El renuevo poblacional

Buena parte de los comentarios respecto a la biología del jabalí que hicimos durante el mes anterior, bien podrían aplicarse para marzo, ya que ambos meses pueden considerarse de paridera en ambiente mediterráneo, y ser, además, marzo el periodo en el que comienzan los partos en las latitudes más septentrionales.

Patricio Mateos-Quesada | 24/04/2009

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Donde ya comenzaran estos partos los seguirá habiendo, si bien buena parte de las parturientas pertenecerán a un rango jerárquico inferior dentro de los grupos matriarcales y, esto, siempre contando con que la época de partos no haya sido modificada por la suplementación alimenticia, que nos lleva a encontrar nacimientos incluso en el mes de diciembre, cuando mueren tantos rayones por frío, en el transcurso de las jornadas monteras en las fauces de los perros o por la propia muerte de su madres.

Lo que sí es evidente y se manifiesta de forma rotunda es la separación que existe entre sexos en las poblaciones de jabalí

Pero lo que sí es evidente y se manifiesta de una manera rotunda es la separación que existe entre sexos. De esta separación ya hablamos en su comienzo durante el mes de enero, cuando definitivamente había caído el celo, pero es en marzo cuando la separación en grupos familiares y de machos se hace más evidente en todo el ciclo anual de la especie. Los grupos familiares se mueven bajo los dictados que imponen las condiciones de los nuevos miembros, aquellos más pequeños, de limitados movimientos y con una dieta más estrecha y exigente que la de los adultos. No olvidemos que, además, los grupos familiares tienen una dinámica fácil de seguir de manera directa por sus predadores o con un rastro caliente que difícilmente les libra de la persecución de éstos.


Nada más nacer los lechones se reparten las mamas más productivas, atrofiándose las que no se usan, por lo que la posibilidad de adoptar a rayones huérfanos, aunque quisiera la hembra, es fisiológicamente inviable.© Guy Fleury.

Este último argumento dibuja un panorama que es suficiente para que los machos se releguen a lugares más inhóspitos, solitarios y de menos querencia para los predadores. No serán ellos los que arriesguen su vida para proteger a los rayones, aunque tengan la certeza de que éstas fueran sus crías (ya comentamos en capítulos anteriores que la misión de los machos para con su especie, no pasa sino por buscar su propio beneficio, y éste no es otro que cubrir el mayor número posible de hembras y esperar alejado de éstas y su prole hasta el nuevo celo).

Las nuevas incorporaciones

Si hubo hembras que parieron hace varios días, muchas de ellas en el mes anterior, es ahora cuando comienza a darse la reincorporación de estas jabalinas al grupo familiar de base, aquél en el que quedaron aquellas otras que no parirán en esta temporada. Ahora llegan las hembras dominantes seguidas de sus camadas y podrán juntarse en estos grupos un mínimo de tres generaciones.


Si una jabalina decide no volver a incorporarse a su grupo primigenio, podrá fundar con sus crías supervivientes un nuevo núcleo familiar, aunque deberá sortear más dificultades al no contar con la experiencia de su vieja líder.© Guy Fleury.

También es el momento en el que alguna hembra, que previo a los partos se separó del grupo, comience el campeo en solitario junto a sus crías y funde así un nuevo grupo matriarcal separado de su grupo base. Tendrá la ventaja de ser la líder en ese nuevo grupo y tendrá éxito si, durante su pertenencia al grupo familiar, aprendió a sortear las posibilidades que le ofrecía su entorno a lo largo del año. Tendrá la desventaja de no contar con la experiencia de la que fuera su madre y de enfrentarse sola a los peligros del monte, a la escasez de alimentos e incluso a los predadores que buscarán a sus rayones o a ella misma. Pero lo normal será que los grupos familiares se vean incrementados por las nuevas incorporaciones: una, dos o tres hembras dentro del grupo podrán parir y eso significa hasta un aumento de diez o más miembros en la familia.

La limitación de los rayones

Este hecho nos lleva a la existencia de una serie de condicionantes obligados por los que tienen que pasar ahora todos los miembros del grupo. Como comentamos en un párrafo anterior, el grupo se ve limitado por las posibilidades locomotoras de los rayones hasta que éstos sean capaces de adquirir la capacidad de poder seguir a un adulto en plenas facultades. Esto quiere decir que se moverán en una superficie más reducida y por terrenos sin excesivas dificultades orográficas; el terreno ideal será aquel en el que el encame esté cerca del alimento, un alimento que se buscará sobre todo en vegas y prados.


Si una jabalina decide no volver a incorporarse a su grupo primigenio, podrá fundar con sus crías supervivientes un nuevo núcleo familiar, aunque deberá sortear más dificultades al no contar con la experiencia de su vieja líder.

Hablaremos de alimentación y posibilidades en el periodo en el que éstos deben desarrollarse como tal, pero debemos de tener en cuenta que existe una gran mortandad durante el primer mes de vida entre los jabatos debido al hambre, al frío y a los predadores. Eso sí, el que supera este primer mes casi tiene asegurada su permanencia hasta el arranque del verano, momento en el que deberán enfrentarse a una dura prueba aquéllos cuyo ciclo se complete en ambiente mediterráneo y el calor suponga la etapa limitante de su entorno. Una hembra seguida de sus cuatro rayones en el arranque del estío es indicativo de que es una buena madre y sus posibilidades de éxito están por encima de la media.

Momento de relaciones

Está extendida la idea de que en el caso de que una jabalina muera, sus rayones con pocos días de vida serán adoptados

Pero además de las limitaciones espaciales, los rayones introducen en el grupo todo un cambio en la dinámica a la que hasta este momento imperaba. Los rayones se relacionan entre hermanos y, si acaso, entre los diferentes primos que pudiera haber en el grupo familiar: constantes empujones, gruñidos, amenazas o altercados de aparente baja intensidad, están sentando las bases del escalafón jerárquico que se mantendrá hasta nuevas modificaciones en el seno del grupo familiar. Tendrán ventajas los hijos de la líder del grupo frente al resto de rayones, pues los privilegios que ésta tiene adquiridos por su condición, tales como comer antes, ocupar los mejores lugares, etc., serán compartidos por sus rayones, y supondrá una ventaja en el crecimiento de éstos y, tanto por la ventaja física como social, serán capaces de superar al resto de sus primos de paridera. Dicho de una manera más cuantificable, habrá, en términos globales, más mortandad en las crías de las hembras de segundo rango que en las hembras líderes. Teniendo en cuenta, además, que las líderes tienen por media mayor número de rayones que las de segundo rango, resulta evidente el éxito que estas madres experimentadas pueden llegar a alcanzar para ellas y su descendencia. Pero también es evidente que el camino para llegar a esta posición y que a priori está al alcance de todas las hembras de jabalí, sólo unas pocas son capaces de alcanzarlo. Sobrevivir a los primeros días de vida, a la hambruna del estío o a los fríos y carencias invernales, a los predadores y a tantas jornadas de caza durante al menos tres años, es lo que convierte a algunos individuos en líderes de sus grupos.


Los machos en el mes de marzo continúan alejados de los grupos familiares para evitar que los rastros que dejan los jabatos (que pueden atraer a posibles predadores), interfieran en su supervivencia de cualquier manera.© Ardeidas

Y, visto lo visto hasta este momento, bien podemos considerar que en un grupo familiar habrá hembras adultas paridas, hembras nacidas el año anterior y un número indeterminado de rayones en un aparente hacer común, en un aparente interés común y en una aparente ayuda mutua.

Pero, efectivamente, buena parte de todo esto es apariencia y lo que rige entre todos los componentes del grupo es un interés propio. Sí es cierto que las madres mirarán por sus rayones justo después de mirar por ellas mismas y, en muchas ocasiones, existe una jabalina que es la madre de todas las integrantes del grupo y todas las crías son o nietas o hijas suyas. En este caso existirá una condescendencia repartida conforme la edad de los individuos: a los hijos recientes les proporcionará la máxima atención y siempre estarán por delante que los hijos de años anteriores.

En principio, a los nietos les corresponderá el mismo trato que a su propia madre y a empellones aprenderán cuál es su lugar dentro del grupo; solamente cerca de su madre y guardando las debidas distancias con otros miembros de la piara, podrán estar verdaderamente seguros.

El mito de la adopción

Una idea de la ferocidad de estas disputas en tan pequeños seres es la dimensión del canino con el que la naturaleza les ha dotado

Y referente a este aspecto que estamos tratando en este capítulo, existe una muy extendida creencia respecto al comportamiento del jabalí en el momento en el que las jabalinas están acompañadas de sus jabatos. Está extendida la idea de que en el caso de que una jabalina muera dejando sus rayones con pocos días de vida, éstos sean adoptados por otra jabalina más o menos emparentada con la primera. Y nada más lejos de la verdad. Cuando la desgracia lleva a la muerte de una jabalina, las crías muy probablemente morirán de frío y hambre, si antes algún predador no ataja su sufrimiento en el tiempo que las quede de vida.


Las camadas de las jabalinas son abundantes, pero pocos son los rayones que consiguen superar el primer mes de vida, y de éstos menos aún los que logran llegar a la etapa adulta.

Las jabalinas no admiten más bocas que las de sus propias crías y rechazarán de manera enérgica a aquéllas que pretendan acercarse a ella en el momento en el que va a amamantar a sus crías. Existe, además, un argumento fisiológico para que la adopción no pueda suceder: tras el nacimiento y en el mismo nido, con pocas horas de vida, las crías nacidas en el mismo parto luchan entre ellas por la mejor posición y por aquellas mamas que podrían tener más leche, que proporcionan, por su ubicación, más calor al jabato mientras mama. Estamos hablando de una preferencia por las mamas inguinales y para ello los jabatos luchan ferozmente estableciendo una jerarquía en el orden a la hora de mamar que se mantendrá mientras no lleguemos el destete. Una idea de la ferocidad de estas disputas en tan pequeños seres es la dimensión del canino con que la naturaleza les ha dotado, siendo su único fin el de servir de arma en estas disputas. Quien pueda observar este detalle, podrá observar que, efectivamente, el canino de los rayones es extremadamente grande comparado con su cuerpo y no puede atribuirse otra función a esta pieza dental que no sea la de la batalla.

Pero, volviendo a nuestras supuestas adopciones, debemos saber que establecido el orden de colocación durante el amamantamiento éste se mantiene... y el resto de mamas se degradan y dejan de ser funcionales a las pocas horas de establecerse aquél. Con estos argumentos, aunque existiera una intención por parte de la jabalina en querer adoptar unos hijos que no son los suyos, aún a riesgo de que pueda malograr los propios, difícilmente podría hacerlo, pues en la colocación de sus crías durante el amamantamiento, la hembra no interviene para nada.

Patricio Mateos-Quesada (Biólogo)

 

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En el número de enero:

  • Sin «foro» unánime en asturias para declararlo especie cinegética
  • Becadas; en las entrañas del bosque
  • El rumbo de las migratorias
  • Gestión. Cuadernos de caza
  • ¡Soltamos! Una temporada que no deja de sorprender
  • Tures del Cáucaso
  • Armas
  • Todo sobre Perros

 

 

Momento para la gestión

Metidos en marzo estamos inmersos en lo mejor del año y, posiblemente, será uno de esos momentos en los que la intervención humana no sea necesaria para el buen desarrollo de las poblaciones de jabalí. Pero en una gestión dedicada y meticulosa siempre hay posibilidades de trabajo y siempre puede existir una pequeña mejora en el propio entorno de los jabalíes que podamos introducir, si fuera éste nuestro deseo.

Es un mes en el que los grupos familiares gustan de salir a los descampados, a los prados y herbazales a comer, no sólo hierba, sino lombrices, artrópodos y pequeños vertebrados que puedan capturar. Esto puede ser utilizado tanto para la gestión como para el manejo.

En la gestión podemos utilizar las localizaciones de los grupos familiares para establecer el tamaño de camada a las pocas semanas de haber parido; contrastados con los datos que hemos podido recoger de las hembras preñadas en las monterías, sabremos la mortandad infantil de los jabalíes, en términos porcentuales bastante acertados.

El conocimiento de estos datos nos acerca a la mortalidad infantil y, caso de ser elevada, podremos establecer medidas que contrarresten esta mortandad, cuya causa podrá variar en cada coto y en cada sierra peninsular: falta de alimentos, predación, superpoblación, epidemias, etcétera.

Respecto al manejo, favorecer los lugares apetecidos por estos grupos y su alimentación será lo más positivo que en su favor podamos hacer. La creación de praderas y herbazales en vegas y tierras profundas serán aprovechados por los grupos familiares, sobre todo, y podrán encontrar en ellos las proteínas y sales minerales que de manera urgente necesitan las crías para su desarrollo, así como las madres paridas para generar una leche de calidad. No olvidemos que las crías bien alimentadas y sin carencias nutritivas podrán ser en pocos años aquellos navajeros que resultan en tantas ocasiones ser, los verdaderos protagonistas de nuestras monterías y, más quizá por los momentos que te dejan sentir, en rondas, aguardos y recechos.


El área de campeo de los grupos familiares se encuentra limitada por los rayones, pues éstos aún no resisten grandes caminatas en busca de zonas de alimentación.© Guy Fleury.