El Luchadero

Incertidumbre

Da pena ver los campos de cereal en muchos lugares. La sequía hizo estragos y la helada de primeros de mayo terminó rematando la faena. De hecho, en muchos lugares no se cosecha, simplemente se corta el cereal para forraje.

25 jul. 2017 - 1.110 lecturas - No hay comentarios

Así y todo el pasado mes hubo una buena entrada de codornices, pero eso al día de hoy, que aprieta el calor y no llueve, ha hecho que muchas codornices se hayan movido a zonas más altas y frescas del norte peninsular. Al menos es donde se oye cantar mucho más.

Siempre se ha dicho que año de buena cosecha, año de codornices, de caza, por aquello de la climatología ayuda también en el momento de las puestas. Esto puede hacernos pensar que en general va a ser un buen año de codornices. Tengo mis dudas, sin embargo son muchos los que comentan que en Logroño, y sobre todo en Álava, se ven muchas codornices. Vamos a ver si tenemos un poco de suerte y se sujetan en la zona a nada que bajen las temperaturas y caigan algunos chaparrones. Toca esperar.

No sería malo que de vez en cuando, y a falta de codornices, dejemos descansar al perro y dediquemos un rato a quitarles el forro a algunos pájaros predadores cuando rebasan el número adecuado. Serán menos los que paguen con su sangre el más mínimo desequilibrio poblacional. Las distintas administraciones se dan por satisfechas autorizando su caza desde la media veda, e incluso algunas con anterioridad, previa solicitud.

Con todas esta bendiciones parece lo más lógico que picarazas, grajillas y cornejas acusarían bajas suficientes para que las puestas de muchas perdices salgan adelante. Pero de la teoría a la práctica con estos pájaros de alto grado de inteligencia hay un abismo de dificultades a solventar. Primero porque es muy difícil entrarles a tiro, y sobre todo porque no tienen interés cinegético alguno. ¿Se imaginan a un cazador luciendo en una percha de codornices una picaraza? Sería como pintar a un párroco con un azadón al hombro.

Los del traje negro son astutos, de buen tamaño, con pico robusto y se adaptan a todos los habitats. Algo así como el todoterreno de los campos pero con navaja. Alguno cae en las garras de las rapaces pero estas se lo piensan mucho antes de enzarzarse en peleas de las que no siempre salen bien paradas. El caso es que los del pico curvado cada vez son más. Las técnicas de caza no dan resultado y, salvo encuentros imprevistos propios de los que se aburren en perseguir las perdices, no se producen las defunciones necesarias para reducir sus poblaciones a límites razonables.

En algunos lugares conviene empezar también a pensar en las cigüeñas. Son verdaderas maquinas de predar.