La Leishmaniosis Canina

La Leishmaniosis Canina se extiende fundamentalmente por tres zonas geográficas: Brasil, China y la cuenca mediterránea. En la cuenca mediterránea el perro es el principal reservorio del ciclo doméstico de la infección por L. infantum.

Sergio Otal | 13/03/2012

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Pero existe también un ciclo selvático de la infección por L. infantum que es mantenido por cánidos salvajes como el zorro… La prevalencia encontrada en zorros mediante la técnica de PCR en trabajos realizados en España y sur de Italia, registra valores del 40-75%, pudiéndose considerar al zorro como reservorio secundario que supone el eslabón entre ambos ciclos por su preferencia a vivir cerca de las poblaciones domésticas.

Leishmania infantum ha sido detectada también en lobos, roedores, caballos y gatos (aunque son muchas las cuestiones por concretar sobre el papel epidemiológico de esta especie).

En zonas endémicas, existe un alto porcentaje de perros que están infectados (50%) pero que son clínicamente sanos y, en cambio, el porcentaje de perros enfermos de leishmaniosis es mucho menor (3-5%) debido a que la Leishmaniosis Canina es una enfermedad en la que la infección no siempre es sinónimo de enfermedad clínica.

En la epidemiología de esta importante zoonosis juega un papel fundamental el vector artrópodo Phlebotomus spp y la presencia de L. infantum se verá influenciada en función de su actividad y tasas de incidencia.

En cuanto a las características del hospedador, cabe resaltar que se considera que hay ciertas razas de perros más predispuestas a padecer la enfermedad que son: Boxer, Cocker spaniel, Rottweiler y Pastor alemán; y que el desarrollo de la enfermedad presenta una curva bimodal con respecto a la edad, encontrándose más casos en animales menores de 2-3 años y en perros mayores de 8 años.

Introducción a la respuesta inmune
Las enfermedades infecciosas en un individuo no se deben exclusivamente a la presencia de un patógeno, sino a la interacción de éste con el sistema inmune del hospedador. La respuesta inmune se puede dividir en dos tipos; la que se presenta al inicio, intentando contener al patógeno rápidamente, de manera inespecífica, estereotipada e incapaz de presentar memoria (respuesta inmune innata), y aquella que es capaz de montar toda una serie de estrategias particulares y sumamente específicas para eliminar al agente invasor y crear memoria (respuesta inmune adaptativa).

Diagnóstico de la Leishmaniosis Canina:

Introducción
La base para el establecimiento de un diagnóstico correcto es la comprensión de la diferencia entre infección y enfermedad. Los estudios muestran que el porcentaje de perros infectados en las zonas en las que la enfermedad es endémica es muy elevado (probablemente superior al 50%), pero solo una parte es seropositiva y una parte todavía menor desarrolla la enfermedad. Se sabe que una vez que el promastigote es inoculado en la piel del perro, la progresión de la infección sigue diferentes caminos. Tal vez (no se ha demostrado de forma fehaciente) en un porcentaje pequeño de animales los mecanismos de inmunidad innata abortan la infección localmente. En la mayoría casos, por el contrario, la infección se extiende localmente y desencadena una respuesta inmunitaria específica. En función del tipo de respuesta, la infección progresa hacia la enfermedad clínica o bien permanece controlada.

Los factores que hacen que un animal determinado avance hacia el control inmunitario de la enfermedad o hacia la enfermedad clínica se desconocen. Probablemente la genética es el más importante. Hay razas en las que la enfermedad clínica es rarísima (podenco ibicenco) y otras en las que la enfermedad clínica es muy común (rottweiler, pastor alemán...). Un estudio reciente en dos razas (boxer, pastor alemán) atribuye a la genética un peso del 60% en la evolución de la infección. Una enfermedad inmunosupresora, un tratamiento farmacológico u otros factores pueden hacer que un animal que durante años ha mantenido la infección bajo control desarrolle signos clínicos de la leishmaniosis. Igualmente, la terapia actual (antimoniales, miltefosina, alopurinol) consigue que la respuesta inmunitaria se oriente hacia la respuesta celular efectiva y controle la enfermedad.

En los animales en los que la infección progresa, se desencadenan diversos mecanismos patogénicos. Por una parte la infección se extiende a numerosos órganos y sistemas (bazo, nódulos linfáticos, piel y mucosas, hígado, páncreas, testículos, intestino..), en los cuales se producen procesos inflamatorios granulomatosos.

El diagnóstico de la enfermedad
El diagnóstico de la leishmaniosis puede ser muy fácil o muy difícil. Las dificultades proceden de:

1. Las diferentes presentaciones clínicas de la enfermedad.
2. La confusión entre infección y enfermedad.
3. La presencia de infecciones/parasitosis secundarias.

Como es bien sabido, la leishmaniosis clínica es una enfermedad muy pleomórfica. En cada animal se manifiesta de forma diferente, resultado de la genética propia y de las infecciones asociadas, entre otros factores. De forma resumida, los principales signos clínicos y presentaciones clínicas de la enfermedad son los siguientes:

1. Lesiones cutáneas: dermatitis exfoliativa, ulceraciones cutáneas y en uniones mucocutáneas, nódulos cutáneos.
2. Linfadenopatía (hiperplasia linfática reactiva).
3. Astenia, anorexia, pérdida de peso, atrofia de masa muscular, hipertermia leve.
4. Insuficiencia renal (proteinuria, azotemia).
5. Lesiones oculares (queratitis, uveítis, panoftalmitis, glaucoma).
6. Cojera (artritis, miositis).
7. Epistaxis.
8. Diarrea crónica de intestino grueso (colitis).

En todos los casos, la enfermedad tiene un inicio insidioso y un curso crónico, y se desarrolla a lo largo de semanas o meses.

A veces ayuda también el dato de que el proceso no haya respondido ni a los antibióticos ni a los corticoides.

Los análisis clínicos son también muy variables, y reflejan la variedad de mecanismos patogénicos y la evolución y gravedad de la enfermedad.

Seguridad de las vacunas

El perfil de seguridad de cualquier vacuna es un factor muy importante para los clínicos que contemplan utilizarla.

Las vacunas suelen emplearse para prevenir la enfermedad y, por tanto, se utilizan en animales sanos hasta entonces en los que la administración de la vacuna es opcional para el propietario. Esto significa que las reacciones adversas son percibidas como menos aceptables que con las medicaciones utilizadas para tratar enfermedades graves. Además, es probable que la población vacunada sea mucho mayor que la población que recibiría un tratamiento terapéutico por lo que incluso las reacciones adversas poco frecuentes pueden ser más aparentes.

Las reacciones adversas a las vacunas suelen clasificarse utilizando dos abordajes:

1) Las reacciones se clasifican en "normales" o "inapropiadas". La fiebre, malestar, inflamación local y leve dolor local transitorios se clasifican como reacciones "normales" a las vacunas porque son consecuencia de la respuesta inmune normal frente a la vacunación. Las reacciones que persisten más tiempo o tienen mayor intensidad se clasificarían como "inapropiadas".
2) Las reacciones también se dividen en "locales" y "generales". Las reacciones locales que tienen lugar en el punto de inyección poco después de la administración de la vacuna son relativamente fáciles de vincular al acto de la vacunación. Las reacciones generales tales como trastornos gastrointestinales son menos fáciles de vincular con seguridad a la administración de la vacuna porque también pueden estar causadas por otros sucesos no relacionados.

La vacuna de leishmania, se ha realizado siguiendo tres conjuntos importantes de datos de los que hablaremos.

A) Estudios de laboratorio específicos para evaluar la seguridad de dosis extras y sobredosis
B) Estudios de campo para evaluar la seguridad de la vacuna en condiciones normales de utilización en un amplio abanico de razas y edades
C) Farmacovigilancia posterior a la comercialización.
B) Pruebas de campo

En el primer estudio participaron 151 perros. 61 eran cachorros de 4 o 5 meses, y 90 tenían 6 o más meses de edad (el grupo de edad del registro). Se sometió a un examen veterinario a todos los animales antes de la vacunación, cuatro horas después y a los 2, 7, 14 y 21 días de la vacunación además de revisiones diarias por parte de los propietarios que debían incluir específicamente el examen del punto de inyección.

El segundo estudio de campo se obtuvo la percepción de los propietarios, que eran conscientes de que se trataba de una vacuna en fase de desarrollo que, por tanto, debía someterse a estudios de seguridad. Se utilizaron 231 perros de entre 6 meses y 12 años de edad. Cerca de una cuarta parte de éstos eran perros jóvenes de alrededor de 6 meses de edad. Los perros fueron evaluados por un veterinario los días de la vacunación y dos semanas después de la tercera vacunación. Se pidió a los propietarios que revisaran a sus animales a diario y que comprobaran específicamente si había inflamación o dolor en el punto de inyección.

C) Farmacovigilancia posterior a la comercialización.

Evidentemente, esta situación es dinámica y, hasta de ahora solo disponen de unos pocos datos para poder perfilar conclusiones definitivas puesto que la vacuna lleva muy poco tiempo en el mercado. Los próximos meses y años nos proporcionarán más fuentes de información detallada.

Conclusión
En general, esta vacuna es bien tolerada y los datos confirman que tiene un buen perfil de seguridad para una vacuna anti Leishmania eficaz.

Protocolo básico
El protocolo básico inicial de primovacunación consta de tres inyecciones (subcutáneas) a intervalos de tres semanas. Es ligeramente distinto al de las vacunaciones convencionales contra parvovirus o moquillo porque el objetivo es el de inducir una inmunidad celular con predominio Th1. La simple inducción de anticuerpos no es suficiente para proteger frente a Leishmania. Los estudios realizados durante el desarrollo han confirmado que este es el calendario óptimo para la primovacunación.

El inicio declarado de la inmunidad es de cuatro semanas después de la tercera inyección.

Los cachorros pueden empezar a vacunarse a partir de los seis meses de edad. Las pruebas de eficacia en todos los estudios de desarrollo se realizaron a partir de los seis meses de edad Actualmente no existen datos sobre la administración simultánea con otras. Por tanto, la recomendación actual es separar la administración del resto de vacunaciones al menos dos semanas, que es una recomendación bastante común en las situaciones en las que no se han realizado pruebas específicas para confirmar la compatibilidad.

Existe el requisito de una revacunación anual con una sola dosis de vacuna para mantener la inmunidad.

La vacuna
La vacuna, propiamente, se suministra de forma muy convencional: una parte liofilizada y solución salina isotónica como disolvente.

Es interesante notar que el liofilizado parece considerablemente mayor que el de otras vacunas convencionales para perros. El disolvente tiene un volumen normal (1 ml) y el liofilizado se disuelve para formar un volumen normal de 1 ml de solución rojiza para inyección.

Como ocurre con casi todas las otras vacunas, debe conservarse en el frigorífico, del que debe sacarse y reconstituirse justo antes de ser utilizada. Igual que con cualquier vacuna refrigerada, siempre resulta apropiado templarla ligeramente en la mano para acercarla a la temperatura corporal y que no resulte incómoda para el animal cuando se inyecte, y como es normal, se recomienda realizar un masaje ligero en el punto de inyección.

Pruebas previas a la vacunación
El objetivo de la vacunación es la prevención de la enfermedad, no su tratamiento, por lo que un perro que se encuentra en vías de desarrollar la enfermedad no es un candidato para la prevención sino que necesita tratamiento. Con Leishmania sabemos que la infección activa, cuando el perro ha llegado a tener una carga elevada de parásitos multiplicándose de forma activa, raramente remite hacia el estado de negatividad sin ayuda.

Existen varias opciones para detectar la infección.

Otros consejos
Como con cualquier otra vacunación, se recomienda desparasitar a los animales entes de la vacunación. Es bien sabido que las cargas elevadas de helmintos no favorece el desarrollo de inmunidad de las vacunas.

En cuanto a la eficacia de la vacuna, valorada en pruebas de campo a lo largo de dos años, en dos zonas geográficas con elevada incidencia de LC, se observó:
• En los perros control (no vacunados), el 72% de los perros dio positivo a PCR por lo menos una vez durante los dos años; el 10% padeció una infección activa asintomática y el 23% desarrolló signos clínicos de la enfermedad en el mismo periodo; es decir que un tercio de los perros no vacunados desarrollo la infección de forma activa.
• En los perros vacunados, el 12,2% desarrolló infección activa, de los cuales el 7,3% desarrolló síntomas y el 4,9% infección activa asintomática; lo que significa que casi el 90% de los perros vacunados permaneció protegido o no desarrolló infección activa.
• En los estudios de riesgo relativo (probabilidad de que ocurra un acontecimiento dividido por la probabilidad de que no ocurra), se encontró que la probabilidad de que se produzca infección activa es de 1 a 3,6 (vacunados respecto no vacunados) y el de enfermedad asintomática es de 1 a 3,8; es decir que la vacunación reduce casi cuatro veces el riesgo de desarrollar infección asintomática y/o activa.

En cuanto al protocolo de vacunación:
Tener en cuenta las siguientes consideraciones:
• Solo deben vacunarse perros sanos.
• Edad mínima del paciente para aplicar la primera dosis de la vacuna: 6 meses
• Se recomienda espaciar dos semanas el tiempo de aplicación para otras vacunas.

El protocolo de vacunación propuesto es:
• Tres inoculaciones vía subcutánea con un intervalo de 3 semanas entre cada una de las inoculaciones.
• La protección dura un año
• Los recuerdos vacúnales se deberían realizar anualmente

Otras medidas preventivas. Finalmente, la utilización de la vacuna no está en contraposición con la aplicación de medidas encaminadas a evitar la exposición a flebótomos, ya que la reducción de exposición a las picaduras de flebótomos unida a medidas preventivas vacúnales consigue una lucha preventiva más eficaz.

Sergio Otal

 

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