Cómo criar a un campeón: entrenamientos

El entrenamiento es uno de los principales pilares sobre los que se basa la caza con galgos, pues obtener el rendimiento deseado, en este caso capturar a la rabona, exige prepararse durante un cierto tiempo y de una forma determinada, procurando que nuestros galgos en los entrenamientos ejerciten todos los músculos por igual.

José Enrique Martínez Manzanares | 21/08/2008

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Debemos tener en cuenta en el entrenamiento de nuestros galgos la manera, estilo o cadencia de sus movimientos, fijándonos en su forma de trotar y galopar, para que, de alguna forma, les obliguemos a ejercitar o trabajar las partes que menos les gusta.


El cuidado de las almohadillas es vital, pues las lesiones de éstas harán que el galgo esté parado y se retrase su puesta a punto.

Muchas veces se ven galgos que trotan de lado o en oblicuo, siendo signo de ser diestros o zurdos, según el lado hacia el que trotan, ejercitando de este modo una parte más que la otra, por lo cual van a tener muchos problemas con esa área que ejercitan menos. Pueden tener problemas de agujetas, hernias, etcétera.

Cuando veo a un galgo que me puede dar problemas, trato siempre de arreglarlo utilizando el ingenio. Por ejemplo, en los entrenamientos les voy cambiando de lugar o de compañeros hasta que consigo que trabajen todos los músculos por igual.

El peso y el lugar donde entrenan son igualmente fundamentales, pues no es lo mismo si es tierra o asfalto, un terreno duro o blando, arenoso o abrasivo, etc. Si está demasiado gordo es síntoma de poco entrenamiento o mala alimentación; por consiguiente, está sometiendo a su esqueleto a una sobrecarga que, con frecuencia, le produce malformaciones óseas o lesiones en los tendones. Por lo tanto, hay que intentar que durante la veda no engorden demasiado (pueden coger algo de peso, pero sin pasarse) para prevenir posibles problemas, y porque, además, es difícil hacerles perder peso puesto que se vuelven vagos. Debemos controlarlos, aunque es bueno, repito, que cojan algo de peso.


Cuando se entrena a un galgo hay que tener en cuenta el tipo de terreno, pues éste influirá en su desarrollo muscular.

Las almohadillas y callos de las cuatro extremidades son otro problema bastante importante que debemos controlar, pues las lesiones en estos puntos suelen ser de larga duración. Si alguna vez os habéis fijado en las almohadillas de los galgos que tienen amplios corrales donde descansar, no tienen nada que ver con las almohadillas de los galgos que están en suelos de hormigón o asfalto, puesto que son mucho más delgadas y cristalinas.

Hay que mantener las almohadillas bien hidratadas, sobre todo en verano, pues de lo contrario son muy dolorosas para un galgo (imaginad a una persona andando entre piedras con unas zapatillas muy desgastadas). Lo peor es que se desprenda el callo de la carne, porque entonces sí que hay que tenerlos parados durante veinte días o más. Todo es cuestión de fijarnos mucho en nuestros galgos y hacerles una revisión lo más frecuentemente posible. Tened en cuenta que cuanto más los conozcáis, antes podréis solucionar los posibles problemas que vayan surgiendo.


Cuando los galgos presenten su mejor forma física es el momento de darles cuantas más liebres mejor, pues correrán tras ellas todo lo que sea necesario sin escatimar esfuerzos.

¿Cuántas liebres debe correr un galgo? Yo creo que quien hace a un galgo bueno es el campo y las liebres. Pero, claro, siempre con matices, dependiendo del perro. A mayor cantidad de liebres corridas, mayores riesgos de que el galgo se “ensucie”. Pero, según mi opinión, eso no siempre es así, y tratare de explicarlo:

Cuando un galgo es muy joven, entre unos nueve y catorce meses, corren aprendiendo y aprenden a correr, igual que cuando juegan, que aprenden a pelear para forjarse una posición jerárquica mejor entre sus hermanos o compañeros. Cuando empiezan a correr, hacen lo mismo para ser el mejor dotado y el mejor cazador, teniendo así una posición superior con respecto a los demás.

Todo eso hay que potenciárselo, es decir, hay que darles liebres cuando ellos se encuentren bien físicamente, porque de esa forma no les importará correr todo lo que sea necesario. Por el contrario, si tienen agujetas, lesiones, etc., no se emplearán a fondo o tratarán de buscarse alguna maña o forma de conseguir la liebre con el menor esfuerzo posible. Por eso digo que cuando un galgo es joven carece de esta mentalidad para aprenderse las artimañas, y trata de correr todo lo posible, de poder a poder, aunque al mismo tiempo hay que tener cuidado porque son más frágiles y se pueden desengañar fácilmente.


En el mundo galguero existe la creencia de que cuantas más liebres corra un galgo más posibilidades tiene de ‘ensuciarse’...

Los galgos de más edad tienen otros problemas. Tienen los instintos más desarrollados y les es más fácil aprender que pueden conseguir el mismo resultado con menos esfuerzo. Por eso creo que estando fuertes y en forma cuando van a correr les costará menos trabajo, utilizarán menos la cabeza y siempre intentarán coger la liebre como consiguieron coger la primera, en carrera limpia, a consecuencia de la presión o incluso por el alcance del otro galgo.

José E. Martínez Manzanares
Fotos: Valentín Guisande

Este artículo pertenece a la serie :

Cómo criar a un campeón

Las buenas raíces

Cómo criar a un campeón: entrenamientos

Quitar las agujetas

Lesiones y sobreesfuerzos

1 comentarios
05 ene. 2009 00:45
julian farto tirados
un saludo de julian desde leon.sigue con tus articulos que siempre aprenderemos algo.eres mi IDOLO en el mundo del galgo.saludos julian

 

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