El Luchadero

Aprieta el frío

Enero es un mes de intensa actividad cinegética en el que los animales, tanto de pelo como de pluma, han sido dotados por la Naturaleza de una tupida piel con la que poder hacer frente a los rigores del invierno.

19 dic. 2017 - 2.226 lecturas - No hay comentarios

Este mes todas las especies objeto de caza tienen una resistencia extraordinaria, defendiéndose de la persecución de que son objeto con gran coraje, lo que sin duda da origen a que se diga que: «en enero, le sudan las narices al perro», al que por las circunstancias señaladas, tiene que trabajar con mayor insistencia.

Acorde con lo citado, puede decirse que «al sabueso más lebrero, se le va la liebre en enero», o como dice el otro refrán «en enero no hay galgo lebrero ni buey carretero», ya que este mes la liebre corre con mucha fuerza. Alguien que conocía los refranes anteriores y no era lerdo en la materia, dijo «si compras perro lebrero, pruébalo en enero, y si la liebre no trae a la mano, que lo mantenga su amo», pues es señal de resistencia que el perro sea capaz de traer la caza después de una carrera que será indudablemente dura, aunque el refrán es más bien en sentido figurativo, pues el galgo generalmente no trae la caza a la mano.

Y ya que de liebres hablamos, no olvidemos aquel otro refrán que dice «por enero se han de buscar las liebres en los chapuceros», pues les gustan los sitios bajos y húmedos para comer las primeras hierbas, que les encantan.

Los corzos, que ya tiraron la cuerna a mediados de noviembre, empieza a salirle la nueva, forrada de una pelusilla llamada correal. Venados, corzos, gamos, etc… al igual que las especies menores, buscan en esta época, la más cruda del año, las laderas que en los montes se encuentren orientadas al mediodía.

Este mes entra en celo, en algunas regiones, el zorro y el lobo, y parirán las hembras de oso pardo. El oso es en estos momentos una de las especies más emblemáticas de nuestro país. Los ojos de todos los cazadores amantes de la naturaleza se centran en la actual lucha por su conservación. No en vano ser cazador es una forma vital de sentir, consustancial con la vida misma, no un cúmulo de resultados. Ese es el cazador que propugna ADECAP (Asociación para la defensa del cazador y pescador). El acaparador de números y coleccionista de fatuidad, desasosegado en su afán de alcanzar la meta participando en la carrera, no lo queremos.