Siempre cerca de los de los fríos extremos, con humedades relativas ambientales altas y rodeado de brezos, abedules, abetos y otras coníferas. Siempre sufriendo los rigores de las grandes nevadas y con una pasión desmedida por las tiernas plantas acuáticas. El alce, ese desmedido cérvido cuya vida se desarrolla en una tierra tan dura y hostil, se asoma a nuestra ventana de la caza en otros mundos.

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Se diferencian dos tipos de alces: el europeo y el americano

De rasgos grotescos y de aparentes descompensadas proporciones, este cérvido quizá sea uno de los que menos concesiones le ha hecho a la evolución; sus antepasados es posible que presentasen otros tamaños de cuerpo y cuerna diferentes a los de hoy; pero, de lo que no cabe duda, es que la adaptación a su situación y morfología actual ha sido bastante menos significativa que las de muchos de sus parientes.


Su imponente tamaño hace que osos pardos, negros y lobos sólo se atrevan a atacar bien a crías o bien a individuos viejos o enfermos.

Estancado en sus vastas áreas de pastoreo, refugio y procreación, sus largas patas le sirven para comer en zonas pantanosas, mientras que su joroba almacena grasas para épocas adversas. En esas inmensas superficies que habita, su abultada nariz hace de caja de resonancia para la comunicación con sus congéneres. Así pues, capacidad para la captación de alimento, para su almacenamiento y para la procreación son los pilares que, menguando la estética, hace de él un animal muy especial y casi esencial dentro de nuestro pabellón.

Distribución

Al ciervo más grande de los que recorren los territorios de caza mundiales se le puede encontrar en la franja más septentrional de Norteamérica y Eurasia. La taiga que se extiende por Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia y China es su área europea; en América se halla en Alaska, Canadá y norte de los Estados Unidos. Vive en áreas forestales (coníferas, sauces, álamos) que se cubren de nieve en el invierno, pero en donde haya zonas húmedas, como lagos, ríos y pantanos en los que pueda sumergirse –varios minutos– en verano para alcanzar raíces de lirios y demás plantas acuáticas, y librarse, al tiempo, de las nubes de mosquitos.

Por este motivo, se diferencian dos tipos de alces: el europeo, que habita las zonas boreales y septentrionales del norte de Europa, y el americano –también conocido como alce gigante– que se distribuye por las mismas áreas, pero de Alaska y Canadá, y presenta una mayor envergadura que el europeo, aunque este último, en determinadas zonas, como en la península de Kamchtka, en Rusia, tiende a igualarle.

DESCRIPCIÓN

PESOS MEDIOS: de 270 a 700 kilos. El alce es el ciervo más grande y presenta gran dimorfismo sexual: los machos superan casi en el doble de peso a las hembras y portan una gran cornamenta.

LONGITUD: de 2,4 a 3, 2 metros.

COLOR: gris pardo o casi negro (el de Alaska suele tener un color más claro y es llamado por los esquimales «gran alce blanco») con hocico y extremidades más claras.

CUERNA: sólo los machos poseen grandes astas (hasta dos metros de punta a punta), anchas y palmeadas, con veinte puntas en los ejemplares adultos.

ALIMENTACIÓN: son herbívoros y en verano complementan su dieta con plantas acuáticas, que consiguen zambulléndose en los ríos y lagos (son excelentes nadadores). La dieta de invierno está integrada por pequeñas ramas de árboles, como sauces, abedules, álamos e incluso coníferas. Los machos adultos necesitan unos veinte kilos de alimento diario.

Comportamiento

Los alces presentan actividad diurna, con picos máximos durante el alba y el crepúsculo. Buenos nadadores, se mueven rápidamente sobre tierra, pudiendo alcanzar los adultos velocidades de cincuenta y seis kilómetros a la hora.

Sólo se unen en grupos en la época de cubrición

En en norte del continente americano no realizan largas migraciones, sino que se quedan más o menos en la misma zona, aunque algunas poblaciones pueden emigrar entre sitios favorables varias veces del año. Por el contrario, no es raro que los alces europeos realicen desplazamientos superiores a trescientos kilómetros en busca de territorios más adecuados según cada época del año.


La caza de alces como éste (logrado con Juan Toquero) no es para inexpertos, pues se desarrolla en unas condiciones muy adversas. © Juan Toquero.

Es un animal solitario –necesita mucho terreno para nutrirse–, aunque a veces puedan ser vistos dos individuos alimentándose a lo largo de la misma área de agua o también grupos pequeños si hay escasez de comida por la nieve. Las hembras son igualmente solitarias y sólo van acompañadas de sus crías, siendo muy agresivas si sienten algún tipo de peligro para ésta: cargar y patear es su forma de defenderlas. Los alces sólo se unen en grupos más grandes durante la época de cubrición, entendiéndose que lo que hacen es congregarse en una determinada zona como individuos y no en forma de manadas.

Durante el período reproductivo, las hembras atraen a los machos emitiendo unos sonidos que pueden ser oídos a más de tres kilómetros de distancia, para lo cual se sirven de su bolsa nasal. Los machos rivales compiten por las hembras, durante esta época, antagonismo que puede finalizar con la huída de uno de los contendientes si el otro es más grande (sin llegar a un enfrentamiento directo) o enzarzándose en una lucha que puede hacerse bastante violenta. El macho se aparea con varias hembras, permaneciendo sólo unos días con cada una.

PARÁMETROS BIOLÓGICOS

ESTRO: (celo) anual, en septiembre.

GESTACIÓN: de 242 a 250 días (unos ocho meses). Por lo general, las hembras sincronizan sus partos a finales de mayo y a principios de junio.

NÚMERO DE CRÍAS POR PARTO: una (con diez a doce kilos), aunque no son raros los gemelos.

MORTALIDAD CRÍAS 0 A 12 MESES: 50%.

DESTETE: a los seis meses de edad.

EDAD DE INDEPENDENCIA: sobre los doce meses, normalmente cuando la madre tiene otra cría.

EDAD DE PRIMERA REPRODUCCIÓN: dos años en hembras y machos, pero el desarrollo óptimo no se completa hasta los cuatro o cinco años, que es cuando las hembras alcanzan su pico reproductivo y los machos tienen la cornamenta más grande.

LONGEVIDAD: la media es de cinco a doce años en estado salvaje (aunque excepcionalmente se han encontrado ejemplares de hembras de veintidós años y machos de quince). A partir de los ocho años de edad comienzan a declinar al padecer problemas articulares (artritis), alteraciones dentales y sufrir más por las agresiones de otros machos más jóvenes y fuertes.

Modalidades de caza

Aunque su vista es pobre –pero puede descubrir bastante bien objetos en están en movimiento–, sus grandes orejas giran ciento ochenta grados, lo que les confiere unas excelentes cualidades auditivas; así mismo, su sentido olfativo está muy desarrollado para permitirles encontrar alimento bajo una espesa capa de nieve.


En Norteamérica, la forma más tradicional de abatir alces es atrayéndoles con un reclamo auditivo. © Juan Toquero.

Las modalidades de caza del alce son diferentes según la zona: en Norteamérica se abaten usando reclamos y a rececho. En Europa, se realizan batidas y rastreos –si la superficie a batir es pequeña, relativamente, se hace con perros atraillados; si es más grande se les deja sueltos hasta que dan con el alce– y también se caza a la forma americana, esto es, a rececho.

La caza del alce es –por los terrenos donde se practica, la forma en que se lleva a cabo, la falta de comodidades y las temperaturas normalmente bajas– bastante dura, no indicada para principiantes, sino para cazadores experimentados, con una buena forma física y resistencia mental, entendiendo que para lo que hay que estar realmente preparado es para el entorno hostil: si esto se sabe superar, los lances son relativamente cómodos. Veamos, pues, cada forma de caza del alce:

TAXONOMÍA

CLASE: Mammalia

ORDEN: Artiodactyla

SUPERFAMILIA: Cervoidea

FAMILIA: Cervidae

SUBFAMILIA: Capreolinae

GÉNERO: Alces

ESPECIE: Alces alces (euroasiático) y Alces americana (americano). El alce americano sería de mayor tamaño y con una cornamenta ligeramente diferente a la variedad euroasiática.

SUBESPECIES: hay controversias en cuanto a su clasificación científica en subespecies; de todas formas, las seis posibles son: Alces americana gigas, A. americana andersoni, A. americana americana, A. a. americana shirari, A. alces alces y A. alces cameloides.

Con reclamo: aprovechando los sonidos que tanto hembras como machos emiten durante la berrea, se utilizan reclamos con dos tipos de llamada: una para imitar al macho (que podemos denominar llamada de rivalidad) y otra que se asemeja a la de la hembra (esto es, un reclamo de atracción sexual).

En Europa se caza en batida, con perros, tanto sueltos como atados, o a rececho

Normalmente, el cazador se aposta en la orilla de un lago o pantano, bien escondido entre la vegetación del entorno, y comienza con las llamadas que, si se realizan adecuadamente y tienen éxito, logrará atraer a algún macho. Dicha llamada se hace con una especie de trompeta muy típica y, en el caso de que se encele lo suficiente a un buen ejemplar, éste acude al reclamo arrollando todo lo que encuentra a su paso, para demostrar a la hembra todo su poderío.

Rececho: en las zonas arbóreas o de monte bajo de Norteamérica, esta modalidad se practica en los meses de septiembre y octubre, ya que, después, al hacerse más gruesa la capa de nieve, la marcha del animal se hace mucho más lenta y el seguimiento de sus huellas resulta sumamente fácil, por lo que los Gobiernos de Alaska y Canadá prohíben este tipo de caza en estas circunstancias.

Al ser territorios muy vastos y deshabitados es imprescindible ir acompañado por un guía de caza que conozca las zonas de acampada y de aprovisionamiento. El seguimiento de las piezas se realizará tanto a pie como en barca, intentando sorprender a los alces a la caída del sol cuando van a alimentarse de plantas acuáticas. En muchas ocasiones se podría decir que más que caza a rececho es caza «al susto».


Si se persigue a un alce con un perro suelto, habrá que estar observando la mayor extensión posible de terreno para seguir la evolución del rastro.

Batida: es igual a la forma clásica en que se cazan otras especies con esta modalidad; esto es, se sitúa una línea de puestos en la zona a batir, lugar hacia donde son conducidos los alces gracias a la acción de una serie de batidores u ojeadores, que les obligan a moverse por el jaleo que van produciendo. Estas batidas duran poco tiempo (de media a una hora) y no se usan perros en ellas a no ser para el posterior pisteo de las reses heridas y no cobradas en el momento.

Rastreo: como ya indicamos, dependerá de la superficie a cazar la forma en que se lleven a los perros: pequeña, atraillados; más grande, sueltos.

Por lo general, los perros que se usan en el norte de Europa son tipo spitz y similares, adaptados al frío, muy resistentes y acostumbrados a largas caminatas sobre la nieve y terrenos fríos, y que no laten a «rastro fresco», sino sólo cuando han dado con el animal («a parado»).

EQUIPO DEL CAZADOR

ROPA: botas impermeables, polainas, ropa para agua, ropa de abrigo resistente a la humedad tanto exterior como interior, guantes y gorro. En ciertas épocas del año las temperaturas son soportables, pero la humedad del ambiente es altísima y hay que tenerlo muy en cuenta porque la sensación que se produce puede ser muy desagradable, porque se acaba empapado por dentro y por fuera y la ropa solamente se puede secar al fuego.

COMPLEMENTOS: mochila grande, cuchillo, linterna y pilas, fósforos y mechero, velas, cantimplora, brújula, GPS (aunque el guía sea experto es bueno saber dónde está uno), herramienta multiusos, kit de primeros auxilios, gafas de sol, protector solar, repelente contra mosquitos. Fundamentalmente, deberemos ocuparnos de los útiles personales, porque el tema de la intendencia suelen ponerlo las orgánicas, y del seguro médico.

RIFLES: .375 H&H, .300 Win. Mag., .300 Watherby o .338 Rem. Es un cérvido, pero enorme, con una gran capa de grasa y una resistencia asombrosa.

VISOR: con aumentos variables de 3 a 9. También otro de menos aumentos porque a veces el alce nos sorprenderá y el tiro será a poca distancia.

PRISMÁTICOS: 8 ó 10x40. Que sean luminosos.

Si se suelta al perro, el cazador se sitúa en algún lugar desde el cual pueda observar la mayor extensión de terreno posible. Tras dar con el rastro del alce, el perro le sigue en silencio hasta que sorprende al cérvido. Éste, la mayoría de las veces, le hace frente sin moverse, y entonces el perro late a parado –a una distancia prudencial para librarse de sus embestidas y patadas–, siguiéndole donde quiera que vaya sin perderle de vista.

Deberán saber seguir las huellas de los trofeos que más interesen y así no perder el tiempo

Entre tanto, el cazador, al oír el latido de parada, con el viento de cara para no dar aire, irá rápidamente en busca de la pieza, atrochando por donde pueda y acercándose finalmente con cautela y silencio, pues el oído y el olfato del alce son muy finos, y cualquier ruido o aroma extraño le hará huir tan rápido como le sea posible hacia la protección que le proporciona la espesura vegetal.

Con traílla: es una práctica muy dura tanto para el perro como para el cazador, pues exige varias horas de marcha por terrenos difíciles y llenos de obstáculos, aunque es más pausada. Normalmente la realizan dos personas: el conductor del perro y el cazador, que deberán tener amplios conocimientos para seguir las huellas de los trofeos que más interesen y así no perder el tiempo rastreando un ejemplar con poca cuerna.

La forma habitual de realizarlo es llevar al perro sujeto con un arnés al pecho (con un collar en el cuello acabaría teniendo dificultades para respirar, al ir continuamente tirando), internarse por el bosque hasta dar con las huellas frescas de un alce que parezca que merece la pena, poner al perro sobre este rastro y, sin soltarle, ir tras él. Este seguimiento puede durar varias horas, pero el alce es un animal que, al estar tranquilo, camina muy lentamente, por lo que llega un momento en que los cazadores se acercan a corta distancia: ahí será cuando se suelte el perro que, como en el caso anterior, parará al animal, debiendo aprovechar este instante para abatirle.

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