campo.

Cazar para comer carne

Cuando estamos ante historia viva de la caza en Andalucía, siempre queremos conocer de dónde viene la actividad que disfrutamos hoy y hacia dónde cree un cazador tan experimentado que se dirige. José nos asegura que en el mundo de la caza los tiempos han cambiado mucho: «Antes, cuando yo era pequeño, se cazaba para poder comer y llevar carne a casa. Estuve muchos años cazando en los terrenos libres. Cuando tuve un poco de más edad, dejé la profesión de cabrero para dedicarme al cante flamenco, donde he logrado importantes premios».

Cazador y cantaor

Al escuchar esto, no podemos evitar pedirle a este cazador que nos cante un fandango.

¿Por qué José y tantos otros veteranos cazadores tuvieron que abandonar las armas?

«Desde que prohibieron la caza en los terrenos libres en Andalucía me vi obligado a abandonar la caza con armas, ya que no todo el mundo tiene dinero para pagar un coto», nos dice José con un nudo en la garganta que se nos forma también a nosotros. Una verdadera vergüenza que la caza le haya sido negada a estas personas que han contribuido a que llegase a nosotros, otras generaciones que la hemos heredado de ellos y no hemos sabido reconocérselo.

«Ahora me dedico a criar mis perros y campearlos o ir a cazar cuando me invitan. Pero siempre voy con ellos. No concibo la caza sin mis podencos».

Un joven de casi 80 años

José es un infatigable y apasionado de la caza. A pesar de haberse roto dos veces la cadera en el campo no hay nada que lo amilane, está hecho de otra pasta. Para él la edad no es ningún problema. Está en muy buena forma física porque salir al campo le mantiene ágil y joven, aunque tenga una prótesis en cada cadera.

Los perros de antes y los de ahora

José nos cuenta que la mayoría de los perros de antes eran cruzados, de los más diversos pelajes, pero todos cazaban. En sus primeros pasos en la caza tenía podencos de talla media. Con el tiempo cambió a los manetos, con los que lleva criando 20 años. Los prefiere porque su forma de cazar es más pausada y tranquila, lo que los convierte en la mejor opción para su edad.

Javier Fernández

Cazadores de Cádiz

 

 

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