Influencia de la gestión cinegética en el comportamiento reproductor

Javier Pérez y Leticia Castillo

La berrea es uno de los momentos más importantes en el ciclo anual de los ciervos, cuando se producen las condiciones para engendrar a la siguiente generación de la que depende el futuro de la población. La gestión, según se haga en fincas abiertas o cerradas, puede producir alteraciones con importantes consecuencias en este proceso natural.

Una de las piezas claves en la gestión de poblaciones de caza es la berrea. Determinados manejos que se realicen en la berrea de una temporada afectan no sólo al éxito de los resultados de caza de dicha temporada, sino que, además, pueden influir, e influyen, en la calidad de la población en generaciones posteriores. Existen otras acciones de gestión que no son llevadas a cabo en el momento de la berrea, pero que repercuten en ella. En este artículo tocaremos tres de estas cuestiones, dos de ellas de forma somera y en la última nos centraremos un poco más, con el fin de plantear una problemática que quizás merezca más atención de la que realmente se le da.

Ajuste del celo


En años en los que hay poca comida, la berrea puede retrasarse días o incluso semanas, lo que influye negativamente en el desarrollo de las crías de la próxima primavera.© Eduardo Ruiz Baltanás.

El momento del celo se ajusta en función de la época ideal para el nacimiento de las crías. La berrea en España tiene lugar entre finales de agosto y mediados de octubre, y ésta viene determinada por el tiempo más apropiado para el nacimiento de las crías (mediados de mayo, cuando la primavera se encuentra en su máximo esplendor) y la duración de la gestación, que es de unos ocho meses. Esto es lo ideal, pero no siempre es así. Por muchas circunstancias, la época de berrea puede adelantarse o retrasarse. El factor primario que desencadena el inicio del celo es el descenso en el fotoperíodo, pero una vez que los días se noten más cortos y las temperaturas comiencen a bajar, la berrea estará también muy influida por el estado nutricional de los animales.

Así, en años malos, en los que escasea la comida, la berrea se verá retrasada en días o incluso semanas, teniendo consecuencias muy importantes en el desarrollo de las crías en la próxima primavera. Estos años malos pueden dar lugar no sólo a retrasos, sino también a berreas asincrónicas. En este caso son las crías más tardías las que ven comprometido su crecimiento.

Berrea y suplementación de alimento

La berrea ocurre en los ecosistemas mediterráneos en momentos de máxima escasez de recursos. Es después del verano y comienzos de otoño la época que eligen los ciervos para llevar a cabo sus comportamientos de apareamiento, período en el que el crecimiento vegetativo de las plantas viene siendo desde hace meses escaso o nulo, lapso en el que puede existir un déficit hídrico en determinadas zonas.

La suplementación de las reses con alimento en época de escasez es una práctica muy habitual, mucho más en zonas del sur de la Península donde el verano es un tiempo con recursos naturales aún más limitados.


Para conseguir las máximas hembras, los machos defienden grupos de éstas o bien lugares donde abunde la comida que atraiga a las ciervas. © José David Gómez.

Los machos durante la época de berrea intentan conseguir un harén con el máximo número posible de hembras. Para ello, siguen dos tipos de estrategias: defienden grupos de ciervas o protegen lugares donde el alimento es abundante y, por lo tanto, son zonas donde aquéllas van a comer. Si las hembras están muy concentradas, un mismo macho podrá defender un pequeño territorio que contenga muchas ciervas; pero, a su vez, habrá muchos otros venados que quieran disputar dicho territorio, de modo que las interacciones entre machos aumentarán considerablemente y con ellas las peleas, que conllevarán roturas de cuernas. Esto se hará muy presente cuando llegue la época de monterías y veamos que muchos de los trofeos tienen puntas rotas, por lo que su puntuación baja de manera notable. Del mismo modo, la agregación de las ciervas facilita el aumento del número de hembras que pueden monopolizar los machos, aumentando así la consanguinidad en las crías con los consiguientes efectos negativos.

Por estos motivos, el modo de suplementación de alimento tiene importantes repercusiones en las características de la berrea, siendo recomendable aumentar el número de comederos o esparcir la comida con largos regueros, siempre con el fin de evitar grandes agregaciones de individuos.

Influencia de la gestión en la berrea

Veamos cómo influye la gestión en las fincas abiertas y cercadas, y sus efectos sobre el apareamiento de los ciervos. El modo e intensidad con que se lleva a cabo la caza acaba teniendo también efectos sobre la berrea. Para poder ver esto con claridad, podemos fijarnos en lo que ocurre en fincas abiertas y cerradas. Como sabemos, en ambos tipos de fincas el régimen de caza es diferente.

Las fincas cerradas, al sustentar poblaciones permanentes, pueden permitirse parámetros poblacionales equilibrados con proporciones de sexos próximas a una hembra por macho, y estructuras de edades en machos con muchas, sino todas, las clases de edades representadas.


La mayor competencia entre machos en fincas cerradas favorece la aparición de puntas rotas por peleas. © Eduardo Ruiz Baltanás.

En las abiertas en las que las poblaciones son transitorias, por lo general se elige un régimen de caza tal que intenta aprovechar todos los machos susceptibles de ser abatidos. El resultado es la existencia de poblaciones desequilibradas, con escasos machos y muchas hembras, y sólo representadas las primeras clases de edades en los machos; es decir, únicamente machos jóvenes.

El hecho de poner o no malla cinegética suele conducir a un sistema de gestión y de caza diferentes que, a su vez, generan dos tipos de poblaciones distintas. Este flujo de influencias se continúa en la berrea, ya que los dos tipos de poblaciones dan lugar a sistemas de apareamiento con características diferentes.

Durante dos años hemos observado la berrea en varias fincas —un total de treinta y una— en dos serranías españolas con marcada tradición cinegética: Sierra de San Pedro, en Extremadura, y Sierra de Hornachuelos, en Córdoba. En este conjunto de fincas están incluidas tanto cotos abiertos como cerrados (dieciséis y quince, respectivamente). Tomamos multitud de datos que, tras varios tratamientos con sistemas de información geográfica y análisis espaciales, dieron lugar a los resultados que ahora mostramos.

Como es complicado ver cópulas en berrea, hemos establecido el éxito de los machos en función de las hembras que estén en su dominio en el momento de realizar la observación. Estamos actualmente analizando datos genéticos para determinar la eficacia de esta estima del éxito de los machos.

Los resultados

Dividimos a los machos en tres clases de edad: machos jóvenes de dos años de edad, subadultos de tres o cuatro años y machos adultos de más de cuatro años. Se obtuvieron multitud de resultados con diferentes implicaciones en cuestiones biológicas y cinegéticas. Uno de éstos es el presentado en la figura 1. En ella se representa el tamaño de harén medio de cada una de las clases de edad, diferenciando entre fincas abiertas (línea azul) y cerradas (línea roja). Podemos observar que en las cerradas (línea roja) los machos jóvenes (c) tienen pocas hembras; el tamaño medio del harén en machos subadultos (b) es muy semejante al anterior, y es en los machos adultos (a) donde se produce un repunte en la gráfica; es decir, son los machos con mayor tamaño de harén.


Figura 1. Tamaño medio de harén de cada clase de edad en fincas abiertas (azul) y cerradas (rojo).

Al observar lo que ocurre en fincas abiertas (línea azul) vemos que la cosa cambia. Por un lado, la línea azul tiene tendencia a estar encima de la roja, lo que nos indica que el tamaño medio del harén es mayor en fincas abiertas que en cercadas, debido, lógicamente, a la mayor proporción de hembras existente en cotos abiertos. Al comparar el tamaño del harén entre las tres clases de edad de fincas abiertas, podemos ver que el repunte no tiene lugar entre machos subadultos (b) y adultos (a) como ocurría en fincas cerradas, sino que ocurre entre machos jóvenes (c) y subadultos (b). Esto nos dice que la clase de edad en la que los machos de ciervo adquieren la máxima posibilidad reproductiva es diferente en poblaciones de fincas abiertas y cercadas, siendo más jóvenes los machos con máxima posibilidad reproductiva de fincas abiertas.

Datos obtenidos de las monterías

Pero no sólo se realizaron observaciones en berrea. De cada una de las fincas que se incluyen en este trabajo se tomaron datos de animales abatidos en monterías. Una de las medidas obtenidas fue el número de puntas rotas que presentaban los animales cazados. En la figura 2 se representa el número medio de puntas rotas observadas en individuos de fincas abiertas y cerradas. Puede observarse que el número de puntas rotas por animal es significativamente mayor en fincas cerradas. Esto nos da una idea de la intensidad de la competencia entre machos, que es mayor en las poblaciones localizadas en fincas cerradas. En cotos abiertos, debido a la situación que hemos descrito, las luchas entre machos por conseguir hembras se están perdiendo. Estas luchas, que tienen como consecuencia visible en los resultados de caza la rotura de cuernas (hecho, por otro lado, no deseado por los cazadores, pero intrínseco a nuestros ciervos) son el mecanismo responsable de la selección sexual en los ciervos. La selección sexual es una de las características evolutivas más importantes de los animales poligámicos.


Figura 2. Número medio de puntas rotas observadas en individuos de fincas abiertas y cerradas.

En las fincas abiertas, no sólo se está perdiendo la intensidad de selección sexual al existir proporciones de sexos tan desequilibradas, sino que también el momento donde actúa dicha selección sexual (época de máxima capacidad reproductiva) se está adelantando a edades más inmaduras.

La solución a este problema es sencilla desde una teoría: equilibrar la proporción de sexos y aumentar la edad media de los machos en fincas abiertas. Ésta es también respuesta para otras cuestiones relacionadas con la caza mayor. Otra cosa es lo factible que sea en la práctica por las implicaciones e intereses de sobra conocidos. Quizás existan múltiples problemas asociados a la caza y que necesiten una solución más rápida. Sin embargo, no debemos perder de vista este tema si queremos mantener, no sólo las características de la evolución natural de nuestros ciervos, sino también la calidad de una actividad tan importante ecológica, económica y socialmente como es la caza.  

Javier Pérez y Leticia Castillo
Grupo de Biología Evolutiva, Etología y Gestión Cinegética de la Univ. de Extremadura, Cáceres