Yango, el perro blanco

Hidalgo Reyes

 

«Cuando la tarde languidece renacen las sombras»; en el paraje de San Antonio, una escuela, dos maestros, luchando por la instrucción en una zona del pago como cualquier docente de la Argentina, pero allá lejos de lo urbano. Estaba; Yo el cazador y mi perro dogo el gran blanco, en medio de la soledad y el estío tratando de comprender la belleza natural de la fauna y sus cosas, porque llegamos de visita al director (cuñao) y dejarle unos envio-provedurías y de paso cazar algo pero quedé asombrado por lo exuberante del monte y sus cosas.

Los alumnos ya se fueron, y comienza la rutina diaria del crepúsculo con todo su misterio, preparar la lámpara «sol de noche», tener agua caliente para el mate, y como sombras, acercarnos al fogón de una cocina donde lentamente, entre mate y mate, se calienta la olla de hierro fundido, negra como la noche que se aproxima, un estofado de cabrito, mientras Bienvenido, nombre bien puesto del segundo maestro, con suma destreza prepara la tortilla y el pan con grasa que será cocinado al rescoldo, cubierto con cenizas, pa ofrecer con grande humildad lo mejor de su servicio.

Yo, como una forma de retribuir la incipiente atención con un buen vino borgoña (varios, como mistol, guardados ya en la heladera a kerosén bien frapé), me ingeniaba a degustarlo con los maestros; como un apronte de lo por venir la cena, ceremonia bendita de la campaña, la mesa tendida y todos a lavarse las manos comenzando con el director un ejemplo; porque en la ciudad casi la perdimos, será el progreso o la economía, que será vaya a saber uno. Luego la sobremesa, tema principal la caza, donde me ponían al tanto de la riqueza de su fauna autóctona; pecaríes, el chancho quimilero, le dicen así porque se alimenta de pencas y su fruto (tunas), o del quimil que es un cactus, suele andar en tropas de más de 30, es un pecarí de gran porte y su peso es de más de 45kg, muy bravo y peligroso porque no es de andar solo siempre en manadas o tropas grandes. Y no teme a nadie. Su caza no es apta pa chuchillo si con jauría pero como batida y a la espera del cazador en las picadas con escopeta, el tiro es en movimiento de estocada o en su defecto con una maña; se lo frena con un grito y seguido el tiro si herraste subí al árbol urgente porque se viene la tropa entera y suelen girar alrededor del árbol por más de 2 horas, que si te queda el Colt 38 largo podás juntarlos, pero tienes que perder una prenda expresión del gaucho ya sea una camisa o pañuelo o algo tuyo, con eso se desquita y se retira, queda jirones, más bien nada, pa recién bajarte del árbol.

Luego la caza de la corzuela también implica otro arte, porque sin reflector no es fácil en el monte. Hay que conocer sus hábitos, sus rastros, eses, comederos, sus sendas, horarios de pasadas un verdadero arte; oído, olfato, vista y paciencia que el hombre no sabe cultivar. Cuando logres dominar el silencio y tu voluntad, obtendrás el trofeo más hermoso de la naturaleza, la caza de la presa. «La diosa del Monte».

Después de una larga sobremesa nos dispusimos ir a descansar. Yango hacía rato que dormitaba al lado mío, es que tuvo un trajín bárbaro. Desde que llegamos nomás… a la escuela fue la estrella… primero su color todo blanco y encima mansito… decían los chicos, pero nadie lo tocaba. Yo… Pensaba pa mi adentro… confiaba en ÉL porque lo crié bien y sé cómo es.

Bueno aquí comienza la historia… había un gurisito, debe de haber tenido 9 a 10 años… pícaro y diablillo… se acerco tímido a lado de Yango. Éste ni bola, como si nada, pero manso. El niño se apoda ‘kuka’ según el maestro porque falta mucho… y resulta que comenzó… mirá vos… a darle a Yango… caramelo… Pero NO en forma directa… sino de a poquito, tirándole al piso de tierra pedacitos… Yo con disimulo miraba y dejé que haga pa ver qué pasa. Bueno Yango… miró el caramelo, empezó a comerlo… ahí empezó la relación del niño y el GRAN BLANCO.

KUKA ganó confianza, y lo hizo pasear por todo el sitio de la escuela… y Yango como todo fiel dogo a él lo seguía… Resulta que al no tener más tortilla le daba pedacito de no sé qué pero algo era y lo hacía crujir y mientras le den, Yango a sus anchas. Mientras Yo seguía tranquilo totalmente despreocupado del perro. Porque nobleza obliga… No iba andar todo el día por tras de ÉL… ¡LO DEJÉ QUE SEA!… Yo sé lo que tengo… Yango, como si fuera un alumno más en la escuela… Pero ojo el mentor de su asistencia al grado era KUKA mas la complicidad del maestro… cuñao y de buena madera; que se banca con buen pecho todo, además es tu perro…después me decía, sino lo sacaba variando ja ja ja.

Eso es una parte, y todos se fueron a su casa menos nosotros… los dos maestros, Yo y Yango. Después de mucho tiempo vuelvo a dormir a cielo abierto; qué bello todo silencio y mirar a los pies es como mirar a las estrellas posarse en mi pecho. Allá todo el firmamento mientras las fugaces… se columpia en el tiempo. Me costó dormir… con miles de estrellas mirando cómo duermo y al abrir los ojos; me comunicaba y las miraba y pensar el hombre de ciudad sólo mira el suelo… si mirase al cielo tal vez sus actos serían más cuerdos; luego sin querer caí dormido con luz de sereno y despertar con el lucero.

Cuando sale el sol nadie duerme, todo el mundo se levanta, y son 6 de la mañana. Ya está el mate y la tortilla humeando mientras la gallinas con baño de tierrita todas cacareando. Festival de cantos, los pájaros y gorjeos saludan al febo mientras a lo lejos revuelo de tordos negros. Se siente gritar las chuñas discutirle con el quebracho y los quirquinchos salen del hoyo pa disparar por el suelo pardo. Mañanita santiagueña, mañanitas del pago no me nubles este día; quiero andar campeando.

Y salí temprano como quien caminar Yo y mi Yango… todo miraba, todo olfateaba. Me fui en busca del CHIQUI OFICIO DE LEONERO que anoche lo han ponderado tanto. Cerca de medio día llegué a la casa del CHIQUI, y resulta que estaban por comer PICHI cocinado al rescoldo, después de los saludos me invita a pasar a la mesa. Na… A quien lo encuentro a mi amiguito el kuka (hijo único del dueño de casa) y amigo de Yango por supu… ahí nomás me saludó… y se fundió de cuclillas como hacen los niños… en un abrazo a YANGO… la pucha nunca vi eso… y más a mi perro, realmente dije; se hicieron amigos… MI BLANCO Y EL NIÑO. Mira che no sé pero quede sorprendido por esa amistad tan pura, tan dada en tan poco tiempo y que esa relación instantánea fue mi pasaporte de entrada a la más grande jornada de caza y de todas, entendidas como de la caza menor y mayor. Porque CHIQUI me entregó todo el saber del monte y no lo entendía en ese momento, porque tanto esmero, y Yo que creí que sabía todo, este Gran Hombre de poca instrucción pa la ciudad me brindó todo, después entiendo.

Y en una de las tantas salidas de montería con chiqui me lo dijo: Tal vez por ese acto de entrega de ese GRAN BLANCO COMO, LE DECIA el niño cambió la vida de KUKA… Yo no entendía nada… después en sucesivos días de estancia, me dicen, Kuka era hasta ese día que conoció a YANGO tartamudo y hoy habla bien. Resulta que les contó a sus padres; todo asombrado cuando volvió de la escuela a frase completa que había llegado un cazador con un gran perro blanco muy fuerte, cabezón y bravo y él NO LE TUVO MIEDO, con frutita de mistol lo había conquistado. Mirá vos son cosas que pasan; muchas veces los animales logran lo que la ciencia NO PUEDE. En otra cuento las cacerías. Un abrazo.