Ese jabalí que hizo sacarme el carnet de conducir

Sus scrofa

 

Creo recordar que era finales de Mayo y principios de Junio del 99, cuando me ocurrió los hechos que voy a contar.

Mi gran amigo Damian y yo, desde hacía unos 6 años, solíamos ir bastantes noche de la época estival a esperar a los cochinos. Yo por entonces carecía de Permiso de Conducción a pesar de mis 28 años a punto de cumplir, sirviendome siempre de mi amigo para ir de caza, fuera la que fuese. La verdad que esto me era incomodo y me sentía inútil, por que siempre dependía de alguien si deseaba ir a cualquier sitio, viendome obligado a estar agradecido por hacerme el favor.

Mi amigo Damian tiene unas cuantas anegadas de pinar en la Sierra de Mariola (Valencia) a la que su mujer Mari Angeles, simpáticamente bautizó con el nombre de "Villa Pendón", en las cuales había fabricado con mucho ingenio y tesón un cebadero y un bebedero con su plataforma a unos 02'50 mts. del suelo, encaramada en un chaparro, con su colchón de 90 incluido (menudos sueños se pegaba alguna vez que otra el muy bribón), para esperar a los jabalíes. Por estas fechas, solía personarse casi todas las noches un guarrete al parecer bastante majo, de estos solitarios y desconfiados, al que mi amigo lo aguardaba varias noches atrás y el cual se había comido ya unos cuantos kilos de maíz y almendras.

Esa noche fuimos a esperarlos. Mientras él lo hacia en su cebadero, yo hacia lo propio en un bancal de la partida conocida como "El Clot del Pou", no muy grande, próximo de donde se encontraba Damian aguardando, sembrado de trigo sin arista, rectangular y rodeado de monte bajo y pinar donde al parecer, estaban entrando a comer los cochinos. Ambos teníamos la corazonada de que el visitante del cebadero, también visitaba este bancal, aunque no queríamos creerlo por si las moscas.

Años atrás instalé un puesto en un pino de una de las esquinas del sembrado, al que tantas noches he visitado y que por cierto, tantas alegrías me ha dado, ya que desde éste he tenido la fortuna de abatir 5 cochinos bastantes majos y otros cuantos Damian, y allí me coloqué.

Nos pusimos alrededor de las 21'00 horas, aún de día, por si alguno se dejaba caer por la zona, pasando los minutos sin obtener resultados algunos. Eran ya sobre las 23'30 horas cuando me pareció oír un pequeño crujido de ramas justo en el lateral derecho, próximo al borde del sembrado. Parece como si lo estuviera viviendo ahora mismo. Me quedé inmóvil, dejé de respirar, los latidos del corazón aumentaban de tono y velocidad, parecía que se me iba a salir del pecho, intentaba controlar todos estos síntomas involuntarios y tratar de serenarme.

Pasaron unos minutos y no oía nada, entonces decidí respirar de nuevo (¡que va!, es broma, sino ¿como iba a estar escribiendo esto ahora?); pero de repente, del lugar donde salió ese chasquido, hizo su aparición un hermosete jabalí, que al trote y como alma que persigue el diablo, comenzó a cruzar la siembra sin detenerse por delante de mí, desviandose sobre mi parte izquierda para tratar de ocultarse otra vez en la maleza. No creo que me oliese, pues el aire lo tenia yo de cara. Pudiera ser que me viera, aunque también lo dudo, ya que estaba bien cubierto y de haber sido así, hubiese dado media vuelta y se hubiese alejado lo máximo posible. Me creo mas la versión si me la contasen de que este señor sabia de que iba el paño, sabia lo que debía de hacer; debía dar el rodeo clásico para asegurarse de que no había nada extraño en los alrededores, pero esta vez creo que quiso acortar terreno, y en vez de dar el rodeo oculto entre la maleza y las sombras de los pinos y chaparras, quiso acortar paseandose sin saberlo delante de mi. Entonces me encare el rifle para poderlo ver a través del visor y tratar de verificar que en realidad se trataba de un jabalí y no de otro ser de dos o cuatro patas. Cuando estuve seguro de ello y antes de que desapareciera por mi lado izquierdo, apreté el gatillo y del ánima del rifle, salió un estruendo que se fue difuminando poco a poco en el silencio de la noche, rozando suavemente las copas de los pinos de esta Sierra de Mariola a la que quiero mucho, hasta perderse en el infinito (debo de decir que me encanta el sonido del disparo de un rifle en el silencio de la noche, para mi es algo especial).

Se hizo un silencio enorme, y cuando volví a encarar al lugar donde disparé, pude apreciar que en el suelo yacía un bulto negro, inmóvil, sin patalear, sin quejarse, como solo saben hacer los señores de la noche, sin pedir súplica alguna y con todo el honor y respeto que se merece tan hermoso y astuto animal. Me quedé helado, estaba contento y a la vez triste, es una mezcla de todo un poco. Si, es verdad, lo quería abatir y si pudiese, le habría dado de nuevo vida.

Entonces bajé del pino y me acerqué a donde se encontraba ese bulto negro, y si, allí estaba, era un animal precioso, de pelo bastante oscuro. Fue un disparo certero gracias a Dios, porque odio verlos sufrir aunque alguien piense que no es así; me gusta la caza limpia, el tiro limpio, aunque reconozco que a veces esto no puede ser y mas si el animal se encuentra en movimiento.-

Al poco vino mi olvidado amigo Damian, y me preguntó: ¿que has hecho?, ¿has matado alguno? a lo que le respondí si, ¿y tu?, ¿te han entrado? contestandome no, ni verlos ni oirlos. No se porque, pero me daba la espina de que mi amigo no estaba muy contento de mi hazaña. Sin mediar mas palabra, lo cogimos por las patas traseras, y lo cargamos en la castiga Express de color rojo disponiendonos para irnos a casa.

Durante el trayecto de vuelta, había un silencio no habitual en el habitáculo del vehículo (parece como que rima un poco ¿no?), solo se oía el especial ruido de la diesel. Se me ocurrió hacer un comentario para romper el hielo y creo que eso fue un grave error; osé decir: "creo que este jabalí es el que te estaba entrando en el cebadero y si es así, lo siento de verdad". Para qué dije nada, eso hizo que el rostro de mi amigo empezara a hincharse y a ponerse de color rojizo, ¡vamos!, como si fuese a explotar. El ambiente dentro del habitáculo del vehiculo empezó a ponerse un poco mas calentito. No pudo contenerse mas y algo alteradillo me respondió: "si, ya, pues si lo sientes tanto, para que cojones le tiras, llevo dos meses echandole de comer para que llegues tu y te lo cargues". Yo no sabia si ponerme a reír por lo cabreado que estaba Damian o a flajelarme por haberle quitado la vida a aquel animal y haber provocado tal cabreo en mi amigo. Nunca nos habíamos enfado por nada, por eso no contesté, me quedé aturdido con la contestación que me dio, desconcertado, callé y nos fuimos a desollarlo en la cochera de sus padres para mas inri.

Nunca vi a Damian desollar con tanta virulencia. Yo hacia lo mismo pero calladito por si acaso recibía otra reprimenda. Una vez terminamos de desollarlo y arreglarlo, me bajó a casa.

Cuando llegué, mi mujer Dolores, (Dolo para los amigos) me estaba esperando aun despierta. Me preguntó como había ido la noche y le comenté lo sucedido con mi gran amigo Damian, la cual me dijo que no me enfadara, que mañana ya no se acordaría nadie de eso. Yo sin embargo, después de ducharme y cenar lo que pille por ahí, me acosté y no paraba de preguntarme a mi mismo: "si hubiera sabido que ese jabalí era el que le estaba entrando en el cebadero, pues...no le hubiese tirado". "Si los cochinos llevasen colgado del pecho un cartel en el que hiciera mención a cual cebadero van a comer, tampoco le hubiese tirado......en fin, un montón de chorradas mas similares a estas."

A la mañana siguiente me desperté y me sentía mal, porque he de reconocer que si mi amigo no me llevaba a la sierra, yo no podía ir a la espera y los cochinos que había abatido hasta el momento, en cierto modo, parte se lo debía a el, y sin dudarlo me fui directamente a la auto-escuela, le dije a Fina que me preparase la matrícula, el librillo y los test, por que tenia que sacarme el carnet como fuera (ya era la cuarta o quinta vez que iba) y Fina, con cara de sorpresa me dijo "haber si es verdad que de una vez te lo sacas y no haces como las veces anteriores". Estaba cabreado y me sentía como un tonto, con 28 años y sin lo mas fundamental, "el carnet de conducir". Quería sacarmelo para no depender mas de nadie y salir a patear monte, a cebar y a esperar a los cochinos las veces que me diera la gana, sin contar con nadie y demostrarle a mi amigo Damian de que no dependería de él mas veces.

Al mes y medio y a la primera (modestia a parte), me lo saqué y lo mejor de todo fue, que a los cuatro días hicimos las paces, nos vimos en la sierra y hablando de donde habían cochinos y de donde no a la vez que me felicitaba por lo del carnet, seguimos cazando juntos e incluso ese mismo verano, con carnet de conducir y con mi coche, tuve la suerte de abatir dos cochinos mas.

En la actualidad seguimos cazando juntos y de aquel día, aprendimos bastante ambos. Aquello solo fue un mal momento e incluso reconozco que ese jabalí era el suyo, ya que desde ese mismo día, dejó de visitar el cebadero el misterioso animal que lo hacia cada noche.

Por eso, tengo que darle profundamente las gracias a ese precioso jabalí, que sin él saberlo, siendo inconsciente de todo, creó la situación y el momento para que me sacase el permiso de conducir de una vez por todas ya que si no hubiésemos tropezado, quizás aun no lo tendría.-

Solo, decirle a este animal, "gracias amigo".-

SUS SCROFA


P.D.: Este relato fué publicado en la revista de Octubre de 2.002 de Feder Caza y os aseguro que pasó como lo cuento.-