El camuflaje

En una primera aproximación, todos entendemos que el camuflaje tiene como finalidad no ser visto, pero la inmensa mayoría de la gente desconocemos la mecánica que permite que esto suceda y, en consecuencia, cometemos algunos errores básicos que lo hacen inefectivo.

Ricardo Gasco | 20/05/2015

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También caemos comúnmente en considerar tan sólo el camuflaje visual dejando de lado otros sumamente importantes.

Hablemos pues del camuflaje empezando por unas nociones básicas.

En el mundo animal, cuando se habla de camuflaje, se habla de cripsis, este es un fenómeno por el que un animal presenta adaptaciones que lo hacen pasar desapercibido a los sentidos de otros animales. Es un fenómeno distinto del mimetismo, aunque frecuentemente aparecen asociados. El fenómeno contrario, cuando el animal presenta rasgos que destacan su presencia, se llama aposematismo.

La palabra cripsis proviene de la misma palabra griega —kryptos, lo oculto— que encontramos en criptografía, el arte o ciencia de cifrar y descifrar la información. Cripsis significa lo mismo que camuflaje, aunque en biología se usa con un sentido algo más amplio que el que la palabra anterior tiene en el lenguaje común.

Inmovilidad y movimiento

La forma más sencilla de lograr la ocultación es mantenerse inmóvil, incluso llevando el inmovilismo al extremo de contener el ritmo respiratorio. Estamos cansados de ver en la naturaleza cómo muchos animales reaccionan deteniendo todo movimiento cuando detectan una presencia potencialmente peligrosa, y esto es así porque la mayoría de los animales cuentan con un sistema de procesamiento visual que resalta las pequeñas diferencias temporales en su campo visual.

Por lo tanto, la inmovilidad tiene dos efectos, por una parte dificulta su detección, y por la otra facilita la detección del predador —o la presa— que se mueve.

El cazador con arco precisa comprender y saber utilizar a su favor ambos efectos.

Otra cosa que se observa en la naturaleza con relativa facilidad es que algunos animales han desarrollado la capacidad de moverse de manera que su cuerpo pueda ser percibido como otra cosa. Por ejemplo, una rama oscilando con el viento o, en cualquier caso, de manera que el depredador no los reconozca como presas potenciales.

En la caza con arco debemos de manejar también este efecto aprendiendo a movernos de formas que no resulten amenazadoras para nuestra presa, tema que trataremos con algo más de detalle cuando hablemos de las técnicas de aproximación.

Coloración

La forma más sencilla de ocultación visual es la que se logra mediante la homocromía —igualdad de color— con el medio circundante. No obstante, en la caza hay que tener en cuenta que no todos los animales ven en color, sino que muchos lo hacen en una escala de grises, y para camuflarse ante ellos es más importante el contraste de luces y sombras mientras que podemos mantener colores vivos que aumentan nuestra seguridad —el caso arquetípico es el de los ciervos, y de ahí las prendas de camuflaje en color naranja y negro— y el otro factor, importantísimo, al que hay que prestar especial atención, es el punto de vista desde el que somos vistos por el animal o animales y lo que en ese ángulo de visión nos queda detrás.

Un error muy típico, sobre todo en los cazadores de aves, es ponerse un camuflaje adecuado para mimetizarse contra la vegetación del entorno, pero absolutamente inadecuado para mimetizarse contra el suelo, que es el fondo contra el que les ven las aves.

Tampoco suelen considerar su sombra. Una simple prenda, manta o tela con grandes contrastes amontonada irregularmente en la zona donde cae nuestra sombra, de tal manera que rompa su contorno, incrementa exponencialmente las posibilidades de disparo sin que las aves intenten acciones evasivas.

En el mundo animal vemos que el color puede ser fijo, adaptado a un ambiente constante, o cambiante, adaptado a los cambios estacionales o a cambios rápidos propios de un ambiente heterogéneo.

En el primer caso encontramos multitud de ejemplos en los animales árticos, como la la liebre ártica, el zorro ártico o la perdiz nival, pardos en verano y blancos en invierno, cuando todo el terreno está nevado.

El ejemplo clásico del segundo caso lo ofrecen los camaleones o las sepias —jibias, chocos—, especialmente estas últimas ya que cambian rápidamente de color a medida que se desplazan en su medio. Dentro de este segundo tipo también encontramos muchas especies que, además, presentan polimorfismo, de manera que los individuos que crecen en un ambiente pueden presentar distinto color que los que lo hacen incluso tan sólo a unos cientos de metros, en un ambiente distinto por su color.

Otro aspecto específico de la homocromía es la característica que se observa en muchos animales y la práctica totalidad de los peces y las aves, que son más oscuros del lado por el que reciben la luz. En general, la mayoría de mamíferos superiores también presentan un vientre de color más claro que el dorso.

En muchos casos no se imita sólo el color general, sino la textura visual. Esto es observable en mayor medida en especies marinas bentónicas —que viven en estrecha relación con los fondos—, como los lenguados entre los peces o las sepias y los pulpos entre los cefalópodos. En algunos casos puede hablarse de un genuino mimetismo, cuando el diseño reproduce con detalle, por ejemplo, un fondo arenoso o pedregoso.

Aplicados al camuflaje estos conceptos nos hacen ver la necesidad de disponer de juegos de camuflajes con diferentes tonalidades y texturas para conseguir un mejor mimetismo con un entorno dado.

Patrones

Si continuamos fijándonos en la naturaleza veremos cómo la superficie de muchos animales presenta pautas o patrones más o menos periódicos —repetitivos— que hacen más difícil la percepción de su silueta por sus depredadores o por sus presas.

Ejemplos destacados de este tipo de patrones, aunque con diferente funcionalidad, los ofrecen las cebras y los tigres, pero no hay que perder de vista que la misma funcionalidad tienen todos los casos de manchas o rayas que se encuentran en los mamíferos.

En el caso de las cebras el patrón hace que el individuo se difumine con el resto de la manada, en el caso del tigre su patrón refuerza las sombras de las ramas o cañas y bajo éstas movidas por el viento enmascara su propio movimiento.

Es de destacar que en muchos casos tan sólo las formas juveniles, más vulnerables, presentan este tipo de camuflaje, algo que tenemos muy observado en el caso de los jabatos, pero que también se da, por ejemplo, en los leones.

Por otra parte, muchos de los animales que cambian de color son capaces a la vez de modificar el patrón de su capa, como ocurre en sepias o camaleones.

En el caso de nuestro camuflaje, los patrones tienen como funcionalidad principal lo que se denomina como romper la silueta y existen camuflajes que específicamente potencian este factor más que el de la mimetización homocrómica.

Otro factor a considerar es cómo ve nuestra presa.

Si nos fijamos en el detalle de las pupilas podremos inferir cómo es el campo de visión de las mismas.

Por ejemplo, los herbívoros suelen tenerlas horizontales para poder ver una panorámica de su entorno cuando bajan la cabeza al pastar. Ese tipo de pupila no permite un enfoque de detalle como la pupila redonda y concéntrica de los humanos pero, sin embargo, ofrece una visión panorámica de los perfiles del entorno, y hay que ser conscientes de ello porque es muy importante.

Los animales normalmente no memorizan la totalidad de los detalles de su entorno cuando se mueven por él, sino más bien el perfil, lo que se podría denominar el sky line y eso delata quizás el error más común: esconderse detrás de algo, ya que al asomar, por muy bien mimetizados que estemos, rompemos la silueta de lo que nos oculta y eso nos delata inmediatamente.

Es muchísimo mejor, con diferencia, confiar en nuestra mimetización y ocultarnos delante de algo, preferiblemente en su sombra, que atenuará el contraste. Esto impedirá que nuestra silueta destaque y rompa el contorno que les da seguridad a los animales y, adicionalmente, nos dará el más amplio campo de visión y las mejores opciones de disparo sin nada que nos entorpezca.

Cripsis no visual

Los primates y seres humanos basamos nuestra percepción del entorno sobre todo en el sentido visual.

Por eso la mayor parte de los ejemplos de cripsis que se suelen mencionar, así como de mimetismo o aposematismo, tienen que ver con la imagen del animal.

Existen sin embargo casos de mimetismo auditivo u olfativo:

Por ejemplo, la tinta de los calamares no sólo los oculta visualmente, sino que contiene sustancias que engañan al sentido del olfato de los peces, o algunas polillas emiten sonidos ultrasónicos que confunden al oído de los murciélagos cuando intentan detectarlas por el eco —ecolocalización— de los chillidos que ellos mismos emiten.

Nosotros, cazando con arco, hemos de poner a trabajar esas técnicas también a nuestro favor, así que hay que manipular el nivel olfativo y auditivo para conseguir las aproximaciones realmente cercanas que se precisa alcanzar para coronar con éxito nuestros intentos, y para ello cuidar cosas como la alimentación o la higiene, sobre todo la bucal y la del pelo, es fundamental.

Un ejemplo que conoce todo aquel que se haya descolgado por la cornisa cantábrica y haya abusado de la excelente sidra es el olor a manzana de su sudor a la mañana siguiente, ergo lo que bebemos y comemos, aunque no seamos conscientes de ello porque olernos a nosotros mismos a diario nos inmuniza a nuestro propio olor, produce variaciones en éste y nos hace más fácilmente detectables. Una de las cosas que más disminuye nuestro olor corporal debido a la dieta es la ingesta masiva de clorofila y la disminución de la ingesta de proteína de origen animal: una semana o dos a base de ensaladas y pescado lo transforma por completo.

Generalizando

Como el objetivo primario de este curso no es el camuflaje, sino la introducción a la caza con arco, una vez planteados estos conceptos que facilitan el acceso en las direcciones correctas a quien desee investigar y aprender más sobre el tema, vamos a concretar una pequeña serie de generalizaciones básicas que a buen seguro os permitirán, si no directamente mejorar vuestra capacidad mimética, al menos comprender mejor cómo trabaja.

El cazador con arco requiere, ante todo, manipular su perfil olfativo, de forma que los vientos ligeros en las proximidades de la presa no pongan a ésta sobre alerta.

Esto se consigue tanto a base de la aplicación de olores y esencias enmascaradores como, y mucho más importante, por el tratamiento previo de nuestras ropas, armas y nosotros mismos con productos que eliminan el olor y, como hemos dicho, con una dieta rica en clorofila y baja en proteína animal.

En cuanto al tratamiento de ropa, objetos e incluso nosotros mismos, aparte de los productos comerciales que existen para ello, hay una formula casera que llega a ofrecer incluso mejores resultados que gran parte de las fórmulas comerciales: se obtiene diluyendo en un litro de agua destilada un cuarto de litro de agua oxigenada y 250 gramos de bicarbonato sódico.

Lo que tratemos con ese preparado perderá su olor a humano, pero que nadie piense en ello —ni en los productos comerciales— como una panacea que elimina todo tipo de olores porque no es así en absoluto.

Posteriormente es aconsejable utilizar moderadamente algún aceite esencial —los más fácilmente localizables suelen ser de romero y tomillo— o alguna infusión de plantas de la zona o un pomo de plantas aromáticas —envueltas en gasa para evitar hojarasca y fragmentos de ramitas— para introducir en las fundas y bolsas de armas, botas y ropa e incrementar el efecto.

La siguiente cosa importante es procurar romper nuestra silueta, especialmente cosas como la línea de la cabeza o el blanco de la cara —y manos, no olvidemos las manos—. Esto se consigue vistiendo prendas holgadas y, en la medida de lo posible, amorfas. Así pues, cosas como máscaras, redecillas, sombreros tipo bonnie y guantes no deben de faltar en nuestra indumentaria. En base a lo dicho, los trajes tipo ghillie, a ser posible en los tres patrones de coloración usualmente disponibles (woodland, desert y snow) deberían ser siempre una parte integrante de nuestro equipo.

El contraste en la coloración es también un factor importantísimo a la hora de romper la silueta, tanto que, de hecho, si hay que optar por una impedimenta de un color no exactamente homócromo sin contrastes, o una de un color no homócromo pero con grandes contrastes, en líneas generales suele ser siempre mejor opción la que incluye los contrastes, aunque su homocromía sea más deficiente.

En cuanto a la cripsis sonora, más que centrarnos en no producir sonido alguno, cosa de por sí casi por completo imposible, es preferible centrarse en que los sonidos que produzcamos sean lo más naturales posible:

Hay que moverse generando sonidos erráticos, con pausas, tal y como hace cualquier animal en el monte. Recordar que, en ocasiones, sonidos de gruñidos y bufidos, así como de masticación, también han ayudado, especialmente en recechos nocturnos.

Por otro lado, siempre se puede echar mano de algún accesorio:

No es cosa desconocida de la venatoria nacional el uso de esquilas y esquilones, e incluso cencerros, según la ganadería del paraje, para enmascarar la presencia del cazador y que el animal le tome por ganado o por el pastor que los acompaña.

Y, sobre todo, confiar en que las técnicas de mimetismo utilizadas correctamente funcionan y tener en cuenta que, cuando parecen no haberlo hecho, es, usualmente, porque no hemos hecho algo bien o no hemos tenido en cuenta algún factor. Pensar detenidamente en ello y analizarlo nos permitirá ser más efectivos la próxima ocasión.

Ricardo Gasco

3 comentarios
21 may. 15:55
Lluis2
Gracias por esta información tan útil, la mayoría de conceptos conocidos pero otros desconocidos.
Saludos
21 may. 17:33
Sombracazador
De nada
He abierto un hilo en el foro para resolver dudas y ampliar conceptos, abierto a todos, registrados o no.

No obstante, cómo ya comenté, este y otros artículos que le han precedido y le seguirán (el próximo sobre huellas y rastros) es parte del temario de los cursos que impartimos en la Escuela de Caza y Naturaleza de la Federación Valenciana de Caza (que están abiertos a cualquiera, no sólo a cazadores con arco) y, cómo cabe suponer, durante la exposición se hacen multitud de preguntas y se plantean situaciones particulares que permiten entrar en más profundidad, así cómo se presentan materiales y equipos y se hacen recomendaciones para mejorar los de cada cual.

Nos esforzamos al máximo para que resulten de la máxima utilidad a los asistentes y al ser la Escuela una entidad sin ánimo de lucro los precios son superaccesibes, por ejemplo esto pertenece al temario del curso de iniciación. El último convocado costó 25 euros por alumno comida, material didáctico (un manual de unas 70 folios con imágenes gráficos y fotos a todo color) y material para el tiro con arco incluidos (arcos de iniciación, flechas, dianas...)

Sinceramente creo que merece muy mucho la pena asistir, aun teniendo que desplazarse a Valencia desde otra Comunidad, al menos intentamos que valga la pena.

Se esta hablando de hacer otra edición este año, en Septiembre, y si suficientes personas muestran estar interesadas seguramente se hará, si no, el próximo el año que viene más o menos en Abril o Mayo (el calendario aparece en prensa y en la web de la FVC)
21 may. 18:44
Lluis2
Me están encerronando para que coja arco. ¡¡¡Casi me tienen !!! Cuenta conmigo para septiembre
Saludos

 

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