El perro de sangre: Camino hecho y por hacer

Ya tenemos a nuestro perro, elegido con el mayor de los esmeros, grandecito, de complexión fuerte, capaz de aguantar largas jornadas de entrenamiento y de caza, alegre, vivo y con un carácter equilibrado que le hará entender unas cuantas cosas de la vida.

Juan Pedro Juárez | 28/06/2010

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La primera cosa que nuestro perro habrá entendido es que él es nuestro segundo de a bordo, que tiene una gran dependencia de nosotros y que, en su mundo de pasiones, compartimos la primera posición junto con su innata atracción por la caza. De ahí vendrá su obediencia que equilibrará la fama de cabezotas de estos perros. El equilibrio de su mente le hará soportar los momentos en que le dejamos solo y le hará diferenciar claramente esos periódicos abandonos a los que le someteremos, podrá chillar y aullar cuando le dejamos en casa, pero permanecerá callado y atento cuando le dejemos en el coche o atado en el campo.


Un terrón, sin sangre alrededor y con el rastro adulterado por el paso de una rehala, es lo que un gran perro encuentra, gracias a la experiencia y a sus recursos, acaba siendo un intestino grueso.

Aparte de todo lo anterior, nuestro animalito ya sabrá que no se deben dar tirones de la correa cuando se va paseando y que ha de caminar a nuestro lado sin molestar hasta que le pongamos el arnés, la campanilla, le animemos o, simplemente, le soltemos. Habrá perseguido animales vivos, que habrá asociado con ese olor a sangre que se ha encontrado esporádicamente. Del mismo modo, habrá mordido alguna pieza de caza ya muerta y, si ha sido un chico con suerte, habrá podido latir de parada a algún animal herido sin haberse llegado a asustar.

Ahora nuestro aspirante a perro de sangre, como muchos de nosotros, pensará que ya está preparado para el gran mundo de la caza en rastro de sangre. Pero lo que él no sabe, y yo recuerdo a los humanos, que sí saben leer, es que un can de dos años que nos cobre un par de bichos al año con un recorrido de unas decenas de metros, no es can ni perro ni animal ni bichito de sangre. Ya sé que hay muchos perros que con dos años ya han cobrado algunas piezas y han seguido un rastro de tiro de pulmón durante doscientos metros, pero, repito una vez más, eso no es un perro de sangre. Esos perros que todos tenemos y admiramos se ponen a dar vueltas sobre sí mismos en el momento en que el chorro de sangre desaparece. Nos quedamos sin perro en el momento en que la temperatura pasa de los veinte grados y si el hilo conductor de la sangre no es continuo, nos quedamos sin cobro. Por eso, repito, aunque lo creamos, no son perros de sangre aún.

¿Una utopía?

Un perro de sangre es algo más que un animal al que se le remueve el instinto cuando se le pone algo delante que le recuerda que es carnívoro. De modo que los podemos comparar con un gato, al que conocí, a quien su dueño enseñó a traerle un anudado de piel de conejo. Era un gato que traía lo que le tirases, pero no era un gato de cobro, al igual que yo sé dónde está la junta de la trócola de un coche, pero no soy mecánico.


La base fundamental del perro de rastro de sangre es la educación y la capacidad de asimilar cualquier tipo de entrenamiento al que se le someta.

¿Qué es lo que me diferencia a mí de un mecánico? Pues que después de muchos años de experiencia sabe diferenciar ruidos de desgaste de los de una avería; distingue los grados de viscosidad de los aceites; sabe dónde está la trócola en cada coche y, en caso de necesidad, conoce las diferentes alternativas para subsanar un problema; es decir, tiene recursos. Del mismo modo, un perro de rastro distinguirá la dirección del rastro, sabrá abandonar un rastro cruzado del perseguido, se fiará más de su nariz que de la evidencia de los trochiles y, cuando dude, se parará para que su guía le ayude. Pues si esto es casi imposible, imaginen cómo será si el perro va suelto. Y, evidentemente, si pasa con un animal de dos años será mentira.

No hay maestros sin maestro

Lógicamente, un perro, a pesar de que tenga unas cualidades innatas increíbles, cuando lo pongamos delante de un rastro, seguirá aquello que estimule más a su nariz, a su oído y a su vista, por ese orden. Ahora, situémonos en Ciudad Real, un 15 de julio, tras un corzo con un tiro en la boca o, más fácil, empanzado. Después de que veamos el disparo y los restos de contenido intestinal, tendremos una huella en la tierra seca, quizá paralela o superpuesta a la suya que, previamente, le ha acercado al lugar del disparo dos minutos antes, o mezclada con la de la corza a la que acompaña y con la de la rastra que, para no ser rebuscado, no será gemela.


Los franceses, como Guy, son unos grandes apasionados del rastro de sangre, y conocedores y discernidores de los futuros maestros.

Esa maravilla de dos años, con una carga genética de rastro de sangre innata monstruosa, lo primero que hará será buscar agua para aliviar sus dos palmos de lengua tras una hora de espera al sol, en la que habrá estado excitadísimo por la falta de costumbre. ¿Qué es lo que deberá hacer entonces nuestra máquina de rastrear? Muy sencillo, lo que su maestro, que es su guía, le indique. Y en ese caso el guía es el que tiene que saber lo que hacer. Por eso insisto tanto en el aprendizaje y en la educación del perro. Es este caso, si estamos seguros de haber acertado el disparo, lo más sencillo es soltar al perro, pero para eso ha debido de estar durante una hora callado, quieto y atento; y, como se supone que hemos entrado con el aire de cara, el olor lo habrá avisado y habrá tenido que estar aguantándose las ganas de ladrar y de tirar de la correa. Dudo mucho que un medio perro de dos años tenga tanta capacidad de aguante.

La dirección del rastro de sangre

Un buen día, cuando acudimos a un entrenamiento de baloncesto, encontramos en la pizarra, escrita en letras enormes que la ocupaban toda, la palabra “defensa”. El entrenador, cuando llegó, nos contó que quería, aquel día, enseñarnos la diferencia, en importancia, entre el ataque y la defensa. Para ello nos señaló un ángulo de la puerta en la que, en un espacio poco más grande que un pitillo ponía: “ataque”.


Los perros que, teóricamente, están muy preparados con dos años son ‘corretrochas’ y, a la hora de la verdad, caracolean porque pierden los rastros cada pocos metros, fruto de la falta de templanza por la edad.

Aparentemente, el baloncesto se basa en meter más canastas que el contrario, pero lo que trataba de decirnos el entrenador es que es más importante evitar que te las metan. Pues en esto del rastro de sangre lo más importante es el aprendizaje y la preparación del perro más que el seguimiento de la sangre en sí. Por eso, para tener un buen perro de sangre, antes debemos prepararnos nosotros. Y para ello lo que hemos de hacer es aglutinar y ordenar una serie de conocimientos y de experiencias que ya hemos pasado, pero a las que, seguramente, no habremos prestado la suficiente atención, y que, ahora que tenemos un pupilo, comienzan a revelarse con más facilidad. Un cazador de rifle es alguien que mira al mundo; uno de rastro, mira al suelo.

Siempre me han impresionado los sabueseros del norte, mejor dicho, los monteros, que es como allí les llaman. No hablo de los que sueltan doce sabuesos, los dejan cazar y luego los recogen tras dos o cuatro horas de campeo canino sin control. Y les voy a contar cómo cazan, porque creo que es fundamental a la hora de cazar con la traílla en la mano y siguiendo una rastro.

Desde el principio

El montero se levanta, coge al mejor perro y se va al monte o “mata” en busca de una huella o “demanda”. Si tal demanda es fresca, clara, calienta al perro y se adentra en el cazadero, avisa a los partícipes de la cacería y es él quien les indica dónde colocarse, porque conoce las carreras y las querencias de los jabalíes. Una vez colocados los tiradores, y según la zona, junto con otro par de monteros colocan a los perros sobre las demandas que han encontrado. Siguen a su perro traílla en mano, identifican e interpretan cada gemido, cada latido y cada ladrido del perro y, cuando entienden que el can lleva al jabalí cerca, lo sueltan para que lo acose y que, con su latido, avise la distancia que hay del perro y de la pieza a las escopetas y, evidentemente, de su dirección.


Un rastro de los de ‘maestro de dos años’. Sobran las palabras, el trozo de grasa se veía desde los doscientos metros.

Cuando el jabalí llega a las escopetas, tras el disparo, se intenta detener al perro y se espera a que llegue el montero para que, una vez más, coja otra demanda y comience otra vez la cacería. Los monteros de toda la vida distinguen la huella de una hembra de la de un macho, distinguen el peso e, incluso, la calidad del trofeo. Todo esto les sirve para la caza, pero también, en gran medida, para el entrenamiento y la preparación de los jóvenes, ya que, por ejemplo, no es lo mismo dar suelta a un perro joven tras una hembra que tras un macareno.

Así pues, deberemos tener paciencia en nuestra propia educación y, tras ello, poner en marcha esa pequeña escuela de caza que nos transportará a la posesión de un verdadero perro de rastro de sangre.

Juan Pedro Juárez González

6 comentarios
28 jun. 2010 16:29
fausalva
fausalva  
Sólo un lunar, que es este párrafo (a mi modo de ver, sobraba):

"No hablo de los que sueltan doce sabuesos, los dejan cazar y luego los recogen tras dos o cuatro horas de campeo canino sin control."

Saludos.
29 jun. 2010 19:21
lbarata
Que hay perros de rastro, o de rastro de sangre o de lo que sea, que si lo hacen muy bien lo que en este articulo se habla que no. Comparatibas con gatos o perros de rastro caliente,doce sabuezos cazando, falta de interés, tiros en la boca, no sé qué dos anõs... Perdón pero el tema no se ha centrado en el perro de sangre y incluso se habla algo disperso y con poca confianza. Así no. Y perdonad el comentário, sin ofensa.
Un saludo,
Luis Barata
02 jul. 2010 12:31
Kachi
Kachi  
Pues señor Juarez permítame que le diga algo, está usted a años luz de saber como cazan los sabueseros del norte de España que por cierto le indico no es nada novedoso porque ya los Limiers del Rey Luis de Francia utilizaban sabuesos de “concertar” para apartar a las piezas que deberían ser objeto de la persecución.

Desde luego tildar como el mejor sabueso al que por aquí se denomina “El de traílla” o comúnmente “El de rastro” es cuando menos precipitado, ese perro hace su trabajo y en un 90% de los casos jamás, sí lea Vd. bien, jamás se suelta, sencillamente se localiza el encame de las piezas, primero la entrada y luego se voltea la mancha para confirmar que no han salido, se arman las posturas y se suelta el resto de “Tropa”, a partir de aquí hay otro trabajo, unos perros que desencamen, otros que acosen, otros que sigan…., al sabueso de traílla solo se le pide una cosa, que tenga una nariz prodigiosa, pero en muchos casos se obvian otros detalles que distinguen la línea entre un buen perro de caza y un perro mediocre, el valor, la pasión, la inteligencia, incluso le diría que se ven mucho perros de cuerda (o traílla, o rastro como Vd. quiera) con taras físicas, conozco muchos casos de perros con problemas en las patas porque así no van a reventar al cazador que lleve el trallo, otros buscan perros flojos de voz porque así no van a desencamar la piezas y a partir de aquí daría mucho para escribir todo un artículo sobre cómo se caza en el norte o mejor dicho…como se cazaba.

Si estoy de acuerdo en que al principio de la tralla debe ir un cazador experimentado, también distinguen los rastros pero eso es sencillo y obvio si se dedica a este tipo de caza, ahora perdóneme Vd. porque aunque sí es fácil acercarse al peso del animal adivinar el porte de su trofeo es una quimera o una baladronada pues ya que nos referimos al norte en la mayoría de las ocasiones el peso de un jabalí no determina los puntos de su trofeo.

Ahora la sangre:

Lo único que hace diferente de otro tipo de rastro el de sangre es lo escandaloso que esta resulta y le aseguro que como en la mayoría de los casos el sentido de la vista, que es el que suele utilizar el cazador, resulta engañoso.
El perro no sigue la sangre, la sangre huele a sangre, el perro sigue las emanaciones que suelta la pieza herida, lo que hay que enseñarle al perro es a seguir el rastro en el que le hemos puesto, algo exactamente igual a lo que hace un sabueso de concertar, el perro sabe lo que sigue, sigue a una pieza que huele a esa pieza pues el olor es una característica personal y cada animal tiene su propio olor individual que lo hace diferente del resto, para nosotros un corzo huele a corzo, pero el perro cuyo mundo gira en torno a su nariz, sabe diferenciar ese corzo de otro.
Las piezas heridas tienden a complicar el rastreo porque sencillamente intentaran utilizar todas las argucias posibles, cruzaran sobre otros rastros, harán contrarrastro, darán un salto aquí y allí, el rastro de sangre, a diferencia de ese rastro que se sigue para apartar una pieza, posibilita confirmar (si va dando sangre) que vamos por buen camino y que no tomamos un rastro equivocado, el adiestramiento pues es más sencillo que el de un buen sabueso de concertar, aunque a un sabueso de jabalí (por poner un ejemplo) se le enseñara a obviar rastros de otras especies pero nunca se intentara hacerle seguir un animal concreto de una piara, sencillamente porque no interesa, he aquí la diferencia con los perros franceses de antaño donde sí les exigían apartar un ciervo concreto de una manada.

Yo creo que el artículo va muy dirigido a los rastros calientes, a esos cazadores que llevan un perro al puesto y al terminar la montería pistean piezas que han herido o hacen comprobaciones de tiro (que también para esto se utilizan los perros rojos), tampoco estoy de acuerdo en lo de la edad pues un perro que se adiestre para seguir piezas heridas desde temprana época ira adquiriendo rápidamente esa costumbre y cuanto más complicado resulte el pisteo mucho mejor y no se lo digo desde la teoría sino desde la parte practica, es más yo aconsejo comenzar con los perros jóvenes y desde los seis meses irlos poniendo en contacto con rastros calientes de caza salvaje.

Hoy hay mucha gente con amplios conocimientos del tema, incluso hay asociaciones que nos hacen ahorrar mucho tiempo desasnándonos, evitando que caigamos en errores que por desgracia los que hemos sido autodidactas hemos cometido, no es lo mismo partir de cero que comenzar con un grado de conocimientos y avanzar en una dirección, sin embargo para mí ha sido bonito aprender a rastrear la sangre a base de ir corrigiendo errores pues eso me ha supuesto trabajo y esfuerzo que a la postre siempre ha dado algún beneficio.

Le aseguro señor Juarez que lo mejor es hacer pocos pisteos al año, sobre todo en el caso de un cazador que tenga su propio perro, cuantos menos fallos siempre es mejor, el perro de sangre aparece para remendar el entuerto que supone un mal tiro, pero aún si solo hacemos dos rastros al año, habiendo trabajado bien nuestro perro el primer año de vida, obtendremos muchas satisfacciones, además ese perro debería ir siempre con el cazador, debería comprobar el tiro y llegar ambos a la pieza, el perro comprenderá lo que viene detrás de la detonación, le motivará y hará que cuando sea necesario hacer esos dos rastreos cumpla perfectamente.

Sería farragoso y complicado hablar de rastros, tiempo, perros, training, tiros, utensilios…para eso le recomiendo la Asociacion de Perros de Sangre donde hay excelentes artículos sobre el tema y verdaderos expertos, que contestaran nuestras dudas.

Un saludo.
05 jul. 2010 09:33
Pitu
Buenas, sigo valorando su esfuerzo pues como le dije, escribir de algo lleva su tiempo y esfuerzo y éso es valorable. Respecto al contenido del artículo, continúo opinando lo mismo: induce más a errores en el cazador novel que otra cosa.

No entro a valorar sus opniones sobre los perros de rastro, monteros, etc... son sus opiniones y nada más.
Tampoco se muy bien lo qu epintan gatos y esa edad frontera de dos años para el perro.

Respecto al contenido del artículo, algunos matices:
Si el perro aúlla en casa al quedarse solo, tenga por seguro que lo hará en el puesto.

Habla de Guadalajara en julio y no se qué más, en ésas fechas seguir un rastro rojo se deja para la tarde-noche o madrugada siguiente, con la fresca caramba, que no se me ocurriría poner un perro en rastro a las 12:00 de la mañana en pleno verano que es algo de sentido común.

Deduzco por sus comentarios que siempre defiende tener el perro en el puesto o en nuestra compañía, supongo que a imagen de muchos "monteros" que mantienen su perro en la postura para que al terminar la montería despeluchen gorrinos en la junta de carne mientras todos opinan sobre la "afición" del animalito. Pues craso error mirer Vd, el perro debe permanecer en su casa, transportín.... y sólo salir cuando haya necesidad de sus "servicios", el perro en el puesto suele pintar poco y estorbar mucho.

Mire, los que realmente saben de rastro rojo defienden un ritual a seguir en caso de pistear sangre y siempre el mismo ritual para crear la asociación en el perro: el perro utiliza un collar especial que ya ha asociado con el pisteo, sólo son perros de sangre, no participan el "perseguir" animales vivos, se pistea en las condiciones más favorables posibles para conseguire el éxito, etc...

Mi recomendación es que acuda a la abundante bibliografía existente sobre el tema o a alguna asociación especifica para que le alumbren y consiga variar un poco su praxis. Por cierto, opino sobre los articulos porque entiendo que si los ubican en este medio es para que los demás opinemos al respecto.
Saludos
10 jul. 2010 00:23
Azul
Azul  
Primeramente decir que no conozco el mundo del rastro de sangre ni tampoco acabo de entenderlo del todo, no deja de ser muy curioso que para hacer rastro de sangre sirvan tantas razas de perros tan diferentes entre sí mientras que para atraillar sirven muchas menos y dentro de ellas pocos individuos. Nosotros no tenemos perros específicamente de sangre; cuando hay un jabalí herido si es grande y se pueden parar los perros simplemente se deja pasar tiempo para que se pare y enfríe, se atrailla el sabueso y se sigue, pero la secuencia es relativa, "todo depende". Si no es grande se deja hacer a los perros. Pueden suceder cosas raras en estas lides pero en muy escasas ocasiones.

He leído esta serie de artículos y no he comprendido qué quiere transmitir su autor. Me parece mucho más interesante sobre el rastro de sangre leer cualquier fragmento del "Arte y Dignidad de la Caça" de Juan Mateos, sabuesero extremeño al servicio de Felipe IV.

Como ha dicho Fausalva no comprendo muy bien qué quiere decir Juárez en la frase que él refleja.

Por otra parte me parece justo hacer tres puntualizaciones:

1.- El autor creo que puede hacer más bien referencia a la caza a traílla del jabalí en parte de Asturias y Santander.
2.- Kachy creo que se refiere principalmente a la caza a traílla del jabalí en Galicia.

Aunque se caza a traílla en los tres sitios no se caza igual en todas las comarcas, en unos sitios lo más normal del mundo es soltar el perro de cuerda y en otros sitios depende del dueño, en unos sitios se emplaza y en otros (a pesar del uso de la traílla) no.

3.- Un perro de cuerda es, en mi modesta opinión, mucho más que una gran nariz, necesita de más cualidades para llegar siquiera a servir. Por otro lado, siempre desde mi opinión, quizás es más una cuestión de cabeza que de nariz.

Respecto a lo que ha dicho Pitu, yo si me dedicase a recechar, esperar o a pistear recechos y esperas de otros y tal y tal... ese perro mío lo llevaría conmigo hasta a cagar, trataría de que estuviese conmigo todo el tiempo posible, por supuesto incluso en el puesto, el rececho, la espera o lo que fuese. Si conoces al perro y el perro te conoce sabrá perfectamente con el tiempo cómo comportarse según la situación, seguramente hasta mejor que nosotros mismos. Recuerdo que cuando mi padre fue hace años a por un macho montés coincidió en la reserva con otro cazador que llevaba un fox-terrier y le llamó la atención el perfecto saber estar del perro, que era utilizado para el rastro de sangre. Pero bueno, repito que son opiniones personales sin praxis específica, solamente la que da cazar jabalí con ayuda de perros atraillados, que no es lo mismo ni seguramente parecido.

Saludos.
16 jul. 2010 22:41
Pitu
Hola buenas, como dije sobre los perros de rastro, sabuesos..... no entro son opiniones.

Por alusión y respecto a llevar el perro al puesto sí opino. Puede llevar el perro a "cagar" como dice el opinante anterior porque cada uno hace con sus detritus lo que mejor gusta.
El perro en un puesto de espera nocturna no pinta mucho, si pinchamos bicho tendriamos que pistearlo de noche, desaconsejado pues si es jabalí puede dar un sustillo y si es otra res lo más fácil es que si anda con fuerzas el oir jaleo sobre sus pasos le de fuerzas para seguir y nos complique el cobro, por ello mejor esperar a la mañana siguiente así que el perro poco pinta en el puesto a menos que se nos afloje el esfinter claro.
Si lollevamos de montería, casi lo mismo. Hasta que no termine y se recojan las armadas no empezaremos el pisteo por lo que el perro a nuestro lado atado a la carrasca lo más facil es que incordie y sea incordio gratuito pues no va a poder salir hasta el final, con lo que en el transportin estara tan ricamente y nosotros tambien.
Si vamos de rececho, el perro a nuestro lado pero eso no es ir de puesto.

Por todo ello opino que el perro en el puesto pinta poco. Lo de la cagaleta pues allá cada cual si le motiva el esfinter puede llevarlo pero éso son casos contados, el resto de casos perrete al VariKenel.
Saludos

 

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