El perdices

Diego Ruzafa

 

Nació en el ocaso del siglo XIX.

En un cortijo de la parte norte de Andalucía, a unos 50 Kms. del pueblo más cercano, distante unos dos kilometros de la casa señorial de los "Amos" que, venian una o dos veces al año. Sobre todo en temporada de caza.

Su padre, aparcero de la finca, inculto pero trabajador, sacó a su numerosa prole con más pena que gloria en la infame época que les tocó malvivir.

Nuestro amigo, primogénito, solamente conoció en su infancia el campo. Hasta los 21 años que tuvo que ir al servicio militar.

Ya a los seis años "se inició" en lo que iba a ser su pasión surante toda la vida: LA CAZA CON EL RECLAMO DE PERDIZ.

En una de las visitas de los amos, al padre de comunican que baje el pájaro y la escopeta a la casa que el "Señorito quiere echar un puesto".
-Los arreos de caza eran guardado por el aparcero en el cortijo-.

El padre mandó al zagal que le bajara la jaula y la escopeta.

Noestro amigo -diligente- se aprestó a efectuar lo mandado por sus progenitor.

A mitad del camino, cansado, se sento sobre una piedra, desescaperuzó la jaula y pensó: ¡ así cazan los mayores ! -apuntando la escopeta que habia apoyado sobre la piedra- apretó el gatillo y....¡pam !, un sonoro disparo le lanzó a unos metros de distancia. Se levanta y ve que....ha matado su primera pérdiz. La bronca del Amo al chaval fué de órdago. La del padre con el Señorito, tambien.

El chaval vá creciendo y su afición a las perdices tambien. Correr los pollos, su gran pasión.

Un tio trae, de la guerra de Cuba una escopeta de avancarga -con la que cazó toda su vida- ya que nunca tuvo posibles para comprarse una "mocha"que, siempre fué su gran ilusión.

Se va haciendo sus jaulas con varas de anea cocidas. Las "tapaeras"-como el les llamaba-, con la ropa que se le iba rompiendo a sus padres y hermanos.

Van pasando los años y, nuestro amigo, se convierte en el aportador de viveres , conejos, perdices, etc. alimentan a la familia.

Su tio, le comenta que a la guerra de Cuba, muchos no fueron ya que, los dieron por inútiles al tomarse "agua con azafrán" unos meses antes de incorporarse a filas -y que, por el color que tomaba la piel-, los médicos prescribian "ictericia" y....baja por inutil.

El se apropió de la idea é.....inutil total.

Fué uno de los pocos viajes que hizo fuera del lugar de nacimiento. A la vuelta de la ciudad, se trajo una pareja de palomos "ladrones".

Con su arte para las aves, crió muchas parejas que, utilizaba para llenar la despensa : soltaba sus "ladrones" y cuando volvian al palomar con muchas otras aves, disparaba su "trabuco" y, caian las suyas y la de los demas. Sus hermanos le recriminaban el que matara sus propios palomos pero, el siempre contestaba lo mismo: "tengo muchos y hay que llenar el puchero".

Pasan los años y, al faltar los padres, los hermanos, con sus pocas pertenencias, se trasladan al pueblo, instalándose en un viejo caserón propiedad de los Amos.

Nuestro amigo lleva consigo una treintena de jaulas con otros tanto reclamos de perdiz.

Los habitantes del pueblo, dado a los motes, le colocan el suyo "EL PERDICES".

Vive para ellas, duerme con ellas, las limpia, da la arena, en una palabra.... ¡ las mima !.

Las conoce a todas en su forma de cantar. Se dirije a ellas por su nombre -y, los animales parecen entenderlo-.

Durante años las saca al puesto que, con primor y mucho trabajo se había construido al sopié del monte, cerca de donde había nacido.

Un inmenso chaparro vaciado con paciencia, cuyo techo era una verdadera obra de arte hecha con esparto, con todas las comodidades dignas de un sibarita.

A finales de Enero y, como era su costumbre, comenta a sus hermanos que se iba a "echar un puesto". Estos le dicen que no vaya ya que, el tiempo está muy cogido y va a helar.

Juan no les hace caso, y ....se vá.

El tiempo cae y, efectivamente una fuerte nevada se abate sobre la Sierra de Maria, lugar donde caza nuestro amigo.

La noche se cierra y, Juan no vuelve.

A media noche, sus hermanos, preocupados avisan a la Guardia Civil de que, su hermano no ha vuelto y créen que le ha pasado algo.

Una pareja a caballo se desplaza hasta donde los hermanos le informaron que estaba.

Allí, efectivamente lo encontraron, en su puesto, liado en su manta morellana -que él decia que, por los años tenía ya más piojos que lana-, acurrucado, con un rictus -que aparentaba una plácida sonrisa-.

¡ Menos mal que llegaron los Civiles ! -comentaba a los amigos- y me metieron en el montón de estiercol del cortijo y que el "calor me revivió" porque, sino a estas horas no lo cuento.

¡Yo tengo que morir de un "torozon"!.

No llegó a saber que lo que se lo llevó al otro mundo, fue una pulmonía doble, cogida a consecuencia del "último puesto que echó".

¿Ficción ó realidad ?.

Como me lo contaron lo cuento.