José Ramón de Camps Galobart, cazador de rebecos y escritor

«Un cazador de sarrios debe ser humilde»

Barcelonés de 54 años de edad, gran aficionado a la caza de alta montaña y especialista en la caza del rebeco, J. R. de Camps es autor de cuatro libros específicos sobre este animal. Entre ellos destaca un glosario de 3.000 términos sobre la caza del sarrio o isard en el Pirineo.

Rafael Vecilla

Ha publicado además un libro sobre sus vivencias en la caza del zorro en su finca de Extremadura y otro de conversaciones con los cazadores, gestores y biólogos que mejor conocen al macho montés. Experto conocedor del Pirineo, posee una de las mejores colecciones de trofeos de sarrios de nuestro país. A lo largo de la entrevista transmite su profundo conocimiento de la caza del rebeco, reconocido como una de las piezas cinegéticas más difíciles de cobrar, especialmente si se va en busca de un gran trofeo.

—Aunque practicas la caza menor y mayor, se te vincula sobre todo con la del rebeco. ¿Por qué te gusta tanto su caza?

—Por la dificultad que entraña. Siempre he dicho que el rebeco, el sarrio o el isard, que es como lo llamamos en Cataluña, es un animal de caza mayor con mayúsculas, un animal muy experimentado, receloso, inteligente, que si ha sido tirado no se dejará acercar. Sus sentidos están muy desarrollados y tanto su oído, su vista como su olfato están entrenados a lo largo de su vida para utilizarlos en defensa propia. Tienen estos animales además otra peculiaridad que hace que se acentúe nuestra pasión por su caza, y es que para conseguir un gran trofeo, necesitamos antes juzgar su cuerna, y ello representa una dificultad máxima. El rebeco es sin duda, el animal cinegético más difícil de juzgar, y se necesita mucha experiencia para tener el criterio adecuado a la hora de seleccionar el trofeo que estás buscando. Si a todo esto le añades la naturaleza y el hábitat en donde se desarrolla la cacería, la dificultad que entraña andar por sus prados, canales, crestas y bosques, y la obligación de estar en una buena forma física para adentrarse por esos parajes, entenderás la felicidad que uno siente al conseguir abatir un buen trofeo y arrebatárselo
a la alta montaña.

—¿Tan difícil es cazar un rebeco?

—Cazar un rebeco no es complicado. Si quieres, incluso un animal representativo puede ser relativamente fácil. Siempre digo que la ventaja de la caza es que, es el propio cazador el que se pone los límites a la dificultad de sus recechos. Hay formas de cazar un rebeco sin que uno necesite tener una gran forma física e incluso sin que uno sea buen tirador, pero por el contrario, fíjate que el rebeco es el único animal cinegético en España, en que las organizaciones de caza cuando venden sus permisos a los cazadores, no garantizan que el animal sea medalla.

Mira, la suerte siempre existe en la caza, pero mi experiencia me dice que para cazar un gran trofeo de rebeco, en primer lugar necesitas estar en muy buena forma física. Su cacería es muy dura, y la mayoría de las veces necesitarás muchas horas de subir y bajar montañas para encontrar a un gran solitario. Es necesario prepararse para este tipo de recechos y esta ya es una diferencia sustancial con las otras modalidades de caza que practicamos en España. En segundo lugar, además de tener el rifle a punto, tendrás que acostumbrarte a disparar a largas distancias, y esto requiere tiempo y práctica. Y por último estará tu propia capacidad de aguante y sacrificio.

No tengas la menor duda de que por regla general para cazar un gran trofeo tendrás que estar todo el día desechando animales de menor categoría a la espera de encontrar al trofeo soñado. Y eso implica mucha fuerza de voluntad. Al final la ventaja de esta caza es que tú decides dónde está tu límite. Y todo esto no garantiza que cobres un medalla de oro, por eso los cazadores de sarrios estamos tan contentos cuando podemos abatir un animal mayor de 97 puntos en el Pirineo. Es el sueño de todos los apasionados a esta caza.

—Has escrito cuatro libros dedicados al rebeco, háblanos de ellos.

—Siempre me extrañó que con la extensa bibliografía cinegética que ha habido en España a lo largo de los siglos, solamente existiera un libro monográfico sobre el rebeco, El Pirineo y los sarrios, escrito por el entrañable Alfonso Urquijo hace ya más de 40 años. Es un libro excepcional y que recomiendo a todos los nuevos aficionados a este tipo de caza. Decidí atreverme a escribir sobre el sarrio y publiqué Conversaciones con cazadores de sarrios y rebecos, en donde entrevisto en profundidad a los mejores cazadores de este animal en España. Este libro me permitió conocer a auténticos especialistas de este animal, además de entablar con alguno de los entrevistados una profunda amistad que me ayudó a comprender la esencia de esta modalidad de caza.

El libro se agotó rápidamente y me animé a sacar un segundo libro titulado Apuntes de la caza del sarrio, en el que intento responder a las grandes preguntas que nos hacemos los cazadores de rebecos. Ya sabes, cómo juzgar a este animal, si están los mejores rebecos en los bosques o en las cumbres, a qué distancias se dispara a un rupicaprino, etc. Paralelamente desde que empecé a recechar isards, siempre me llamaron la atención los términos, vocablos o palabras que emplean los guardas y la gente de la alta montaña en sus recechos por el Pirineo, y a lo largo de mis subidas a la montaña las fui recopilando. Me animé a publicarlas en mi tercer libro, Glosario sobre el sarrio, su caza y la alta montaña, un conjunto de palabras que se refieren al ejercicio de la caza del sarrio en el Pirineo. Son vocablos de muchas clases, aunque todos ellos hacen referencia al sarrio, su caza y la descripción de la alta montaña.

Es el libro que me siento más orgulloso de haber escrito. Por último en mi cuarto libro, Cazando sarrios en el Pirineo, he querido narrar diversas leyendas, cuentos, historias y anécdotas del Pirineo cinegético, junto con algunas de mis diversas cacerías en busca de sarrios realizadas por esta cordillera. Sin duda, escribir estos libros además de una dificultad y un reto, me ha producido horas de auténtico placer y espero que sean del agrado de todos aquellos lectores aficionados a la alta montaña.

—Parece ser que tus libros están agotados ¿Has pensado en reeditarlos?

—La verdad es que yo mismo me he sorprendido de su éxito. En estos momentos no tengo planes de reeditarlos. Se que a veces en alguna librería cinegética se encuentra algún ejemplar de mis últimos libros, que es muy difícil encontrar los demás, y he visto con azaro el precio que ofrecían en ebay.com por mi libro Conversaciones… Seguro que algún día tendremos que hacer algo, la editorial me ha propuesto la reimpresión de los cuatro libros en una edición de dos tomos. Veremos…

—Tu primer libro recoge tus conversaciones con grandes cazadores de rebecos. ¿De quién aprendiste más sobre su caza?

—Todos ellos me aportaron muchísimo. Tuve la gran suerte de hablar horas y horas sobre el rebeco con todos ellos, me contaron sus vivencias, su pasión por la alta montaña, por este animal, pero si me insistes, hay dos cazadores que me han dejado huella y que considero excepcionales cazando rebecos. Uno es Íñigo Moreno, marqués de Laserna, y el otro Javier Mercader, vizconde de Belloch. El marqués de Laserna es un auténtico conocedor de este animal, un apasionado de la caza de alta montaña, ha cazado prácticamente todas las subespecies de rebecos que se encuentran en el mundo, es todo un experto en la gestión de cotos de alta montaña y por encima de todo es un hombre con una sensibilidad extraordinaria, y con un conocimiento sobre la historia del Pirineo que te pasarías horas y horas escuchándolo. Me ayudó mucho en la confección de algunos de mis libros y el prólogo que me escribió para Apuntes para la caza del sarrio es todo un tratado en mayúsculas sobre el sarrio y su pasión por la alta montaña. Recomiendo leerlo. Hablar de Javier Mercader es hablar sin duda de uno de los mejores cazadores de sarrios de la historia de España. Su colección de trofeos es espectacular y demuestra su pasión y afición por este animal. He tenido la suerte de poder cazar con él los últimos 12 años en el Pirineo y puedo sentirme orgulloso y afortunado de las muchas vivencias que hemos compartido en la montaña. Él me enseñó a cazar los grandes trofeos, a tener perseverancia en su búsqueda, a la necesidad de aprovechar las oportunidades que la montaña te brinda, a organizar los recechos hasta el último detalle, la importancia de la preparación física… Y sobre todo me inculcó la capacidad de sufrimiento que se necesita para poder seguir andando por la montaña, desechando buenos animales a la espera de encontrar el trofeo soñado. No he podido tener mejor maestro. Aun hoy, con muchos años a sus espaldas, sigue subiendo a la alta montaña en busca de fotografiar a grandes trofeos.

—¿Cuál es la esencia de la caza del rebeco? ¿Qué características debe reunir quien quiera cazarlos?

—Antes te he dicho que cada cazador se pone sus propios límites dependiendo de sus propias características físicas y objetivos cinegéticos. Algunos somos auténticos apasionados a su caza, y el rececho de grandes trofeos nos tiene totalmente enganchados. La caza tiene que ser incierta, que exista dificultad y esfuerzo para ser atractiva, y ello se cumple con creces en el cobro de este animal.

Para muchos de nosotros, estos recechos son todo un desafío y puedo garantizarte que si uno la practica año tras año, si uno intenta conseguir ser un especialista en esta modalidad, este reto se convierte en un objetivo que le marcará para toda su vida. Dejar la gran ciudad y adentrarse en la alta montaña requiere, además de una gran afición, un esfuerzo mental y físico muy serio. Si preguntas cuáles son las características que debiera reunir un cazador de sarrios yo empezaría por hablar de humildad. Uno tiene que aceptar sus limitaciones ante el poderío de la alta montaña. A la montaña hay que respetarla, nunca desafiarla. Ya he hablado de la necesidad de estar bien preparado físicamente ya que además de ser un motivo de prudencia, estar en forma nos permitirá disfrutar de nuestros recechos, y tener la fuerza de voluntad suficiente para caminar largas horas por parajes llenos de dificultad.

Es muy importante tener un buen rifle y sobre todo tenerlo siempre a tiro. Tendríamos que intentar conocer al máximo las caídas de las balas que disparamos, seguro que por lo general tendremos que tirar entre 270 y 320 metros y esto implica cierta práctica. Es fundamental saber juzgar al animal y ello es realmente complicado. Solamente la experiencia y los muchos errores que se cometen, permiten juzgar si un animal es medalla de plata u oro, o si una hembra es buena o excepcional. Localizar al animal, saber acercarse sin ser visto, encontrar el lugar idóneo para apoyarse, elegir el momento adecuado para disparar, son momentos del rececho que dependiendo de la experiencia del cazador pueden determinar el resultado de la cacería. Es necesario el conocimiento del terreno donde cazas para saber dónde encontrar buenos trofeos, y hay que saber andar por la montaña, algo que solo se aprende pateándola muchos años. Y por último, sin amor por la alta montaña, sin pasión por esta caza, será muy difícil que quieras volver año tras año, a seguir reventándote en busca de un trofeo soñado.

—Decía Valentín de Madariaga que quien es capaz de cazar un sarrio en los Pirineos puede cazar en cualquier montaña del mundo. ¿Estás de acuerdo? ¿Hay algo singular en los Pirineos?

—Valentín cazó por todo el mundo y el rebeco fue una de sus grandes pasiones. El decía que su caza en la alta montaña era la más divertida y además eran los animales cinegéticos más difíciles de juzgar. Laserna o Mercader siempre han dicho lo mismo, la mejor escuela de alta montaña es la caza del rebeco. Mira, el Pirineo para un profano puede parecer fácil, casi nunca cazas por encima de los 3.000 metros y las montañas te parecen asequibles, pero mucho cuidado con ellas. Están llenas de cortados, hay poquísimos caminos o senderos para caminar y siempre estás andando por entre medio de sus laderas, por rodaderos o tarteras, y sobre todo mucho cuidado si tienes que cruzar por pasos helados, sin olvidarme de su cambiante climatología. Al sarrio puedes cazarlo en sus cumbres o en sus bosques, teniendo que entrarlos y dispararlos de distinta manera, y ello te aporta una experiencia importantísima para futuros recechos en otras montañas. Además, seguro que si cazas buenos trofeos en el Pirineo, habrás aprendido a sufrir, a controlar el cansancio, a no rendirte fácilmente… y este cúmulo de experiencias son la base para poder cazar en cualquier otra montaña del mundo.

—¿Cómo se encuentra un buen trofeo? ¿Los cazadores especializados cuando vais a la montaña tenéis a los machos localizados o simplemente vais a la aventura y os los encontráis?

—La mejor forma de encontrar a un gran trofeo es ir muchas veces en su busca. Cuantas más horas pases en la montaña, seguro que tienes más probabilidades de encontrarlo. Mira, animales realmente muy buenos hay pocos y los que los buscamos sabemos de su existencia o porque han sido avistados por nosotros mismos en años anteriores, o porque han sido fallados por otros cazadores o porque a veces recibes alguna información por parte de la gente local o de montaña de un trofeo que vieron en tal o cual zona. En la medida de lo posible, es importantísimo patearse la zona que vas a cazar antes de tus permisos.

Los sarrios son animales muy territoriales y suelen moverse por los mismos collados en donde los avistaste, y solamente durante la época de celo pueden llegar a moverse y desplazarse a grandes distancias. Durante el celo puedes llevarte gratas sorpresas ya que machos viejos que nadie ha visto, salen de lo más frondoso del bosque en busca de alguna hembra. Nosotros a estos los llamamos "no fichados" y te aseguro que cada año alguno nos sorprende. También te digo que animales que tenía localizados antes de mis permisos, cuando me ha tocado ir a rececharlos no he podido encontrarlos, y me he preguntado muchas veces dónde se han metido. El sarrio es un animal muy imprevisible. Recuerdo que estuvimos cuatro años detrás de una machorra que solamente salía del bosque al final del invierno. Era una hembra magnífica.

Hace tres años la pude tirar por fin, después de darme siempre calabazas, y me equivoqué matando a otra que apareció en el mismo lugar que ella frecuentaba. Hace dos años volví a estar detrás de ella y, aunque la vi, no puede tirarla, y este año fui dos veces en su busca sin resultado, y justo el último día de caza, el guarda se la topó de frente con otro cazador y la abatieron. Fue un trofeo oro extraordinario. Yo estuve cuatro años detrás de ella sin resultado, y en cambio un cazador que era primerizo, se la llevó sin ser consciente de los quebraderos de cabeza y tiempo que empleamos tras ella. Así es la caza del sarrio.

—¿Se puede medir el nivel de un cazador de sarrios por el nivel de medallas que tiene? Háblame de tu colección de sarrios.

—Madariaga siempre decía que la valoración de un cazador de trofeos pasa por la calidad de los trofeos que ha cazado. Antiguamente se valoraba mucho más la cantidad de animales cobrados, y por eso era tan común decir que uno ha cazado 100, 200 o como el Dr. Couturier, con su cifra mítica de 500 rebecos. Reconozco que me gusta más la propuesta de Valentín. Él siempre decía que el récord de España de sarrio en el Pirineo durante muchos años, lo mató un señor cuando estaba comiendo un bocadillo sentado en un rececho. Un gran macho lo puede matar cualquiera. Por eso el siempre hablaba de colecciones, reconociendo a todos aquellos cazadores que tenían entre sus piezas cobradas gran número de medallas. Estoy de acuerdo con él, aunque esto no significa que seas mejor o peor que otro caza dor. Tener una buena colección de trofeos de sarrios implica sencillamente que eres un gran conocedor de este animal, que eres un gran apasionado a andar por la alta montaña, pero decir que eres mejor o peor que otro cazador no lleva a ningún lado. No me interesan este tipo de comparaciones. Mi colección espero que siga aumentando con los años, me apasiona cazar grandes trofeos de sarrio, tengo ya 18 machos medallas de oro, cinco de plata y muchos bronces, aunque solo tengo una hembra plata y tres bronce. Como ves me falta una hembra medalla de oro, llevo años en su busca y parece que se me resiste. De estos 18 medallas de oro, he tenido la suerte que seis de ellos sean mayores de 100 puntos. Madariaga a estos trofeos capitales los llamaba medalla de brillantes. Son realmente los más difíciles de conseguir y su cobro es la máxima satisfacción para un cazador de sarrios. También me apasiona cazar animales muy viejos, al ser estos muy resabiados y vivir prácticamente todo el año dentro del bosque o en zonas inaccesibles.

Dentro de mis sarrios medalla tengo siete machos mayores de 15 años, tres con 17 años y una hembra con 20 y otra con 22 años. Son todas edades muy avanzadas para un rebeco. Me impresiona mucho pensar que han podido pasar tantos inviernos en esas montañas. Le doy además mucho valor a la caza selectiva. En muchas ocasiones es más complicado cobrar un animal selectivo conocido y determinado, que has ido en su búsqueda, que un macho homologable, y por tanto dentro de mi colección tengo algunos animales selectivos que por su singularidad o por su dificultad los tengo colocados en lugares preferentes.

—¿A qué distancias tiráis a un sarrio los especialistas? ¿Qué protocolo sigues a la hora de tirar a larga distancia?

—Todo siempre es relativo, pero mi experiencia me dice que, por lo general, a los machos viejos vas a tener que tirarlos a distancias largas. Siempre puedes asomarte en una olla y encontrarte a un sarrio bueno a 100 metros, o incluso alguna vez tendrás que tirar como si fuera un conejo si lo estas recechando dentro del bosque, pero lo normal es que sean animales muy recelosos, precavidos, y mantengan una distancia de seguridad que les de cierta tranquilidad. Puede ser que en el celo, locos de pasión, estén más despistados y puedas acercarte a 200 metros o menos, pero cuando analizo mi colección y veo los machos importantes, compruebo que a todos los he tirado entre 250 y 325 metros. Más largo no tiro nunca, intento ponerme como mínimo a estas distancias, pero tengo claro que tengo que estar preparado para poder disparar a 300 metros si quiero tener oportunidades.

En relación al protocolo, es de libro. En primer lugar llevo el rifle bien centrado, conozco muy bien la caída de mi bala e intento haber disparado algunos tiros antes de la cacería. Si no practicas, es fácil fallar, y muchas veces todo el rececho depende de una sola bala. Es básico tirar siempre a estas distancias con el animal parado, siempre atravesado, y muy bien apoyado. Bien apoyado significa sentirte cómodo con la posición que has elegido y sobre todo tener siempre los dos codos muy firmes en el suelo o una roca. Si solo tengo un codo bien fijado por el mismo desnivel del terreno, prefiero no tirar y todos mis sentidos están centrados en encontrar otra posición. Cuido mucho no tener gatillazos, el rifle está firmemente apoyado y no me gusta que me sorprenda la bala, me gustar sentir como el dedo índice –brazo y hombro están quietos– lentamente va presionando el gatillo hasta su disparo. Por último, es una chorrada, pero para disparar y tocar, hay que apuntar, el punto de mira tiene que estar exactamente donde quieres poner la bala. Tengo también muy presente donde está el animal, porque puede ser que se despeñe y me cueste mucho cobrarlo o que lo deje herido, y no tenga capacidad de volverle a disparar. En un principio hay que asegurar el disparo todo lo posible, pero también en algún momento puede que tengas que tomar riesgos con disparos complicados .Y si se falla, que se falla, es básico analizar el porqué de ese error para que en el futuro no vuelva a producirse.

—¿Qué rifle utilizas? Y el visor ¿de cuántos aumentos?

—En la alta montaña están de moda los rifles sintéticos. Reconozco la supremacía técnica de estos rifles actuales, más preparados para los golpes y las condiciones meteorológicas actuales. Como soy un romántico, sigo utilizando un rifle de madera aunque relativamente de última generación, es un Blaser con un calibre extraordinario, el 6x62 Freres, con muy buena rasante y con punta de 95 grains, suficiente para el rebeco. Piensa que tiro con esos mismos grains al macho montes. El visor es Nikon Monarch Titanio 5,5-16,5x44 que pesa muy poco, no se empaña y es muy resistente a prueba de golpes.

—Dicen los cazadores de trofeos que es mucho más difícil cazar una machorra medalla que un buen trofeo macho de rebeco. ¿Estás de acuerdo?

—Rotundamente sí, por varias razones. La primera es porque hay muchas menos y esto hace que sea más difícil encontrarlas. En segundo lugar porque si es machorra, una de dos, o se pasará casi todo el año sola dentro del bosque y será muy difícil verla, o por el contrario se moverá con el rebaño pudiendo desplazarse constantemente, lo que te obliga casi a encontrártela por casualidad, ya que es difícil saber por dónde se mueve. Si está con más hembras, tendrás que saber elegirla y no te olvides que serán muchas otras las que pueden descubrirte, y avisar a todo el rebaño de tu presencia. En tercer lugar, y para mí el más importante, es que puedes llevarte muchos disgustos a la hora de juzgar las cuernas de una machorra y disparar a un trofeo que después no cumpla tus expectativas. Las cuernas de una hembra son mucho más delgadas que las de un macho, y en principio pueden parecerte mucho más largas, y por tanto un gran trofeo. Para tirar a una machorra hay que juzgar y rejuzgar muy bien el grosor de sus cuernas. Ya sabes que el perímetro de su cuerna se multiplica por cuatro, y esa puntuación es la que te ayudará a sumar los 93 puntos de una hembra medalla de oro. Y mi experiencia me dice que hay que ir con muchísimo cuidado, que por lo general sus cuernas son mucho más delgadas de lo que pensabas, y es una pena, a los precios que están los permisos, perder un precinto de trofeo tirando a una hembra machorra para que al final te dé un bronce justo, cuando podías haber intentado recechar a un macho medalla.

Por último en la caza no vale todo, siempre digo que los mejores trofeos son las hembras adultas, y por tanto hay que mirar siempre si van o no con cría. No me parece justo que algunos cazadores en busca de récords intenten tirarlas dejando a sus crías a merced del invierno. Yo he cobrado una machorra de 20 y otra de 22 años, eran por tanto auténticas viejecitas. ¿Cómo te imaginas que eran sus cuernas?, pues todas despuntadas, rotas, desgastadas por los años. Una vez medidas no pasaron de bronce, mientras que una hembra adulta de 12 o 13 años está en su mejor momento y es cuando pueden ser auténticos récords. Piensa además que estas hembras son las que conducen a todo el rebaño, sus guías , y las únicas que en inviernos muy duros conocen por su experiencia pasos que permitirán a todo el grupo llegar a la primavera. Si ya de por sí es difícil cazarlas, te estoy añadiendo una nueva dificultad. Mira, para cazar un récord de sarrio hembra, tendrás que encontrar a una hembra adulta pero sin cabrito, o sea, encontrar a una machorra primeriza, ¿ves lo difícil que es cazar medallas de oro de hembra de rebeco? Y pensar que algún cazador afortunado se las encuentra por la montaña, y decide no tirarlas porque va en busca de un macho homologable…

—Has hablado de que no todo vale en la caza de alta montaña. ¿Qué piensas de la trofeitis por el rebeco?

—Gracias a la homologación de trofeos, el cazador ha conseguido seleccionar la pieza que está recechando, y por tanto no disparar rebecos a discreción, independientemente que sean adultos, jóvenes, pequeños, hembras o machos. Y esto es muy bueno para el correcto equilibrio de una población de animales. Gracias también a la trofeitis, las reservas de caza o los cotos privados tienen estadísticas anuales de sus animales cobrados con sus puntuaciones, pudiendo así medir objetivamente la propia gestión de sus territorios y teóricamente también de sus gestores. Como decía el marqués de Laserna, el objetivo de la homologación de un trofeo no es decir si el animal es el primero o el tercero de España , sino clasificarlo dentro una determinada categoría y poder así conocer si el animal es excelente, bueno o no homologable. Además gracias a la trofeitis, ha nacido también la figura del cazador selectivo, importantísima para el control de una población de rebecos determinada, permitiendo además a muchos cazadores con menores recursos poder cazar también animales de esta especie. El problema de la trofeitis en este animal nace de la propia vanidad de ciertos cazadores de rebecos, que compran colecciones especializadas para homologarlas a su nombre, o se apropian como suyos récords cazados por cazadores locales, o incluso intentan para conseguir buenos trofeos de hembras, presentar para su homologación machos que por sus aberturas, grosor o puntas podrían pasar por hembras de rebeco. Su objetivo es aparecer los primeros de las listas de récords para recibir premios y reconocimientos a costa sencillamente de hacer trampas. Pero bueno, en cualquier colectivo siempre hay excepciones a la regla. Mi experiencia me dice que los cazadores de rebecos son gente muy respetuosa con la ética de la caza, enamorados de la alta montaña, buenísimos compañeros y experimentados cazadores. Te lo puedo garantizar porque conozco a muchos de ellos. La trofeitis pienso que ha aportado muchas más ventajas que desventajas, y el balance es altamente positivo. Por suerte ya no existen resaques, y todos los animales tienen que ser cazados a rececho, obligando a los cazadores a través de la caza de aproximación y acompañados de un guarda, a la elección de un animal determinado.

—Háblanos de los guardas de caza que os acompañan, ¿qué diferencias has notado con los guardas de antaño? Y Háblanos también de algunos de los guardas con los que cazas asiduamente.

—Todos los cazadores que subimos a cazar al Pirineo nos descubrimos la cabeza ante estos hombres de las montañas que nos ayudan a cumplir nuestros sueños cinegéticos. El conde de Yebes los llamó en su día hombres de acero, quizás los más duros que conoció de nuestras altas montañas ibéricas. Los ingleses que llegaron a España a cazar también en el Pirineo, les llamaban los hombres gato españoles, por su facilidad de saltar de piedra en piedra o subir y bajar por precipicios y cortados. Me tranquiliza mucho lo bien que conocen la montaña. Si el cazador sufre algún accidente, ten por seguro que tendrás a tu lado al mejor compañero y que, además de no dejarte solo, encontrará la manera de sacarte sin riesgo para tu persona. Los guardas de antaño sentían la montaña como suya, y ponían todo su empeño en contentar al cazador, encontrando al animal que uno quería y cazándolo adecuadamente. Pienso que tendríamos que hacerles un gran homenaje, pues gracias a ellos existe un nivel de trofeos considerable en los pabellones de caza de muchísimos cazadores españoles.

Los guardas actuales son también magníficos profesionales, jóvenes, en perfecta forma física, y conocedores de los riesgos de la alta montaña. Están muy bien preparados, conocen las nuevas tecnologías, respetan y conocen muy bien la flora y fauna de la montaña y son dignos sucesores de sus padres, tíos o familiares, porque una de las grandes ventajas es que, en muchos casos, son generaciones de familias que se han dedicado a este trabajo. He tenido la suerte de cazar con muchos guardas, pero siempre hay algunos con los cuales tienes una relación muy especial, como por ejemplo Jordi Cruïlles en el Cadi, que acaba de retirarse, y con el cual empecé a cazar sarrios, y con la familia Marsal en Setcases, que son los guardas con los que mayoritariamente cazo mis permisos en los últimos 12 años. Tanto Josep Marsal como su hijo Jordi y su sobrino Eduard, son magníficos guardas de alta montaña, y con ellos he pasado algunos de los momentos más felices de mi vida. Josep, ya retirado, fue un experto y todo un pionero en la gestión y control de las poblaciones de isards a través de una caza selectiva muy rigurosa, que tan sabiamente siguen hoy todos los guardas de la reserva de Set Cases. Jordi, actual guarda mayor, es la persona que más me ha impresionado a la hora de juzgar rápidamente el trofeo de un sarrio, es toda una garantía cazar con él, y Eduard, que se incorporo más tarde, es un gran conocedor del territorio y lleva en sus genes toda la sabiduría de una familia que siempre ha estado vinculada la caza de alta montaña.

—Para finalizar, ¿puedes contarnos alguna anécdota reciente de tus recechos?

—El Pirineo es mágico y está lleno de sorpresas. Tengo muchísimas anécdotas y recuerdos entrañables, pero este año en un rececho me llevé una de las sorpresas más increíbles de mi vida cinegética. El verano pasado me enviaron por e-mail una foto de una hembra con unas cuernas impresionantes que habían divisado en un vallejo que linda con Francia. Este amigo mío, juez de paz, vecino de Camprodón, es muy buen fotógrafo y un día andando por la montaña se encontró a esta machorra y pudo hacerle unas fotografías que después me envió. Parece ser que la hembra pasaba todo el día en nuestro territorio para, llegada la noche, volverse a su querida Francia al ser esta una zona determinada dentro de la reserva francesa en donde estaba prohibida su caza. Hablé con los guardas y quedamos en que si seguía por esos mundos en la temporada de caza, la intentaríamos cazar. Mi hembra pasó en Coma Armada todo el verano, sus costumbres eran las mismas, cada atardecer volvía a territorio francés para iniciar con la salida del sol el retorno a España, en busca de sol y abundantes pastos. Por fin, a principios de noviembre, pude conseguir el permiso para cazarla.

El día anterior, en un rececho de selectiva mi guarda volvió a verla en la misma zona. La hembra siempre se movía por los mismos sitios, era una vieja solitaria y había encontrado su tranquilidad en esos bosques, aunque por motivos de precaución cada atardecer volvía, día si, día también, a recogerse en territorio francés. La noche anterior a mi permiso estábamos muy animados. Quedamos en subir de noche cerrada para así, con los primeros claros, localizarla antes de que se nos encamara dentro del bosque, en donde pasaba casi todo el día. Subimos durante dos horas por un pequeño sendero a ciegas, yo llevaba una pequeña linterna que me ayudaba a pisar correctamente. Por fin llegamos y totalmente a oscuras nos situamos en la misma cresta esperando el crepúsculo de la mañana. Al rayar el alba, empiezo a registrar toda la pala de la montaña y descubro con asombro, ¡no me lo puedo creer!, unas ochenta tiendas de campaña montadas en donde tendría que estar mi rebeca. El guarda y yo nos miramos extrañados, cuando vemos a unos cuantos soldados moverse por el campamento. ¡Nos hemos topado con el Ejército español! ¡Qué mala suerte! Nos levantamos incrédulos, empezamos a andar desilusionados y encima recibimos un "¡Alto! ¡Santo y seña!". Lo que faltaba, a ver si ahora vestidos con pasamontañas por el frío y armados, esta gente se lía a tiros con nosotros. Nos acercamos cautelosamente y explicamos qué hacemos aquí, ellos nos cuentan que estarán tres días de maniobras, que subieron ayer tarde a última hora, y yo me quedo embobado, sin capacidad de decir nada: dos meses siguiendo cada semana a mi hembra, y ahora, el día que subo, el ejército me la espanta. ¡Qué cosas tiene la caza! Por supuesto, la hembra desapareció y no hemos vuelto a saber nada más de ella.

 

En el número de enero:

  • Leones de Melopo
  • Entrevista Antonio Reguera
  • ¿Qué pasa en Irán?
  • Ummimmak en el Círculo Ártico