Salgo de cacería fuera de España, ¿qué me llevo?

Escribo en esta ocasión con algo de rubor y la mayor de las modestias por partida doble: primero, por lo ambicioso del objetivo, y segundo, por existir en este país gente mucho más experimentada que yo en estas cuestiones. Si a pesar de ello estos consejos y apreciaciones personales le son útiles a un mínimo número de lectores, el esfuerzo habrá valido la pena.

Jaime Meléndez Thacker | 07/03/2012

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Trataré, pues, de dar unos pequeños consejos en forma de reglas nemotécnicas que en el terreno práctico sean de utilidad para planificar y llevar a cabo la deseada cacería. En este mundo de la caza internacional lo impredecible e inesperado suelen aparecer, más en unas modalidadesy países que en otros, y es por este motivo que toda precaución es poca. Debemos asegurarnos de que cuando llegue lo imprevisto, que es consustancial a la caza, estemos mínimamente preparados.

El volumen de cacerías contratadas fuera de España por cazadores españoles, el segundo del mundo tras los Estados Unidos, ha explotado en los últimos quince años. Antes de eso, en los años setenta y ochenta, un puñado de intrépidos cazadores (De Madariaga, Medem, Zamácola, Gómez-Sequeira y algunos otros) se lanzaban a cazar allende los mares sin la facilidad que hoy supone el flujo e intercambio de información. Lo que hoy se puede planificar en dos meses antes llevaba un año, del mismo modo que una cacería de apenas una semana de duración en África o Asia, antaño suponía un mes completo. Es por esto, por su valentía y determinación al embarcarse en aventuras muchas veces inciertas, que les profeso admiración y respeto.

El destino

Es éste el primer paso que damos y viene obviamente determinado por la especie o especies que queramos cazar. En muchos casos una misma especie es posible cazarla en distintos países o incluso lugares diferentes dentro de un mismo país. La elección del mismo necesariamente dependerá de cuánto y cómo hayamos 'investigado'.

Internet es una buena fuente de información, pero entraña ciertos riesgos al no existir un filtro y estar expuestos a cualquier tipo de información sesgada e incluso meramente promocional. Las revistas especializadas sí disponen de ese mecanismo de control y son un buen baremo, si bien no siempre encontraremos en ellas el animal y destino que buscamos. El boca a boca es otro medio muy recurrido, pero de nuevo estamos ante el peligro de recibir información subjetiva y mediatizada, no tanto por mala fe, sino por mero desconocimiento de las posibles alternativas.

En mi opinión, lo mejor es ponerse en manos de un buen booking agent (agente de caza, traducción no literal), que los hay en España, y pedirle consejo, ya que normalmente trabajarán con varios outfitters o compañías de caza local (mal llamadas "orgánicas") en distintos países o destinos con la posibilidad de cazar ese animal concreto. Es más que aconsejable darse una vuelta por las ferias de caza (Venatoria y Ficaar en nuestro país). Si uno le dedica el tiempo suficiente a hablar con los outfitters y agentes o intermediarios podrá comparar calidades, destinos y, por supuesto, precios. Una advertencia para terminar este apartado: cuidado con las garantías, pues la caza no puede o debe garantizarse (en Estados Unidos, por ejemplo, tal práctica está prohibida). Si hay una garantía del 100%, lo normal es cataque se trate de animales hacinados o controlados (salvo en casos donde se garantice el disparo, que no la captura, por la abundancia de la especie). Sí es conveniente preguntar al organizador/agente o al outfitter el success rate (índice de éxito o captura) de ese animal en ese lugar concreto para hacernos una idea de las posibilidades reales.

El arma

Aquí podríamos escribir un libro entero y saldríamos con más dudas de las que entramos. Es del todo imposible elegir un arma que sirva para todo. Las especies cinegéticas son distintas en peso, estructura, tamaño, y las condiciones de disparo igual o más. Poco tiene que ver tirar un rebeco en Macedonia a 250 metros con hacerlo sobre un búfalo cafre en Tanzania a 40 metros. Es por esto que me causa cierta hilaridad cuando leo 'recetas' del tipo "uno para todo".

No voy a ser yo más papista que el papa ni diré que hay que tener diez rifles distintos en el armero y que hay que viajar con más de uno si vamos a cazar en África, por ejemplo (cosa queyo mismo he hecho). Lo que sí aconsejo es que intentemos aproximar el cartucho -mal llamado calibre- y la punta, por supuesto, a la especie o grupo de especies a cazar. Es decir,que si vamos a la montaña a cazar un carnero de 60 kilos no llevemos un 'trasto' de ocho kilos de peso del 8x68S, por muy bueno que sea. Si vamos a cazar varios animales de peso y estructura distintos, como ocurre en los safaris africanos, yo suelo buscar un común denominador con ligero sesgo hacia abajo más que hacia arriba. Me explico. Si se trata de bushbuck y eland, por poner un ejemplo real, me llevaría un .300 Win. Mag. (o Weatherby) y no un .375 H&H. Esto es muy personal, pero la experiencia y los errores me han enseñado a que se tira mucho mejor y más confiado con un rifle 'pequeño' que con uno grande y súper potente.

Mi regla es la siguiente: lleva primero el rifle con el que mejor tires y más confianza te dé, aunque no sea sobre el papel el más adecuado. Luego selecciona la punta o proyectil que mejor le vaya a la estructura y peso del animal (en esto las casas de munición publican información muy válida en Internet). Dicho esto me atrevo a recomendar los calibres de 6 y 7 milímetros y pico para la montaña (desde el 6,62 Frères, pasando por el .257 Weatherby, hasta el poderoso .300 Wby.), tanto en acción de cerrojo como basculante, buscando siempre una buena rasante y sin extremar la ligereza del proyectil por la probabilidad de viento lateral tan habitual en la alta montaña. En el caso de especies pesadas de llanura iría desde el .300 Win. Mag. al .375 H&H (incluso el .416 Rigby si de búfalos u osos americanos hablamos).

Recalco de nuevo que son sólo aproximaciones y consejos prácticos que en nada pretenden dogmatizar, ya que de no hacerlo así tendríamos que referirnos a un tratado de armas y municiones. He intentado hacer un pequeño resumen práctico de los cartuchos apropiados para cada modalidad y animal en la tabla adjunta (advierto que es una opinión meramente indicativa y simplificada y que el calibre puede ser 'estirado' hacia arriba o hacia abajo siempre que se sepa lo que se hace y se monte el proyectil adecuado).

Quiero terminar el apartado del arma desaconsejando ir a la cacería contratada con un rifle recién comparado a tal efecto. Si queremos comprar un arma ad hoc para esa aventura me parece estupendo, pero hagámoslo con tiempo suficiente para hincharnos a tirar con él antes de probarlo en la cacería y comprobar que no tiramos bien con él.

La óptica

Si bien la gran mayoría de los fabricantes de armas ofrecen rifles -algunos de apenas 500 €- capaces de hacer buenas agrupaciones y que normalmente tiran mejor de lo que nosotros somos capaces como tiradores, con la óptica hay que tener mucho cuidado. En el mundo de las lentes, los visores, prismáticos, catalejos, medidores de distancia, etc., nadie regala duros a peseta. Suele oírse que en la óptica hay que comprar lo mejor que nuestro bolsillo permita e incluso un poco más. Yo estoy de acuerdo con esta afirmación.

De nuevo evitaré confrontar marcas, pero sí me voy a permitir hacer dos Ligas: la Primera División, con Swarovski, Zeiss y Leica a la cabeza, y la Segunda, con Kahles, Leupold, Schmidt & Bender y Meopta. Hay otras buenas marcas calidad-precio, pero que no considero como las mejores para jugarnos todo o casi todo a una carta en el momento crítico, como muchas veces ocurre. Quiero aclarar que mi Segunda División no pretende nada más que situar a aquellas marcas un paso por detrás de las primeras, sin que ello signifique que no sean buenas, que lo son.

Los elementos indispensables son, lógicamente, los visores y prismáticos. En visores existe una nueva generación de aumentos variables con múltiplos de 5 y 6 que nos permiten tener aumentos de mucha potencia (18 o incluso 25), ideales para tiros lejanos, sin renunciar a bajos aumentos para tiros a tenazón. Además, esta nueva óptica ha mejorado mucho el campo de visión en grandes aumentos, algo impensable hace diez años. Mi receta para visores de montaña es la de usar monturas lo más bajas posibles, tubos de pulgada y campanas de no más de 50 mm., por llevar un equipo ligero acorde con el rifle. En rifles pesados de grandes calibres africanos es recomendable usar monturas muy firmes (de uña o fijas) y visores de mecánica robusta como Leupold. Hace unos años, en Tanzania, rompí la retícula de mi Kahles al primer tiro a los búfalos con el .416 Rigby y tuve que hacer el resto del safari disparando con punto y alza. No es una casualidad que esto ocurra, pues se trataba de un visor antiguo en un rifle muy 'pateador'.

Los prismáticos son vitales y compañeros inseparables de todo cazador. Por el visor miramos varias veces al día y durante unos segundos; con los prismáticos pasamos horas. ¿Vamos a arriesgar nuestros ojos o la correcta valoración de un trofeo por ahorrar algo de dinero cuando en la propia cacería hemos invertido tanto? Tengo prismáticos de 8x42 y de 10x42 de alguna de esas primeras marcas; los primeros los llevo a la montaña y los segundos para realizar esperas o caminatas menos exigentes. Es importante señalar que con los años el ojo humano tolera peor los diez aumentos para mirar mucho tiempo a través de los binoculares; en estos casos lo ocho son perfectos.

Hay además un conjunto de adminículos que pueden resultar muy prácticos, como el medidor de distancias y el telescopio terrestre o catalejo. Una vez más, es un asunto muy personal, pero yo nunca dejo de llevar encima un medidor láser; el catalejo sólo lo llevo si es que creo que los guías locales o cazadoresprofesionales no lo llevan (la mayoría los tiene). Es ésta otra pregunta que debemos hacerle al outfitter antes de llegar a destino (llevar un catalejo por medio mundo y en la montaña, con su consiguiente trípode, no es cómodo).

La ropa

Es paradójico el tiempo y dinero que se invierte en el arma -y la óptica en el mejor de los casos- y lo poco, sin embargo, que se dedica a la ropa. No voy a decir que tiene más importancia que el arma, pero sí considero que es capital y que, desde luego, es aquí donde la mayoría de los noveles y no tan noveles se equivocan presentándose en el destino mal equipados. Una mala elección de equipo en la ropa y las botas bien puede dar al traste con nuestra soñada captura. Evidentemente la importancia es mucho mayor cuando de caza en montaña hablamos, en cuyo caso debemos ir preparados para cambios climáticos constantes en casi cualquier época del año. La ropa técnica de hoy en día suple en gran medida la voluminosa y pesada ropa de hace años y nos ayuda en el siempre engorroso y caro exceso de equipaje que los cazadores sufrimos habitualmente. Pero claro, ¿cómo elegir la apropiada? En esto, como en tantas otras cosas, los gustos y el bolsillo mandan, aunque no por ello dejaré de dar mi opinión.

Lo primero que hago yo es preguntar al outfitter sobre el clima en la época en la que va a desarrollarse la cacería para después contrastarla con dos páginas de Internet: www.accuweather.com y www.weatherbase.com. La primera nos da una predicción climatológica muy precisa hasta quince días antes de la cacería de miles de puntos geográficos y ciudades de todo el mundo, lo cual nos servirá para los últimos ajustes del equipaje. La segunda de ellas nos da una visión histórica de temperaturas máximas, medias y mínimas, por mes y localidad, además del índice de precipitación. Esta última me resulta especialmente útil -toda vez que una estadística de entre ocho y diez años es muy fiable- para saber qué voy a necesitar con suficiente antelación. Los outfitters que tienen página web propia suelen dar un gear list (lista de equipo a llevar), y de no tenerla podemos solicitarla, ya que nos dará una idea muy exacta de qué es lo esencial. A todas estas fuentes de información hay que sumarle la experiencia personal, de la que se extrae llevar cosas que a priori pueden parecer inútiles, pero que nos pueden sacar de un apuro como contaré en la sección de accesorios.

De unos años a esta parte el mercado se ha inundado de membranas y ropa técnica transpirable de gran calidad. Se trata de ropa relativamente cara, sobre todo la que nos protege del agua, como el Gore-Tex; las que nos dan calor al contacto con la piel y son suaves al tacto, como la lana de merino; aquéllas que están destinadas a ser capas exteriores que nos protegen del viento, como los Wind-stopper; las recientes chaquetas de pluma sintética Primaloft, que nos aportan calor mientras permanecemos sentados 'gemeleando'; o las cazadoras y chaquetas exteriores de membrana Toray, muy ligera y transpirable. En mi caso utilizo siempre varias capas, que o bien llevo puestas o las cargo en la mochila, ya que es crítico llevar mudas secas en la alta montaña por sus cambiantes condiciones. Los calcetines -y botasson otro elemento a cuidar mucho, ya que tener los pies fríos no sólo es desagradable, sino que nos hace perder temperatura corporal rápidamente. Yo uso calcetines de trekking finos en verano y gruesos en invierno, siempre sin costuras y con refuerzos almohadillados en las plantas y talón. Las marcas Lorpen y Falke tienen muy buenos materiales.

Como regla general diremos que el algodón no es recomendable salvo para climas muy benévolos, pues nos aporta peso, no desaloja la humedad ni es especialmente transpirable. Baste recordar las veces que nos ha llovido con un vaquero puesto y lo que ha tardado en secarse. El sudor pegado al cuerpo durante horas tampoco es un plato de gusto, y en esto el algodón tampoco nos ayuda. Cuando cazo en África (o los corzos en verano aquí, en España) llevo una camiseta técnica fina debajo de la camisa, que sí puede ser de algodón; esa camiseta mantendrá la humedad lejos del contacto con la piel.

En resumidas cuentas, para la montaña en invierno llevo ropa interior técnica, segunda capa ligera de merino, forro cortavientos encima, chaqueta Primaloft o Toray según el frío que haga y última capa de Gore-Tex en la mochila por si llueve o nieva. En primavera y verano, con temperaturas suaves, llevo calcetines de tecnología Coolmax sin costuras (que evacuan la humedad rapidísimamente y evitan los roces y ampollas), pantalones ligeros sintéticos o de algodón grueso (los finos se rompen con los espinos y zarzas fácilmente) y un forro polar fino que, dependiendo de la temperatura, llevo puesto o en la mochila.

Como hemos visto anteriormente, el cuerpo humano pierde temperatura rápidamente por las extremidades, pero también por la cabeza. Unos buenos guantes son esenciales y también aquí la tecnología nos ofrece los Thinsulate y Windstopper. Jamás hago un viaje de caza sin al menos dos pares de guantes -muchas veces tres-. Suelo llevar unos gruesos e impermeables, otros medios y unos finos para temperaturas suaves o para los recechos de alba y ocaso. Los guantes finos, de piel sintética, nos permiten notar el tacto del gatillo a la vez que nos protegen de los roces de la vegetación cuando el frío no es el principal problema.

Para la cabeza y cuello hay todo un mundo de posibilidades, aunque yo me decanto por una simple gorra en verano que me proteja del sol y de gorros blandos tipo beanie de Gore-tex o lana para el invierno. Una bufanda o braga polar nunca vendrá mal en nuestra mochila.

Recuerdo ciertos amigos míos que fueron al Tien-Shan Kyrguiz tras los bex, presentándose allí con su mejor ropa de montería: buenas prendas de abrigo que pueden servir aquí, pero que a 15 ó 20 grados bajo cero de poca ayuda nos serán. Además, suelen ser pesadas, lo que dificulta la caminata, y ocupan mucho espacio en nuestra maleta. No hace falta estar muy verde en esto para caer en errores de este tipo.

La caza en bosques requiere atención especial en dos o tres cuestiones. Si bien la ligereza de la ropa no es tan crítica como en la montaña, resulta muy importante que las capas externas (chaqueta y pantalón) sean de material resistente a los enganchones y, en la medida de lo posible, repelente al agua, si es que cazamos en primavera o invierno. Mucha gente opta por botas altas de goma para cazar en bosques húmedos, sin embargo yo prefiero unas buenas botas de Gore-tex y unas polainas altas. Esta combinación es tan impermeable como las katiuscas, pero desde luego infinitamente más transpirables, más calientes y mucho más seguras en la sujeción del tobillo, que en bosque y montaña son capitales.

Las polainas pueden ser de mucha utilidad también en parajes secos al protegernos de polvo, espigas y pinchos (es habitual ver a los cazadores profesionales africanos con pantalón corto y unas pequeñas polainas de cuero que cubren sus botas).

Un tema muy subjetivo y personal es el del color de la ropa y los camuflajes. Hasta hace pocos años ir vestido "de árbol", como dice un buen amigo mío, era poco menos que ofensivo para los ojos de muchos, pues daba un aspecto paramilitar y poco amigable. Hoy, superados esos absurdos complejos, la mayoría utilizamos los patrones de camuflaje como algo habitual y que nos ayudan no tanto a confundirnos con el paisaje, como mucha gente cree que el camuflaje debe hacer, sino a romper la silueta de la figura humana, que es lo que a los animales aterra. El color y dibujo no tienen tanta importancia, aunque si son del color del entorno, mejor. Lo que realmente importa es que los trazos y elementos del patrón sean suficientemente grandes como para que el perfil humano se desdibuje (somos el único animal bípedoy que camina erguido, y es esta alargada figura lo que pone en inmediata alerta a nuestras piezas de caza).

Los accesorios

Voy a limitarme a citar aquellos elementos que considero del todo necesarios o que pueden llegar a serlo y que no ocupan demasiado lugar en nuestro equipaje. Navaja multiusos, linterna de mano y frontal, termo, cuerda, cinta americana, tiritas, trapo de algodón, bolígrafo limpia visores y una baqueta desmontable y cámara de fotos compacta (en tiendas por Internet de Estados Unidos venden unas que caben en un bolsillo) deben ir siempre con nosotros en la mochila, estemos en las Montañas Rocosas o en la sabana africana. Hasta este punto he debido mencionar la palabra mochila no menos de cinco o seis veces, así que comencemos por ahí. Un simple macuto de lona o cordura (la piel es más pesada y desprende olor) de apenas 30 litros de capacidad es suficiente para los recechos de corzo o los safaris africanos; nos cabrá lo señalado más algo de comida, no siendo necesario mucho más grande porque volveremos a dormir al campamento u hotel cada noche.

Capítulo aparte son las cacerías de alta montaña, donde además de la citada lista llevaremos aperitivos energéticos, comida, bebida, ropa de muda o para la lluvia, guantes de látex, cuchillo para desollar, útiles de aseo y posiblemente un saco de dormir. En este caso necesitaremos una mochila de calidad, de lona dura encerada o material resistente y repelente al agua (en su defecto, que tenga funda para lluvia), de no menos de 50 litros y hasta los 80-90; más es una locura salvo que estemos en muy buena forma física y acostumbrados al peso. Los bolsillos exteriores son muy prácticos para llevar cosas pequeñas y que necesitemos tener a mano, y evitan tener que abrir la mochila entera cada vez, con el engorro que supone. Algunos modelos europeos y americanos llevan unas cinchas y/o bolsillos en el eje central del macuto para poder llevar el rifle amarrado a él; a mí me resulta cómodo llevarlo de ese modo (el peso va más equilibrado en el centro en lugar de a un lado), salvo que estemos en una zona muy 'caliente' de animales y que por ello sea previsible un lance rápido, en cuyo caso llevarlo en el hombro es lo más acertado. A partir de los 50 litros yo recomiendo usar mochilas con estructura rígida (las hay de carbono, muy sólidas y ligeras) en la espalda que aseguran que el centro de gravedad
quede por encima de nuestra cintura.

Puede parecer una exageración o un tecnicismo absurdo, pero no lo es; en América y muchos países europeos obligan a retirar toda la carne del monte, lo que significa que deberemos cargar todo lo que podamos y ayudar a nuestro guía o PH, si es que queremos que la tarea no se demore más de lo necesario. Llevar un camel back (bolsa de agua con tubito) en el macuto es una obligación si vamos a hacer jornadas muy largas de rececho y dormir al raso. Ni que decir tiene en este caso que el saco de dormir de pluma es fundamental.

Por lo que respecta al apoyo, una buena vara de avellano o nogal son excelentes. Sin embargo, supondrá un problema embarcarlas si vamos en avión, por lo que las de aluminio telescópicas (que yo meto dentro del escuche del rifle) son buenas sustitutas. La vara en la alta montaña es fundamental, ya que nos permite sujetar el peso de nuestro cuerpo tanto para bajar como para subir. Los bastones de trekking son muy prácticos para caminar en terrenos difíciles, pero requieren práctica, por lo que si no sabemos usarlos pueden ser más un estorbo. Estos bastones o varas nos permiten relajar el peso en ellos, vadear ríos y, por supuesto, servir de horquilla para el disparo. En tiros superiores a 100 metros yo no uso la vara porque es demasiado inestable; mucho mejor hacerlo tumbado, sentado o incluso de rodillas usando la mochila para acomodar el guardamano del rifle -nunca el cañón, como he visto hacer a más de uno-. En mi macuto viaja de forma permanente un pequeño bípode telescópico de carbono que apenas ocupa espacio y que en casos de mal apoyo (llanuras desiertas, por ejemplo) puede resultar de enorme utilidad. Los bípodes Harris atornillados al guardamano del rifle son otra buena solución; los tenemos de varias longitudes (para tirar tumbado o sentado) y también basculantes, que nos facilita orientar el rifle en ángulos difíciles adaptándose a nuestra postura.

También, en uno de los bolsillos exteriores, o a veces en el pantalón, llevo un botecito de polvo blanco inoloro (los venden en Estados Unidos y también en algunas armerías españolas) para conocer en todo momento la dirección del viento. Un saco de dormir de pluma que tenga una temperatura confort de -15/-20 grados es lo deseable para dormir a la intemperie o dentro de la tienda de campaña si fuera va a hacer mucho frío (un buen saco cuesta mucho dinero, entre 400 y 600 €, pero dormir muerto de frío es aún peor). Suelo llevar uno sintético barato de temperatura confort 0 grados cuando sé de antemano que voy a dormir a cubierto en lugares donde la calefacción brilla por su ausencia o donde las sábanas son inexistentes o no muy limpias. No está de más preguntar por esta eventualidad, aunque en mi caso lo llevo directamente, sin que hasta la fecha me haya arrepentido de ello (suelo regalarlo a los guías locales en Asia una vez acabada la aventura y así no sólo les hago felices, sino que vuelvo más ligerito de equipaje). Una toalla de baño mediana o pequeña será más que aconsejable en las cacerías asiáticas, donde los estándares de limpieza no son los nuestros (incluso en América conviene llevar una si es que nuestra cacería es de back pack, es decir, que se duerme donde le pilla a uno).

No es baladí el asunto del papel higiénico; es más cómodo, práctico y limpio llevar un paquetito de papel higiénico húmedo que un rollo doblado, que ocupa más espacio y además se acaba rompiendo. Otra advertencia: mucha gente lleva toallitas húmedas de niños; cuidado con esto, que la mayoría no son desechables (llevan compuestos de tela y fibra que les impiden descomponerse), mientras que el papel higiénico sí lo es. La cuerda y cinta americana no son el equipaje del último superviviente; sencillamente nos pueden sacar de un apuro, como me ha sucedido a mí en los Alpes cazando rebecos. De no ser por una buena cuerda de escalada habría perdido mi mochila y posiblemente mi trofeo. La cinta americana nos puede servir de remiendo si se nos rompen las botas, o para tapar la punta del cañón si es que llueve mucho, mientras que la baqueta portátil puede poner de nuevo en servicio un cañón obturado por el barro tras una caída, como me pasó hace dos años en Alaska. Por último, aunque no menos importante, está el botiquín; sea donde sea y durmamos o no cada noche en un lugar 'civilizado', no estará de más llevarlo.

Las pilas adicionales para móviles o cámaras de fotos hay que llevarlas encima si hace frío. Los que han dormido o caminado a temperaturas muy bajas conocen de primera mano cómo las baterías de litio se descargan literalmente con el frío. Para evitar esto la solución es llevarlas cerca del cuerpo -en los pantalones o chaqueta- para que el calor corporal las mantenga a plena carga. Tampoco olvido nunca meter en mi equipaje una funda de neopreno para el visor cuando el clima previsto es adverso o cuando voy a cazar emboscado, evitando de esta manera rallar las lentes.

Bolsas, maletas y maletines

En mis primeros viajes iba cargado como un mulo; metía tanta ropa que casi siempre la mitad de ella volvía intacta. Hoy, con la experiencia de los años y los nuevos materiales ligeros y 'compactables', la cosa es mucho más fácil. Los sistemas de capas que ya explicamos anteriormente y el hecho de poder llevar cosas en la mochila que usaremos como equipaje de mano en el avión, hacen que una buena bolsa o maleta blanda (las rígidas, aunque protegen mejor, complican mucho las cosas a los outfitter para transportarlas después en los todoterrenos, avionetas, etc.) de tamaño medio nos valga perfectamente para una cacería de una semana o diez días. Conviene preguntar el tipo de transporte terrestre o aéreo que haremos en el lugar de destino, ya que muchas veces hay limitaciones de peso y tamaño.

Otra regla de oro es compartir la caja rígida de munición con nuestro compañero/s de viaje, pues ayuda a reducir el equipaje no sólo en peso, sino en bultos. Yo siempre meto en ella, además de las balas, la navaja, que obviamente no puede llevarse como equipaje de mano, yla munición bien protegida en cajas de plástico diseñadas a tal efecto. Si es posible, también compartiremos el maletín del rifle (los hay de dos y hasta tres armas), lo que nos ahorrará peso de nuevo y, lo que es más importante, el dividir el canon de armas que algunas compañías aéreas cobran (como Iberia).

En cualquier caso, sea para un arma o para dos, desaconsejo los estuches de plástico; pesan menos, bien es cierto, pero dentro de ellos llevamos óptica y armas (evitemos llevar el visor en la mochila de mano, ya que en muchos aeropuertos puede haber problemas con ello) que no sólo cuestan mucho dinero, sino que son nuestras herramientas más fundamentales para el éxito de la cacería.

Los maletines de aluminio o aleación, siempre convenientemente marcados con nuestro nombre y dirección y protegiendo las cerraduras o candados (mejor si son de combinación, puesto que esas pequeñas llaves suelen perderse) con cinta americana una vez pasada la inspección, son los mejores en mi opinión. Ah, y si tienen ruedas, mejor que mejor.

Una excepción a esta regla son los maletines para armas basculantes o desmontables de Blaser, por ejemplo. Aun siendo de plástico, son muy rígidos y están muy bien terminados tanto en los cierres como en los bordes, que son los puntos más delicados. He viajado a muchos lugares con ellos sin que hasta la fecha haya tenido el más mínimo problema y sí todas las ventajas de llevar en un pequeño maletín un rifle desmontado - además de ser mucho más discreto-.

Hace un par de años mi compañero de viaje, durante una expedición a Norteamérica, llevaba uno de éstos de PVC negro con los cierres también en plástico En la primera escala del viaje ya estaba hecho añicos y hubo que remendarlo con cinta americana, dificultando sobremanera la apertura y cierre cada vez que teníamos que manipular el arma o hacer trámites burocráticos. Asimismo, conozco de primera mano casos en que las monturas han llegado partidas o los visores rotos.

Finalmente señalar que es buena idea llevar una funda de lona fina para el rifle; ocupa poco espacio y nos será de enorme utilidad para llevarla durante la cacería, sea en el todoterreno, caballo o incluso andando, ya que protege nuestra arma de arañazos y suciedad. Además, es una cuestión estética que cuando saquemos el rifle del maletín o estuche no tengamos que pasear con él a la vista de todo el mundo cuando nuestro hotel o lugar de descanso se halle en una ciudad (llevar el maletín de viaje a todos lados no es lógicamente nada práctico).

Jaime Meléndez Thacker

2 comentarios
28 mar. 2013 09:39
valhalla
valhalla  
No lo haba leido hasta ahora, felicidades por el artculo Jaime!!!!!
15 mar. 20:18
Xauen
Un artculo meticuloso y muy completo, enhorabuena Jaime. Por cierto, he echado en falta el protector labial y las gafas de sol.

Un saludo.
10@s

 

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Las botas

He creído necesario hacer un apartado dedicado únicamente a las botas por la complejidad e importancia de la acertada elección de las mismas. Empezaré diciendo que lo he titulado "botas" y no "calzado" porque, cacemos donde cacemos, opino que el tobillo debe estar protegido siempre. No se trata solamente de evitar las torceduras propias de los terrenos irregulares; también nos permiten atravesar pequeños regatos, protegernos de los pinchos y el polvo o escalar rocas y remontar neveros, si fuera necesario, haciendo palanca con ellas -si es que usamos bota rígida, claro-.

No voy a entrar a recomendar marcas porque es un asunto pantanoso y alguno pudiera pensar que promociono tal o cual marca. Diremos que la selección va en función del tipo de pie (estrecho o ancho), el terreno a cazar y la temperatura, pero sí recomiendo encarecidamente el nunca estrenar botas en una cacería; hay que domarlas antes, y si nos rozan o hacen ampollas más vale saberlo antes de viajar y buscar otra marca y modelo. Como regla diremos que en el llano la bota de piel y/o cordura puede servir, pero si va a hacer frío o llover, el Gore-tex es una obligación, y si de frío extremo hablamos, debemos llevar Thinsulate dentro del botín. Si vamos a caminar en rocas o nieves resulta muy aconsejable una bota alta (de al menos ocho pulgadas), de suela rígida o semi-rígida y que pueda acoplar unos crampones llegado el caso.

Empaquetar

Como regla general, y salvo causa de fuerza mayor, no es conveniente ni recomendable hacer el equipaje el día antes. Yo lo hago al menos con tres días de adelanto, dejando la ropa de calle para la noche anterior. Una lista de equipo pormenorizada siempre es de utilidad; iremos punteando sobre ella cada elemento según lo identifiquemos y guardemos en la maleta, bolsa o estuche del rifle (no sería la primera vez que un cazador se deja el visor en casa o los prismáticos). En Internet pueden encontrarse bolsas de vacío para ropa que son estupendas para meter la ropa interior compactada a la ida y la sucia a la vuelta, ocupando muy poco espacio. No es mala idea llevar las botas de caza en la mochila; por un lado reduciremos el peso del equipaje facturado (limitado a 22/24 kilos por pieza en casi todo el mundo), y por otro nos garantizamos que tenemos calzado en caso de que nos pierdan el equipaje.

Ropa, aunque no sea la mejor para el objetivo concreto, puede encontrarse en casi todo el mundo, pero no unas buenas botas, y menos aún 'nuestras' botas. También llevaremos encima el dinero, la cámara de fotos y algo de aseo para los largos y pesados viajes. Si llevamos comida para el taco (jamón, queso, etc.), lo mejor es meterla al vacío dentro de la maleta, nunca en el equipaje de mano, ya que es probable que nos la quiten en destino si la descubren. Seguramente habré olvidado algo, o dedicado excesivo espacio a algún punto donde el lector no crea importante el recrearse tanto, pero he tratado de contar de la manera más directa y somera posible mi experiencia como cazador internacional.

Con el firme deseo de que este intento de planificación de una cacería internacional haya sido de utilidad para aquéllos que empiezan en este apasionante mundo, les deseo la mejor de las suertes por esos mundos de Dios.