La caza de la perdiz con reclamo

Para todos los aficionados que conformamos tan antigua hermandad, ensanchamos pecho al pensar que ostentamos con orgullo la práctica de una de las modalidades venatorias más antiguas y únicas de las que se practican en España y con exclusividad del resto del mundo, en la época previa al celo de la perdiz. La caza de la perdiz con reclamo pasa por ello, y como referencia a esta antigüedad hay mosaicos romanos encontrados, donde ya se ve la imagen de la perdiz enjaulada en la misma forma y manera que se viene haciendo en nuestros días.

David L. Amador Fontalva | 04/04/2008

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La caza de la perdiz con reclamo se basa en la territorialidad que hace gala nuestra perdiz roja española (Alectoris rufa), que no permitirá que ningún intruso invada su querencia. Para ello mostrará con sus cantos ser el rey o señor del terreno, éstos se incrementarán a medida que el intruso de muestras de gallardía y de intención de invasión del citado terreno. Llegando en el último paso a la agresión física si las primeras advertencias fallan o no tienen efecto, para ello empleará el pico como agarre al rival y el garrón o espolón, como cualquier gallinácea.

La temporada de caza oscila entre los meses de enero y marzo, y dependerá de la Comunidad Autónoma donde esté autorizada la modalidad

La temporada de caza oscila entre los meses de enero y marzo, y dependerá de la Comunidad Autónoma donde esté autorizada la modalidad e incluso de la zona y provincias dentro de la misma para que estas fechas fluctúen, dependiendo siempre del precelo de la perdiz o picadilla.

Es interesante antes de comenzar a resumir en qué consiste esta modalidad también considerada arte —por la carga de pasión y misterio que la envuelve—, indicar que el número de perdices abatidas durante su práctica es mínimo (5% de las que se pueden abatir durante la veda general), siendo la única selectiva en cuanto a la diferenciación por parte del jaulero o cuquillero (practicante de la modalidad) del sexo o de la edad (aproximada) de las perdices que pudieran llegar a entrar en plaza, seleccionando cuál de ellas abatir, dependiendo de la densidad de la zona, y especialmente como control de toradas (exceso de machos solteros) que molestarán a las pájaras en el periodo de nidificación, útil también en cotos de caza mayor y donde evidentemente no se podría cazar de ninguna otra forma, para el control del exceso de pájaros/as viejos/as, malos/as para criar.


Foto: Mi pollo.

Los entresijos de la modalidad son constantes a lo largo del año, pues el jaulero o cuquillero o pajaritero (nombres con los que a lo largo de nuestra geografía se nos conoce), lo será durante los 365 días del año, éstos siempre volcados con sus reclamos no dejarán les falte absolutamente nada a sus pájaros, tratándolos como si de auténticos hijos les fuera el cuido.

La caza o también llamado dar el puesto, dependerá del momento del día en el que éste se haga, conociéndose en el argot como puesto de alba, puesto de mañana o sol, tarde y puesto de dormida. (Este último particularmente nunca lo he practicado, pues entiendo podría considerarse como un puesto de tarde alargado, máxime si es muy cercano a la zona de dormida del campo. Hay quien lo considera independiente de éste, siendo un puesto entre dos luces similar al de alba).

El lugar donde se vaya a desarrollar el lance debe constar de aguardo (natural o artificial), plaza y pulpitillo o tanto. La ubicación del aguardo o puesto es fundamental para que el fin perseguido sea el ideal, para ello habrá que tener en cuenta la trayectoria de los rayos del sol, debiendo quedar éstos a nuestra espalda, preferentemente, y así evitar el brillo y reflejos en el cañón de la escopeta, cuestión que de no tenerse en cuenta, hará recelar al campo o perdices que se aproximen.

La ubicación del aguardo o puesto es fundamental para que el fin perseguido sea el ideal

La colocación del tanto o pulpitillo será de entre dieciocho a veinte pasos, a contar desde la tronera, que es el lugar desde donde salen los cañones de la escopeta. La plaza es el espacio que ocupa esa distancia y su forma será como una especie de media luna, cuyas puntas irán en los laterales del pulpitillo. Ésta deberá de encontrarse, dentro de lo posible limpia de piedras, así evitamos rebotes que podrían herir a nuestro reclamo y de matas, que utilizaría el par entrante para ocultarse de nuestra visión (deberá hacerse con varios días de antelación, pues la perdiz es recelosa y cualquier movimiento de una piedra o mata arrancada será detectado con anterioridad a su entrada en plaza).

De lo anterior podemos entresacar que la caza de perdiz con reclamo huye de prisas y chapuzas, pues se dice, y es totalmente cierto, que el auténtico jaulero es perfeccionista a la máxima expresión. Siempre buscará el trabajo bien hecho pues así valorará mayor la faena, no pondrá límites de tiempo para la ocultación del aguardo o puesto, buscará camuflarlo perfectamente con los medios que le dé el terreno, evitando colocar las ramas que con sus hojas del revés delatarían su presencia, así hará por igual la ocultación del pulpitillo o tanto, para que el campo en su aproximación, lo que observe sea al reclamo que gallardamente y arrogantemente usurpa su terreno.


Foto: Tibi.

Una vez preparado y debidamente probado el camuflaje del puesto, colocaremos la escopeta en la tronera (siempre abierta y sin cartuchos) de esta manera evitaremos al máximo el ruido y movimiento de cañones que se produciría al introducirla una vez comenzado el puesto, nos encararemos y probaremos la comodidad de movimientos de ésta. Una vez destapada la sayuela, procederemos a hacerlo con la mayor de las suavidades y sin perderle la cara al reclamo, nos retiraremos con un suave palilleo de dedos, susurrándole cualquier piropo bajito para que se tranquilice, de a poco nos ocultaremos en el aguardo o puesto, siempre a la vista de nuestro reclamo para que de esta manera nos ubique.

Ya sentados en el banquillo, procederemos a cargar la escopeta, cerrándola con la máxima delicadeza para no formar ruido y procuraremos hacerlo aprovechando la salida buscando campo y posterior canto de cañón de nuestro pájaro. Ahí comienza el trabajo de nuestro reclamo, ya pasamos a ser testigos mudos de lo que acontecerá a lo largo del puesto y que éste se desarrollará según sea la suerte y efectividad de nuestro campeón, la amplia mayoría de las veces todo se reducirá a un intercambio de cantos sin aproximación, o si lo hubiere y en las contadas, en una faena a recordar de por vida por nosotros los jauleros.

David L. Amador Fontalva.
ANCREPER
2 comentarios
05 abr 2008 11:35
Joaquin_
Joaquin_   «Superandose poco a poco»
Estupendo artículo David, solo apuntar, que el 5% de perdices abatidas, es relativo, en años como este que el celo ha sido nulo, malísimo, no llegamos ni al 2%, ahora, eso sí, como solemos decir, nosotros, los cuquilleros, lo que menos nos importa es abatir piezas de trofeo, valorando más el trabajo y comportamiento de nuestro reclamo., ahora si esto es acompañado con una “collera” en plaza, pues, miel sobre orejuelas, bienvenida sea.

Nos vemos pronto.

Un abrazo

Joaquín
14 abr 2008 01:29
Rafagua
Rafagua  
En tu línea David, que bien lo haces. Has resumido en unas cuantas líneas lo que es esta modalidad, breves apuntes, pero buenos y con sabiduría, y ya se sabe lo bueno si breve dos veces bueno, espero pronto el siguiente escrito

Un saludo.

 

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