El Luchadero

La brama

Dependiendo de la zona y de la climatología, en un período aproximado de 10 días las ciervas entrarán en celo. Una modalidad de caza esta de la berrea con muchos adeptos, sobre todo en el sur peninsular donde las poblaciones de este cérvido son más numerosas. Si bien ha colonizado casi toda la península y su número va en aumento.

11 sep. 2011 - 1.722 lecturas - No hay comentarios

En la C.A.V., Gorbea, Karrantza y Ordunte acogen la mayor densidad de ejemplares con cabezas muy representativas. De hecho, un cazador de Abadiño (q.e.p.d.), Juan Lasuen, abatió con escopeta en el Berretín (Gorbea) hace aproximadamente 30 años un venado medalla de oro y récord nacional. No deja de ser sorprendente que se abata un animal de estas características en un lugar donde por aquellas fechas sólo se autorizaba un cupo de 6 ciervos machos al año. Aunque bien pensado, y sin desestimar la dificultad que conllevó este récord, las mejores cabezas de la península se encuentran en la mitad norte.

La justa proporción de hembras y la generosa comida de unos bosques y pastizales con más verde hace que la cuerna sea más robusta y esbelta. Así y todo tendrán que luchar con ejemplares menores que osen adentrarse en su área de influencia con la pretensión de quitarles una sola cierva de su harén. Ciego de pasión el sultán del monte defenderá su zona durante 20-30 días con espectaculares bramidos al amanecer y atardecer.

Es el momento del cazador. Despacio, cara al viento, prismáticos en ristre, intentará la localización y el posterior acercamiento, nunca fácil. Porque aunque haya perdido gran parte de su instinto de conservación al estar encelado, las hembras que lo rodean manejan el oído y la vista como el mejor de los radares. Como en todas las modalidades es vital no ser sorprendido, y para ello nada mejor que antes del amanecer estar en la querencia.

A falta de predadores naturales que regulen la especie, el objeto primordial de esta práctica es la supresión de los animales adultos que van a entrar en regresión. De ahí la renuncia del cazador a su superioridad y el homenaje a la pieza.