Andoni Ferreño, actor

«La caza es arte»

 

Quedamos con Andoni Ferreño en el Teatro Español donde estaba representando Celos del Aire, de José López Rubio. Nunca nos imaginamos que nos encontraríamos con un cazador pasional y de cepa...

Isabel Elola Medio

 

Como en los toros, el torero al vestirse con el traje de luces se transforma, igual que yo cuando me visto de cazador

Un loco por la perdiz y un personaje políticamente incorrecto, como dirían algunos... aficionado al arte de cúchares, al arte del boxeo y al arte de...  Sí, sí, al arte cinegético, porque no se os olvide que la caza tiene mucho de ritual, mucho de preparación, y en el fondo sufres una transformación.

—Como en el Teatro...

Sí, como en el teatro, o como en los toros, el torero al vestirse con el traje de luces se transforma, igual que yo cuando me visto de cazador. Puedo estar con 39 de fiebre y malísimo pero cuando se apagan las luces en el patio de butacas y salgo a escena se me pasan todos los males. En la caza es lo mismo.

—Para ir detrás de las perdices...

La perdiz roja brava, dura... la que te regala unos lances increíbles.

—La menor mejor que la mayor...

Para mí sin ningún tipo de dudas. La caza menor y sobre todo la perdiz te permite lances inolvidables y una caza de poder a poder, como yo creo que no existe en otros tipos de modalidades. Y además, cuando llegas a casa y la expones; dos liebres, una perdiz, un conejo... forman un cuadro precioso, no hay muerte.

—Y en la mayor la muerte está latente...

Yo respeto mucho la caza mayor y a los cazadores que la practican, me parece que el momento esplendoroso que pasa es culpa de ellos. Pero a mí no me gusta. Y lo que detesto en particular es el ritual del noviazgo, que ha pasado de ser una tradición bonita a una bestialidad y una guarrada.

—¡Ah! Que te gustan las monterías...

En absoluto, he ido alguna vez a alguna porque me han invitado o por compromisos y me he aburrido como una ostra. Además los puestos de al lado no me miran bien, porque como me aburro, fumo, hablo, me muevo... en fin un desastre... Y es que yo ese tipo de caza no la he mamado.

Una cosa importante de la caza es que te gustes, cuando ves que has hecho bien el lance, la entrada ha sido correcta y has respetado las leyes de la caza

—Tu padre te enseñó a andar detrás de las perdices...

Pues sí, empecé con las zimberas (carabinas de perdigones), como antes empezaba casi todo el mundo. Luego ya con escopeta del 12 y siempre con mi padre, mi tío y mi cuadrilla.

—Por campos castellanos...

En Guadalajara tengo una casa en un pueblo y ahí cazamos siempre la misma cuadrilla. Y allí, por las condiciones geográficas del terreno, los lances y las sensaciones son bestiales. Tengo otro coto en Villamayor de Santiago donde hay muchísima más caza, pero donde las sensaciones no se pueden comparar. En Guadalajara, a veces nos venimos de bolos, pero la luz, el paisaje, el esfuerzo, son cosas que no cambio por nada, aunque algunos no lo entiendan.

—Es que la caza no consiste sólo en matar.

Para mí, lo menos importante de la caza es la muerte. Para mí una cosa importante de la caza, como en el toreo, es que te gustes, cuando ves que has hecho bien el lance, la entrada ha sido correcta, has respetado las leyes de la caza y sobre todo has respetado a la pieza que vas a abatir, no cuenta volver con el zurrón vacío.

—Y si eso lo haces en colaboración de un buen perro...

Es el no va más. Un tío mío dice que en la caza, el 90% es el perro. Yo desgraciadamente no tengo perro porque no tengo tiempo para cuidarlo, pero reconozco que la caza menor con perro es por antonomasia la caza con mayúsculas.

—Y si es con perdiz nacida y criada en el campo, mucho mejor...

Cuando hablo de caza de perdiz, me refiero a esas perdices. Las de granja, esas que se echan antes de salir a cazar, no me gustan nada. Prefiero tirar al plato, no me gusta tener que darles una patada para que levanten el vuelo...

No me valen los ecologistas de salón, que apagan los fuegos desde la Puerta del Sol con pancartas y que reclaman actuaciones contra los incendios. No me valen los ecologistas que critican desde la tele y que no trabajan en el campo

—Como dijimos al principio de esta entrevista, te gustan los toros, el boxeo y la caza, y lo dices alto y claro.

Lo digo alto y claro, lo he dicho siempre y siempre lo diré. Yo he vivido y vivo en contacto directo con la naturaleza y la naturaleza me ha enseñado que, para respetarla, tienes que convivir con ella. No me valen los ecologistas de salón, que apagan los fuegos desde la Puerta del Sol con pancartas y que reclaman actuaciones contra los incendios. No me valen los ecologistas que critican desde la tele y que no trabajan en el campo. Pero este país es así, hablan de toros los que no saben, critican el boxeo los que jamás han ido a una velada, y despotrican de la caza los que jamás han pisado el campo.

—Pero nosotros algo de responsabilidad ya tenemos...

Sí, nuestra responsabilidad es no luchar como se debe contra el furtivismo o justificarlo algunas veces. Quizá nos queda alguna otra responsabilidad, que es la de no defender debidamente nuestros derechos, aunque esto es muy difícil, dado el individualismo del cazador.

—Y hablando de nuestros derechos, ¿conoces lo que hace la Federación Española de caza por los cazadores?

La verdad es que no, quizá es que por mi forma de ser no me he preocupado mucho de esas cosas. Sé que está ahí, pero no sé lo que hace.

—Pues sostiene que la caza es deporte...

Pues se equivoca. La caza proviene de la misma persona, de la tierra, es parte intrínseca de la Naturaleza. El hombre cazaba para comer, y hoy aunque esta prioridad no es necesaria, caza por un acerbo cultural que tiene en lo más profundo de sus genes. La caza tiene diez millones de años, y el deporte unos cientos.

—Y la Oficina Nacional de la caza, ¿la conoces?

No. ¿Eso de qué Ministerio depende?

—Es un apéndice de la Federación Española de caza, que pretende aglutinar todo el sector de la caza: cazadores, armeros, criadores de perdices, orgánicos de monterías...

No, no la conozco ni sé lo que hace pero esa labor me parece muy difícil. Eso es juntar gente con intereses muy opuestos y eso no les puede llevar muy lejos.

—Cambiando de tercio y para terminar. Siempre hay algo de la caza, como de otros órdenes de la vida, que se nos queda grabado...

Yo tengo grabada la forma que mi tío Manuel tiene de cazar. Antes de la Guerra Civil, cazaban para vivir, cambiaban conejos por aceite, liebres por pan, y se fabricaban ellos solos los cartuchos, tenían tres hijos y a cada uno le daban un cartucho y tenían que traer tres piezas. Hoy día salimos a cazar y él no lleva más de diez cartuchos; al final de la jornada si ha tirado los diez, cuelga ocho piezas; y no es que tire bien —que lo hace y muy bien—, sino que piensa como las perdices o como las liebres. Es un espectáculo.