La culata del rifle

Siendo la pieza que define el uso que podremos hacer de nuestra arma, en nuestro país se suele ignorar por completo a la culata; se asume que es un componente del arma como su calibre o peso, y se admite como viene, sin más.

Pedro A. Suárez | 02/03/2009

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Y nada más lejos de la realidad. La culata es el nexo entre el rifle y el tirador y se debe adaptar a cada uno: al rifle en lo funcional y al cazador en su ergonomía y estética. Bajo esta óptica, si algún adjetivo le cabe, éstos son dos: humildad y discreción.

Estas dimensiones son diferentes si se trata de escopeta o rifle, incluso para un mismo cazador

Discreción porque, a diferencia de lo que sucede en una escopeta, en el rifle (salvo excepciones) la culata no llama la atención ni por su estética ni por su acabado. Existen pocas maderas que proporcionen buenas culatas: haya, boobinga, gonçalo álvez, mirtle, maple y caoba. Pero si lo que se pretende es una de calidad, las posibilidades se reducen: se puede elegir entre un trozo de nogal... y otro de nogal. Pero la ironía anterior no es tanta: hay varios tipos de este árbol y, dentro de ellos, hay una clasificación por sus características. El grado de humedad remanente, estabilidad, pastosidad, facilidad para el trabajo de ebanistería, oleosidad, que no levanta pelusa, son algunas características que hacen de esta madera la más idónea para la confección de culatas.

En la estética

Con las ramas gruesas —cortadas cerca del tronco— se hacen las culatas normales, para los rifles comerciales: lisas, homogéneas, con buen brillo y notándose algo el poro. Las encontramos de fábrica BRNO, Remington, Ruger, Winchester, Mauser, Luger, etc. De la madera del tronco —desde el primer metro hacia arriba— se hacen culatas más elaboradas que ya suelen tener corona al estilo bávaro (lomo de jabalí) y una carrillera suave. Tienen un leve veteado que al lustre gana mucho, admiten un buen sellado del poro, son más resistentes al uso, estables ante el paso del tiempo y agradecen mucho la restauración. Las encontramos en rifles Sig, Sauer-colt, Mauser, Sako, Blaser y otros ejemplares de este segmento un poco más caro.


En la foto se aprecia claramente la pronunciada caída de este monotiro con culata estilo “Bavaria”, comúnmente llamada lomo de jabalí.

Con la última parte del tronco —hasta el nivel del suelo— se obtienen las más finas: las vetas afloran nítidamente y la terminación es de un brillo satinado. Esta sección del árbol se denomina pedul y su característica es que una vez trabajado, grabado y lustrado, se vuelve más estable y resistente a medida que se seca y pasa el tiempo; por eso se elige para las armas de elevado precio y artesanía. No es raro ver culatas de éstas con segrinados para el agarre en ambas manos de hasta diez, e incluso doce rayas por centímetro, que merced a la consistencia de la materia prima mantienen durante decenios los afilados diamantes de origen. Para ver alguna hay buscar en Holland & Holland, Krieghoff, Merkel, Junot… y son piezas raras, escasas y muy caras. Más raro aún es ver una culata de rifle hecha en la madera de un nogal, que está por debajo de la tierra; con ella se hacen las culatas de escopeta ostentosas, que muestran una imbricada maraña de vetas en diferentes tonos y colores. Una vez seca se vuelve muy estable y resistente, ideal para las armas de cartucho que son tan delgadas en la empuñadura. Cuando son finas de verdad no llevan cantonera y es pecado grave ponerles anillas para la correa. Con lo dicho es evidente que, a pesar de las cualidades apuntadas, a diferencia de las de ánima lisa, las culatas de los rifles rara vez llaman la atención: las mejores que hemos visto siempre han coincidido con ser las más discretas.

La funcionalidad

En este apartado es donde se nota la humildad. La culata tiene incidencia sobre la velocidad de encare, la precisión, la pegada del retroceso, el peso, el balance, la repetición y varias otras cosas más o menos importantes. Disparar con rapidez y precisión necesita de un encare del arma en las mismas condiciones; esto sólo se consigue si el rifle va automáticamente a su posición cuando el cazador lo levanta, y para ello deben estar perfectamente reguladas dos dimensiones: la distancia al gatillo y la caída.


Culata con poca caída y carrillera muy alta; sólo se saca buen partido de ella con el uso de un visor.

La distancia al gatillo se mide desde el centro de la cantonera y ésta es la misma para cualquier arma que posea el cazador, siempre que sea de este tipo que estamos tratando. Es importante considerar el tipo de arma, ya que estas dimensiones son diferentes si se trata de escopeta o rifle, incluso para un mismo cazador. Como nuestro país ha sido tradicionalmente de escopeta, conocemos el método de apoyar la cantonera dentro del brazo con el codo flexionado y comprobar que el gatillo queda a la altura del dedo. Pero con el rifle, se coge con la mano izquierda el mango suelto de una escoba, como si de una culata se tratara, apoyamos el extremo posterior en el hombro en posición de disparar, estiramos el brazo derecho cuan largo es (hacia el lado derecho, no hacia adelante) poniéndolo totalmente horizontal, doblamos el codo en ángulo recto para que la mano derecha quede paralela a la culata y, sin mover su posición, cerramos el brazo hasta poder agarrar el palo y vemos dónde cae la última falange del dedo índice que presionará el gatillo —lo ideal es poner un clavo que haga las veces de gatillo en ese punto—. Mediremos cuántos centímetros hay desde ese punto hasta el extremo y ésa será nuestra medida para siempre. Si falta culata, será limitante hasta un máximo de dos centímetros: puede agregar una cantonera más gruesa. Pero, si sobra, ¡córtela! Tres cosas a tener en cuenta: esta medida no cambia si la persona engorda o adelgaza porque está definida por el largo de brazo; la distancia será siempre un poco menor que con la escopeta, porque con el rifle se tira un poco de lado y en una posición más erguida; y ésta es la distancia máxima que puede tener (incluyendo la cantonera), porque corresponde a nuestra dimensión corporal.

La caída

La otra medida que nos hará tirar rápido y bien es la caída, y es la diferencia de altura desde la línea del cañón hasta la parte superior de la cantonera. La función es conseguir que, cuando apoyemos la culata en el hombro, las miras queden delante del ojo sin que tengamos que meter la cabeza ni asomarnos. Para comprobarla, con los ojos cerrados levantamos el arma manteniendo nuestra posición en la misma postura que tendríamos si, caminando por el terreno de caza, detenemos de pronto la marcha; sin abrirlos, llevamos la culata al hombro y nos disponemos a tirar; abrimos el ojo y vemos por dónde están las miras: por debajo, necesitamos más caída; por encima del ojo, menos.

Arriba, fantástica culata de pedul hecha a medida, sobria, discreta y funcional, para un .458 Win. Mag. Abajo, invirtiendo la posición de un rifle es cuando se nota la verdadera magnitud de la caída de la culata.

Lo que determina la caída para cada uno es el largo de su cuello. No obstante, cuando se monta un visor, debido al incremento de las bases, se modifica la altura total del sistema de puntería, y con ello la caída, así, el cazador coloca el arma más abajo para poder ver por el visor y, en consecuencia, la culata se despega de la mejilla, que queda en el aire. Esto es lo que se trata de corregir cuando se pone el lomo de jabalí para que suba la corona, la manera de ir a buscar la mejilla que anda por allá arriba. Otras tres cosas a tener en cuenta: las correcciones de caída deben hacerse siempre con la distancia al gatillo ya corregida; para tirar con miras abiertas, olvídese de las carrilleras y lomos de jabalí; y, por último, con los visores van muy mal las culatas rectas.

La precisión

La caída es la diferencia de altura desde la línea del cañón hasta la parte superior de la cantonera

El mayor rendimiento se consigue permitiendo que la parte de metal —el conjunto cartucho-mecanismo-cañón— ofrezca lo mejor de sí, y para ello concurren la puntería estable y la libertad de vibración.

Lo que en realidad dejamos inmóvil, apoyamos y controlamos es la madera, capaz de absorber vibraciones y que nos proporciona un apoyo elástico, pero firme, que es preciso trasmitir al metal, y esto se consigue a través de los encastres.

El vaciado para alojar el metal debe ser lo más preciso, de manera que toda la superficie de ambos esté en contacto. Este contacto debe ser total, firme y sin tensiones, lo que implica que, además de estar perfectamente ejecutados, la madera debe estar exenta de tensiones y ser estable con el paso del tiempo para que no se revire. En estos encastres el metal va firmemente apretado hasta tener una unión sólida —hay que comprobar una vez al año el apriete de los tornillos de fijación—. Con esta unión el rifle dispara como lo hace un cañón sujeto por un punto a su bastión, pero con el tubo en el aire. Es importante que el soporte, en ambos casos, sea firme para que la puntería sea estable. Una vez conseguida esta estabilidad elástica (que no rígida) es necesario que el cañón pueda vibrar a sus anchas para que tenga un comportamiento regular.


Culata tipo “Montecarlo” con carrillera decreciente (nótese la inclinación hacia adelante) para miras abiertas o convencionales.

Cuando la bala avanza por el cañón éste no permanece inerte: vibra con un movimiento similar al de un gusano que, al avanzar ondulando su cuerpo, además se retorciera sobre sí mismo en cada onda. Si estas vibraciones no son interferidas por ninguna otra, serán las mismas para cada tiro; pero si alguna otra interfiere, la precisión se rompe. Para conseguir esto se hace que los cañones vayan flotantes en la culata, pero aparece un problema: debido a la elasticidad de la madera, el soporte sería inestable. En otras palabras: al poner el rifle de lado, el cañón se vuelca. Para remediarlo se busca algún punto de la longitud del cañón donde las vibraciones se neutralizan (un nodo) y, por tanto, no afectan a la precisión, para apoyar allí la delantera de la culata. De esta forma todo el conjunto queda rígido.

A tener en cuenta: la culata juega un papel importantísimo en la precisión. ¡Nunca! se debe cortar el extremo delantero de una culata (para eso se necesita ser más que un armero experto: ser ¡un experto entre los armeros!).

Del retroceso

La culata descompone el golpe seco del retroceso en tres andanadas sucesivas de menor cuantía

La culata incide sobre gran parte del retroceso. Al disparar, el empuje va recto hacia atrás por cañón y mecanismo, pero esto en el hombro es desagradable. Así, la culata redirige esto hacia abajo a través de la empuñadura y la caída, descomponiendo la fuerza en dos direcciones: una, que conserva la mayor parte de la energía en línea recta, y otra más suave inclinada hacia abajo hasta el hombro.

La segunda —más suave— es la primera que sentimos, pero como es progresiva y poca, la toleramos muy bien. Entre tanto, la bala ha salido volando y la otra fuerza ha llegado al hombro. Sólo que una tercera parte de ella se ha consumido durante el primer empellón; por tanto, nos llega disminuida. Pero teniendo en cuenta que con esta fuerza el cañón pretende desplazarse hacia atrás por una recta que pasaría por encima del hombro, pero que no puede hacerlo porque está apoyado, se encabrita y salta: es la reelevación, lo desencara el arma tras el tiro.

Nótese el balance de este rifle apoyado en un tablero de 10 mm, que tiene su culata hecha a medida para su propietario.

También la reelevación ha consumido una gran parte de la fuerza del retroceso, llevando hacia arriba las manos del tirador, además de un arma que pesa tres kilos y parte de parada; así que, ya queda menos todavía para que nuestra clavícula se ocupe de ella. Cuando, por fin, la última y agotada energía llega al hombro, ha transcurrido el tiempo corto, pero suficiente, para que la primera y segunda se hayan evaporado.

Así, la culata descompone el golpe seco del retroceso en tres andanadas sucesivas de menor cuantía, aplica progresivamente la pegada descompuesta y alarga en el tiempo la incidencia del retroceso. Si no fuera ella, el límite de retroceso que soportaríamos serían el .400 y .410. Con los .450, .500 y .600 sufriríamos lesiones, y un .700NE se rompería el hombro.

Otras cuestiones

En este Mauser de francotirador de 1908 —desmontado al efecto— ya se aprecia la importancia del perfecto ajuste de los encastres.

La culata también tiene relevancia sobre otros temas relacionados con sus dimensiones. Algunas de éstas son inamovibles (por nuestras dimensiones corporales), pero otras admiten ciertas tolerancias: el grosor de la caña por donde asimos con la mano delantera tiene que permitirnos cerrar la mano lo suficiente como para que la reelevación no nos arranque el arma, pero no tanto como para que los dedos se cierren sobre el cañón; se debe usar la más corta posible —una culata larga pega mucho más—; y, por último, cuando está en sus dimensiones, el centro de equilibrio del arma debe caer entre las dos manos (por debajo del cargador).

Pedro A. Suárez

3 comentarios
19 abr. 2009 21:19
sondocu
encuentro a faltar en este articulo
la ventaja de la culata, no se comenta
07 jul. 2009 10:41
ltz
podia el autor esplicar como se toma la medida
de la distancia de la culata.
si una silueta o algo es complicado de sacar.
No se podria medir con el rifle directamente?
gracias.
08 jul. 2009 19:06
CANELA2027
Estoy esncantado con vuestras respuestas y me gustaria me aconsejarais sobre mi pregunta.
Soy cazador de 60 años y tengo creo un defecto desde los 20 años.yo encaro a la pieza y la veo casi un palmo por encima del punto de mira ahora estoy tirando al plato y levanto la cara para verlo por encima del punto y fallo bastante como tengo que llevar la culata tengo una beretta con culata regulable y unos me dicen una cosa y otros mas baja o mas alta. muchas gracias y un saludo

 

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