Armas de Mujer

Un concepto por definir

Últimamente se ha puesto de moda un nuevo término, denominado Turismo Cinegético y aunque la idea suena muy potente, queda pendiente una definición clara del término.

22 sep. 2014 - 7.772 lecturas - No hay comentarios

Se trata de una alternativa turística de primer orden y probablemente una de las mejores opciones que tenemos para posicionar al sector cinegético en el plano social, pero con permiso de los cazadores, y buscándole el punto gracioso, se me ocurre que puede ser una magnífica fórmula de disminuir el índice de conflictividad familiar o de pareja en temporada de caza. ¿Ingenua, yo?

Hace unos meses tuve la suerte de ser invitada a las I Jornadas de Turismo Cinegético del Parque Tajo Internacional promovidas por la Diputación de Cáceres y organizadas con una profesionalidad y un mimo inesperados por Juvenex. Felicito a los artífices del evento y les doy gracias a ellos y a los fondos de Europa que lo pagaban, por darme la oportunidad de participar. La experiencia fue del todo increíble. Pudimos comer ibéricos y otras delicatesen cinegéticas, ver las estrellas o navegar por el Tajo. El concepto: irreprochable. Quien no sepa apreciar esto es que simplemente no tiene buen gusto, le guste o no cazar.

Disfrutar de un fin de semana de montería u ojeo, donde te traten a verdadero cuerpo de reina, en una bonita finca. Buen servicio, cubierto de buenas viandas y mejor regado, a pocas horas de tu casa, es un plan que puede competir perfectamente con una playa del Caribe o París. Por tanto comparta o no la otra parte pasiones cinegéticas, empiezan a desarrollarse estructuras alternativas y adicionales al mero hecho de cazar que se pueden disfrutar con la familia, la pareja o los amigos. Salvo que no se quiera, claro.

Porque no todo en la vida son venaos o corzos. Que también. Compartir experiencia, y no solamente coleccionar cráneos y cuernos, que ya no caben ni en el trastero, ni en casa de tu suegra, ni en ningún sitio, puede convertirse en más. Creo, cazadores, que no os lo habéis pensado bien, llevar a tu chica o a la familia significa contagiar tu pasión y conseguir un visado de por vida. Ganar puntos para que no te echen el perro, por comprar un nuevo visor, una chaqueta o la factura del taxidermista. Y mejor aún, quizá algún día te permitan colgar los cuernos en el salón de casa. Los de caza quiero decir.

Bueno, todo esto tiene un riesgo y es que les guste tanto, que quieran volver y volver y entonces despediros, pobres cazadores. Porque ni el presupuesto ni las escapadas en solitario resistirán. Ya os imagino en un mix entre Los Juegos del Hambre y La Fiera de mi niña. Aun y todo, creo que merece la pena atreverse.

Bromas aparte, esto como todo, tiene su cara y también su cruz. Aunque suena muy bucólico y deseable, lo más complejo está por desarrollar. Más allá de una infraestructura fantástica y unas posibilidades increíbles, el problema fundamental radica en la base. Herederos como somos de la picaresca de los siglos pasados y de unos años de una gran bonanza económica en la que todo valía y en la que el ladrillo lo compraba todo, se han cometido abusos y tropelías por doquier que hacen muy difícil que ese concepto prospere. En primer lugar porque no podemos fiamos de muchos de aquellos que venden caza.

En un país instalado en la economía sumergida y el engaño sistemático, es tiempo de ser serios, pero sobre todo profesionales, y garantizar cacerías en su justa media y precio tanto a los de aquí como a los extranjeros, que aunque tengan pasta, no son tontos y, con su dinero, bien pueden irse a otra parte. Es interesante consolidarse como potencia cinegética, que ya lo somos, y sumar el aspecto turístico al pack, tanto dentro como fuera del país, pero sobre todo sin que nadie se sienta estafado.

En mi próximo cumpleaños, fecha importante en mi vida, y dispuesta como estoy a gastarme unos buenos cuartos, he pensado que no lo voy a hacer en la Fith Avenue, quizá sí en Bali, pero desearía hacerlo cazando. Lamentablemente casi seguro «no barreré pa casa», para evitar timos, y qué narices, por hacer turismo. Salvo, claro está, que se sigan cayendo aviones.

Buena caza y suerte con su elección. Ya les contaré cual ha sido la mía.

 

Lola Fernndez Lola Fernández es responsable de marketing, entre otros cargos, en Excopesa, traficante legal de armas y cazadora accidental.

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