Entre rebeldía y bochorno

El pasado 13 de marzo un grupo de animalistas y afines se manifestó en Madrid al toque lupino del Lobo Marley para pedir que el lobo español (Canis lupus signatus) no se vuelva a cazar y deje de ser especie cinegética, que es un rango que alcanzó el cánido en 1970 para satisfacción de su tutor Félix Rodríguez de la Fuente.

José Luis Garrido

José Luis Garrido

01/04/2016

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Un imitador del burgalés, presidente de la ONG organizadora de la manifestación, quería mostrar sus poderes en la capital del reino. Intenta crear ambiente y fundamentar un proyectado programa semanal de TV en el que se recogerían las imágenes captadas por un operador especial: un lobo al que colocarían una cámara en el cuello. Cada semana se difundiría por TV lo captado en esa cámara durante el deambular diario del lobo. Me figuro que sería para censurarlo o verlo únicamente mayores con reparos, porque si ve cualquiera de los que han asistido a la manifestación que un lobo es capaz de irse comiendo una res viva mientras va agonizando, o matar veinte ovejas para comer solo de una, se acabaría el invento. La dirección del programa de TV la llevaría el presidente de Lobo Marley; por tanto, un proyecto de trabajo muy interesante para su mentor.

El animalismo y ecologismo más radicales piden anular la caza natural con perros y a la vez la inviolabilidad del lobo, cuando el censo va al alza

La manifestación no ha sido nada ejemplar. Llevaban atado al lobo Wolfy como a un caniche. No se puede humillar más a una fiera a la que han arrancado su esencia y libertad y le han dejado como al carnero manso de la legión, transformado en mascota para este desfile por la Puerta del Sol. Me ha recordado al oso atado detrás del carro del quinquillero que veía de niño por mi pueblo. Más respeto para el lobo, que es un grito de libertad y una de las especies más sublimes de la fauna cinegética. Luego piden que en el circo no haya animales… El lobato atado y los aullidos de algunos licántropos en Puerta del Sol sí que fueron un circo esperpéntico. Conozco a personas sensatas obligadas a estar en esa manifestación, aunque no ulularon como fieras. También sintieron bochorno. Y lo digo como conservacionista y cazador amigo de los animales que ha visto muchos lobos en libertad. No tengo otro interés por el lobo que su sostenimiento racional.

Piden la inviolabilidad del lobo en un momento en que los conservacionistas serios y los científicos han publicado el censo nacional de 2014 y hay censados unos 2.700 lobos, que componen las 297 manadas seguras —solo las vistas: «a cojón visto, macho seguro»— calculadas a razón de nueve lobos por familia, incluyendo los dos periféricos individuales que asignan a cada manada completa los estudios científicos. Este censo supone el incremento del 20% de la población desde el último censo de 2007. Este progreso de la especie posiblemente sea el motivo de la manifestación, pues coincide tras publicarse el censo al alza, y han querido poner el aullido en la Puerta del Sol para que no nos animemos a cazar más lobos a la vista del progreso. El aumento supone una noticia de gran satisfacción para muchos cazadores y todos los amantes científicos del lobo como Juan Carlos Blanco, Mario Sáenz de Buruaga y otros muchos expertos. Los que buscan que se vacíe de ganaderos el mundo rural, como Lobo Marley, lo lograrán si siguen rompiendo impunemente unas estructuras cinegéticas necesarias para una actividad, la caza, gracias a la cual se mantienen algunas personas alrededor de la Sierra de la Culebra.

Estos mismos representantes del ‘ecologismo’ y nuevo animalismo más radical intentan hincar el diente a la caza de cualquier forma. En Castilla y León han vuelto a denunciar el Decreto 32/2015 que regula la conservación de las especies cinegéticas y el control poblacional de la fauna silvestre. Este nuevo decreto, que sustituyó al homólogo de 2011 por defectos de forma, es básico para la normativa de las Órdenes Anuales de Caza y por tanto para la actividad cinegética en la región.

La Federación se ha personado de nuevo ante los tribunales en este recurso de Ecologistas en Acción que quiere parar la caza.

El perro, el lobo y cualquier cánido, cuando más felices se encuentran es cazando y corriendo con libertad por el campo

También piden abolir una modalidad de caza con cinco mil años de historia: la caza con galgo. Este cánido, cuyo fenotipo y genotipo perfilan a un atleta nato que necesita correr y entrenarse, lo quieren reducir los animalistas a un perro entumido que pierda indignamente su condición más natural. El perro, el lobo y cualquier cánido, cuando más felices se encuentran es cazando y corriendo con libertad por el campo. Otra cosa diferente es la poca sensibilidad que tienen con el galgo alguno de los que lo manejan.

Lo malo no es que unos ciudadanos muy definidos pidan acabar con derechos legales, racionales e históricos de los cazadores, porque esto no lo van a lograr y a lo mejor nos beneficia si nos recomienda a los acosados hablar menos e ir a la Castellana más, para ver si rompemos el amodorramiento. Lo peor es que les facilitamos el mensaje muchos cazadores con ciertas competiciones y comportamientos poco defendibles. Algunas administraciones que no afinan con la normativa ayudan a lo mismo.

Internet y sus peligros

Algunos cazadores siguen exhibiendo vídeos que producen bochorno y promocionando competiciones indefendibles

El actual mundo mediático ha abierto unas posibilidades de comunicación y de consulta que permiten tener una información a la carta y un libro de Petete que abre sus páginas sobre muchas cosas desconocidas. No hay nadie que sepa todo; «todo lo sabemos entre todos» y, si no, recurrimos a Internet. A los cazadores nos toca transmitir nuestros conocimientos y vivencias utilizando las precauciones que requieren estos teatros en los que no se sabe nunca quiénes van a ser los espectadores. Las nuevas redes de comunicación deberían ser el mejor escaparate para mostrar las buenas formas y muchas de las virtudes de la práctica de la caza. También para decir con aplomo que, respetuosos con la fauna, no renunciaremos nunca a nuestro derecho natural de cazar, ni escatimaremos una herramienta imprescindible de regulación de la fauna, que la caza ha puesto a disposición de esta sociedad, que la necesita. Es conocido en mí el aserto: «Si dejáramos de cazar, los poderes públicos tendrían que crear el cuerpo oficial de los cazadores; pero a cuenta y cargo del erario público». Y también, sin ningún énfasis, debemos decir que, aparte del derecho y la bondad de cazar, los cazadores generamos por hacerlo legalmente una riqueza que se estima en cerca de cuatro mil millones de euros, que inducen alrededor de sesenta mil empleos, precisamente en los espacios del mundo rural que hace años se están vaciando.

Las llamadas redes ofrecen muy buenas posibilidades para los autodidactas. Los mensajes son inmediatos y la información se transmite a un ritmo que jamás ha tenido la humanidad. Las noticias y los conocimientos se lanzan en cualquier punto del mundo y lo recibimos a la vez los de mi pueblo y los japoneses. Internet permite informarlos/nos todos a la vez, además de conversar simultáneamente a través de todos esos medios identificados con barbarismos que manejan con tanta soltura los jóvenes. Entre humanos, cada uno tan distinto, un mismo mensaje puede producir sensaciones muy diferentes. Y no hace falta irse a ninguna distancia; aparece una noticia sobre cualquier materia, por ejemplo sobre caza —qué casualidad—, y entre los vecinos de mi ciudad y casi de mi comunidad produce todas las reacciones posibles de indiferencia, afecto o aversión. Da lo mismo que el mensaje hable de virtudes o vicios de la cinegética, porque cualquier importancia es relativa; depende de si te gusta o eres tolerante con la caza o no. Cree el emisor que pone un adorno y se convierte en un borrón. Todo esto que acabo de decir no es más que una obviedad.

No podemos dar la imagen que están dando algunas exhibiciones fotográficas que rechinan y esos vídeos que los carga Tarantino

¿Quiere esto decir que no hay que sacar noticias de caza? Ni mucho menos. Lógicamente quien lleva más de 30 años escribiendo de caza como yo, no va a decir nunca eso. Pero no podemos dar la imagen que están dando algunas exhibiciones fotográficas que rechinan y esos vídeos que los carga Tarantino. Van dirigidos a cazadores y amiguetes ─como jactancia─, los ve todo el mundo y debemos tener siempre en cuenta las sensibilidades de otros, pero sobre todo, el interés que tienen los enemigos de contaminar las virtudes de la caza. Desgraciadamente no tienen que decir otra cosa que lo que nosotros mostramos alegremente.

El asunto es muy peligroso para la imagen de la actividad, porque los cazadores no ponemos bien el acento y publicamos situaciones que rozan el esperpento o suponen falta de sensibilidad con las especies o muestran clamorosas irresponsabilidades que hacen más peligrosa a la caza. Siempre nos faltó marketing y ahora que debería lograrse más fácilmente, porque aparece todo gratis en el escaparate de estos medios, es mucho más evidente nuestra carencia.

Mensajes de caza que los carga el enemigo

Hay escenas de caza de difícil catalogación, que no nos gustan nada a los cazadores sensatos; nos producen bochorno. Me refiero entre otras, a una modalidad a la que hemos criticado muchos cazadores. Yo lo hice al menos en dos Asambleas Generales de la RFEC, pero no me sirvió de nada, porque lo justificaban en que había federados a los que les gustaban esas competiciones y si se eliminaba en aquella comunidad, podría resentirse la federación autonómica. Me refiero a las tiradas de codornices a tubo, lanzadas como un gorullo, cuyos campeonatos organizan algunas federaciones. Qué falta de respeto para la especie que más ha hermanado al cazador con su perro. Si se quieren abatir codornices, se echan en el campo y se cazan con perro, pero si se quiere tirar a un proyectil, ya se han inventado los recorridos de caza sobre platos de cerámica. Estaba claro que esto sería dar ventaja a los enemigos de los cazadores, que no necesitamos enemigos externos.

Estas tiradas no son nada comparado con algún video que se ha difundido recientemente por un grupo de energúmenos azuzando a los perros de agarre contra reses de vacuno. Y otro de igual catadura en el que se ve en un mismo puesto a cuatro cazadores juntos, armados al menos tres, que disparan casi simultáneos a un jabalí con el consiguiente peligro de accidente del que también sería responsable el mercachifle organizador que, para que no se le escape un euro de los posibles, permite que se coloquen peligrosamente juntos tantos cazadores armados y un cámara. U otro video de hace unos meses, donde uno dispara a tenazón entre otras tres personas del mismo puesto haciendo movimientos peligrosos entre risas estúpidas. Vaya imágenes, y vaya favor que hacen a la caza y a los cazadores. El abandono de algunos perros de caza, aunque es un ápice mínimo de todos los controlados por el SEPRONA, provoca exageraciones de cifras imposibles sobre galgos abandonados. Estas actitudes tan torpes por parte de algunos del gremio destrozan en un día el buen hacer que tantos cazadores llevan practicando desde hace años.

Caza a la carta

Tampoco ayuda al gremio y produce rechazo social ver vídeos donde el animal sangra y se convulsiona por los estertores de la muerte, cuando sabemos que eso no nos gusta verlo a casi ningún cazador. Los sacrificios que supone la caza por su escasez, dificultad y esfuerzo no se representan en esas imágenes de juntas de carne con montones de reses que muestran las llamadas orgánicas como reclamo, ofreciendo como en las joyerías el número de oros, platas y bronces de antemano, sin ningún respeto hacia los animales silvestres tan anhelados, ni hacia la caza real, siempre llena de esfuerzo e incertidumbre. La caza a la carta es respetable, pero no para exhibirla en los medios generalistas donde juzga por lo que ve quien no es cazador.

El jabalí sin control

Es una irresponsabilidad soltar por negocio de algunos mercaderes un camión de jabalíes en un monte abierto, cuando nos superan los silvestres

Y no me refiero a que en una cacería de monte abierto se abatan cincuenta o cien jabalíes, porque capturamos menos de los que deberíamos y además, solo una parte de las existencias en la zona batida, que son muy pocos para la población total nacional, porque hay mucha superficie jabalinera en la que no tocamos ni cazamos. Eso indica que, con carácter general, aunque cazamos ya cada año más de 350.000 jabalíes, lo hacemos muy por debajo del índice de crecimiento de la especie que puede llegar a un incremento anual del 100%. Esto que digo va a traer como consecuencia la necesidad de medidas especiales —pero reales, no sandeces de capa, del verbo capar— para impedir el progreso frenético de la especie. Es una paradoja y una irresponsabilidad soltar por negocio de algunos mercaderes un camión de jabalíes en un monte abierto, cuando nos superan los silvestres. Y eso lo permite la administración. Cazando de manera normal ya no controlaremos nunca al jabalí en campo, porque no hay cazadores suficientes. La nómina de cazadores ha caído más del 50% en 25 años, entre otras cosas, por las dificultades administrativas y sociales que hemos denunciado siempre.

Que no saque nadie la conclusión de que esto del jabalí lo arreglaría el lobo. Sería un error. Estos diez años atrás hemos cazado en Castilla y León solo un 40% del cupo de lobos autorizados y aún con cientos de lobos —el predador más listo del mundo— a mayores en el campo, el jabalí aumenta en la comunidad cada año y no se resiente ya que el lobo sabe sobradamente que dan menos problemas una docena de ovejas, un potrillo o un ternero mansueto, que un navajero de ochenta kilos. Pues todos estos datos cinegéticos y biológicos contrastados, no los publicamos en los medios generalistas, solamente en los medios de consumo propio. Únicamente hacemos marketing endogámico. Para convencer a los convencidos. Así nos va.

José Luis Garrido
Publicado en FEDERCAZA. Abril 2016

 

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