El Luchadero

Como en botica

Llegaron en el mejor momento, como corresponde a un ave viajera que siempre ocupó con presteza los campos cerealistas para procrear con la alegría propia de una gallinácea. Y es que este año hacía falta que denotase su presencia en número más importante para desbaratar en un pis pas las tesis de esos nuevos mesías de las Naturaleza obsesionados en prohibir esta práctica. De hecho lo están intentando sin éxito en varias comunidades.

21 ago. 2011 - 1.800 lecturas - No hay comentarios

Pues bien, no hay mejor defensa que contabilizar las capturas. Si habría que definir en pocas palabras cómo ha iniciado la temporada, el término adecuado sería bien en general con algunas matizaciones. Por corros, mucho en algunos parajes y pocas en lugares próximos. Donde hace unos días había muchas, el día de la apertura contadas, al parecer la luna llena, como les comenté la semana pasada, siempre ha estado aliada con las migradoras para tristeza de unos y alegría de otros.

Cierto es que para algunos que se acompañan de canelos para pasear, la dicha nunca es perfecta, pero es que en la viña del Señor tiene que haber de todo. Como los que hacen el cupo con facilidad y otros que al cazar en unos terrenos que dan lo que dan los milagros escasean por mucho conocimiento y voluntad que aporten.

No es el caso del famoso tornillero de Berriz que sigue triunfando de la mano de su asesor Pedro Tellitu. Una canana de cartuchos necesitó para colgar las tres primeras codornices, aunque luego lo arregló haciendo el cupo ¡Cómo lo harían! En navidades les contaré sus andanzas.

Pero esto no ha hecho más que empezar, y es que al verdadero cazador se le ve en la medida que la temporada avance, sobre todo a mediados de septiembre, cuando ese leve viento del cierzo que mata a una vieja pero no apaga un candil hace que las codornices apeonen y arranquen como si de perdices se trataran. No en vano están fuertes y cubiertas de grasa. Son las más valientes y las que más artimañas han aportado para engañar a cuantos perros se han cruzado en su camino. Nada fácil por cierto escapar a los vientos de un buen perro que conoce el oficio, cazando en corto y sin prisas. Otra cosa con los korrikolaris de fórmula uno que mueven más monte que Forrest Gump. Vamos, que para gustos se han hecho los colores.