O el oso es un ejemplar joven o el jabalí es enorme. Cuando ambos animales se acercan, vemos que andan a la par en tamaño. Esta es la razón por la que el cochino no huye al ver cómo el oso se va aproximando. Incluso llega a amagar con embestir al depredador, que se eleva sobre sus patas traseras.
Entonces, el jabalí decide alejarse, pero no tarda en volver a la charca. No piensa renunciar a ella al no verse amenazado. EL oso termina de beber y se va, quedando el jabalí solo en aquel lugar.
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