Todo hace indicar que la malformación en la cuerna le dificulta en gran medida la visión. Su cercanía a quien lo graba es tal que se le puede escuchar cómo avanza entre las altas espigas de trigo, que ya empiezan a amarillear.
Solo un movimiento del que toma las imágenes y el ruido que ocasiona al realizarlo hace que el corzo comience una preciosa carrera. Unas imágenes de gran belleza para el aficionado a esta especie, ante uno de los trofeos más anhelados por los corceros.
Un trofeo tan raro como anhelado
Este tipo de corzo suele relacionarse con la escasez o ausencia de testosterona, normalmente por una anomalía o una afección en los testículos. La osificación de la cuerna evita que desmogue como un corzo normal, de manera que los crecimientos anuales se van acumulando en volumen y peso.
Otra consecuencia es que esta cuerna nunca pierde la borra, formándose un extraño trofeo recubierto de unas dimensiones fuera de lo normal. En ocasiones, con los casos más graves, esto supone que el corzo pierda campo de visión, al caer parte de la comúnmente conocida como peluca hacia la cara.
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