Por Derecho

Desburocratizar la caza

Cazar es cada día más difícil. Cumplir con la ley, saber qué es lo correcto. qué está autorizado, un laberinto en un jeroglífico. La cosa está chunga. Muy chunga: autorizaciones, permisos, comunicaciones, notificaciones, resoluciones, órdenes, circulares, interpretaciones, criterios… Un aluvión de papeles y un rosario de obligaciones, limitaciones e historias de difícil —léase imposible— cumplimineto.

06 dic. 2010 - 1.886 lecturas - No hay comentarios

Hemos sido demasiado mansos, demasiado corderos. Nos hemos dejado echar demasiados ronzales y tozas al cuello. Personalmente estoy hasta los h... de estar siempre con el alma en vilo cuando salgo de espera o voy a matar unos conejos. Hasta la coronilla de revisar la documentación, y ver si me falla alguna pamema que pone en la resolución. De estar pendiente de si al gachó de la Consejería no se le ha olvidado hacer mención expresa a la autorización del foco o de que no pase un minuto y medio de la hora de la puesta de sol. Ni se me ocurre hablar de zonas de seguridad, distancias, cupos… No infringir las normas de caza es más difícil que a uno le toque la bonoloto. La criminalización del cazador es un hecho innegable.

Los políticos, el tercer problema para la ciudadanía en este país, y su cohorte de técnicos y funcionarios que opinan y regulan, regulan y vuelven a regular, nos están complicando la vida demasiado. Es cierto que tiene que haber una ordenación y un control. Faltaría más. Pero claro, ni calvo, ni con tres pelucas. Ni la vida más allá del río Pecos, donde el código de leyes del estado de Texas se utilizaba para que sentasen las rameras, ni el intervencionismo y el estado policial al que está sometido el colectivo de cazadores.

No somos perfectos, es cierto. Pero tampoco somos tan malos como para tener un guardia civil en el cogote a todas horas. Tampoco le arriendo las ganancias al guardia civil, con un cinco por ciento menos de sueldo, con menos medios que nadie y con la obligación de tener que decidir sobre algo de lo que a veces sabe poco o nada en unos segundos.

La cosa está chunga, y es preciso que quienes defendemos los intereses de los cazadores, dejemos los complejos (ya está bien de que nos perdonen la vida) y proclamemos nuestra verdad que es también la de los camioneros, la de los electricistas, la de los propios funcionarios, o la de los pescadores o submarinistas, agricultores, apicultores, toreros… Las administraciones están al servicio de los ciudadanos, del interés general, no para complicarles la vida y someterles a un continuo, agotador y absurdo ejercicio de más difícil todavía a la hora de cumplir con la legalidad. Hay que desburocratizar este país. Eso, o irse a Soria.