La luna y mi perro

Hidalgo Reyes

 

¡Será que los perros también sienten duelo! Desde que murió el agüelo, ya hace más de una semana, que mis perros se van en silencio, toda es calma en el rancho y se me ahoga el pecho… la pucha carajo… ¡cómo extraño, aguelo! Si hasta el apero quedó solo y quieto.

En tardecitas santiagueñas, bajo el algarrobo añejo, mate enrededor, todavía siento el aroma del cigarro en chala que tu mano ruda, en glorioso acto, despacito lo armabas, mientras los perros a la vuelta de tu ilustre figura, como estatuas de mármol carrara; echaditos todos dormitaban.

Oh agüelo de antes, macho y caballero de una sola palabra, no hay juez que pueda mediar cuando tendías la mano franca, pura la palabra más firme que un contrato y hecho era el trato. Oh agüelo… Viejo gaucho… macho de fina estampa, en qué saino andarás… saludando a las potrancas.

Hoy vuelvo a la estancia, cerquita las sierra de Ambargasta donde las nubes tienen alas; y aquel tunal viejo, cercado todo con tus brazos; hay un portillo nuevo… capaz que por ahí… se escapó tu alma.

¡Ya hace una semana que no siento a mis perros; digo esto porque sí!… Los veo… comen… y se van. Será que se esconden… Que será… ¡será que también están en duelo! Buey en la cocina… durmiendo, mueve su cola cuando le hablo… Pero sigue en su mundo… le digo HOLA CAPO… HOLA BUEY… EH, VIEJO, ¿QUÉ PASA? VAMOS, MI NIÑO. Vamos pal monte… Y NADA… sólo mueve su cola y nada… bueno mijo… respeto su silencio… yo le entiendo… ya sé, ¡el agüelo! Me cuesta creer, Buey… ¿sabes que yo también lo extraño?, mira que soy duro, pero NO PUEDO.

Y llega la noche con su manto de misterio, en la sierra de Ambargasta. Oh bíblica paz que anida. En mis quietudes serranas donde el sol tiñe las rocas de jalde turquesa y nácar. Y en noches altas la luna trenza su pelo de plata mientras, vencidas de sueño, las estrellas se desmayan (poema d.c.l) ¡Allá!, a un tiro de honda… está la loma cortada… que en noches de verano cerquita la madrugada… el agüelo buscando fresco trepaba… con su banquito de mistol casi andando a tientas llegaba.

Luego sentado contemplaba la luna… luna blanca… como su alma y en muda oración se abrazaba esperando al sol… solcito de la mañana. Y hoy antes de la madrugada… no sé porqué me levanté para ir a la loma cortada, y desde la distancia veo… allá, el hechizo, el sosiego, y la fina estampa… será una sombra, no sé, pero está la LUNA y BUEY que le llama… ¡guauuuuuuu!

Amigos: Ese día aprendí, ¡mirá vos!, cosa de la vida natural, que los animales también se ponen de duelo, sentimiento, nobleza, lealtad, instinto, pero solo sé que también lloran a los que aman (incluido a los de su especie) y que después vuelven a ser ellos. Prestad mucha atención a esto. Lo digo por experiencia propia. Un abrazo.