Quieren que las muertes por violencia de género manchen la caza

Resulta increíble leer las declaraciones de un representante de un partido político, por muy anticaza que sea, pedir que se sumen los delitos de género a las estadísticas de muertes durante la actividad cinegética.


Debe haberle escocido mucho que se haya venido abajo la manipulación de los datos ofrecidos por el Gobierno respondiendo al mismo que ahora patalea una vez descubierta la verdad de las cifras de accidentes ocurridos durante la actividad cinegética.

Carles Mulet, un animalista que milita en las filas de Compromís, también es miembro de la Asociación Parlamentaria en Defensa de los Derechos de los Animales. Su obsesión es atacar a la caza. Y lo hace desde los frentes que se le van ocurriendo. Y si uno de ellos no funciona, como es el caso, abre otro, aunque sobrepase los límites del esperpento.

Pulsa en la siguiente imagen para conocer los datos de la verdad sobre los accidentes de caza:

  La mentira de las muertes por accidentes de caza
La mentira de las muertes por accidentes de caza

Que alguien que es elegido para representar al pueblo y a sus votantes sea capaz de tal desfachatez, preocupa. Porque querer salpicar la responsabilidad de los crímenes de género, en los que uno de los miembros de una pareja atenta contra el otro, hacia la caza, solo cabe en alguien que está muy desesperado por justificar su odio hacia una actividad legal.

Y luego, cuando preguntan a otro iluminado que le va a la par, pero esta vez sin poltrona política, este quiere sumar al saco de la desesperación los accidentes de tráfico causados por especies cinegéticas. El mundo al revés.

Mientras, y basados en estos argumentos, los anticaza preparan iniciativas para reducir los cotos en España y proponen que se tramiten menos licencias de caza para que haya menos escopetas en ellos.

Todos estos grupúsculos de animalistas y anticazas reman en el mismo sentido. Se coordinan y van soltando sus estudios, sin base científica, sus estadísticas, totalmente manipuladas, y sus postulados sentimentaloides, pero que tanto calan en la sociedad y, cada vez más en los políticos.

¿Y los cazadores? Desunidos, discutiendo entre nosotros y pensando que la caza es intocable.

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