Allá, en Palo Negro

Hidalgo Reyes

 

Te veo, Buey (perro dogo-mastín), y veo la cicatriz como una marca… Recuerdo cuando cazando allá en Palo Negro (localidad de Santiago del Estero, Argentina), todavía jóven, TU Y YO solitos monteando los dos, es que la verdad, nobleza obliga; quería conocer tu capacidad y eras de un año y medio, un chancho maján (autóctono) te tenía mal.

Era un fachinal del diablo, y encima nublado todo era color plomo. Yo no podía entrarle, y los quejidos de lucha presagiaban una buena batalla. Desde la picada te gritaba ¡VAMOS BUEY, ta ta ta ta ta ta ta, NO AFLOJE CARAJO!… ¡YA ENTRÓ, HERMANO!…

No sé cuánto tardé, totalmente arañado de cuatro pies, y te vi… prenderlo de la nuca al maján… bien sujetao, tenaza de acero tu agarre y cuerpo bien tensao. A la vuelta, como una redondela, todo rastrillado, espejo de la lucha, el chancho… afloja y muerto desnucao. Buey con un tajo profundo en el pecho, totalmente ensangrentado, y no tenía ni el bolso de auxilio pa ayudarte, entonces te llevé en mi hombro solito como pude, no sé cuánto tiempo y distancia anduve y en el algarrobo grande te bajé despacio; me saqué la camiseta, el pulóver y te tapé en silencio, sólo miradas y me fui como un rayo pal caserío, llegué como en un santiamén, pedí a los gritos aguja e hilo y un poco de alcohol.

Ahí nomás Benicio preparó la zorra y como un cuete partimos pal poniente y se me hacía la noche en medio la tarde, ¡apure viejo! NO LE LLEGO… ME PARECE… Oscura la noche de plomo y un silencio que amarga. Llegamos al algarrobo grande y BUEY NO ESTABA… Algunas manchas de sangre marcaban una senda; y a las dos de la madrugada y con el amigo decidí seguirlo, cada 70 metros se echaba… el guía me dice: agarró una huella de vacas… dirección naciente… Para ahí no hay nada, ni jahuel (aguada) del monte… nada.

Entonces, deduje que volvió pal chancho para ahí en esa dirección fue la topada. Apuramos el paso un poco agachao y otro de a cuatro patas, mientras tenga linterna ¡siga viejo, siga!… Un rodeo grande fue después de muchas tropezadas; le pegué tres silbos profundos, como queriendo abrazar su alma… Y del silencio del monte… escuché un torido de vida… sonido tenue de letanía, y victoria del alba. BUEY VIVO… cerca de la presa, cuidándola estaba; al chancho muerto que le dejó una marca.

Se dejó coser… sólo miraba… ni una mueca se dibujó en su cara, se echó en mi morral y amaneció con UN SOL DE VIDA Y ESPERANZA. Y BUEY… sigue cazando con la marca del chancho que casi lo mata.

Amigos: Cuando llegué al árbol pensé que Buey se retiró pa morir solito en el monte, como suele hacer el buen perro. Y me sorprende cuando lo encuentro junto al chancho… Después, a la mañana lo entiendo, porque encontramos rastros de un par de zorros, que al olfatear a la presa muerta, fácil, casi lo rapiñan, y la presencia del perro los alejó, y le aseguro que defendería a morir su victoria, realmente quedé muy sorprendido por su valentía. Un abrazo.