El lobo necesita soluciones, no persecuciones

«Necesitamos soluciones, no persecuciones». Esto es lo que dicen no pocos ganaderos de diferentes comunidades del norte peninsular afectados por la presencia del lobo, y es una voz que debe ser escuchada de una vez por todas a pesar de que a una parte importante de la sociedad sólo le lleguen los mensajes de algunos grupos que no tienen en cuenta la realidad científica de lo que es esta especie.
Julen Rekondo

Julen Rekondo

13/10/2016 | 17971 lecturas

Los diferentes aspectos de este problema que tiene gran trascendencia para nuestros pastores y ganaderos de Castilla y León, Asturias, Galicia, Cantabria, Euskadi… hay que reflejarla de forma completa, objetiva y documentada, y no plantearla de una forma fantasiosa y romántica de lo que es el lobo. Nunca ha estado mejor dicha la frase del experto Luigi Boitani: «Existen dos ‘lobos’, uno fantástico y otro real. El primero es la suma de una infinidad de historias, leyendas, cuentos, tradiciones, proyecciones de la fantasía (...) El segundo es Canis lupus Linnaeus, un animal de carne y hueso (...) que constituye el objeto de estudio de la biología».

En España, se publican cada año decenas de relatos sobre el lobo, pero casi todos ellos están escritos por personas sin o muy poca formación técnica. Tales crónicas, junto con las narraciones de libros populares y las informaciones de diversos sectores contribuyen a consolidar los mitos que caracterizan al primer lobo, el de la fantasía. Pero existen también infinidad de publicaciones científicas sobre la especie que recogen información descubierta durante años de observación y experimentación rigurosa, mediante el radiomarcaje de miles de lobos realizado por científicos con sólida formación teórica. Desgraciadamente, los datos científicos sobre el segundo lobo, el de carne y hueso, son desconocidos en buena parte por el gran público.

Por tanto, es fundamental la información científica disponible para conocer la dinámica poblacional y la ecología espacial del lobo. El conocimiento de estos datos resulta imprescindible para diseñar una estrategia de gestión sostenible del lobo ibérico.

¿Convivir con el lobo?

La necesidad de convivir con el lobo, como exigen algunas organizaciones ecologistas, plantea la necesidad imperiosa de considerar lo que ocurre en cada momento y de aportar soluciones a situaciones nuevas. Nadie se queja por gusto, y si alguien ha convivido con la naturaleza y con el lobo, desde que el mundo es mundo, son los pastores y ganaderos, que tienen mucho que decir en este punto.

Hay que recordar, hoy más que nunca, que la ganadería extensiva, además de formar parte de la cultura y economía de una buena parte de las comunidades de España, desarrolla un papel de conservación del medio natural insustituible. El lobo ya no es aquel animal en peligro de extinción que nos mostraba Félix Rodríguez de la Fuente, y no podemos estudiar al lobo con la sensibilidad del siglo XXI mientras, por otro lado, se pide a los ganaderos que convivan y vuelvan a prácticas de pastoreo propias del siglo XIX.

Malestar y movilizaciones

Desde hace ya un tiempo, el malestar y el descontento originado entre los ganaderos de distintas comunidades del norte peninsular, en unas de forma más acusada que en otras, por los continuos ataques del lobo en ciertas zonas ganaderas, se ha traducido no solo en movilizaciones y algunas acciones, como la de poner la cabeza de un lobo en una señal de tráfico en Asturias, realizada el pasado verano, que no la apruebo, pero que refleja el hastío del Sector ante las Administraciones, sino en la consideración por el mismo de que los perjuicios originados por el lobo son uno de los factores prioritarios que condicionan su futuro.

El denominado lobo ibérico, que pasó a ser conocido por la mayoría de la población gracias a los documentales elaborados por naturalistas, hace unas cuantas décadas, entre ellos Félix Rodríguez de la Fuente, no es en la península Ibérica una especie de extinción, sino en clara expansión. Los últimos datos que se disponen al respecto así lo atestiguan. Si bien, y respecto a la alimentación de la especie, el corzo sobre todo, aunque también el jabalí, juegan un papel importante, resulta indudable que el lobo también preda sobre la cabaña ganadera extensiva, lo que genera en aquellos lugares donde existe un grave conflicto social.

A la hora de analizar el impacto de los ataques, las bajas no deben compararse con los censos globales, ya que el lobo no se encuentra distribuido homogéneamente por todo el territorio y sus ataques se concentran sobre algunas explotaciones extensivas, al menos en lo que conozco del País Vasco, que es donde vivo, muchas de ellas dedicadas a proceso de mejora genética y a producción quesera, en las cuales las afecciones pueden suponer un porcentaje importante de sus rentas.

¿Por qué se queja una persona de ciudad de que le roben en su casa si le va a pagar el seguro?

Hemos leído en algunos medios en los últimos tiempos que determinados ganaderos han utilizado la falsedad de posibles ataques para cobrar indemnizaciones. Posiblemente haya ocurrido con algunos, pero puedo afirmar que no es, ni mucho menos, la generalidad. Lo que conozco, sobre todo en Euskadi, es que muchos ganaderos no quieren subvenciones, lo que quieren es desarrollar su actividad y no ser atacado. Solo la sesgada visión del medio rural que se puede tener desde los habitantes de la ciudad puede originar expresiones como «de qué se quejan los ganaderos si se les pagan las ovejas (vía subvención o el cobro del seguro)». Entonces, ¿por qué se queja una persona de ciudad de que le roben en su casa si le va a pagar el seguro? Es ridículo, lo primero que debemos asumir si queremos abordar el problema es que la población rural, los ganaderos, que son los mayores conocedores de su medio, son los primeros agentes a los que hay que escuchar.

La introducción de mastines como medida de protección ha sido impulsada en algunas comunidades con cierto éxito. Alguna vez se ha sugerido que estos perros, que se encuentran bien alimentados y cuidados por sus dueños —interesados en que desempeñen correctamente su función—, pueden ser responsables de una parte de los ataques que sufre el ganado. Esta afirmación demuestra un desconocimiento de los pormenores del manejo al que se ven sometidos estos perros y los rebaños que custodian.

En mi opinión, y en la de no pocos ganaderos vascos, los mastines no han sido una solución, pero sí una buena ayuda.

Estrategias de futuro

En lo que respecta al futuro, y para avanzar en la búsqueda de soluciones, creo que hay que adoptar las siguientes medidas:

  • Pedir a las agrupaciones y personas interesadas por la defensa del medio natural que no realicen un análisis del mismo sin contar con sus habitantes, y que no apliquen una visión del medio natural sesgada desde la ciudad. Nos tenemos que dar cuenta de que cualquier política conservacionista que quiera tener éxito en cualquier lugar del mundo, debe apoyarse sobre los habitantes de la región, que llevan gestionando el medio ambiente durante siglos.
  • Realizar un Plan de Comunicación desde los sectores ganaderos y sus sindicatos, sector cinegético, otros sectores del medio rural… lo que ahora se está denominando una Alianza Rural, dirigido a una parte importante de la sociedad desconocedora de la importancia de la ganadería extensiva como desde el mantenimiento del medio.
  • Asumir que el lobo no es una especie en extinción sino en expansión y que hay zonas en las que sus conflictos con la ganadería extensiva hagan que este animal no esté presente.
  • Asumir que, a pesar de todas las medidas de control que se llevan a cabo, el alto número de lobos en algunas comunidades del norte peninsular va a originar que no se pueda garantizar que no haya ataques, y que es necesario seguir desarrollando y poniendo en marcha medidas de protección por parte de los ganaderos.
  • Darnos cuenta que no podemos utilizar tecnología del siglo XXI para controlar, seguir y estudiar al lobo, y decir a nuestro sector ganadero que su defensa es volver a vivir como en el siglo XIX.
  • Exigencia a las Administraciones respectivas del establecimiento de medidas de gestión como el desarrollo de la actividad cinegética en lugares donde sea conveniente realizar algún tipo de manejo. Este aprovechamiento se realizará siempre de manera ordenada y garantizando la viabilidad de las poblaciones. Por este motivo, el establecimiento de cupos, modalidades y épocas de caza deberá de llevarse a cabo anualmente por la Administración, de acuerdo con las directrices establecidas en un Plan de Aprovechamiento. Asimismo, está el capítulo de indemnizaciones, ayudas económicas, etc., que se deberán realizar con la máxima celeridad.
  • Por último, manifestar nuestro más profundo rechazo a las acciones intimidatorias, persecutorias, de personas o grupos contra nuestros ganaderos.

Julen Rekondo
Químico, periodista especializado en temas ambientales, Premio Nacional de Medio Ambiente 1998 y asesor de la ONC

 

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