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Felipe Choclán, montero y escritor, autor de «Candiles»

«Le auguro buen futuro a la caza por la conservación que hacemos los cazadores. Y eso son hechos frente a palabras y críticas»

 

En el Número de Mayo:

  • Venatoria & Subaru-FITAC. José Ignacio Ñudi.
  • Tórtolas de mayo. José Ignacio Ñudi.
  • Becadas con perro... y cámara. Ibón Telletxea.
  • Entrevista a Juan Carranza. José Ignacio Ñudi.
  • Cuernas delatoras. Varios autores.
  • Entrevista a Felipe Choclán. Alejandro Chinchilla.
  • Museo de la Caza Salvaje de Valdehuesa. José Luis Rodríguez.
  • Monterías: Merecido descanso. Emilio Jiménez/P. Castejón.
  • Consejos a la hora de contratar un safari (y II). Ramón Estalella.
  • Novedades armeras en Venatoria & Subaru-FITAC. Juan Francisco París.
  • Express Demas Eloge Personnalisée. J. F. P.
  • Cazadores del siglo XXI. Antonio López Espada.
  • Tana pudo con los mejores. Rafael González Muñiz.
  • Una cita muy interesante. A.L.P.
  • Muchos y buenos. José Manuel Sanz Timón.
  • Causas del prurito. Juan José García Estévez.
  • Cazadores protectores. Ramón J. Soria.
  • Vainas abandonadas. Eduardo Coca Vita.
  • Picos de Europa: la naturaleza culta. Susana Arguedas Medina.
  • Leopardo da Vinci. Tico Medina.
  • La caza debe organizarse en cluster. José Carlos del Álamo.
  • La indumentaria. Mariano Aguayo.

Apasionado montero y escritor nacido en Ceuta, Felipe Choclán ha escrito numerosas obras cinegéticas entre las que destaca «Candiles», la historia de un venado de Sierra Morena, de la que ya se prepara la segunda edición.

Por Alejandro Chinchilla


Las fotos están tomadas en el pabellón de caza de Felipe, en la alicantina localidad de Torremanzanas, un lugar en el que cada animal, cada foto, tiene un significado cinegético y emotivo.

Hablar de Felipe Choclán es hablar de Candiles. El cazador y la pieza, la lucha entre dos especies. En su libro, Felipe se pregunta si «¿es verdad que con el tiempo el cazador termina amando a los animales que tanto cazó?». Y yo, tras leer «Candiles», creo que este venado terminó cazando al cazador en una unión de respeto, conocimiento y poesía de la caza y la naturaleza.

Dice Felipe que la historia de Candiles refleja la verdadera historia de un venado integrado en la naturaleza salvaje, con un cazador como telón de fondo y una sierra, la Sierra Morena, los montes que vieron pasar bandoleros, reyes, ganaderos trashumantes, lobos, conquistadores de nuestra identidad y un sinfín de pura historia que es una seña de identidad de nuestro país.

A los que se oponen a la caza les digo que hay un lugar para volver que ellos nunca conocerán: el monte soberano.

Así, Candiles frente a Bambi, verdad frente a ficción, palabras de un libro que fueron antes realidad que palabras frente a imágenes animadas, el mundo salvaje y la fauna ibérica frente a un mundo domesticado a nuestro antojo. Ya en su día Rafael Notario, uno de los padres de la gestión cinegética junto a Jaime de Foxá, ambos máximos responsables de la caza en el Patrimonio Forestal del Estado y el ICONA después, calificó a Bambi como «el inicio de una crisis en la caza y en nuestro país». El despoblamiento rural de nuestras sierras también ha ayudado a potenciar esa crisis, porque nuestros jóvenes no conocen las serranías, ni la vida que hay en ellas en cada amanecer, ni la muerte en cada atardecer. Pero yo espero, como mi amigo Felipe, que la historia de este Candiles suponga para muchos cazadores y no cazadores que lean este libro, un nuevo acercamiento a la realidad de nuestras serranías, aquellas de las que nuestros hijos parecen estar hoy cada vez más alejados.

De Felipe Choclán podríamos hablar largo y tendido durante horas. Su edad... no importa. Él mismo me dice que «sólo se ve mayor cuando se mira al espejo». Y qué menos podríamos esperar de este cazador que comenzó su vida en la ciudad de Ceuta, cazó en Marruecos, luego partió a la Península y se convirtió en uno de aquéllos primeros «maestros nacionales», tan queridos de la España profunda. Aquéllos que dieron vida a los grandes tecnócratas de los inicios de la democracia para después, hacer posible el sueño de todos. Después, Felipe tomó posesión de su cargo, primero como Secretario del Gobierno Civil de Jaén, donde conoció a fondo los cazaderos de Sierra Morena. Finalmente, marchó a Alicante donde terminó instalándose con su mujer e hijos.

Ha sido empresario, trabajando arduamente en Marruecos, donde abrió las puertas a la empresa e inversión española, y donde hoy es recibido «con honores», que dirían los sabios y doctos.


El autor de la entrevista junto con Felipe Choclán.

Pero de Felipe hoy nos interesa su pasión por caza y los libros que de buena letra ha escrito. Así, comenzó a cazar en los montes de Chaouen y Beniarós junto a su padre, Francisco Choclán, coronel de Artillería destinado en el continente africano y también aficionado a la venatoria. Más tarde, en Jaén, a los 18 años y de la mano de Felipe Lara, «El Trapi», se hizo montero de Andújar. Corrían los años 50 cuando ya participaba en sus primeras monterías. Cazó las tierras andaluzas aún cuando su hogar por cuestiones de cargo y trabajo se encontraba va en Alicante. Así, cambió sierra por mar, aire por brisa, pero no su afición para viajar y cazar en Jaén. Pero en los 70 cambia el panorama cinegético de España y muchas de esas grandes fincas, generosas en venados y ricas en perdices autóctonas, terminan por ser valladas y adulteradas de perdiz de granja, y como dice Felipe, «el negocio traspasa sus andaluces comederos».

De cazador a escritor

Felipe nos narra sus aventuras por las sierras de Andújar. Salían muy temprano unos 6 a 7 cazadores, todos amigos, con la collera de mulas y el resto de personal que los acompañaba. Era la auténtica montería española, una aventura por nuestros montes que llegaba a durar hasta diez días. Y al final, después de tanto sacrificio y organización, tan sólo abatían dos o tres venados, ninguno de ellos medalla, pero en aquellos días el lance lo era todo, y el animal cazado tenía un gran valor emotivo para el cazador y terminaba en un lugar reservado dentro de su pabellón de caza. Así es el pabellón de Felipe en la alicantina localidad de Torremanzanas. Cada animal, cada foto, tiene su significado cinegético y emotivo. Desde el Rey y Jaime de Foxá hasta los guardas de la Sierra Morena.


Felipe con un venado.

Su estrecha amistad con uno de los grandes de la caza y su maestro, Jaime de Foxá, le enseña los caminos de la naturaleza y su gestión, el «sí» a la caza como herramienta indispensable de conservación. En su libro «Sierra Morena jaras adentro», la portada la protagonizan Jaime de Foxá y él. Y hace mención Felipe en este libro a su famosa «libretilla y viejo zurrón», donde poco a poco se iba escribiendo su propia historia: «Siempre he llevado conmigo en mi viejo zurrón de las monterías una libretilla con sus tapas de hule, donde fui anotando a lo largo de los muchos años que monteé en Sierra Morena, aquellas vivencias y lances que me hacen recordar la belleza de sus montes bravíos, como si estuviera recechando a solas, en un silencio impresionante, frente al trote veloz del arrogante ciervo, mientras arrancan desplegadas las rehalas hasta las más ocultas rehoyas del tronchado cortadero, registrando encames y revolcaderos».

Así comienza Felipe a pasar de gran cazador, a gran contador de historias. Para la mayoría de nuestros padres y abuelos, la dificultad en el uso de la pluma obliga a contarnos esas historias de boca en boca; pero para un maestro y persona docta como Felipe, la pluma consagra la vida de su «libretilla de monterías y su zurrón» a las letras que por siempre podremos leer generación tras generación de cazadores y no cazadores.

Hoy caza en Alicante junto a su hijo, también Felipe como él. Actualmente trabaja en su última obra literaria, que versa sobre África y se titulará «Tánger». Ha escrito y publicado los siguientes libros: «La Caza», con prólogo de Camilo José Cela; «Candiles», con prólogo de Tico Medina y grabados del pintor Luis de Aldehuela; «Sueños de un Montero», con prólogo de Tomás Allende Anta; y, «Sierra Morena jaras adentro», con prólogo de su hijo Felipe. Pero sin duda alguna, considera su «Candiles» como su predilecta; amena y educativa para el cazador de cualquier edad y que bien podía ocupar el lugar reservado para los libros didácticos que hacen escuela en esto de la caza. En estos momentos, «Candiles» verá su segunda edición tras haberse agotado la primera en muy poco tiempo de estancia en librerías y tiendas especializadas.

Era la postura 18 de la armada del Carrizuelo cuando pasó por delante mía y a pocos metros un venado... Los candiles de su corona me inspiraron en su nombre y en el libro, que trata la historia de este venado.

 Pero, ¿cómo nació Candiles? Así lo relata su autor: «Era en la postura 18 de la armada del Carrizuelo cuando pasó por delante mía y a pocos metros un venado. Denominé Candiles a aquel venado, que se me fue porque el guarda de la finca traía amarrado en su caballo y detrás mía el rifle. Los candiles de su corona me inspiraron en su nombre y en mi libro, que trata la historia de este venado».

 Con admiración, Felipe nos recuerda la historia de «El Solitario», de Jaime de Foxá, su gran compañero y amigo, y maestro de montería, y nos relata unas palabras uy emotivas de esta gran obra literaria: «Cuando un disparo hondo mató a mi abuelo, noté que dos gotas, como de lluvia, caían junto a mis pezuñas delanteras. Miré al cielo sin nubes. No entendía nada. A mi abuelo se le había olvidado explicarme que existían las lágrimas...». Y es que para Felipe, la gran ilusión de su vida es que también la estatua de su Candiles reposara junto a la del Solitario en la Sierra Morena, bajo la protección de la Virgen de la Cabeza, patrona de monteros y toreros. El Solitario en la Virgen de la Cabeza, y el Candiles en los Chopos del Encinarejo.


Felipe no es cazador de menor, sino montero. Todos sus recuerdos y obra cinegética giran en tomo a la montería.

En su pabellón de caza, conocemos mejor al Felipe a través de las historias de sus trofeos, fotografías y libros. Entre ellos encontramos otros trofeos, los que se corresponden con algunos de los primeros ejemplares de nuestra revista TROFEO en sus inicios. Estos son algunos de los mejores momentos de la entrevista.


¿Con quién te iniciaste en la caza y cuál fue tu primera pieza?

Mis inicios fueron con mi padre, Francisco Choclán. Nosotros vivíamos en Ceuta y mi padre servía como coronel del Ejército allí. Solíamos cazar en los montes de Chaouen, en Marruecos, junto a nuestro mastín, Dólar. Allí abatí mi primera pieza a los doce años y con una escopeta del veinte, un conejo, y así lo cuento en uno de mis libros, «Sierra Morena jaras adentro».


Recuerdas con añoranza a Felipe Lara, «El Trapi». ¿Quién es él realmente?

Es en Sierra Morena donde realmente comienzo a cazar, de la mano de mi amigo Felipe Lara, «El Trapi», de Lopera (Jaén). Era el año 1952 y todavía me acuerdo como si fuera la primera vez cuando en aquellos tiempos me dio una tarjeta que decía «organizador cinegético». Compraba las fincas y organizaba las monterías, a las cuales yo siempre le acompañaba, en un automóvil 4x4. Traía las reses arriba, agarradas con alambres, y detrás secretarios y postores. En un bolsillo una caja de puros, y en otra una petaca.


¿Alguna anécdota para recordar?

      Un día la emprendimos con un guarro a machetazos, que nos hizo rodar por toda la ladera Cazábamos en la ronda nocturna, y «El Trapi» era muy bueno con el cuchillo. Nunca en mis años de montería el corazón me tembló tanto. Hoy me digo: «Qué lástima, ya he perdido esas ilusiones».


Dices que es condición de buen cazador haber sido antes furtivo... como «El Trapi»

Pero furtivo de los de antes, sin «maldad». Cazábamos «El Trapi» y yo por la noche en solitario al guarro, y si algún pastor o guarda necesitaban en aquellos tiempos algo de carne, entonces les ayudábamos también, porque el pan que se comía antes era de centeno. De esa etapa nace el cazador de verdad que aprende de cada paso en el monte.


Como cazador, ¿cómo te defines?

No soy cazador de caza menor. Soy montero. He respetado siempre la herencia de mi padre. Nunca cacé una perdiz ni una liebre. También he hecho monteros a mi hijo y a mi hermano. A mi hijo lo metí en medio de una rehala, con los mastines mucho mayores en estatura, y como aguantó, lo hice montero. A mi hermano lo hice dejándolo con 14 años al paso de los venados y de noche. También soy tranquilo en la postura, espero a las reses hasta el tacón de la bota si es preciso, mientras el rifle descansa sobre una jara hasta el momento posterior de hacer el disparo.


También y como cazador, ¿cómo te sientes en la sociedad actual?

Quiero hacer un silencio estupendo en esta pregunta. Pero yo le auguro un buen futuro a la caza, por la conservación de los montes por parte de los cazadores, ya que somos nosotros quienes mejor los cuidamos, y eso son hechos frente a palabras y críticas. A los que se oponen a la caza les digo que hay un lugar para volver que ellos nunca conocerán: el monte soberano.


¿Cuál es tu especie y cazadero más especial?

El «venao», porque el montero de Andújar es más de «venao» que de «cochino», aunque allí haya nacido el Solitario de Jaime de Foxá. Me da calentura en lo alto de una jaca el oír la carrera de un «venao».

Mi cazadero más especial es desde los Chopos del Encinarejo hasta Los Portillos de Sardinilla, en la Sierra Morena de Andújar.


¿Qué opina del cazador de hoy?

Qué triste leer revistas y ver fincas donde la caza no es caza, todo es artificial, con venados proscritos o mal atendidos y poniendo puertas al monte. Hay que quitar las vallas al campo. Así lo relato en «Candiles», cuando éste arranca contra el vallado para romperlo y liberar a los venados que quieren bajar al pasto mejor, el de sus querencias, y corretear como el corzo. El monte soberano ha respetado y se ha dejado querer. Pero ahora, parece ser que hasta huele de otra forma.


¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

Mi tiempo pasado es el orgullo de estos momentos, vaciando el contenido de mi libretilla y monteando desde la mesa en mi habitación de trabajo, con tiempo suficiente para ser más reflexivo. Yo vivo de mis recuerdos y los guardo aquí.


¿Qué esperamos de un aprendiz con tan gran maestro como Jaime de Foxá?

Mi amigo y maestro Jaime de Foxá escribió la «Salve de los Monteros» y la historia de un jabalí, el Solitario. Y yo he escrito el «Padre Nuestro de los Monteros» en mi libro «Sueños de un Montero», y la historia de un venado, Candiles.


«Sueños de un Montero», ¿nace en un mal momento personal?

A un montero bueno no le duele el tiempo perdido ni la mala fortuna, pues la caza requiere su tiempo y azar. Así nació: «Sueños de un montero». Un año y medio sin salir y muchas amanecidas tachando y reescribiendo. Al final termino el libro, y mi hijo me dice: «Papá, ponle el título "Sueños de un Montero", porque tú sueñas como un montero».


Una frase para que leamos «Candiles»

Es un libro que se lee de un tirón. Especialmente para aquellos jóvenes cazadores que valoren a los animales. También un alegato contra la trofeítis y las puertas al campo. Al final, el cazador termina amando al animal, y como dice mi buen amigo, Tico Medina, en su prólogo: «Porque fuiste a cazar al Candiles, y Candiles te cazó a ti». Por eso, hoy Candiles me acompañará hasta mis últimos días.

 

 

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