Perdices que se las traga la tierra

Luis Dávila Renedo

 

En temporadas como la que estamos terminando, la perdiz, (que ya de por si pone a cada uno en su sitio) hace gala de una astucia sin igual y mucho tendremos que esforzarnos y poner de nuestra parte, si queremos dar ese toque de distinción en la percha con algunas patirrojas.

Cierto es que ese pesimismo que arrastra la sociedad estos últimos años tras la crisis, parece también haberse trasladado al sufrido cazador y más en concreto al perdicero o pajarero, acostumbrado en otras temporadas más benignas a poblar su percha de perdices con relativa facilidad.

Esta temporada (y ya van varias) la perdiz del llano no parece levantar cabeza, y eso tras el lluvioso invierno y la buena primavera, hicieron que nos las prometiésemos felices, y es que este año «la perdiz no vino con el cereal».

Ya pudimos comprobar los primeros días de caza que las patirrojas nos lo pusieron muy difícil, pareciendo más que estábamos ya muy metidos en temporada con argucias y movimientos más de finales que de la desveda. Aún así, donde la salud perdicera todavía es aceptable, podemos dedicar estas últimas jornadas a intentar cazar alguna de estas astutas aves.

La tónica general de la temporada está siendo la cantidad de tiempo que no llevamos perdices delante, que unidos a días tan oscuros y propicios para que la perdiz nos de esquinazo. Al volarlas se pierden de vista rápido y normalmente cuesta volver a levantarlas otra vez pareciendo que se las ha tragado la tierra, invitándonos a recorrer mucha extensión de cazadero, dejándonos muchos de los posibles lances atrás, ya que queremos mover mucho terreno para intentar así levantar a las desaparecidas patirrojas y propiciar algún lance.

Pero ya de entrada estamos cometiendo un error, y analizando las perchas de las últimas jornadas nos daremos cuenta que no han estado muy pobladas por patirrojas, y para conseguir ese par de perdices, nos sobra tiempo y cazadero si logramos cuadrar con ellas, por lo que no tenemos porque cazar a lo loco queriendo abarcar más de lo que hay.

Perdices no hay muchas… bien, y la mayoría son viejas… de acuerdo. Pues centremos nuestra caza en ellas y en «machear» la población perdicera, que en temporadas como la que nos ocupa son con las que tendremos mas oportunidades de poner a tiro. Solo tenéis que ver el porcentaje de machos viejos que habéis cobrado frente a jóvenes o hembras viejas, y seguro que es bastante más alto.

Estas perdices están muy acostumbradas a dejarnos pasar de largo en muchas jornadas, pero esto lo suplimos con otras que aguantan menos y arrancan a distancia, y son muchas las veces que se han librado así, amagadas en cualquier lindazo, terronar, viña, etc. y simplemente apartándose cuando aun las llevamos muy delante y dejándonos pasar aguantando mucho, para luego quedarse atrás y cantar para volver a juntar al bando.

En las zonas donde sabemos que se mueve el bando, o tras haberlas volado, debemos repasar mano sobre mano, dejando al perro que recorra bien la zona, y no desestimar dicha zona para lanzarnos a otra, ya que así no conseguiremos más perdices, al no haberlas, y esos machos viejos nos habrán ganado la partida y les oiremos cantar orgullosos justo por donde hemos cazado de manera rápida.

Es muy posible que si realizamos una caza con sentido, podamos sacar alguna de estas perdices a tiro, incluso a veces a muestra de perro, saliendo sorprendidas ya que son muchas las veces que se han librado amagadas.

Un par de lances en una temporada tan difícil, con patirrojas arrancando muy cerca, contentan a cualquier perdicero de fuste, pues sabe valorar la dificultad de este año frente a otros en los que llegar a la media docena les podía resultar casi hasta sencillo.

El tiro es relativamente fácil, si conseguimos sacar la perdiz a buena distancia, y simplemente con reportarse y apuntar con serenidad y criterio, la haremos un ovillo. Pero ¡ojo!, la escasez de perdices que estamos tirando, el volumen del blanco que recorta la silueta en el cielo de un gran «perdigocho», unido a una arrancada tan cercana y potente con ese sonido eléctrico del viejo macho a veces acompañado del clásico Picho-Picho de regaño, ponen los nervios a prueba del cazador propiciando muchos fallos en el novel e incluso en el veterano tras ocasionar la temida precipitación en el tiro, realizándolo sin control.

LAS CLAVES:

- Una o dos perdices se cobran en un abrir y cerrar de ojos si el momento cuadra, por lo que tiene más sentido cazar con criterio que a lo loco, queriendo mover demasiado cazadero.

-Repasar las zonas querenciosas, o donde pensemos que se han posado las perdices, o propicias si es que las llevábamos a peón, pero atención con los machos, se amagan pero no en cualquier sitio, sino en los más insospechados y donde tendremos que poner algo de imaginación, desde esos lugares han burlado al cazador en otras ocasiones por lo que aguantaran a veces mucho, como muestra podríamos decir en lo alto de un olivo o encina cuando hace mucho viento, lluvia o nieve, en el tejadillo de algunas casa de campo o chozos, dando la vuelta a dicho tejado ocultándose del cazador mientras éste pasa relativamente cerca, pequeñas linderas, siembras rasas como un campo de futbol cercanas a carreteras o autovías (donde tendremos que mantener la distancia de seguridad) allí junto a cualquier piedra o pequeño desnivel pueden aparecer 4 o 5 perdices de la nada que estaban amagadas.

-Dejar al perro que toque la zona y resuelva los posibles peones o rastros, la perdiz vieja intentará escurrirse y poner distancia corriendo agachada como las ratas y ocultándose de cuando en cuando hasta poner distancia y despistar al perro más veterano.

Mucha suerte en estas últimas jornadas para conseguir quitar algunos de esos machos viejos que da gusto observar en la percha y hacen más daño que beneficio cuando su población está desnivelada frente a los jóvenes como suele ocurrir en los cotos donde la caza al salto es la principal.