Santiago Segovia Pérez
Ingeniero Técnico Agrícola
Gestor cinegético y capitán de montería

 

Capítulo V

La suelta de los perros

La suelta de los perros se ha de efectuar a la hora establecida en punto, y esa hora ha de ser conocida por todos los participantes en la montería y por todo el personal auxiliar. No obstante, no es mala acción destacar este acto con el lanzado de un cohete o algo parecido, como la sucesión de varios disparos con una cadencia establecida.

Los perreros y batidores no han de portar armas bajo ningún concepto aunque alguna legislación lo permita.

Para asegurarnos de ello, entre otras cosas, hemos dispuesto el acompañamiento de los guías de las rehalas. Estos han de ocuparse también de la correcta evolución de las rehalas por el monte, su ritmo y su posición en la mano, que se llevará de una forma similar a las manos de caza menuda. Para ello han de conocerlas de manera que puedan colocar a cada una en la mejor situación, de suerte que puedan rendir su mejor juego en virtud de sus propias características. Habrá rehalas que trabajen mejor aisladas y con cierta autonomía, y otras que en grupo rindan mejor. Habrá zonas que precisen de la concentración de más perros que otras. Habrá parajes en donde haya que detenerse para que los perros trabajen bien ese entorno, y lugares donde se pueda pasar más ligero. Todo ello vendrá coordinado por los guías de las recovas, que cumplen una función principal en el desarrollo de la montería.

Labor del capitán durante la montería

  1. Ocupar un lugar con máxima visibilidad.
  2. Dirigir y coordinar las rehalas con la emisora.
  3. Contar los disparos. En jabalíes se suele alcanzar que un 20 % de los disparos efectuados coincidan con el número de capturas. En venados el porcentaje es mayor.
  4. Controlar los lances. En jabalíes se suele alcanzar que un 20 – 25 % de los animales avistados son abatidos. En venados el porcentaje es mayor..
  5. Porcentajes inferiores hay que analizarlos

La recogida

Una vez rematada la montería los postores han de proceder a la recogida de los puestos, operación que ha de efectuarse con cierta diligencia y a la hora señalada, que ha de ser revalidada por los mismos en función del desarrollo real de la echada de la mancha. Lo primero al llegar a cada puesto es tomar nota en el listado correspondiente de los animales que han cortado por el mismo, los disparos efectuados y las reses cobradas. Se acercará a cada una de ellas con el montero, y las marcarán con la etiqueta correspondiente, para identificar su propietario, y en función del sistema de recogida de las reses establecido, se actuará.


El equipo de recogida de guarros en plena acción. Hay que disponer del personal necesario equipado con los vehículos pertinentes. En la imagen un instante de esta acción en la finca Valdepuercas, propiedad de Antonio Moreno. (Autor: Santiago Segovia Pérez).

Lo normal, si la línea de puestos no está en ningún camino es arrastrar los animales hasta el lugar más cercano donde se haya establecido un punto de recogida de los mismos, donde el tractor o el vehículo con el remolque accederá a buscarlos. Si estamos en un camino o en las cercanías de el, lo mejor es sacar la res al mismo entre todos. En esto no hay que ser comodón ni mezquino, y aunque la fortuna no nos haya sonreído, echar una mano con simpática camaradería, ya que entre todos se hace más fácil y llevadero este trabajo. Posteriormente, pasará por ahí el vehículo encargado de la recogida y al encontrárselo en la mitad del camino procederá con sencillez. Todo esto planteado desde la premisa de que estamos hablando de monterías económicas, que además se celebran en muchos lugares de España donde han desaparecido las caballerías que pueden realizar esta función con mucha facilidad, sacando los animales de lugares bastante impracticables.

Ha de tratar de evitarse el traslado de los animales en los techos de los vehículos, en las defensas o en lugares similares. Este tipo de imágenes en las que un animal sanguinolento es exhibido por una carretera o una población, constituyen una más de las deplorables actitudes que hacen que la caza sea ponderada en nuestra sociedad bastante negativamente. Por añadidura, no nos cansaremos de decir que el animal muerto ha de tener una cierta dignidad, que nosotros hemos de ser los primeros en respetar y enaltecer. A los ojos de un profano estas acciones nos sitúan en una condición bastante lamentable.


En el centro el autor dirimiendo la adjudicación de un trofeo en cuya consecución han intervenido dos monteros. Se puede observar que está siendo asistido en su dictamen por otros monteros reputados. Como muestra del excelente clima en que se llevan a cabo estas monterías, en este caso ninguno de los dos monteros involucrados en el lance quería el trofeo para sí, y ambos exigían le fuera adjudicado al compañero. (Autor: Javier Segovia Valverde).

De presentarse un conflicto sobre la adjudicación de una res, es en este momento cuando hay que dirimirlo, no en la junta de carnes. De entrada el postor ha de interrogar a ambos pretendientes adecuadamente antes incluso de llegar hasta el animal en cuestión, para evitar confusiones y cambios en las consideraciones que puedan efectuar ambos monteros. Así no cambiarán sus puntos de vista tras la comprobación de los detalles que presente el animal. Lo más importante es averiguar en primera instancia quien efectuó el disparo, o los disparos, previos. En segundo lugar, hay que saber cuantos disparos efectuó cada uno y como entraba el animal con respecto a ambos tiradores; en que sentido le pasó a uno y en que sentido le pasó al otro, así podremos delimitar fácilmente el origen de los posibles impactos que presente en cada uno de sus costados. Hay algunos maestros en la simulación y en la apropiación indebida, que al observar el alcance por el tiro previo del compañero de armada, y al paso del animal pegado por su jurisdicción, tiran también y cuando observan haberlo abatido, efectúan rápidamente un disparo más, o tantos como sean necesarios hasta igualar la cantidad efectuada por su predecesor, sin apuntar exactamente a la res para que no impacte en él, argumentando con posterioridad que esos tiros que presenta el animal son suyos también. Los calibres, tipo de proyectil y tipo de arma empleadas por ambos es lo siguiente a comprobar, ya que los orificios de entrada y de salida, así como los destrozos en la anatomía del ejemplar nos pueden ayudar mucho.

Si ambos litigantes han tirado sólo un tiro cada uno, la cosa es más bien sencilla, ya que de presentar el cochino sólo un impacto, lo lógico es que sea del segundo en tirar, y se supone que el primero no lo ha tocado porque de ser así allí habría caído muerto sin posibilidad de alargar su viaje hasta el segundo paso. Si presenta más de un tiro, lo lógico es pensar que haya sido del primero en tirar, aplicando la misma lógica.

Ante todo hay que poseer una cierta experiencia en lances monteros, y mucha capacidad negociadora apoyada en habilidades sociales, ya que ante problemas insolubles, habrá que actuar un poco guiándonos por la predisposición de cada uno a provocar un conflicto. En caso de no llegar a ninguna solución aceptable habrá que recurrir a la autoridad del capitán de montería, que con su potestad irrevocable deberá decidir la asignación de la res. Lo mejor es dejar que concurran en la resolución del conflicto otros monteros de probada reputación junto al capitán, para que la decisión no sea unánime o arbitraria, evitando una mala interpretación de nuestro juicio.

El cobro de reses heridas

Puede darse el caso de que al acudir a recoger un puesto, su ocupante manifieste haber herido una res y tener la intención de pistearlo para su cobro. Este acto es de imprescindible ejecución ya que sería inmoral no tratar de dar fin a sus sufrimientos, y el haber provocado una muerte sin provecho para nadie más que para los carroñeros.

El montero no ha de iniciar el pisteo hasta que el postor no acuda a recogerlo, porque antes se podría provocar una situación de peligro. Si el lance ha ocurrido antes de la llegada de la mano de las rehalas a este portillo, es conveniente aprovechar su llegada para comunicárselo al perrero más próximo, de manera que registre con sus perros el terreno donde le indiquemos.

En cualquier caso el postor tomará nota de la circunstancia, acudirá brevemente a comprobar con el montero y de no ser inmediata la resolución del problema, habrá de continuar con su recogida para, posteriormente, volver en auxilio del montero. Para el postor es prioritario el grupo, por lo que no se ha de entretener interminablemente en el monte restándole aún algunos puestos por reunir. Si existiera en las inmediaciones algún perro de sangre es conveniente solicitar su ayuda al propietario, pero con la certeza de que existe realmente una res herida. En este extremo vengo comprobando con relativa frecuencia, como al portar un animal de estas características, se nos solicita pródigamente nuestra asistencia cuando el montero ni siquiera se ha molestado en comprobar nada, y casi nunca existe evidencia real de un animal herido.

La cita de recogida

Si el lugar designado para la comida no posee en las inmediaciones un lugar adecuado donde se pueda establecer la cita de recogida o junta de carnes, lo mejor es hacerla en un lugar del monte con buenos accesos, para que la empresa con la que hayamos contratado la adquisición de la carne y el veterinario tengan buena entrada.


Los monteros observan como van llegando sus capturas. La rapidez y la coordinación en esta operación es de vital importancia. (Autor: Santiago Segovia Pérez).

Este es el punto donde todos los participantes en la montería han de acudir una vez terminada ésta. Según vayan llegando las reses se van disponiendo de forma ordenada, para una vez terminada su colocación hacer la foto de familia, en la que han de aparecer todos los integrantes de la montería y las reses obtenidas.

Lo ideal es disponer los animales en tapete, colocando los mejores en primera fila, en una posición decorosa y todos por igual, no dejándolos de cualquier manera. Los animales han de aparecer de la manera más digna posible evitando el mostrar la sangre o las heridas innecesariamente.

Esta cita se puede llevar a cabo antes o después del almuerzo. Lo recomendable es llevarla a cabo cuando aún los participantes en el mancheo no tengan una necesidad perentoria por abandonar el lugar para retornar a sus puntos de origen, y con esta premisa en mente, se ha de llevar a cabo cuanto antes. En realidad el momento vendrá definido por dos parámetros. Uno es evidentemente, la dificultad y tardanza que pueda conllevar la recogida de las reses en el monte. Si la mancha es amplia, abrupta y con deficiente red de caminos, no quedará más remedio que hacer la junta de carnes tras la comida, ya que no podemos mantener a nuestro grupo por mucho tiempo cruzados de brazos esperando, aunque en esto nos puede ayudar el hecho de que también la recogida de los puestos sea tediosa. Es decir, si la conclusión de la recogida de puestos y la de reses no se lleva mucho tiempo de diferencia, podremos optar por hacerlo antes de comer.

En segundo lugar, si los monteros asistentes han acudido pagando su acción, y el grupo no es muy homogéneo y con vínculos de afecto entre ellos, lo más fácil es que deseen ausentarse una vez hayan comido, ya que la compañía, ajena para su conocimiento, no les induce a compartir una buena sobremesa, por lo que hay que efectuar este trámite casi de forma obligada antes de la comida.

Si han acudido por invitación, normalmente los asistentes suelen tener ciertos vínculos de intimidad entre ellos, suelen ser personas de condición más homogénea, y por lo tanto no les duelen prendas en esperar hasta después de comer para retornar a sus casas, ya que se conceden a sí mismos ciertas licencias para poder departir amigablemente entre ellos. Por supuesto, una mínima cortesía ante la organización, por la que han sido invitados, les recomienda no mostrar en exceso ansiedad por abandonar el lugar de vuelta a casa, aspecto con el que podemos jugar para flexibilizar un tanto la urgencia en la realización de esta junta de carnes.

De una manera u otra, hay que ajustar los medios y el personal dedicado a la recogida de reses para que esta operación no se prolongue en exceso, y se haya finalizado en el momento definido para ello, sin demoras o contratiempos, como cualquiera de las demás operaciones logísticas que se llevan a cabo en una montería.

Las fotografías

Una vez efectuada la foto de familia, posiblemente al lector le interese hacerse una foto más individual y aislada con la captura o capturas del día. No se encarame nunca encima del animal, ni le coja de las orejas, ni nada parecido. Acóplese a su lado de la forma más relajada posible y en igualdad de condiciones con ese precioso macareno que le ha deparado la suerte en ese día. Procure que la tomen desde un ángulo donde no aparezca en la imagen ninguna herida o sangre, llegando incluso a interponerse usted mismo entre el objetivo y las heridas para ocultarlas del ojo de la cámara, o colocando hábilmente el rifle u otro implemento sobre ellas, y procure que el cochino aparezca en la forma más natural posible, sin posiciones forzadas. El subirse encima de un animal recién abatido es un acto de pésimo gusto y de poco respeto hacia quien hemos quitado la vida. Un animal montaraz, bravo y astuto, que nos ha hecho pasar quizás uno de los mejores días de nuestra vida, no se merece ese trato.


Los cochinos ya van llegando a la cita de la recogida y algún montero aprovecha para fotografiarse con su animal. (Autor: Santiago Segovia Pérez).

Con independencia de la fotografía, no son muy aconsejables, y dicen poco de su autor, los gestos de desprecio o insultos al animal. Ese animal ha dado la vida por nosotros y posiblemente será un gran motivo de orgullo en nuestra vida, por tanto, lo menos que se le debe es un mínimo de consideración.

La importancia de la cita de recogida

Complementariamente a la vertiente social que tiene la cita de recogida, existe otra perspectiva muy importante. Es la reunión de todos los actores de la jornada frente a los resultados de la montería, y es una forma de constatar éstos. No se debería admitir a una organización el obviar este trámite, porque es la única comprobación pública de lo acaecido en el día. No hay nada más negativo que ver a los monteros acudir a comer y observar el cruce de interrogatorios sobre los resultados, que al final concluyen en una serie de conjeturas irreales y presunciones las más de las veces desproporcionadas. Desconfíe de las organizaciones que no llevan a cabo este rito, porque normalmente tratan de ocultar fracasos estrepitosos o al menos así lo plantean ante la inseguridad de unos resultados dignos que puedan justificar la montería.


Precintos utilizados por los veterinarios en Castilla La Mancha para marcar las reses para su transporte y comercialización. (Autor: Santiago Segovia Pérez).

Para una buena gestión de la caza hay tomar nota de los tipos de animales abatidos, edad aproximada, sexo, medidas de los trofeos, posibles medallas y pesos aproximados, así como obtener muestras orgánicas de los mismos. Cuando poseamos un buen histórico con esta información atesoraremos un bien de apreciado valor, que se podrá utilizar en la mejora de la gestión de una especie que en actualidad nadie realiza y que tanta falta hace.

Una vez llevados a cabo estos prolegómenos el capitán da la orden de obtener los trofeos para los participantes, antes de proceder a su faenado por los carniceros.

Siendo el lector montero y aún a pesar de haber pagado el puesto y por lo tanto corresponderle el trofeo –y sólo el trofeo a excepción de que se haya podido acordar otra cosa- es conveniente que se aproxime al capitán de la montería, y solicite su consentimiento para obtenerlo. Es una norma de obligada educación y cortesía, mostrando cierta elegancia por nuestra parte, además de que así se posibilita que esta operación se haga de forma ordenada y evitando problemas que con el desorden o el jaleo puedan darse. Si usted ha acudido invitado, con mayor motivo aún, y en este caso ha de pensar que los trofeos son estrictamente de la propiedad a la que usted está obligado a solicitar su obtención, por lo que el asunto sobrepasa con creces una mera cuestión formal y cortés, pensando que la misma puede negarle esa cesión por muy variadas razones ante las cuales usted no debe alegar nada, ni irritarse por ello.

El capitán ha de supervisar esta operación para que no se atribuyan trofeos inadecuadamente, o se obtengan sin corresponderle al que lo hace, y no hay que comenzar con ello hasta que él lo indique, como dijimos antes. También hay que pensar que posiblemente estemos en una finca en que la gestión se lleve con cierto rigor y haya que proceder a obtener ciertas muestras de cada ejemplar antes de la retirada del trofeo.

Si alguien desea llevarse a casa una de las reses capturadas para aprovechar su carne, cosa que se suele hacer con bermejos que aún tienen la carne con un buen sabor lejos de la bravía tosquedad de los grandes macarenos, con igual razón hemos de solicitar permiso. Piénsese que en casi todos los casos la comercialización de esta carne reporta un cierto ingreso a la organización.


Dos fotos de familia en la cita de recogida. En ambas están presentes todos los agentes de la montería: perreros, guías, postores, monteros, tractoristas, etc. (Autor: Santiago Segovia Pérez).

La comida

Una vez llegado este momento podemos trasladarnos al punto donde nos reuniremos para comer, en donde todo estará dispuesto para la hora que hayamos convenido con el restaurante. No es oportuno incluir en el menú asados de cordero o cochinillo, porque la calidad del mismo puede verse mermada grandemente si no podemos estar a la hora establecida por mucho que el restaurante nos asegure lo contrario.

Es imprescindible que se disponga un camarero en la puerta de entrada solicitando los tickets de comida, de manera que la puerta no sea flanqueada por cualquiera. No hay que olvidar que habremos de pagar al restaurante tantos desayunos y comidas como tickets nos presenten, por lo que esa medida es esencial. Se comprenden a su vez las razones para que éstos vayan numerados.

Los noviazgos


El tribunal delibera en la finca Valdepuercas sobre las penas a imponer a los cuatro reos que se inician en la categoría de monteros. De pie Antonio Moreno, aguardando las conclusiones para actuar. (Autor: Santiago Segovia Pérez).

Dependiendo del tipo de cazadores que haya podido reunir para celebrar su montería, habrá tradición o no de realizar el noviazgo de los posibles monteros que se hayan introducido en esta cofradía. No creo necesario hacer comentario alguno sobre esta tradición iniciática, salvo para indicar que es una más de las que rodean a esta modalidad de caza de nuestra montería española, y que no sería conveniente perder. Por otro lado, como capitán de montería y parte del tribunal, debe velar porque esta ceremonia transcurra dentro de los límites de la camaradería, la distinción, la simpatía y el casticismo para que, en definitiva, sea recordada por el reo como algo agradable y memorable durante toda su existencia. El actual nivel de horteradas, ordinarieces y chabacanerías al uso, junto a una excesiva avidez pecuniaria de los perreros, ha hecho que se pierda poco a poco esta parte tan importante de nuestra tradición, ya que todo el mundo evita ponerse en manos de unos auténticos energúmenos que no saben comportarse, fuera del control preceptivo del capitán de montería.


Antonio Moreno, propietario de la finca, actúa ejecutando ordenes del tribunal. El buen gusto, la simpatía y el casticismo no han de perderse en estos ritos únicos de nuestra montería. (Autor: Santiago Segovia Pérez).

De cualquiera de las maneras lo mejor es no ser quien provoque el noviazgo a no ser que vea entre sus monteros predisposición a ello, y lo más importante: ha de tener previsto el certificado correspondiente, para que a falta de ser rellenado convenientemente, se le pueda expedir al interesado una vez superado el proceso judicial y las penas correspondientes. Este certificado ha de tener una factura cuidada y esmerada, ya que será, a buen seguro, objeto de orgullo personal para el reciente montero en toda su existencia.

La despedida

Es imprescindible que se despida y agradezca su asistencia a todos y cada uno de los participantes y personal auxiliar. Lo ideal es emplazarse en una mesa que se encuentre cercana a la salida, de manera que le sea sencillo interceptar a todos los que abandonen el restaurante para cumplir con este requisito con facilidad para usted, y de forma accesible para ellos.

Si los monteros han estado acertados con el rifle, es conveniente que les felicite efusivamente en agradecimiento por su papel. Ha de tener en cuenta que por mucho que usted haya llevado a cabo todo con perfección y haya habido un atestón de reses, si los monteros no hubieran estado finos con el arma los resultados serían pobres, con lo que su organización no podría lucirse. Piense que esto le afecta mucho más a usted que a ellos y actúe en consecuencia.

Conclusiones

Con este trabajo hemos pretendido dos cosas: en primer lugar, servir de guía a aquellos cazadores que por diversos motivos deseen iniciarse en la organización de monterías. En la actualidad existen muchos cotos en los que aún siendo la caza menuda su principal aprovechamiento, existen claras posibilidades de establecer la caza mayor cochinera como una buena alternativa complementaria. Por ello, suele darse el caso en que el presidente de la sociedad de cazadores se vea en la tesitura de tener que acometer una modalidad venatoria nueva para él. Con esta serie hemos pretendido allanarle el camino un tanto, para que encuentre en estas líneas unas pautas a seguir para que su ejecutoria observe una sistemática y un código de conducta de los que con harta frecuencia nos encontramos que están ausentes en la mayoría de estos mancheos.

En segundo lugar, si el lector no se propone estos fines, hemos procurado que como simple montero que acude con buena fe a la convocatoria de una montería, con las indicaciones aquí reflejadas, tenga una base para crear un criterio serio y sólido por el cual pueda concluir la calidad de la organización a la que ha encomendado su día de caza. Nuestro afán habrá sido el crear un sano espíritu crítico que ayude a que la montería sea conducida por los senderos adecuados, lejos de tanto oportunismo como ahora existe. El mercado, es decir, los monteros, deberían ser más exigentes en lo esperado de una organización, y entre todos deberíamos conseguir que el reinante nivel de la montería sea elevado por encima de los actuales valores, que resultan en ocasiones patéticos.

 

PRINCIPIOS FUNDAMENTALES

  • El Capitán de Montería es el responsable de la misma. Él la coordina, organiza y dirige, y es la máxima autoridad en esa celebración.
  • El Maestro de Sierra es el práctico conocedor de la mancha y de sus reses, el que planifica el cierre de la misma y la estrategia para la echada. Sabe la caza que en ella hay, el lugar donde está y la parte donde ha de ser corrida.
  • La montería se practica desde hace ocho siglos, y es el espejo de la caza mayor española, con unas características únicas entre las técnicas de caza mundiales.*
  • El olvido de sus normas consuetudinarias, a través de promotores o practicantes poco rigurosos, y la evolución de los métodos de explotación del campo, son para la montería un descrédito pernicioso que afecta a la caza entera.

*Manifiesto de la montería.

 

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