El tiro, momento decisivo del lance

Tras mucho trabajo, por fin estamos a tiro de nuestros ansiado corzo. Hemos preparado a conciencia el recho. Hemos elegido bien la zona y la hora para hacerlo. Hemos andado con cuidado, manteniendo bien el viento y, por fin, tenemos un corzo a tiro.

Rafael Centenera | 20/06/2011

13558 lecturas

Ahora hay que poner todo el empeño en no estropear la ocasión. En primer lugar, hay que evaluar si estamos ante el animal que nos hemos planteado. Las prisas con los corzos no son buenas y normalmente, si no dedicamos el tiempo adecuado a la preparación, lo normal es que fallemos. Para ello debemos imperativamente usar nuestros prismáticos y en ningún caso intentaremos verlo a través del visor. Éste tan sólo se debe usar para hacer puntería.

Una vez que estamos seguros de que es el animal que queremos tirar, hay que cumplir dos premisas antes de apretar el gatillo: estar bien posicionados nosotros y estar bien posicionado nuestro corzo. Aunque parece algo tan sencillo, la mayoría de las veces los cazadores no cumplimos ambos preceptos a la vez y eso tan sólo tiene una consecuencia: tiros mal hechos.

Posición de tiro

Cada cazador tiene su mejor posición de tiro, esa postura en la que se siente cómodo a la hora de tirar. Sea cual sea la posición preferida, es preciso seguir una serie de pautas que nos garanticen la mayor precisión. Conviene tener apoyados al menos dos puntos de sujeción, siendo mejor tres. De este modo, el arma no se mueve y podemos asegurar el tiro. Los puntos habituales son el guarda-mano y el codo del brazo con el que disparamos.

La mayoría de los cazadores tiene bien interiorizado que es necesario el apoyo del rifle para mejorar la precisión, si bien no siempre lo hacen y menos aún de forma correcta. El rifle debe apoyarse por su parte de madera en el guardamano, de forma que el cañón quede completamente libre. Si apoyamos el cañón directamente en nuestra vara o en una rama, estamos limitando su vibración natural y eso afecta al tiro, en especial en tiros largos.

Menos conocida es la necesidad de apoyar nuestro codo en un punto firme cuando sea posible. En posición de tumbado o de rodilla en tierra, el apoyo firme del codo confiere a nuestro tiro una mayor seguridad.

El siguiente requisito en cuanto al momento del tiro es el de poner nuestra cara a la distancia justa respecto al visor, siempre sin forzar la postura. Si no podemos mirar de forma natural a través del visor, quiere decir que la postura que tenemos es forzada y es mejor cambiarla antes de disparar. No pocos casos de cejas rotas son causa de no poner la cara en línea con el visor por una mala postura.

Tan sólo con horas de práctica se consiguen interiorizar las posiciones y los ángulos de tiro, de forma que una vez llegados al campo es algo natural.

En cuanto a las ayudas al tiro, hay varias que nos pueden facilitar la tarea. La primera es la vara. Mejor si es de tres pies que de dos, y ésta mejor que las varas simples. Con tres patas conseguimos una base estable de tiro. Las varas de dos patas son también muy adecuadas al ser más fáciles de montar de forma rápida y constituyen un apoyo muy bueno. Una vara mal regulada en altura puede ser un estorbo más que una ayuda, así que hay que asegurarse de que está regulada a nuestra altura y que cuando ponemos el arma, ésta queda de forma natural a la altura del hombro y horizontal con el terreno.

El segundo tipo de ayuda es el bípode unido al arma. Bien usado y en postura de sentado o cuerpo a tierra, da una estabilidad importante al rifle: como inconveniente tiene que hace bastante ruido cuando se monta o se desmonta si no se pone cuidado y, sobre todo, que requiere de posturas poco habituales de tiro.

Por último. señalar como auxilio en el tiro el morral o una prenda de vestir gruesa. que asegurarán la unión mullida del guardamano del rifle y la roca o rama que usemos como apoyo.

Aunque a veces hay que tirar muy rápido y eso requiere prescindir de apoyos, lo ideal es buscarlos: un corzo que sale a la carrera no debería tirarse. pero si hemos decidido que sea así, resulta mejor poner rodilla a tierra y tirarlo desde esa postura, que hacerlo a mano alzada, incluso si está cerca.

Un último consejo sobre nuestra postura antes de tirar es la máxima que reza: «cuesta arriba y cuesta abajo, apunta bajo». En efecto, en las zonas de montaña donde abundan los corzos, no es raro tener que hacer tiros ladera abajo o tiros a corzos en zonas más altas que nosotros. Hay que tirar en esos casos a la parte baja del codillo, o de otro modo nos arriesgarnos que incluso a largas distancias el tiro pase por alto al compensar la diferencia de altura la caída de la bala.

Postura del corzo y sus puntos vitales

Tan importante o más que nuestra postura en el tiro, es la posición del corzo. No podemos perder de vista que el corzo ofrece un blanco vital muy reducido y que, por lo tanto, cualquier posición que maximice los órganos vitales resulta útil a la hora de asegurar el cobro. La posición ideal es de lado, parado y en pie. De ese modo todos sus puntos vitales están a la vista del tirador. En el dibujo 1 podemos ver cuáles son los puntos donde debemos colocar nuestra bala. El tiro más fácil es justo por encima del codillo. Si trazarnos una línea imaginaria que corte el corzo a la altura de la pata delantera y dividimos la longitud del tórax en ese punto, nuestro impacto debería buscar la intersección de esa línea con la división entre el primer tercio y el segundo. Si el tiro da en su sitio, tal y como muestra el dibujo 2, el impacto pegará entre el corazón y los pulmones. Si se marcha algo bajo romperá el corazón y si lo hace alto, la columna vertebral se partirá. Un tiro atrasado en esa zona impactará en el hígado, mientras que un tiro algo adelantado romperá la base del cuello.

El tiro al cuello es un disparo de recurso que tan sólo debe ser llevado a cabo en casos muy especiales en los que no vemos el cuerpo y siempre que estemos muy familiarizados con nuestro rifle. La zona real de impacto es muy estrecha y la posibilidad de herir es alta. Por supuesto, no se debería intentar este tiro a distancias superiores a 80-100 metros.

Si el corzo se nos presenta de frente o de nalga (dibujo 3). es mejor esperar a que se mueva para que nos dé el costado y podamos tirarlo bien. Tan sólo debemos intentar tiros de frente o de nalga si estamos seguros de que no hay otra opción. En el primer caso buscaremos colocar nuestra bala en el punto en el que el cuello se inserta en el pecho y que coincide, más o menos, con el punto medio de éste. Si el tiro es de nalga, debemos buscar colocar la bala en el medio del espejo, lo que coincidirá con el ano. En ambos casos también disponemos del recurso último del tiro al cuello.

En cuanto a los tiros de tres cuartos delanteros o traseros (dibujo 4), deben realizarse intentando alcanzar la mano que no vemos, de forma que la bala atraviese el cuerpo en busca del punto natural de tiro del costado contrario al que vemos. De ese modo nos aseguramos de que en su trayectoria pasa por los órganos vitales. Si en esas posturas apuntamos al codillo que vernos, la bala pasará por el animal sin tocar órganos vitales, hacia la panza, si está de tres cuartos delantero, o hacia la parte anterior del pecho, si está de tres cuartos trasero.

En un corzo que se nos presenta tres cuartos de frente, apuntaremos al pecho en su mitad que más vernos, mientras que en corzos que se nos presentan de tres cuartos de nalga, lo haremos a la zona donde termina la caja torácica y empieza la panza.

Tan sólo si tenemos la certeza de que vamos a realizar un tiro en condiciones debemos apretar el gatillo. Si no lo vemos claro es mejor esperar.

En cuanto a los corzos tumbados, mi consejo es no tirarles nuca, ya que por cada uno que acertamos, dejamos dos o tres sin tocar o heridos sin posibilidad de cobro. Es mejor acomodarse y esperar el tiempo que sea necesario a que se levante el corzo. El tiro tumbado sólo se debe intentar si el animal nos ha visto y está a punto de levantarse y huir. De otro modo, es mejor esperar a que se levante él solo de forma tranquila, puesto que en el peor de los casos nos tendrá una o dos horas esperando. Si silbamos para provocarlo, podemos desencadenar su huida de forma súbita, sin posibilidad de tiro. Los corzos cuando se tumban colocan sus patas traseras en una posición tal que les permite abandonar la cama de un brinco, así que es mejor tener paciencia y dejar que sean ellos los que se levanten cuando les plazca.

Tras el tiro

Una vez que hemos apretado el gatillo, hay que prestar mucha atención a dos puntos que nos ayudarán a saber cuál ha sido el resultado de nuestro tiro: el ruido de la bala al impacto y la reacción de animal. El primero de estos aspectos sólo se obtiene con experiencia y tiros. Llega un momento en que uno es capaz de oir el ruido que produce la bala al impactar en el corzo. Es el famoso parir.

Cuando uno tiene práctica se puede incluso conocer dónde ha dado la bala en función del sonido que nos llega. Un ruido con resonancia, como «pafmmm», indica la caja torácica, otro más tipo «puffff» indica tiro de panza, mientras que el ruido que produce al impactar en una pata suena como un «craccc» de rotura de hueso. Aunque parezca exagerado, con el tiempo uno aprende a discernir el diferente ruido que produce cada impacto. Hay que tener cierta prevención cuando se caza en zonas con prados muy húmedos o en zonas con barro, puesto que la bala impactando en ellos es capaz de producir un ruido muy similar al que produce al impactar en carne, pudiéndonos inducir a error sobre el resultado de nuestro tiro.

La segunda cosa que debemos hacer al tirar es mantener nuestra vista atenta a través del visor tras apretar el gatillo, para ver la reacción del animal al impacto. En general, si el corzo está tranquilo y lo fallamos, ni se inmuta. Digo en general porque cuando están muy tiroteados, el tiro hace que vuelen como diablos. Lo que está claro es que si no se mueve no lo hemos tocado con casi toda certeza, así que podemos repetir rápidamente el disparo. En este segundo intento, si el animal corre es lo normal, aunque he visto a un corzo suicidarse esperando a que el cazador lo abatiera con la cuarta bala.

Un consejo práctico: si tras el tiro y la correspondiente carrera hasta el bosque nos ladra desde la espesura y tenemos la certeza de que es el mismo galán, podemos olvidarnos de él porque no está tocado o tan sólo lo hemos rozado.

Los tiros de columna producen la caída a plomo del animal. No hay ninguna reacción y normalmente se desploman; si el tiro es de la mitad para atrás es posible que siga intentado levantarse con las patas delanteras.

El famoso calentón de agujas, que no es otra cosa que un impacto en las apófisis de las vértebras. cursa con una reacción idéntica al tumbar de golpe al corzo. La diferencia es que a los pocos minutos el animal se recupera y se puede dar por perdido para siempre si no andamos avispados para repetir el disparo.

Los tiros de caja torácica suelen ir acompañados de un brinco cuando no tumban al animal de golpe, pudiendo seguirse de una carrera en la que el animal va como arrugado. Si tocamos corazón, no será mayor de unos cincuenta metros. mientras que un tiro de pulmón permitirá algo más de carrera.

Cuando impactamos en la panza, lo normal es un arrugamiento inicial del animal, que puede ir acompañado de una coz, seguido de una carrera más o menos normal. En estos casos, los corzos suelen tumbarse en cuanto llegan a lo espeso y si se los deja tiempo, acaban muriendo en el sitio.

Si el animal cae de culo, lo normal es un tiro en los riñones o en la cadera: suele ir acompañado de una recuperación rápida y una huida con los cuartos traseros como si no tuviera fuerzas.

Cuando se produce un colapso de la parte delantera, suele ser indicio de rotura de una mano o de impacto bajo en el pecho que afecta a la pata. Hay que seguir muy atento por si el animal se levanta inmediatamente. Las roturas de mano son de las heridas peores de cobro, puesto que los animales son capaces de recorrer grandes distancias y no tienden a parar con la mano rota.

Después del impacto

Cuando hemos tirado un corzo, siempre se impone una rutina que es necesaria para garantizar el cobro posterior de la pieza. En primer lugar hay que tomar muy bien las referencias del punto en el que hemos tirado el corzo. Conviene centrar el lugar en el que se encontraba antes de mover un solo músculo y centrarlo en referencia a todo el paisaje, no sólo con respecto a una mata o rama, sino en referencia a todo lo que podamos. Una vez que vayamos donde estaba, todas las matas son iguales y cuantas más referencias tomemos mejor.

A continuación nos relajaremos un poco y esperaremos a que se enfríe el animal. incluso si lo hemos visto caer a plomo. Por supuesto, relajarse quiere decir no salir corriendo a ver qué ha pasado, pero bajo ningún modo bajaremos la guardia y recargaremos inmediatamente el arma. Debemos concentrar nuestra atención en el punto en el que ha caído para estar preparados para volver a tirar si se levanta. A cuántos no habrá pillado con el arma descargada la resurrección de un corzo que decidió que no era su día.

Trascurrida una buena media hora, podemos acercarnos al lugar del tiro. No importa que hayamos visto salir al corzo corriendo y le hayamos seguido hasta perderlo de vista: lo primero es lo primero y eso es comprobar el tiro. Por supuesto, debemos acercarnos con total sigilo, con el arma preparada y el visor en el mínimo de aumentos, listos para tirar si al llegar el corzo sigue vivo y emprende la huida.

Al llegar a la zona en la que estaba el corzo, si no está en el sitio, es preciso revisar si hay algún tipo de resto que indique que hemos alcanzado al animal, alguna huella o incluso el impacto en la tierra que nos confirme un fallo. Es bueno marcar con algo el punto de partida, o bien dejar allí nuestro morral para usarlo como referencia.

Rafael Centenera

 

Leer más
Otros artículos de Rafael Centenera

No hay más artículos de este autor

Top 5 artículos más leídos

10 calibres para la nueva temporada
R. González Villarroel (197595 lecturas)

Los otros calibres que no son del 12
Pedro A. Suárez (154743 lecturas)

Diez razas de perros para disfrutar de la temporada
E. B. y J. A. C. (149553 lecturas)

Antes de salir de caza: ¿su escopeta le queda bien?
Gonzalo Gómez Escudero (112251 lecturas)

Rifles para caza mayor, pero... ¿Cuánta precisión se necesita?
Pedro A. Suárez (104316 lecturas)

En el número de noviembre:

  • ¿Qué pasará con la llegada de las aves migratorias?
  • Harris frente a azores para la caza de conejos
  • A los zorzales… sin olvidarnos de las perdices
  • Montear con tanto calor, un peligro para las rehalas

 

 

Indicios más comunes tras el impacto

Éstos son pelos, sangre, vísceras, huesos y líquidos internos. La presencia
y cantidad de cada uno nos ayudan a saber más o menos dónde hemos impactado. A modo de resumen, podemos agruparlos de la forma siguiente:

Tiro en el pecho: sangre roja, pelos largos y algún trozo de hueso de las
costillas, de tipo plano. Puede sangrar muy poco en algunos casos.

Tiro de pulmón: sangre de color rosada y con burbujas, pelos largos y algún trozo de hueso plano de la escápula.

Tiro de pata: sangre muy roja, más abundante si es un tiro en la pata que en la mano, pelos cortos y trozos de hueso más o menos grandes de tipo tubular y en ocasiones trozos de músculo.

Tiro de hígado: sangre muy oscura y abundante y pelos largos.

Tiro de panza: poca sangre, pelos largos y jugos gástricos acuosos y de color verdoso que pueden ir acompañados de materia sin digerir. A veces podemos encontrar trozos enteros del intestino que nos pueden hacer creer que el trabajo está hecho, y lo cierto es que he visto corzos sin la mitad de las tripas recorrer grandes distancias.

Si el corzo no está en el lugar del tiro o a pocos metros y hemos encontrado pruebas del impacto, entonces nos tocará empezar con el cobro, que es una de las partes más interesantes de todo rececho y que tiene su particular técnica.