Líos de recámara

En la caza menor, el cartucho es el gran ignorado, así que... ¿por qué no hablar un poco de él? La realidad es que en torno al cartucho existen muchas ideas preconcebidas que tienen el mismo grado de veracidad que los antiguos mitos y leyendas.

Pedro A. Suárez | 10/09/2008

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Sin embargo, se dan por ciertas y se organiza su uso en función de ellas. Algunas de las cosas que no están tan claras son: alcance, distancia efectiva, presiones en la recámara, función del taco, munición de acero y gramos.

Aumentando las presiones se aumentaba el riesgo de que se rompiera la escopeta, pero no se ganaba nada en efectividad

Somos conscientes que en una sola entrega no hay espacio para exponer un tema tan vasto ; así que vamos a empezar soltando una bomba: todos los cartuchos, desde los antiguos de cartón y 65 mm de largo, hasta el más nuevo magnum de 76 mm, tienen la misma presión. Y diremos más: cualquier escopeta, desde la más antigua de cañones de alambre hasta la más moderna con cañones de acero urko, puede disparar cualquier cartucho que corresponda con su recámara. La réplica inmediata que hemos recibido es: «Entonces, ¿por qué las semiautomáticas no funcionan bien con todas las cargas?». Pero eso es una falacia. Las semiautomáticas funcionan por retroceso, no por presión. El primero puede romper una clavícula; la segunda puede hacer estallar un arma.

El principio


Nótese la diferencia de altura en el cierre para compensar el espacio que queda entre el volumen de una bala y la carga de munición de igual peso.

La escopeta cuenta con dos importantes hitos en su haber: fue la primera en desarrollar su cartuchería hasta la forma actual y la primera en incorporar la pólvora sin humo (o pólvora blanca) con veinte años de adelanto sobre la cartuchería metálica para rifles. Los primeros cartuchos —que todavía se usan sobre todo con escopetas muy finas— parecían ser de cartón y, de hecho, así se les llama; pero, en realidad, son de papel.

El proceso era el siguiente: se ponía a girar una herramienta llamada mandril que era de acero muy pulido. Alrededor de éste se enrolla una fina tira de papel impregnada en goma de pegar hasta que adquiere la consistencia y espesor del cartón (y de ahí la confusión). Al momento del disparo, el material así formado se enfría más rápidamente por contacto con las paredes del cañón de lo que se calienta por la combustión interna, cosa que no sucede con el cartón y por ello la elección de este método.


Cartucho moderno de plástico para recámara de 70 mm y otro de cartón de fabricación actual para recámara de 65 mm, todavía muy en uso en ciertos ámbitos.

Enseguida se unta en parafina, con lo que queda impermeable y, como no es adherente, se desliza por la recámara con gran facilidad. El tubo resultante se corta en tramos del largo de la recámara correspondiente, que al principio fue de 65 mm y luego se estandarizó en 70 mm, y se sella por un extremo con un tapón compuesto por una gran cantidad de monedas del mismo papel engomado, pero esta vez prensados a gran presión para que quede muy consistente. Por último, abrazando el conjunto se estampa una moneda de latón que forma el culote, cuyas funciones son proporcionar una pestaña donde enganchar el extractor y regular la instalación del iniciador para que no quede más adentro o más afuera en algunos ejemplares, como sucedería si se pusiera directamente sobre el cartón desnudo.

Aunque parezca mentira, este simple cartucho de papel es suficiente para contener (de contención, no de contenido) las presiones generadas. Y la razón hay que buscarla nuevamente en una cuestión de concepto: tendemos a pensar que el cartucho es el que soporta esas presiones, y esto no es así.


Pesando la carga de pólvora extraída.

En la escopeta el cartucho entra totalmente en la recámara y la báscula lo cierra, sella y contiene herméticamente sin dejarle expandirse. Así, el cartucho es un simple contenedor que mantiene los componentes en su sitio y un intermediario que transfiere el calor y las presiones a las paredes de la recámara. Con respecto al calor, hay un dato curioso en sí mismo: durante aproximadamente tres centésimas de segundo se generan varios miles de grados, pero no da lugar a que el cartucho se queme porque la transferencia que se produce (el calor que siente el cartón) es muy poca cantidad aunque sea con intensidad. La transferencia de calor es la que se queda en la vaina; la transmisión de temperatura es la que pasa por la misma y se va por el cañón.

Otro concepto que nos será de utilidad es que la pólvora no explota, se quema. Pero se quema dentro del cañón sin aire y se llama deflagración. Desde antes de la aparición del cartucho se conocía la fórmula para determinar cuál era la carga para un peso determinado de perdigones, pero nunca fue necesario medir la presión que esto generaba por una razón muy sencilla: la pólvora negra deflagra a velocidad constante.


El taco “concentrador” no “concentra” nada. Su función es sólo la de reducir la fricción. A sólo tres metros del cañón ya hay dispersión y los plomos ya se han separado del taco, como se muestra en la fotografía.

Por eso, cuando se desarrolló el cartucho se le puso la misma carga que se venía usando y los mismos tacos de fieltro entre pólvora y perdigones. En otras palabras: se empaquetaron los componentes de cargar por la boca tal y como se conocían. Y resultó que el largo final que el paquete necesitaba era de 65 mm, incluyendo la sección del extremo delantero que se doblaba hacia adentro para hacer el rebordeado que evitaba que se saliera la carga. Aunque, como hemos, dicho la presión de trabajo no se conocía, ésta estaba a en torno a los 750 kg/cm2 de cañón.

Pólvoras sin humo


Lectura del primer disparo con bala.

Entonces aparecieron las pólvoras sin humo, que además de generar más presión que la pólvora negra, queman a diferente velocidad, según su composición química. Los fabricantes intentaron aprovecharse de esto para aumentar las presiones, y con ello el alcance. Pero se llevaron una sorpresa: el rendimiento estaba al límite de lo que permite el plomo de los perdigones. Es decir, aumentando las presiones se aumentaba el riesgo de que se rompiera la escopeta, y no se ganaba en efectividad. Así que se puso menos cantidad de las nuevas pólvoras para que las presiones volvieran a ser igual que antes. Pero como la capacidad interior de los cartuchos estaba calculada para la cantidad anterior de la otra, ahora quedaban sueltos los componentes debido al menor volumen de propelente. Se solucionó aumentando el espesor del tapón posterior para rellenar el hueco, motivo de que los cartuchos de cartón tengan más pared ahí que los de plástico.

Un detalle que hay que tener presente es que todos los cartuchos —de cualquier calibre— se cargaban con la pólvora necesaria para alcanzar estos límites de presión. Como resultado, todos alcanzaban una velocidad en los perdigones de unos 400 metros por segundo (m/s). Al mantener las presiones equivalentes, los nuevos cartuchos mantuvieron una velocidad similar, y hasta hoy lo hacen así.

Actualmente los cartuchos más potentes sacan velocidades sobre 450 m/s, pero éstas no se consiguen comprimiendo la pólvora, sino por los materiales. Uno de estos avances es el taco contenedor (también llamado de copa o concentrador).


Tres culotes de cartuchos con cargas diferentes. La de cartón es mayor para compensar la diferencia de volumen entre la antigua pólvora negra y las actuales sin humo.

El taco contenedor aportó dos grandes ventajas, la primera fue que debido a que la munición no hace contacto con el cañón, sino que el encargado de esto es el propio material plástico mucho más deslizante, se consiguió algo más de velocidad con las mismas presiones. La segunda, y más importante, fue que se pudo recuperar el espacio que antes se llenaba con cartón para compensar el cambio de pólvora, lo cual unido a una elongación de cinco milímetros en el largo total del cartucho, proporcionó tanto volumen interior extra que se pudo dividir el taco en dos secciones: una para contener la munición y otra para incorporar una serie de dobleces que trabajan como un fuelle y consiguen que la presión se ejerza muy suave y progresivamente, eliminando los picos de peligro. Ahora sí se pudo aumentar un poquitín la carga de pólvora. O, dicho al revés: se aplica un poco más de presión, pero más despacio. Esto consigue algo más de velocidad. Pero, en general, la mayoría de los cartuchos se sigue comportando igual.

Realmente es así

Para comprobar lo dicho, nos llevamos al campo una escopeta, algunos tipos de cartuchos y el cronógrafo (para medir la velocidad de los proyectiles). Para comprobar el funcionamiento del taco disparamos a 3,20 metros sobre una tabla que tenía un agujero de revólver del calibre 38 y otro de bala de escopeta (foto superior) y confirmamos que aun a tan corta distancia los plomos ya han abandonado el taco y vuelan por su cuenta. Así que de concentrador, nada. Con bala tipo brenecke, (de 31 gramos) la velocidad era de unos 400 m/s de promedio entre tres disparos.


Elementos del cartucho: vaina con su iniciador (mal llamado pistón o fulminante), pólvora (carga propelente), taco y carga de munición

Con cartuchos ingleses de cartón, taco de fieltro y 65 mm de longitud puestos en la recámara de 70, logramos una media de velocidad de 393 m/s. Con cargas de 36 gramos, cartucho plástico tipo magnum y culote largo de latón, conseguimos una velocidad promedio también para tres tiros, de 403 m/s.

Y con cartuchos de plástico, sin culote de latón (los de marca Active), con 24 gramos para trap, el promedio fue de 396 m/s.

Conclusiones

● El taco plástico no concentra nada, pero confiere algo más de velocidad.

● La presión de los cartuchos son las mismas (aproximadamente) con independencia de la carga.

● La velocidad de los plomos es similar para todos los cartuchos y calibres sin importar los gramos.

● Por último, la cuestión del alcance efectivo de cada calibre, las cargas magnum, el retroceso, el uso de la munición de acero y quizás algo más, queda para otra entrega.

● Y para quien le interese: nuestro cronógrafo mide en pies por segundo que se pasan a m/s multiplicando por 0,3048.
Pedro A. Suárez
5 comentarios
10 sep. 2008 20:04
jorge3
jorge3
En otros articulos he leido que si importan los gramos, según entendi, como hay mas perdigones la fuerza se trasmite del taco a los primeros perdigones que esos se la van pasando a los de delante, teniendo los de atras mas fuerza y los de delante menos, por lo que estos se dispersan antes y los primeros tardan mas. no se si me explico bien ni si estoy en lo cierto asique agradeceria alguna aclaracion para "entender" mejor los cartuchos. un saludo
12 sep. 2008 20:42
PEPEJUAN  
No estoy nada de acuerdo con lo que usted afirma en el texto.No todos los cartuchos manifiestan presiones iguales y velocidades similares a igual carga de perdigones, puesto que estas dependen del tipo de taco contenedor que monten, pólvora, fulminante y tipo de vaina . Le recomiendo que se documente en varias tablas de recarga americanas para comprobar lo que le estoy diciendo.

Victor
11 oct. 2008 12:24
ruben moreno
o contra mayor es el perdigon mas longitud alcanza
30 abr. 2009 13:19
yuxtas
como siempre estamos dandole vueltas a eso de cambiar de clase y marcas de cartucho pensado que aquel conejo pisado (y que se nos fue como un rayo) posiblemente con otro tipo de cartucho lo hubieramos dejado seco no queremos reconocer que unos de los venenos que tiene la caza es precisamente esos fallos mientras que los aciertos quedan como algo normal y logico señores! un cartucho de 34 grms en perdigon del 7 mata todo a tiro y lo que se va... pues a criar!
26 jun. 2009 02:40
Roberto Lozano
Hoy la mayoría de las escopetas semiautomáticas funcionan por el aprovechamiento de la presión residual, yo digo que no tanto, y no necesitan retroceso. No sé si he entendido bien, en el referido artículo, el párrafo que parece decir lo contrario.

 

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  • Becadas; en las entrañas del bosque
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