El Luchadero

Compañero fiel

Para la mayoría de los cazadores el perro es sin lugar a dudas su mejor y más fiel compañero, su amor hacia él es casi como una religión.

25 may. 2014 - 2.028 lecturas - No hay comentarios

Decía un célebre cazador «cuanto más conozco a los hombres más amo a mi perro». Y en efecto cuando murió el animal hizo grabar en su tumba la siguiente inscripción: «En este lugar están depositados los restos de un ser que poseyó la belleza sin orgullo, la fuerza sin la insolencia, el valor sin la ferocidad, en una palabra, todas las virtudes del hombre sin ninguno de sus defectos». No es de extrañar pues que al ser mucho más fiel y agradecido que el hombre mereciese este tratamiento.

Cierto es que hay perros de caza y de bombardeo, voluntariosos unos y alocados y desobedientes otros. Pero en general el perro en manos de un buen cazador es todo voluntad y normalmente el cazador suele hacer bueno aquel dicho popular «que no hay perro que no se parezca al amo». Es decir cazador bueno, perro bueno. Cazador malo, perro malo.

No en vano el hombre, como todos los seres animados, transmite anhelo, lucha, dominio en más o menos intensidad, y eso el animal lo capta rápidamente y lo materializa en su trabajo en el campo. Solamente un cazador sabe valorar y vivir con intensidad el momento de una puesta o el cobro de un ave con cierta dificultad.

No es raro pues observar en el campo cómo un cazador abraza y besa emocionado a su perro después de un buen lance como este que les detallo: el perro llevaba marcando más de cien metros la perdiz que apeonaba, luego la puesta verdaderamente plástica, con la cabeza alta, la boca levemente balbuceante, los nervios tensos, los ojos fijos y brillantes como dos piedras preciosas y casi milagrosamente sosteniéndose sobre una pata trasera. Entra el perro a la orden del cazador y el ave cae alicortada por el disparo. El perro sale veloz y al rato, desde bien lejos, trae la pieza en la boca como si fuera un presente maravilloso y se lo entrega al cazador. Se echa al suelo y como si hiciera más patente su ofrenda levanta la cabeza y mira a su amo con una mirada humana de humildad y de placer al mismo tiempo. El cazador le corresponde con toda clase de caricias y palabras.