Remedando el título de la famosa película, traemos a esta página a uno de los animales que más emoción deparan a todo aquel que lo persigue. Peligro sordo o bomba de relojería, así se podría definir, de forma escueta, a un animal que vive como una vaca, pace, rumia y sestea como ellas, pero que, cuando se siente acosado, se transforma en un colérico torbellino astado.

Grupo Vigilancia y Gestión

Remedando el título de la famosa película, traemos a estas páginas a uno de los animales que más emoción deparan a todo aquel que lo persigue. Peligro sordo o bomba de relojería, así se podría definir, de forma escueta, a un animal que vive como una vaca, pace, rumia y sestea como ellas, pero que, cuando se siente acosado, se transforma en un colérico torbellino astado.

Los conocedores de esta especie se inclinan a pensar que el origen de su mala imagen se ha debido a desafortunados encuentros

El búfalo, el animal africano más temido por cazadores y nativos, es un bovino peligroso, irascible y de muy mal carácter cuando está herido, y que quizá haya provocado más accidentes entre profesionales, safaristas y rastreadores que todos los leones, elefantes y rinocerontes juntos.

TAXONOMÍA

Clase: Mammalia

Género: Syncerus

Orden: Artiodactyla

Subfamilia: Bovinae

Familia: Bovidae

Especie: Syncerus caffer

Muchos cazadores consideran al búfalo africano el animal de caza mayor más temible del Continente Negro, quizá haciéndose eco de su conocido temperamento impetuoso, violento e irrefrenable, capaz de atacar a la gente. Pero los conocedores de la especie se inclinan a pensar que el origen de su mala imagen se ha debido a desafortunados encuentros que cazadores poco diestros tuvieron con un ejemplar al que hirieron y persiguieron sin tomar las debidas precauciones…

El búfalo cafre (Syncerus caffer), negro o de El Cabo es uno de los ungulados salvajes más ampliamente difundido en África, ya que se encuentra por todo el continente al sur de los 15 grados Norte, del sur del Sahara al norte de Sudáfrica, encontrándose en una gran variedad de hábitats, desde zonas pantanosas hasta las selvas y sabanas, variando también su tamaño y coloración dependiendo de la subespecie a la que pertenecen. Aunque prefieren la llanura a la montaña, se han encontrado en altitudes cercanas a los cuatro mil metros, pero no habita las regiones extremadamente áridas sin fuentes de agua cercanas.

Es un animal sedentario que ocupa amplios territorios de forma permanente. Los búfalos se mueven a lo largo de todo el día, un promedio de unas dieciocho horas diarias, a un ritmo medio de 5,4 km/h, y pastan de ocho a diez horas, principalmente durante la tarde y la noche. Pueden descansar a cualquier hora del día, pero prefieren hacerlo en las de más calor, en sitios abiertos con vegetación poco densa.

Durante el día permanecen ocultos en la vegetación para protegerse del calor, durmiendo y rumiando cerca de una fuente de agua. A falta de lugares húmedos o con disponibilidad de agua, elige un paraje sombrío del bosque o un matorral muy espeso para reposar. Al atardecer y de noche sale a beber y alimentarse, regresando después a rumiar a cubierto.

Cuando la manada está pastando, los exploradores permanecen alerta para avisar al grupo de cualquier posible peligro.

DESCRIPCIÓN

● Tamaño: animal muy grande, el búfalo africano puede medir desde la cabeza a la parte posterior de dos a tres metros, con una altura a la cruz de uno a más de un metro y medio.

● Existe una gran variación entre las dos subespecies de búfalo, pudiendo ser el de la sabana (S. c. caffer) hasta dos veces más grande que el de selva (S. c. nanus), siendo estos últimos generalmente menores de 1,2 metros de altura y con unos 320 kilos de peso.

● Color del pelo: de marrón-rojizo a negro.

● Los adultos viejos casi no presentan pelo, mientras que los animales maduros tienen poca cobertura pilosa, que es muy densa en los animales jóvenes y de color más claro, no adquiriendo un tono oscuro hasta el tercer año de edad.

● Cuernos muy desarrollados y gruesos, presentes en ambos sexos, aunque en la hembra son más pequeños y la base no es tan voluminosa.

Suele frecuentar las charcas de barro, donde se revuelca para aliviar su cuerpo de las picaduras de los parásitos. El baño de lodo sirve de barrera contra los tábanos y otros insectos, y al mismo tiempo aprisiona a los parásitos cuando se seca. Así, el animal se libra de ellos rascando el barro seco de su cuerpo contra la corteza de un árbol.

Comportamiento

Aunque todos tenemos catalogado al búfalo africano como un animal de constante «mal humor» –quizá por su carácter algo sombrío y porque mantienen una actitud corporal hostil, casi siempre con su ancha y maciza cabeza en posición de ataque y con sus inquisitivos ojos, grandes, de color negro azulado brillando bajo sus poderosos cuernos– es un bóvido muy sociable por naturaleza que viaja en manadas grandes, no territoriales, compuestas por hembras emparentadas (adultas, hembras jóvenes y crías macho menores de dos años de edad), que mantienen una rígida jerarquía lineal (las hembras ascienden de rango tras la maternidad).

Algunos machos forman lo que se conoce como grupos de solteros, constituidos por cinco a diez ejemplares, entre los que hay una jerarquía de predominio, con constantes luchas entre ellos, sobre todo cuando detectan a una hembra en celo. Pero también es frecuente, sobre todo los viejos machos, que sean solitarios y vivan apartados del grupo permanentemente, excepto en la época de celo, que puede producirse en cualquier momento del año, aunque la mayor actividad sexual va siempre en función de la disponibilidad de alimento.


© Natalia Carrillo de Albornoz.

En áreas de bosque, el búfalo suele encontrarse en núcleos reducidos, de tres a cuatro o hasta diez cabezas. Por el contrario, en hábitats abiertos se observan fácilmente manadas de varios cientos de individuos, llegando incluso hasta los dos mil. Las mayores manadas se forman durante las lluvias, mientras que en la estación seca se rompen en grupos más pequeños formados por varias hembras emparentadas y sus terneros, lo que constituye la unidad social mínima.

El instinto gregario de los búfalos es de naturaleza altamente cooperativa, hasta tal punto que si una manada atraviesa el territorio de un macho solitario, éste tomará el control del rebaño y lo guiará hasta el confín de sus dominios, entregando después el testigo al macho vecino.

ARMAS Y EQUIPO

Ropa de algodón, con manga y pernera larga para evitar picaduras. Según cada cazadero puede que por las noches y a primera hora de la mañana haga frío. No lleve ropa de camuflaje, pues está prohibida en muchos países africanos. No olvide crema de protección solar, gorra o sombrero, gafas de sol y repelente para insectos. Respecto al calzado, lo mejor son unas botas cómodas que protejan los tobillos.

Por lo que se refiere a las armas, por ley, el mínimo permitido para búfalos es el .375 H&H. De ahí, para arriba, lo que sea más cómodo para cada tirador. En el búfalo lo importante es acertar con el primer disparo. Aquí la elección de bala dependerá de si se tira a un búfalo solitario o que esté con la manada. En este último caso, es mejor no usar una bala blindada pues le puede atravesar y dañar a un segundo ejemplar, con el peligro que puede suponer tener otro bicho herido. De todos modos, esto es relativo porque, a distancia un poco larga, un animal de gran tamaño encaja muy bien las blindadas, por lo que un impacto en la caja torácica no siempre le atraviesa; aunque también es cierto que, a no ser que sea un disparo perfecto, no siempre es fulminante y de lo que se trata en estos animales es evitarse el pistear, que es lo realmente peligroso.

Para tiro frontal siempre se recomienda bala blindada porque esta munición es tanto más destructiva cuanta más masa ha de traspasar, y al ser tan dura y no deformarse produce un efecto de shock (lo que vulgarmente se llama parada), que lleva a un aturdimiento fisiológico por el impacto.

Lo que aconsejan muchos profesionales es llenar el cargador de balas blindadas y llevar la de la recámara con una de expansión controlada muy dura. Si el tiro es lateral, en manada, se tira esta primera; si el disparo es frontal o a un búfalo solitario se acciona el cerrojo, se saca la primera bala y entonces tiramos la blindada.

Esta especie, aunque existen controversias al respecto, parece encontrarse organizada de la siguiente forma: hay poblaciones locales o manadas de cincuenta a quinientos individuos, y hasta tres mil, aunque todas ellas son temporales y carecen de cohesión social. Estos grupos locales se mueven dentro de un territorio exclusivo que no comparten con otras manadas. A su vez, cada manada está constituida por subgrupos, relativamente constantes, compuestos por hembras, sus crías y algunos machos durante la época de lluvia. Estos subgrupos, al tiempo, están compuestos por unidades formadas por una hembra y sus crías de los dos años anteriores. Además, las manadas poseen uniones de machos inmaduros de hasta doce animales y un grupo aislado de juveniles. Los machos más grandes llegan a formar pequeños grupos que viven relativamente aislados del resto de la manada. En los bosques del África central las manadas grandes son evidentes y suelen formarse grupos de ocho a veinte individuos emparentados.

Existe una jerarquía de dominancia entre las diferentes unidades sociales, mantenida por la capacidad para la lucha (sólo exhibiciones), y, en ocasiones, combates. Los machos, aunque parecen tener un nivel mayor en esta jerarquía, dominando un gran rebaño, no suelen ser los verdaderos líderes de la manada, siendo éste más bien un manada, pero tienen que esperar hasta los siete u ocho años para hacer valer su capacidad de lucha y conseguir aparearse.

Su caza

El éxito de su caza reside en dos puntos fundamentales, como son el acercamiento tranquilo, sin poner sobre aviso a la manada, y el disparo preciso y certero. Sin esto se puede conseguir cazar un gran búfalo, pero también es fácil que él nos abata a nosotros o a alguno de nuestros acompañantes.

Las mayores manadas se forman durante las lluvias, mientras que en la estación seca se rompen en grupos

Dejar un animal de este tipo herido es un engorro casi imposible de digerir; cuando lo siguen otros, te lo ratrean y te lo rematan, se llega a ese punto de emoción casi de éxtasis; pero cuando se empiezan a ver caras raras, de circunstancias y ves que, tras empezar a pistear el último de la fila, acabas siendo el segundo de ella tras un profesional sudoroso y desencajado por el miedo, el éxtasis se transforma en ganas de salir corriendo. Y, de pronto, te das cuenta de que si echas a correr, por la Ley de Murphy, lo más fácil es que te topes con el animal herido de morros, por lo que, automáticamente, te dan ganas de volar e incluso notas cómo te empiezan a salir alas o, lo que es lo mismo, te empiezas a desmayar por el miedo escénico.


Integrante del prestigioso grupo de los cinco grandes, dado su tamaño y su carácter furibundo cuando se siente amenazado, es herido o se nota acorralado, el búfalo, se le considera un trofeo de los más peligrosos. © LMR CAZA.

Por eso, los profesionales nunca te ponen delante de un búfalo la primera vez que cazas con ellos: te entretienen con otras especies o te llevan a tirar al blanco hasta estar seguros de cuáles son tus aptitudes para el tiro. De todos modos, no suelen fiarse y, muchos de ellos, no todos, una vez que tú has tirado y herido, lanzan al búfalo una salva de disparos hasta abatirle, sin esperar a ver si tu tiro ha sido efectivo. Es poco romántico, pero ha salvado más de una vida.

Las manadas poseen uniones de machos inmaduros de hasta doce animales y un grupo aislado de juveniles. Los machos más grandes llegan a formar pequeños grupos que viven relativamente aislados del resto

Una vez que un bicho de éstos se siente herido, se esconde en el fondo del mundo a esperar la muerte o a sus perseguidores, y arremeterá contra el primero que llegue. Contra la muerte tiene pocos recursos, pero contra lo humanos puede poner en marcha su máquina de embestir, que alcanza velocidades cercanas a los 57 km/h, y aunque su visión y sentido del oído son escasos, su finísimo olfato es capaz de detectar a un elemento extraño a 250 metros de distancia, por lo que antes de que sueñes con ver la primera gota de sangre, puede que ya te haya olido él a ti, y cuando tú llegas a olerle a él es que ya estás debajo de sus pezuñas. No es broma, los búfalos llevan más víctimas entre los cazadores y profesionales que el resto de los cinco grandes juntos.

Subespecies y trofeos

La sistemática del búfalo africano ha sido controvertida, ya que se encuentran poblaciones con grandes variaciones en tamaño, coloración y forma de los cuernos. La mayoría de los científicos coincide en incluirlos a todos en una única especie, Syncerus caffer, integrada por animales probablemente derivados de dos tipos diferentes que se han cruzado en distintos grados. Estos dos tipos se consideran subespecies diferentes: el búfalo cafre, negro, del sur o de El Cabo, S. c. caffer (que ocupa el centro y el sur de África) y el enano, de bosque o rojo, S. c. nanus (que se encuentra al oeste de Uganda y que se extiende hacia el oeste y el sur a través del Zaire, Gabón y el Congo hasta el norte de Angola). Entre ambos se encuentra una amplia gama de tipos intermedios.


Al búfalo cafre se le conoce también como de El Cabo, pues fue en esta zona sudafricana donde se vieron los primeros ejemplares. © Mbogo Hunting Safaris.

Así, los que taxonómicamente dan por válidas cuatro subespecies de búfalo diferencian al S. c. caffer al suroeste del continente; al S. c. brachyceros, que engloba a los ejemplares de S. c. caffer que viven al oeste de África; mientras que los de la subespecie S. c. mathewsi serían los búfalos «de montaña» que viven en áreas de Etiopía hasta los 4. 000 metros de altitud. Por último, el búfalo rojo o enano (S. c. nanus) es una subespecie más pequeña que se mueve en pequeños grupos por los bosques de Angola y el Congo. Ninguna de las subespecies está en peligro de extinción.

El Consejo Internacional de la Caza (CIC) reconoce el búfalo del sur o de El Cabo (S. c. caffer), el búfalo del norte (S. c. planiceros) y el enano (S. c. nanus).

El sistema de medición del Rowland Ward clasifica al búfalo africano en: búfalo de El Cabo (S. c. caffer), búfalo del Nilo o equinoccial (S. c. aequinotialis) y búfalo enano (S. c. nanus). El Safari Club Internacional diferencia el búfalo de El Cabo (S. c. caffer), el búfalo del Nilo (S. c. aequinotialis), el del noroeste (S. c. planiceros) y el selvático enano (S. c. nanus).

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NO SON TAN PELIGROSOS
Alobarri
20/08/2010
Tengo alguna experiencia con búfalos y, por desgracia también con búfalos heridos y rastreados durante días. Y si bien es cierto que hay momentos en los que uno desearía estar en cualquier otro lugar del mundo, la verdad es que un búfalo herido no carga siempre. De hecho no carga casi nunca. Todos los años se tiran muchos búfalos en África, y la inmensa mayoría tienen que ser pisteados; unas decenas de metros o kilómetros. Y si sus heridas se lo permite, la mayoría huyen. Matan más cazadores que los otros 4 grandes juntos por el simple motivo de que se cazan muchos y que son muy duros. Y alguno se acaba revolviendo. En mi caso solo he tenido una carga a un pistero (sin consecuencias) y un par de veces he visto (me han señalado) a un búfalo herido esperando junto a su rastro para cargar.
Resumiendo; los búfalos heridos cargan algunas veces, pero pocas y es más peligroso un mal compañero o un puesto mal colocado en una montería.

 

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