Tony Sánchez Ariño, Miembro del jurado del Weatherby

60 años después

60 años después de haber cazado su primer trofeo africano, Tony Sánchez Ariño sigue tras la senda de los elefantes, con lo que supera en mucho los 50 años que Harry Selby dedicó a la caza profesional en África. Toda una hazaña, una más, en el largo historial del más famoso cazador white hunter español, y uno de los mitos de la caza africana de todos los tiempos. Aunque, tal vez por español, no sea profeta en su tierra, Ariño es historia viva y activa de la caza en África.

Rafael Vecilla

—Este 22 de julio de 2011 hará 60 años que cobraste tus primeros trofeos africanos. ¿Dónde estarás ese día?

—Si Dios quiere en mi casa, en Valencia. Ahora me voy a Namibia [la entrevista tiene lugar el 2 de abril de 2011], luego a Botswana, paso el verano en España y después, en septiembre, me voy a Tanzania.

—60 años son muchos en cualquier profesión, y más en la tuya. ¿Hay mucho lugar para la nostalgia?

—Todo, porque, y no quiero ofender a nadie, yo pertenezco a una generación que ya no existe. De aquellos cazadores de antaño, cuando todavía nos llamaban white hunters, quedamos vivos cinco y en activo sólo uno, que soy yo.

—Empezaste como cazador de marfil. Si hubieras tenido que empezar conduciendo safaris, ¿habrías ido a África? –No, porque a mí lo que me tiraba era cazar elefantes y explorar. En aquellos tiempos, tan lejanos ya, se podía combinar muy bien las dos cosas, porque además cuanto más alejadas fueran las zonas, más primitivas y menos conocidas, había más elefantes. Pero de eso ya no queda ni la sombra.

—–No, porque a mí lo que me tiraba era cazar elefantes y explorar. En aquellos tiempos, tan lejanos ya, se podía combinar muy bien las dos cosas, porque además cuanto más alejadas fueran las zonas, más primitivas y menos conocidas, había más elefantes. Pero de eso ya no queda ni la sombra.

—Has realizado miles de cacerías y sueles recordar que nunca has tenido el menor problema yendo con clientes…

—Ni antes ni después, y espero que tampoco ahora. Cuando empecé a llevar safaris, nunca quise hacerme cargo de esos en los que se caza de todo. En los muchos que he hecho en mi vida me he centrado primero en el elefante, y luego en el resto de los 'cinco grandes', león, leopardo, búfalo y rinoceronte negro. Este último se acabó, y con el resto hay muchas limitaciones. Cazar un león es ahora un problema grande, porque como no tenga seis años de edad te arrean una multas que te brean, te quitan los permisos, etc. Me temo que los futuros deportistas, como no vayan a las jaulas de Sudáfrica, van a cazar pocos en terreno verdaderamente salvaje.

—¿Y no hay contradicción en que en tantos años de caza peligrosa no hayas tenido ningún percance? ¿Es tan peligrosa como se dice?

—Yo personalmente no he tenido problemas, pero sí se por unos y por otros que los han tenido… Y no soy el único. Otro cazador que no sufrió un arañazo en su vida fue Philip Percival, tampoco John Hunter… La caza sí es peligrosa, pero a veces el verdaderamente peligroso es el cazador, por falta de sentido común.

—Sueles decir que el África de hoy tiene poco que ver con el África de hace unas décadas. ¿Han cambiado en la misma medida los cazadores profesionales y deportivos?

—Pues sí. La generación de nuevos profesionales no tiene nada que ver con la de antaño. Por ejemplo, y me remonto 40, 50 o 60 años, en Kenya, en Sudán, en el África Ecuatorial Francesa, en el Congo Belga, en Tanganyika… venían americanos multimillonarios en dólares y aquellos señores, con tal de conseguir los trofeos deseados, afrontaban todos los inconvenientes, penalidades, molestias, porque tenían espíritu deportivo, y el tiempo tampoco contaba… En el Sudán nunca hacíamos un safari de menos de 28 días y eran muy normales los de 45 días, algo que hoy es impensable. Ahora los safaris son lo más cortos posible, dos semanitas o menos. A veces leo en las revistas sobre los safaris "exprés" y se me pone la carne de gallina. El entorno del safari es parte del juego, no sólo algo tan frío como pegarle un tiro a un pobre animal. Es mucho más, el entorno, la naturaleza, ver a los animales tranquilos sin pensar en arrearles un tiro a la primera de cambio… No se explicarme bien, pero las prisas no me van, hay que disfrutarlo todo con calma.

—Te voy a ir citando alguno de los enemigos de la caza africana y me dices qué opinas. Empecemos por el furtivismo.

—Es el enemigo número uno. Primero, con las independencias, los irresponsables de los morenitos se dedicaron a matar los elefantes por el marfil, los rinocerontes por los cuernos… organizados incluso por presidentes, ministros, generales… Pero ahora ha salido el peor furtivo que puede existir, que es el de la carne. Es decir, que matan para obtener carne y venderla, y lo mismo les da que sea un hembra embarazada, una cría o un macho viejo… todo vale. Se mata, se ahuma la carne, se seca y se vende. Es una caza totalmente destructiva. El furtivismo de marfil fue terrible porque acabó con todos los grandes elefantes, pero quedaron muchos otros que no tenían valor para ellos, hembras, jóvenes… pero es que ahora están matando elefantes también por la carne. De un macho de 5.000 kilos, carne utilizable es la mitad, y una vez seca se queda en unos tristes 700 kilos como máximo. Una lástima. Pero como la demanda de carne supera a la oferta, los furtivos están acabando con todo. Esto se llama bushmeat en inglés y en África Occidental no queda nada. Desde Dakar en Senegal hasta Lagos en Nigeria, ni ratones, quitando tres o cuatro sitios que están muy cuidados, en Benin o en Burkina Fasso, pero en el conjunto de África occidental la matanza es terrible.

—Corrupción política.

—Toda la que quieras. Otro gran enemigo. Tan en cuenta que para que furtivismo prosperara y siga prosperando, el negrito del taparrabos que está en la selva, con lanza o con Kalashnikov, de la selva no sale. Hace la labor dura y arriesgada, y es en la cadena de intermediarios donde está metida gente de toda clase, ministros, jefes de policía, militares… La corrupción es terrible, inimagible.

—Explosión demográfica.

—Otro problema. Cuando empezó el sida había quien decía que no quedaría un negro en África, pero se han hecho resistentes. Y por cada uno que muere nacen tres. En España por ejemplo, un señor tiene unos terrenos, los cultiva, los abona y son siempre productivos, pero allí llegan, talan bosques de manera arbitraria y como en dos años deja de ser productiva, se trasladan a otro sitio y hacen la misma operación. De esta manera están deforestando y creando un problema muy grave, sobre todo en África Occidental. El Sahel todos los años gana 30 o 40 kilómetros porque no hay nada que lo pueda contener. Un desastre.

—Has cazado en los cinco continentes, ¿pero qué tiene África que no tienen los demás?

—Es cierto, he cazado en todas partes, pero fue por una especie de relax espiritual, para perder de vista temporalmente lo de todos los días. Por eso pasé tres meses en Australia cazando búfalos, otros tres meses en Siberia Oriental cazando osos, o en el Ártico cazando osos blancos… pero como de pasada, como una novedad, y por conocer otros países. Además yo soy el cazador menos cazador que conozco, porque en toda mi vida no he cazado ni un animal por diversión. Siempre hubo una razón que lo justificara. Disfruto mucho viéndolos tranquilos, gordos y felices, y no he cazado por gusto jamás. ¿Que he cazado muchos elefantes? ¡Sí señor!, pero porque había que hacerlo, pues había muchos, y como un medio de vida legal y autorizado, y respetando siempre el cupo establecido. En mi vida he furtiveado un animal, ni un ratón. Siempre he sido muy respetuoso con las leyes porque para eso están, para cumplirlas.

—Muchos cazadores dicen que hoy el reto está en la montaña.

—Pues sí, por una razón. Hoy en día en África hay tres animales que el hombre blanco no ha podido dominar todavía. Uno, fuera de África del Sur, es el elefante, pues se mueve, emigra y no hay seguridad en la caza. Otro es el eland de Derby. O andas hasta que revientas o no lo cazas. Es un animal fuerte, poderoso, que se mueve muchísimo, y las zonas donde habita, en el norte de Camerún o la República Centroafricana, son poco hospitalarias. Y el tercer animal que está fuera del dominio es el nyala de montaña en Etiopía, que te obliga a subir a aquellas montañas, aguantar el frío, que de pronto cae la niebla y no ves nada… De cada diez días, siete los pasas en el campamento muerto de asco esperando que levante porque no se ve nada. Por eso, cuando se va al nyala de montaña hay que llevarse, además del rifle, una maleta llena de libros, porque igual los has de leer todos.

Y aquí enlazamos con la caza de montaña, porque el hombre tampoco la tiene dominada.

Un animal que antes era mítico y cuando alguien había cazado uno había que quitarse el sombrero y saludarlo, era el bongo, pero ahora lo caza el panadero de la esquina, con 90 años y 120 kilos de peso, porque como utilizan perros que lo que hacen es acosarlo y cercarlo, lo único que queda por hacer es ejecutarlo. De trofeo mítico ha pasado a trofeo de perragorda. Pero en la montaña no. Si vas a cazar un íbex te hará falta una mentalidad especial, muy buenas piernas y un corazón muy grande. Yo cacé en alta montaña hace años y juré por la Constitución no volver a hacerlo. Estuve cazando en Irán y aquello era la muerte. Íbamos tras el urial afgano, te metías en aquellas montañas con un tipo que no hablaba más que parshí, te señalaba unos animales en la distancia y te decía que había que llegar a unas montañas aun más alejadas, dar un enorme rodeo y subir en una caminata de muerte. Cuando ya no podías con el alma, asomado, te señalaba en el fondo del valle a un grupo de uriales que miraban para arriba…

—Volviendo a África, algunas veces has comentado que hay ingredientes que están desvirtuando los safaris. Por ejemplo la obsesión por los puntos.

—En efecto. Toda la vida he pensado que uno debe cazar por el placer de la caza y naturalmente intentar conseguir el trofeo mejor. Es de sentido común. Ahora bien, que tres puntos de más o de menos no empañen la felicidad. Yo he visto a personas, después de cazar un animal y porque le faltaba una pulgada para ser récord de lo que fuera, hacer un drama y no querer ni verlo. Eso me indigna. Es una cretinez. Al que sólo busca el récord para que luego se vea su nombre en los papeles, sin importarle ni el cómo ni el cuándo, yo le aconsejo que lo compre, que hay un mercado de cosas de esas y le va a costar muchísimo menos, pero que no sacrifique un pobre animal que a fin de cuentas no le importa, sólo que tenga los cuernos más largos que el de mengano.

—Hace un rato hablabas de las prisas como de otro ingrediente perverso…

—Ahora todo el mundo tiene prisa, ese safari expres del que hablaba, llegar corriendo, arrearle en la cresta al bicho y salir zumbando… ¡Pero hombre!… No quiero molestar a nadie pero a veces da la sensación de que no lo disfrutan ni los organizadores ni los cazadores. Lo quieren convertir en una cosa mecánica, fría, como es conseguir un trofeo como sea y facilitarle al cliente la condiciones para que sea rápido, y ganarse la puñetera propina. Porque los hay que trabajan pensando en la propia… Yo siempre he dicho que a mi nadie me tiene que dar una propina, porque yo cobro por mi trabajo, no soy un taxista o un camarero. Cumplo con mi trabajo, cobro lo que tengo que cobrar y se ha acabado… También hay una serie de señores que desde que llegan te están intentando comprar: ¿A ti te gusta tal cosa? ¡Pues hombre!, ya trataré yo de… en la idea de que así te vas a partir el alma con ellos. Están equivocados, ¡pero si yo me parto el alma por igual con todo el mundo! Además, luego no te mandan nada, ni las fotografías. Por el mundo deben andar rondando medio millón de fotografías mías que nunca veré…

—¿Las cercas son inevitables?

—En África del Sur, donde hay miles de kilómetros de cercas, tienen que hacerlo por una razón: allí la caza es totalmente artificial, pero gracias a ella hay ahora en África del Sur muchísimos más animales que hace 40 años, muchísimos más. Entonces se calculaban 16.000 cabezas de caza mayor y ahora habrá un millón. Una animalada. ¿Por qué? Porque da dinero, y muchas zonas de ganadería se han transformado en zonas de caza, hay criadores de caza que suministran animales… Entonces, como se alternan zonas de caza con explotaciones agrícolas, porque allí la agricultura tiene una gran importancia, por ley tienen que estar valladas para evitar que los animales destrocen los sembrados y se coman las cosechas. Por esa razón, si tienes una finca de caza tienes que meterle una valla alambrada de tres metros de altura para que los animales no puedan escapar. Esa es la situación, y que cada cual, según su mentalidad, haga lo que considere.

—Si alguien te pidiera consejo para hacer caza lo más auténtica posible en África, ¿dónde lo mandarías y a por qué animales?

—¿Cazar a la usanza de la vieja África? Todavía es posible en la República Centroafricana con el eland de Derby, en algunas zonas del Camerún también, con el bongo… La caza del bongo es una de las más bonitas y apasionantes. Yo he cazado en mi vida 61 de esos animales, seis míos, que los tengo en mi casa para quien quiera verlos, y 55 con clientes. De esos, he cazado dos con perros, cuando empezó esa moda y por saber qué era eso. Hice una prueba y no me gustó, pero no quería tomar una decisión a partir de una única experiencia y volví a hacerlo. Entonces comprendí que, como dicen los italianos, questo non è per me, y se acabó. He seguido cazándolos al rastro como los he cazado toda mi vida. ¿Por qué no cazo más bongos ahora? Por una sencilla razón, porque cazando al rastro tengo una seguridad, como máximo, del 30 o 40 por ciento de poder conseguir el trofeo, y no puedo competir con el señor de la concesión de al lado que da el cien por cien. Y como la gente en general lo que quiere son resultados prácticos y tangibles… Para mí se acabó el bongo. Ya cacé bastantes. Que críen… Volviendo a la pregunta, para hacer un safari clásico, con tiendas de campaña, etc., otra opción es Tanzania, en la zona del Selous, que es muy bonita y hay muchos animales. Los campamentos naturalmente han mejorado muchísimo –tenemos un motorcito y luz eléctrica por la noche, entre otras cosas–, pero sales del campamento y es el África de siempre. También en Botswana. Ahora el Okavango está cerrado, pero cazamos los elefantes al norte y el noreste… También hay zonas de Namibia, todavía muy alejadas… Quedan rinconcitos.

—Eres una reconocida autoridad en armas y munición de caza. ¿Crees que el cazador tipo tiene suficiente información? ¿Le preocupa lo suficiente con qué va a cazar?

—Pues sorprendentemente, hay mucha gente que no sabe una palabra. Y viene de safari, con un rifle que ha comprado 15 días antes, y además se lo da al armero para que se lo ponga en tiro y le ajuste la mira… Es incomprensible, porque es una parte muy importante del safari. Yo soy un gran amante de las armas y he pasado toda mi vida experimentando y probando, y gracias a mi profesión y a mis más o menos modestos conocimientos, hay armeros famosos como Holland&Holland y Rigby, que cuando crean un nuevo calibre me dan un arma y munición para que los experimente sobre el terreno con los elefantes, porque cualquier cosa que mate bien un elefante mata todo lo demás. En la reciente Expocaza, la feria de caza de Valencia, en el estand de H&H, se pudo ver una fotografía con un elefante de Botswana, muy bonito, que cacé utilizando el nuevo calibre H&H del 465 de repetición. Lo experimenté y el resultado no pudo ser mejor porque maté cinco elefantes heridos de seis disparos. Una media bastante aceptable… En fin, que me he pasado la vida trasteando con rifles y municiones porque es mi hobby. Recientemente he publicado un libro, Grandes calibres africanos, en el cual no discuto si no que explico cada calibre entre el 375 y el 700 para caza peligrosa, porque los antílopes se matan con cualquier cosa. En una ocasión me preguntó un señor cuál era el mejor calibre para el corzo, y le contesté que el corzo se mata hasta con el rabo de la escoba. Se ofendió, aunque con razón, porque me lo preguntaba de buena fe y a mi me salió aquel medio exabrupto sin poder evitarlo… En fin, un elefante es otra cosa. Y no olvidemos el terreno, porque en África los cinco grandes pueden ser más o menos peligrosos según el terreno, que es el que manda siempre. Un búfalo en terreno abierto o despejado se mata sin ningún problema, pero ese mismo búfalo con un terreno espeso, con hierba alta, etc., es otra cosa. Hay que saber qué arma y qué calibre te puede sacar de un apuro, si es que se presenta, es decir, que un animal herido te ataque. Necesitas algo que lo pare, porque si no… De vez en cuando ves un cartel que dice "Cerrado por defunción del propietario"… ¡Pues eso! Por esa razón he escrito este libro, en la idea de ayudar a todas estas personas que están interesadas en saber más, que planifican sus cacerías para un elefante, o los búfalos…

—¿Eres partidario de la autolimitación a la hora de pertrecharse para cazar?

—Mi opinión es que se utilice la mejor arma que pueda uno comprar, según sean los medios económicos, porque el arma lo es todo. Una vez me vino un señor de safari con un 458 Winchester para cazar elefante, y le había encargado las municiones a un armero. Abrimos la caja y vi que la munición que traía era expansiva, de punta de plomo. Según su armero, lo mejor que podía utilizar… Es absurdo, y he vivido este tipo situaciones más veces de las razonables. Quiero decir que cuando la gente hace un gasto muy grande para cazar ciertos animales tiene la obligación moral de saber algo, lo mínimo, pero que le de cierta seguridad, sobre el terreno, sobre las armas, las municiones, las miras telescópicas… Ahorrar en estas cosas no tiene sentido, es el chocolate del loro.

—Con tus libros has transmitido muchos de tus conocimientos de caza, de armas, etc., pero probablemente sea imposible transmitir muchas otras cosas que has vivido en estos años. Si fuera posible, ¿a quién se las transmitirías sin dudarlo?

—A todos los cazadores de buena voluntad, que respetan al animal. Y nada para esos cazadores que son capaces de ir a cazar un oso que está tranquilamente en su osera, con perros y toda la parafernalia para sacarlos de su cubil, aturdidos y deslumbrados, momento que aprovechan para fusilarlo de forma inmisericorde, algo que por cierto ha prohibido recientemente, y con muy buen criterio, el gobierno ruso. Y me alegraría saber que he aportado mi granito de arena para acabar con estas prácticas que ensucian la caza.

—Aquí se dice que nadie es profeta en su tierra. ¿En tu caso hay un poco de cierto en eso?

—No un poco, un mucho, pero es igual, corramos un tupido velo… No pasa nada…

—No te voy a preguntar que si volvieras a nacer harías lo mismo…

—De cabeza…

—Pero te pregunto si la caza te ha hecho verdaderamente feliz.

—Claro, porque si no la habría abandonado. Yo estudié Medicina, la dejé, me hice cazador de elefantes y hasta hoy. Si no hubiera sido lo que yo pensaba, me habría vuelto atrás, me hubiera puesto la bata blanca y me habría ido a la clínica de mi padre… Pero no, sólo tengo motivos para darle a Dios cien veces las gracias cada día por lo que me ha ayudado, y por lo que me dio… mis padres, mi mujer, Isabel, a la que tu conoces muy bien, mi compañera del alma en todo, aquí, allá, en casa, en África, mis tres hijos Antonio, Jorge y Carlos, admirables en todos los sentidos… En definitiva, que no tengo motivos más que para estar agradecido. Además, yo llegué a África en una época en que la caza era caza… Yo tenía mis sueños, desde chico, cuando soñaba con la Asociación de Cazadores Profesionales del África Oriental, que aquello era como ser miembro de la Real Academia de la Lengua o algo parecido, y un buen día me hicieron miembro, y además de una manera especial, porque cuando uno solicitaba el ingreso tenía que pasar una fase de "miembro a prueba", que era la que determinaba el sí o el no. En mi caso, fui nombrado directamente. Ya no existe la Asociación, pero en el hoy llamado Museo Nacional de Nairobi, allí esta el nombre de todos los que fuimos miembros, incluido el mío.

—Eres una leyenda viva, y activa…

—Lo de viva espero que por mucho tiempo, lo otro ya depende de otras circunstancias…

—¿Qué se siente?

—Yo a esto de la leyenda no le hago ni caso… Me lo dicen con frecuencia, sobre todo los americanos, pero ya digo que ni caso. Soy un ser normal, como cualquiera. Cuando estoy aquí voy al supermercado…

—El día que te retires, ¿qué vínculos vas a mantener con todo este mundo?

—De aquella sociedad de cazadores profesionales que te decía, en este momento, de los más de 50 con los que cacé, han muerto 46, y quedamos vivos cinco, algunos muy fastidiados, pero mantenemos mucho contacto, por teléfono, correo convencional y electrónico… Somos los últimos de los pocos, y eso hace que estemos cada día más unidos y tengamos más contacto. Y cuando ocasionalmente nos reunimos, damos automáticamente un salto atrás de 50 años y recordamos aquellos felices tiempos…

—¿Algo que añadir a lo dicho?

—Me gustaría decirle a las nuevas generaciones de cazadores, deportivos o profesionales, que al animal no lo miren como un objeto a eliminar, como si fuera una operación militar. Al animal hay que darle su oportunidad de escapar, que la caza sea un duelo entre caballeros y no un triste asesinato. Se están haciendo tantas cosas… Me han dicho que afortunadamente se ha prohibido en Namibia la caza del leopardo con perros, porque no se le da la menor oportunidad. Eso no es cazar, por más literatura que se le quiera echar. Esas cosas me producen 'calambres espirituales'. En definitiva, que cuando estemos ante san Francisco de Asís que no nos de una patada en el culo, que sea benevolente… Se asesinan demasiados animales, y hay mucho cazador que le da la razón a los anticaza, si lo analizas fríamente. Aunque la caza bien controlada –y la protección no es lo mismo que la prohibición– es la única manera de que haya animales salvajes. En cuanto se prohibe a rajatabla la caza de un animal, se cava su tumba…

—Y hay ejemplos de ello…

—Se prohibió el rinoceronte negro y a resultas en todo África no quedan más allá de 3.500 ejemplares, metidos en granjas y hasta debajo de la cama para que no los furtivéen. En África del Sur están furtiveando una media de un rinoceronte al día porque los chinos pagan fortunas por sus cuernos, que no son más que queratina, por muchas sandeces que se digan sobre sus propiedades. Una barbaridad…

 

En el número de enero:

  • Leones de Melopo
  • Entrevista Antonio Reguera
  • ¿Qué pasa en Irán?
  • Ummimmak en el Círculo Ártico

 

 

Reconocimientos

• Único español que fue miembro de la elitista Asociación de Cazadores Profesionales de África Oriental, con sede en Nairobi, Kenya.

• Miembro fundador y vitalicio de la Asociación Internacional de Cazadores Profesionales, y miembro de su junta directiva durante más de diez años.

• Miembro fundador y vitalicio de la Asociación de Cazadores Profesionales Africanos y miembro de la junta directiva.

• Miembro fundador de la Asociación de Cazadores Profesionales de Zambia.

• Miembro fundador de la Asociación de Cazadores Profesionales de Sudán y consejero del Departamento de Caza en Juba.

• Miembro vitalicio de la Asociación de Cazadores Profesionales de África del Sur.

• Socio de Honor de la Asociación Oficial de Caza de la Guinea Continental Española por su méritos como 'excepcional cazador de elefantes', como figura en el correspondiente diploma.

• Miembro de Honor de la Asociación Francófona de Cazadores Profesionales.

• En 1995, el CIC lo declara Personalidad del Año en Mónaco, y le hace entrega de la correspondiente medalla, que fue la primera vez que se concedió.

• El Club de Monteros le dio un homenaje en Madrid y le hizo entrega de venado de bronce, el de San Huberto.

• Venatoria le hizo entrega de una placa en reconocimiento a su trayectoria cinegética.

• En 2010 la revista Caza y Safaris le nombra Cazador del Año.

• En 2011 es nombrado Socio Honorario del chapter Levante del SCI.

• En abril de 2011, durante la IV Semana de la Caza de Jerez de la Frontera, se le hizo un entrañable homenaje donde se el regaló un jabalí de bronce.

• A título particular, ha recibido a lo largo de los años numerosos homenajes en Inglaterra, Italia, España, Kenya, Estados Unidos, África del Sur, Australia, etc.