El valor de un rifle

Son pocas las veces —casi ninguna— que los comerciantes nos indican las verdaderas cualidades técnicas de un arma. Incluso los propios fabricantes no se prodigan mucho en ello. Pero en ningún arma como en el rifle, la calidad se concentra en tan poco volumen.

Pedro A. Suárez | 09/12/2008

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El 70% del valor del arma se concentra en la reducida zona alrededor de la recámara donde se unen el cajón de mecanismos y el cañón

En una escopeta la culata es parte del arma. En la pistola hay sólo cachas de madera o plástico para mejorar la empuñadura, siendo que el propio armazón aloja la alimentación. En el revólver también son simples cachas de empuñamiento. En ambas se puede disparar asiendo por el metal. Ya hemos dicho en anteriores oportunidades que la culata del rifle debe ajustarse a las medidas del tirador pero es una pieza funcional. No es operativa. Es decir, un rifle sin culata dispara, se vuelve a cargar, tiene precisión, mata la pieza y es totalmente operativo. En conclusión: el verdadero valor de un rifle ¡tampoco está en la culata!

Precisamente…

Todo en este tipo de arma se hace para conseguir un objetivo: la precisión, que comienza en el estriado que es donde se empieza a gestar el valor de un rifle.


En esta imagen vemos un ajuste perfecto, la recámara aparece alineada con el eje del ánima y el contorno del cañón.

Hay dos formas de hacer el estriado de un cañón: por forja y por corte. El forjado se hace introduciendo un molde negativo dentro de un tubo de acero que se convertirá en el cañón. Luego se somete a un severo compactado, del orden de las 200 toneladas, hasta que el acero hiende los valles entre las estrías del cañón, formándose el ánima. Este sistema no consigue que las aristas de las estrías se formen con afilados bordes imprescindibles para la mayor precisión, pero a cambio le confieren una vida más larga y resistente a la corrosión de todo tipo, debido a que el material se aprieta entre sus moléculas haciéndose más duro e impermeable. Así, estos cañones son ideales para la caza intensiva.


Todo en un rifle —cajón de mecanismos, orificio de percusión, rosca, y montaje del visor— debe estar centrado, alineado y paralelo.

El otro modo es mediante el corte de las estrías con una brocha. Ésta es arrastrada (literalmente) por el interior del cañón de manera que va cortando el material sobrante y dejando las estrías al descubierto. El brochado deja unas estrías más blandas y propensas al desgaste que las efectuadas por forjado, pero a cambio la precisión es superlativa debido a la gran nitidez y precisión de las mismas. Los proyectiles se hieren muy claramente en sus filos y no existe escape de gases. Su enemigo es la temperatura de combustión, por eso para rifles destinados a pocos disparos en caza para rececho —y si es con tiros largos, mejor— es donde mejor se desempeñan.

El brocal


Nótese el perfecto centrado de una vaina nueva, y la luz al centro del orificio de ignición.

Es el factor que precede en importancia al estriado siendo más importante que éste. Cuando la bala abandona el cañón, sufre un pequeño colapso de estabilidad porque pierde contacto, como si saltáramos de un coche. Si en ese momento no se despega toda la circunferencia de su base, la parte que todavía esté en contacto sellará la salida de los gases de explosión de ese lado, mientras que la que está separada los deja pasar. Por allí se produce un jet parecido al motor de un avión. Este soplido empuja la base del proyectil hacia el lado contrario, desviándolo. Es importante que el brocal termine ¡perfecto!, centrado, parejo y perpendicular al ánima.

Pero el estriado y el brocal en conjunto pueden cuantificarse en el 20% del valor del arma. La culata es otro 10%. El 70% restante se concentra en la reducida zona alrededor de la recámara donde se unen el cajón de mecanismos y el cañón. Comparativamente, esta parte de un rifle es la más cara.

La recámara


La culata, aun en un caso como éste de factura a medida, aporta un valor relativo al rifle.

Necesita estar perfectamente tallada en tres aspectos: tamaño, centrado y alineación. El tamaño de la recámara es parte de lo que determina la carga máxima de un cartucho. Cuando es muy grande respecto al cartucho, éste se dilata velozmente cuando se produce la explosión hasta que sus paredes golpean contra las de la recámara. En ese momento se frenan bruscamente y se produce un pico de presión hasta que la punta empieza a moverse. Primera cuestión: cuando la recámara está sobredimensionada —y nos referimos a ¡dos décimas partes de milímetro!— el cartucho no tolera cargas potentes. Lo más frecuente es que se encasquille, pero puede llegar a romper la vaina produciendo graves daños.

El centrado necesario es con respecto a la circunferencia exterior del cañón. Esto es así porque si está descentrada, cuando el cierre empuja la vaina, ésta encuentra dificultades para la alimentación, arrastrándose sobre las paredes de la recámara al entrar, lo que provoca pequeñas ralladuras y deformaciones que pueden gripar la vaina en la recámara.


Restos de la última vaina disparada gripados en la recámara de este cañón, finalmente retirado del servicio por tener la rosca fuera de paralelo axial con el ánima.

La alineación debe ser con respecto al estriado. El eje central del cartucho —aquél sobre el cual sería capaz de girar sin sobresaltos— se debe prolongar exactamente sobre el eje del ánima para que el proyectil pase de uno a otro sin alteraciones. Es fácil pensar que si está torcido se notaría —no entra o lo veríamos al extraer la vaina disparada—, pero no es así: lo único que sucede es que se pierde precisión. Nada más que sea apreciable a simple vista.

La recámara es una parte muy importante del valor de un rifle, digamos que es otro 30%. Falta un 40%, ¿dónde buscarlo? Pues, en un sitio retorcido.

La unión


Detalle de un rifle BRNO donde el orificio de la recámara aparece perfectamente tallado, sin imperfecciones.

Todo lo que hemos visto es parte del cañón, pero éste tiene otra cosa importante: la rosca.

Sólo necesita estar centrada, pero ¡cómo! Tiene tres cotas de centrado que debe cumplir: con respecto al eje del ánima, en referencia al cuerpo de la recámara y axialmente. Vamos por partes.

El eje del ánima es una línea imaginaria que discurre por el centro exacto del interior del cañón.

Pero la rosca está por fuera del cuerpo del cañón. Si ambas magnitudes no están centradas, si la rosca discurre en ángulo con el eje del ánima (décimas de milímetro) hacia la derecha, cuando apuntamos por el visor a medida que el tiro se aleja impactará cada vez más a la derecha. Si corregimos la retícula para que el rifle quede a tiro (a cien metros), veremos que por debajo de esa distancia funciona bien, ya que la diferencia es tan poca que está por debajo de la desviación propia del arma.

Pero cuando va creciendo la distancia al blanco por encima de esos 100 m, el desperfecto se duplica. La razón es: la línea de puntería del visor es recta y se desvió también a la derecha para coincidir con el impacto a 100 m; pero a 200 m la línea de puntería que siguió recta, se alejó cada vez más a la izquierda, igual que la otra se desvió hacia la derecha. Al sumar esta última desviación, resulta el doble.


En esta imagen, los rifles monotiros tienen las mejores recámaras, éstas no van enroscadas en el rifle, sino que forman parte de él.

Con respecto al cuerpo de la recámara, debe estar perfectamente concéntrico porque, si no, el cartucho se alojaría desplazado del centro y esto es malo: por un posible fallo de ignición y porque en este caso el culote apoya torcido sobre la cabeza del cerrojo y la vaina se apoya sobre un lado de la recámara dejando toda la holgura en el contrario, y, además, la punta toma las estrías por un sólo lado en primera instancia. Axialmente debe coincidir porque si no, el culote (aunque esté al centro) se atraviesa y la cabeza del cerrojo no toca pareja en toda la circunferencia de la vaina, como debe ser. Si esto sucede, la vaina se tuerce y deforma en la parte posterior generando picos de presión y situaciones peligrosas. Le adjudicaremos a esto otro 30% del valor de un rifle. Así que nos falta encontrar otra décima parte del valor, pero no hay que buscar muy lejos. Está ahí mismo.

El tiraje de recámara


Diez centímetros de rifle que concentra la mayor parte de su valor.

Cuando el cartucho entra en la recámara, ésta debe recibirlo haciendo contacto en toda la superficie de la vaina, pero sin apretar. A continuación, el cerrojo debe tocar la cara posterior del culote, pero sin hacer presión. El contacto entre ambos debe ser de tocar no de apretar. Tanto si está muy suelto como si está muy prieto, se verifica el mismo error: si dos cartuchos tienen las mismas dimensiones interiores y exteriores, y tienen también la misma carga, las puntas son iguales en forma y peso, y las presiones que levantan son las mismas porque la vaina está sometida a las mismas contenciones, entonces los disparos serán todos iguales. Y esto es la precisión. Básicamente, podemos decir que el tiraje está bien cuando el cerrojo cierra suave con el cartucho en la recámara, pero no tolera una oblea de papel pegada al culote.

Por increíble que resulte, las tres cuartas partes del valor de un rifle se concentran en los diez centímetros que van desde la mitad del cerrojo hasta el extremo de la recámara.

Pedro A. Suárez

1 comentarios
30 mar. 2009 16:52
nikos2
todo esto q comentas, lo entiendo y lo comparto,pero yo te pregunto: ento no sucede en un rifle momotiro, ya que estan fabricadas de una misma pieza no? digo esto pq no se necesita realizar dos roscas, cañón y recamara, que por muy fino que sea el tornero de turno las roscas necesitan un juego para poder unirse entre si no?.
perdón otra cosa que no tengo clara, sabes algo de vuelo libre de la bala? gracias

miguel

 

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