Diario de Caza

Si la escopeta no hiciera «pum»

Esta entrada no va destinada a los que cazan en la meseta castellana, ni manchega, ni para los que cazan en los páramos andaluces, o en los Monegros o, sin duda —afortunadamente— en otros tantos lugares de la geografía española privilegiados, con distancias entre pueblos de varios kilómetros sin una vivienda aislada. Esta entrada la dirijo a los que por desgracia sufren en su coto el fraccionamiento de su territorio impuesto por el desarrollo urbanístico, las infraestructuras viarias y que ven cómo va mermando su área útil de caza.

05 feb. 2007 - 5.787 lecturas - No hay comentarios

Comentaba días atrás con agentes del Seprona con qué fluidez tienen que salir ante las llamadas de personas diciendo que los perdigones les caen en la cabeza, en el tejado, o en la mesa de la terraza. A las ocho de la mañana, para una persona que está en la cama, un tiro a 500 ó 700 m, para el que no lo sabe, parece sonar en el jardín del chalet. En cambio puede que no le molesten ni coches, ni motos, ni quads… por decir algo.

Desde luego hay cotos tan urbanizados en los que se hace aconsejable desistir de cazar, u optar por limitar los días de caza, el horario o el número de cazador/día, con lo que nos evitaremos problemas y prohibiciones, y la susodicha mala imagen, que tan poco nos favorece.

En Cataluña ya llevamos tres años con la prohibición de usar la escopeta para el control de urracas en época de veda; se autoriza tan sólo con jaula trampa. Yo lo tenía muy claro y era previsible. No todos lo hacíamos bien.
Tan efectiva que era en unas buena manos.

Recomiendo a todos los cazadores que en su coto tienen enclavada una urbanización que no sólo respeten las distancias de seguridad, sino que la tripliquen, ya que con ello consiguen dos objetivos:

1.- No molestar el sueño, o los cándidos oídos, de las personas que habitan las casas de las urbanizaciones, evitando innecesarias llamadas a la Guardia Civil.

2.- En los más de treinta años que llevo de gestor —y veinte de Guarda de Caza y Campo— he podido observar cómo aprende de rápido la fauna silvestre dónde se encuentra segura en un día de caza: pegada literalmente a las casas, carreteras, autopistas, caminos, vías férreas y dentro de polígonos industriales —a nadie le vendrá de nuevo—.

Con esta acción, sin darnos cuenta, tenemos una reserva voluntaria que dará lugar a asegurar madre para la próxima temporada.

Yo también pienso como la mayoría de foreros de este club, que no hay que esconder la condición de cazador, al contrario, tenemos que estar orgullosos de entender así el disfrute de la naturaleza, pero dados los tiempos que corren, es más sensato no dar motivos para que nuestra actividad salte a la prensa como noticia negativa.

El «pum» de nuestra escopeta se oye a muchos kilómetros, con lo que delata nuestra presencia. Sigamos utilizándola con inteligencia para muchas generaciones.

 

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Joaquim Vidal Joaquim Vidal es especialista en gestión de Espacios Naturales y Fauna Silvestre

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