Un prado cercado sirve de improvisado ring de lucha para dos formidables aninales. Por un lado, un gigantesco jabalí. Su tamaño resulta impresionante. Tanto que empequeñece a su valiente oponente.
Un gamo valiente
Se trata de un macho de gamo con unas buenas cuernas. Y estas son las que decantan la balanza de la lucha a su favor. El jabalí intenta hacerle frente utilizando la diferencia de peso que existe muy a su favor. Pero la longitud de las palas del gamo le llevan a empujar y alcanzar al cochino en zonas donde el dolor se hace insoportable. Muy probablemente, las puntas de las palas han llegado a tocar los ojos del cochino.
En ese momento, el jabalí tira la toalla y emprende retirada, gritando exageradamente mientras el gamo le persigue saboreando el triunfo.
0 comentarios
Todavía no hay comentarios aprobados.
Deja un comentario