El Luchadero

Señuelos asesinos

La pesca del salmón a mosca quizá sea la más emocionante, auténtica y sugestiva de todas las formas de pescar. Pero como en todo, hay que conocer su manejo. El salmón, el día que está por entrar a la mosca, lo hace más fácil y bruscamente que la trucha.

20 mar. 2016 - 1.434 lecturas - No hay comentarios

Si esencial en la caza conocer las querencias de los animales, no lo es menos en la pesca conocer los lugares donde descansa el salmón. Todos los ríos tienen grandes extensiones donde es casi inútil el pescar con mosca. Son los sitios en que el agua no corre donde la mosca no trabaja y es muy difícil engañar a estos peces.

Al llegar a un pozo hay que empezar a pescar desde la misma cabecera del pozo y terminar en la cola, donde ya el agua apenas tiene corriente. Si el río lleva poca agua, lo probable es tropezar al salmón hacia la cabecera, o sea, de la mitad para arriba del pozo, y lo contrario suele ocurrir cuando el río va crecido. Bueno, decimos «suele ocurrir» porque nada más lejos de nuestro ánimo que dogmatizar sobre estos asuntos. Sabemos algo, lo suficiente, para no ignorar que es mucho lo que desconocemos.

La mosca debe lanzarse en ángulo de unos 50 grados aproximadamente, sin olvidar que el salmón suele salir cuando la línea y la mosca forman ángulo recto con la caña. En las corrientes fuertes nunca debemos tirar de la mosca llevándole en contra de la corriente. Quizás baste con dejar quieta la punta de la caña para que la mosca pesque sola y bien. Por el contrario, tirando de la caña y llevando la mosca en contra de la corriente fuerte, la mosca llevará una estela que no es natural, navegará mal y, caso de que el salmón se decida a tomarla, siempre le será más difícil el hacerlo que si dejamos quieta la punta de la caña. A medida que la corriente disminuya, hay que trabajar más la mosca y llevarla en contra de la corriente. Siempre a menos corriente mayor velocidad. A medida que el agua va siendo más clara, después de una crecida, debe emplearse un nylon más fino y moscas más pequeñas.

Los días ideales para pescar el salmón son los siguientes a una crecida, cuando el río ya ha bajado lo bastante y el agua, aún lechosa, está lo suficientemente clara para que el salmón no vea la mosca. Si son días nublados, miel sobre hojuelas. En esos días pesca salmón cualquiera.

El gran defecto de los principiantes, una vez trabado el salmón, es que indiscutiblemente han de sostener con el pez para cansarle. Si el hombre gana tras una lucha, que a veces dura una hora, siente la satisfacción de un triunfo aún más personal que el de la caza. La abate, pero no la vence en un pulso tan definido, hábil y prolongado, en que hombre y pez compiten y se rinden.